El bumerán de la red de redes

Frente a la información oficial difundida por los megamedios, la telefonía celular e Internet, se erigen en este siglo como mecanismos de defensa del derecho a conocer la verdad o al menos, otras visiones sobre un mismo acontecimiento.
La cuestionable apertura y participación en los procesos de comunicación se desdobló en un bumerán para sus impulsores, quienes probablemente nunca previeron las insurrecciones mediáticas gestadas en los últimos años contra sus proyectos de dominación.
El despliegue de redes detractoras del Área de Libre Comercio en las Américas, de los Tratados de Libre Comercio, y la hemorragia bloguera desatada a raíz del golpe de Estado contra el presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya, son apenas algunas muestras.
Los sucesivos descalabros de sistemas políticos orientados al socialismo, las dictaduras militares de los años 1980 y otros factores, permitieron al aparato mediático cultivar un imaginario derrotista en relación con las revoluciones y reforzar la cultura del mercado.
En medio de este escenario, muchos aceptaron de manera acrítica la devaluación de ideologías, de proyectos políticos transformadores, de las pasiones encarnadas por estos, de las prácticas sociales colectivas, y de sentimientos y valores humanos considerados trascendentes.
El “vale todo” plantó sus botas sobre las culturas locales y trocó todo en descartable y efímero, con el respaldo de una discursiva mediática potenciadora de la desfragmentación y el desprecio a las prácticas anticapitalistas conscientes o simbólicas.
Los avances tecnológicos, en tanto favorecieron la globalización del conocimiento de lo que sucede en los lugares más remotos, favorecieron la conformación de la subjetividad de esta época histórica, la saturación informativa y la incomunicación alienante.
La enajenación de los sujetos se puso a la orden del día con el distanciamiento creado por la política hegemónica, entre las imágenes y dichos que saturan los medios y el ancho campo de las resistencias, dolores y esperanzas populares.
Tal estado de hecho redundó en el desencuentro entre las palabras y sus significados y de las imágenes que consumimos con las representaciones de nuestros actos cotidianos, considera la argentina Claudia Korol.
La “comunicación en formato zapping” condujo a la proliferación de interpretaciones mesiánicas, de fundamentalismos, la exacerbación de los individualismos, y la continua frustración de la creencia en los fetiches sucesivos establecidos por el mercado.
La generación permanente de mensajes estimuladores de necesidades y ansiedades materiales es inherente a un sistema social cuya prioridad es la reproducción ampliada del capital y su embellecimiento responde a la necesidad de fomentar la cultura consumista.
Varios estudiosos coinciden en que el sentido de pertenencia localista se diluye con las ofertas de los emporios mediáticos, porque muchos no encuentran respuestas a sus necesidades básicas en la cotidianeidad y, ante lo que le muestran, sienten cada día más empobrecidos sus rasgos.
La incomunicación, como estrategia de dominación, marcha acompañada del terrorismo mediático, novísimo adjetivo en boga, alusivo a una práctica que supera la centuria.
Desde que William R. Hearst definiera a los titubeantes reporteros del New York Journal -designados para cubrir el conflicto hispano-cubano de finales del siglo XIX- que él se encargaría de fabricar la guerra con las informaciones de ellos, sentó las pautas de lo que sería ejercicio constate en esta centuria.
Numerosos son los ejemplos de la complicidad de los medios con las fuerzas más retrógradas y su predisposición a invadir los espacios ajenos para, a tono con los objetivos de ellas, secuestrar mentes e inducirlas a aceptar el dominio al que se les somete.
El terrorismo mediático alude a la manipulación de la información, establecida mediante el silencio, la censura, y la propaganda, con la intención de influir en la opinión pública para crear dudas, temores, y zozobras con fines políticos, económicos, religiosos, u otros.
Es incalculable el potencial de la información para arrastrar a un país a un conflicto y la de los medios y agencias publicitarias para usar la verdad, en detrimento de ella misma, sin descuidar las reglas del espectáculo.
La guerra mediática es un complemento de las otras guerras, aunque no alcanza a sustituirlas. En todo caso, se suma a las formas tradicionales de represión contra los pueblos y en Latinoamérica, cobra rango de problema de seguridad nacional y regional.
Fernando Buen Abad, comunicólogo mexicano, considera que la envergadura de las campañas mediáticas por desacreditar a los elementos de progreso en este continente debe ser contrarrestada con la instalación de un frente de comunicólogos del área, que en constante intercambio con los movimientos sociales de bases, articule la defensa ante esa agresión.
Para sus artífices, son meras trivialidades las masacres étnicas, la muerte diaria de miles de personas por hambre o enfermedades curables en el mundo, o el ametrallamiento de poblaciones enteras bajo cuestionables ideales democráticos.
El terrorismo mediático guarda vínculos estrechos con la tríada periodismo, periodista y poder, y prevalece desde los comienzos de la hostilidad entre la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y Estados Unidos.
Ambos, empeñados en sostener el liderazgo en sus respectivos bloques geopolíticos y controlar políticamente los territorios ultramarinos, ricos en reservas de materias primas y fuentes de energía no renovables, hicieron del terrorismo mediático un arma común, recuerda Gregorio Javier Pérez Almeida
Pero por suerte, la historia de la comunicación contemporánea muestra el progresivo incremento de la insatisfacción con este modo de obrar de los medios de difusión masiva.
La crisis de credibilidad avanza y algunos hablan de insurrecciones mediáticas ante la creciente “inseguridad informacional”. Ramonet insiste en que el cuerpo social está desarrollando mecanismos de alerta ante lo que escucha, lee o ve, en los aparatos ideológicos de la globalización.
Baste un recorrido por el espacio virtual y saltarán a la vista las muestras de que la ciudadanía, cercana al convencimiento de que estos la engañan por razones políticas y financieras, les hace la contrapartida.
Educación a puñetazos

Palabras soeces, miradas torcidas y uno que otro puñetazo, suelen ser los métodos más socorridos por los adultos latinoamericanos y caribeños para imponer disciplina a sus hijos.
Al ser increpados al respecto, los mayores de edad admiten tales comportamientos como si fuesen lo más normal del mundo, porque consideran que esta es una práctica efectiva si se pretende lograr la mejor educación e inserción social de los infantes.
Así lo reflejó un sondeo de opinión practicado en 16 países de la región, donde el maltrato físico y sicológico a los menores de 18 años de edad alcanza el 80 por ciento en algunos territorios y llega hasta el castigo corporal.
De acuerdo con fuentes de la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), esta es una problemática en ascenso, pocas veces denunciada.
La ausencia de una metodología homologada para medir las formas de abuso y el hecho de que estas pasan desapercibidas gran parte de las veces, por la naturalidad con la cual son vivenciadas y por ocurrir casi siempre en los hogares, impide precisar cifras comparables entre las distintas naciones.
No obstante, datos recuperados por especialistas de esos organismos, confirman que en Costa Rica -país promovido por sus gobernantes como el más pacífico, humanitario y preocupado por la niñez en Centroamérica- 65,3 por ciento de los adultos maltrata a los menores.
Otras estadísticas citadas en el artículo Maltrato infantil: una dolorosa realidad puertas adentro, publicado en el boletín Desafíos Nº 9 de la CEPAL-UNICEF, dan cuenta de que tal situación no es privativa del eufemísticamente identificado por “paraíso regional”.
Alrededor del 42 por ciento de mujeres colombianas pesquisadas reconoció que sus parejas o esposos castigaban a sus críos a base de golpes, según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud de 2005.
Otro tanto ocurre en Uruguay, donde un estudio del Ministerio de Desarrollo Social puso al descubierto hace apenas un año que 82 por ciento de los adultos propinó alguna forma de violencia sicológica o física hacia un infante en su hogar.
Registros de la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalan que en América Latina nacen más de 11,4 millones de bebés por año, muchos de los cuales están condenados de antemano a sobrevivir en medio del hambre, la desesperación, un sinnúmero de enfermedades y sujetos a patrones de conductas agresivos legados por sus mayores.
La violencia sufrida por las niñas, niños y adolescentes se registra casi siempre en las casas, a manos de sus padres, cuidadores y familiares, y constituye uno de los factores que más incide en el incremento del suicidio infantil o del abandono del hogar.
Mientras los galenos recomiendan no pegar ni ofender a los más pequeños, mucho menos ante terceras personas, sus progenitores siguen apelando a este recurso ante el agobio que padecen por la situación que deben enfrentar en sociedades escasas de oportunidades.
Al verse obligados a laborar en más de un empleo, para garantizar el sustento de sus pequeños y el suyo propio, estos apenas cuentan con tiempo para intercambiar opiniones con sus hijas e hijos y transmitirles el afecto necesario.
Fallos en este sentido crean el caldo de cultivo en el que prolifera la depresión, enfermedad sicológica muy vinculada a la autoeliminación, tendiente al incremento en este sector etario en el área, de acuerdo con la OMS.
Los infantes deprimidos son más propensos al suicidio, porque pueden considerar a este como el único recurso para solucionar el mal. La agresividad intrafamiliar, las dependencias al alcohol o drogas y la depresión (suya o de sus padres), pueden incentivar en los menores esta tendencia.
Pero cuando la autoeliminación no es considerada y persiste el deseo de procurar otras salidas, niñas, niños y adolescentes, pueden decidirse a huir del hogar y probar suerte en un mundo marcado por el incremento de la trata de personas, el trasiego de órganos, el comercio sexual y otros fenómenos adversos.
Ante los elevados índices de depauperación socioeconómica de las sociedades latinoamericanas y caribeñas, traficantes, pederastras y proxenetas andan al acecho, favorecidos por las debilidades en el marco jurídico y la corrupción imperante.
Numerosas organizaciones humanitarias coinciden en que los políticos en estos territorios, salvo en contadas excepciones, acostumbran a colocar a los niños en el centro de sus campañas preelectorales y luego los excluyen de estrategias estatales a su llegada al poder.
Súmele a ello los obstáculos que imposibilitan acopiar información fidedigna acerca de la dimensión y peculiaridades del maltrato infantil, lo cual limita con creces el despliegue de estrategias eficaces para enfrentar a los victimarios.
Más, a pesar de las adversidades, no pueden decaer las buenas intenciones de contribuir a contrarrestar el mal y por ello los entes regionales instan a desarrollar campañas preventivas, reforzar la instrucción y educación de los padres, y la vigilancia sobre la problemática.
Cuanto se haga alrededor del tema igual representará un aporte al futuro, porque puede coartar en cierta medida la recirculación de la violencia en estas sociedades -contaminadas hasta el tuétano por ese flagelo- y propiciar el crecimiento humano de las mujeres y hombres del mañana.
El panteón grecorromano
Caos, representación del estado primitivo del universo, es considerado el primero y más antiguo de los dioses que habitaron el monte del Olimpo, sede central del panteón grecorromano.
La pléyade de deidades de estas culturas alcanza casi la media centena y en ellas destaca el todopoderoso Zeus o Júpiter, el más promiscuo de la corte en cuestión y con una turbia historia de crímenes en su haber.
Según la mitología, el dios del universo para estos pueblos se apoderó del trono tras asesinar a su padre, Cronos o Saturno, y tuvo numerosas relaciones extramatrimoniales con mujeres mortales y ninfas.
La mitografía olímpica da cuenta de los amoríos de este con las diosas Deméter, Latona, Dione y Maia, aunque reconoce por esposa oficial a su hermana, Hera.
De las constantes traiciones a la también identificada por Juno, nacieron los fundadores de varias dinastías helénicas, quienes tuvieron que huir de las iras de la dolida deidad.
La tradición colectiva cuenta que la diosa del matrimonio acostumbraba a perseguir a las amantes e hijos resultantes de las infidelidades de su esposo en una carroza tirada por dos pavorreales.
Como en las culturas ancestrales americanas, griegos y romanos también adoraron a la tierra en la imagen de Gea y Rhea, hija de Urano y hermana y esposa de Saturno.
La Magna Mater Deum, como nombraron a la primera, era la madre de varias deidades y figuras mitológicas como los Cíclopes, las Titánidas, los Centímanos, las Furias, los Gigantes y los Uránides, entre otros.
En tanto, Rhea tenía un concepto más filosófico y universal, porque era apreciada como generadora de todo lo existente.
Esta era relacionada con Ceres o Démeter, responsable de la transición de las estaciones climáticas en el año y a la cual se le atribuía el haber enseñado a los humanos a labrar la tierra y a elaborar el pan.
El dios del cielo para estos pueblos era Urano, descendiente de Gea y de Eter –Aire- en algunos casos y de El Caos y Hemeras (La Día), en otros.
La sapiencia humana cobró forma en el panteón grecorromano en la imagen de Ceo, Titán de la Inteligencia, mientras que a una fémina le correspondió el papel de diosa del fuego y del hogar.
Hestia o Vesta, de acuerdo con la mitología, ideó la construcción de las casas y se ocupaba de mantener vivo en el fuego en ellas.
Cronos o Saturno, hijo del cielo y de la tierra, era el dios del tiempo y devoraba a sus hijos en cuanto nacían para evitar que le quitaran el trono, en tanto Hades o Plutón velaba por los infiernos.
El rey de las sombras era a su vez el dios de los ricos para los romanos, porque estos reverenciaban al oro y creían que el codiciado metal era producto del submundo.
Perséfone o Proserpina, hija de Heras y de Zeus, era la contrapartida femenina del cuidador de los infiernos y según la tradición, había sido raptada por Plutón y andaba siempre junto al Olvido y el Sueño.
Poseidón o Neptuno, además de gobernar sobre los mares y océanos, influía sobre los terremotos y los caballos, y a menudo se le veía acompañado de un delfín.
El padre del héroe Teseo compartía espacio en el reino de las deidades grecorromanas con Atenea o Minerva, hija de Zeus, encargada de las ciencias, las artes, la estrategia y la guerra.
La consejera por excelencia del rey del Olimpo era representada por un búho y entre sus múltiples creaciones estaba el arte de hilar y el olivo. También era diestra en disparar el rayo, prolongar la vida, y otorgar la suprema felicidad a las personas después de la muerte.
Similar a ella, Apolo o Febo patrocinaba las artes, las letras y la medicina, además de dominar las plagas, la luz, la curación, los colonos, el tiro con arco, la poesía, las profecías y la danza.
Una lira y un arco representaban a esta beldad masculina, que todas las tardes descendía al mar en la carroza del Sol, tirada por cuatro caballos.
Su hermana gemela y diosa lunar, Artemisa o Diana, velaba por la caza, los bosques, los animales salvajes, la curación, las tierras, la castidad y los partos, y arrastraba un séquito integrado por 60 hijas del Océano.
Este último era el dios del mar y sus dominios estaban en las aguas desconocidas del Atlántico, así como en el Mediterráneo estaban los de Neptuno.
Sus hijos eran llamados Ríos y Oceánidas, y de acuerdo con la mitología, de sus relaciones extramatrimoniales nacieron Libia, Europa, Asia y Tracia.
El dios de la mortalidad, Japeto, era uno de los primigenios o titanes. Era el responsable de las muertes violentas y media el tiempo en que debía fallecer una persona.
Sus privilegios acabaron cuando, tras la guerra con otras deidades, fue confinado definitivamente al infierno, similar a lo ocurrido con el líder de los titanes en el conflicto, Atlas, sentenciado a cargar el cielo sobre sus hombros.
Febe o Foebe –brillante- era otro de los titanes. Esta diosa primigenia estaba encargada del oráculo de Delfos y su nombre era relacionado con la Luna por los griegos, como Diana y Selene.
Dionisios o Baco –dios del vino- promovía la civilización, protegía la agricultura, el teatro, era legislador y amante de la paz.
Las musas lo instruyeron en música y baile, al mismo tiempo que Silenio le enseñó el cultivo de la vid y la fabricación del vino, por lo que los bacanales en su honor eran de los festejos más esperados por estos pueblos.
Como la cruel realidad, el dios de la guerra -Ares o Martes- era hermano de Eris- Bellona, la desbastadora de ciudades, y tío de Fobos (Terror) y de Deimos (Espanto).
Ellos tiraban de su carroza y lo acompañaban en sus recorridos con otras de las controvertidas figuras del Olimpo: Dolor, Pánico, Hambruna y Olvido.
La tradición relata que Prometeo creó un hombre de barro y le dio vida con el fuego robado al Sol, por lo que Zeus lo amarró a una roca y ordenó a un buitre devorarle las entrañas durante 30 mil años. Por suerte, Hércules lo rescató.
El mensajero entre los dioses y los humanos, Hermes o Mercurio, cuidaba del comercio, de las fronteras y de las personas que cruzaban por ellas, de los pastores, ganado, literatos, oradores, atletas, pesos, medidas, inventos, y hasta de la astucia de los ladrones.
Para griegos y romanos, Hefesto o Vulcano -feo, lisiado y cojo- era el dios del fuego y protegía a los herreros y a la metalurgia.
La leyenda asegura que este contrajo matrimonio con la majestuosa Venus o Afrodita, pero ella le fue infiel con muchos dioses y él decidió crear a la primera mujer mortal: Pandora.
El ícono de la belleza y el amor nació de entre la espuma producida por la sangre del mutilado Cronos, al caer sobre las olas del mar, y protegía a los esposos, fecundaba los hogares y presenciaba los partos.
Relacionada de cierta manera con ella estaba Epimeteo, padre de La Excusa, cuyo nombre significa: no reflexiona después del suceso.
Mundo de abusos, discriminación y trata, contra los infantes

¿Cuál es el futuro para millones de infantes en un mundo globalizado, donde marchan unidos la violencia de todo tipo, los abusos sexuales contra los menores y el tráfico de personas?
Cuesta evitar el escepticismo ante las estadísticas relacionadas con tales problemáticas, en un contexto donde la pobreza crece a ritmos acelerados y reduce a millones de seres a condiciones de vulnerabilidad extrema, en las que los más pequeños corren el peor riesgo.
De los más de 225 millones de niñas y niños explotados por pedófilos y proxenetas en el mundo, 150 millones son hembras y 73 millones, varones, según datos del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).
Ello sugiere cierto parentesco entre el abuso de menores y la discriminación por razones de sexo, pero este delito puede vincularse también al ascendente tráfico de personas.
Este último va desde bebés hasta adultos de ambos sexos, pero por lo general incide sobre las féminas por debajo de los 18 años de edad, de acuerdo con el organismo internacional.
En correspondencia con ese ente, las cifras de abusados pueden ser superiores, por la forma encubierta en la cual actúan los criminales y por la vergüenza engendrada en los sometidos, capaces de frenar sus deseos de pedir ayuda.
Pero datos aproximados concuerdan en que los infantes insertados en el multimillonario comercio del tráfico sexual cada año rondan los 1,8 millones y que, sobre todo las niñas y jóvenes son sujetas a desapariciones forzadas, torturas, amenazas, homicidios y otras violaciones asociadas.
Defensores de la igualdad de géneros insisten en que la inclusión obligada de millones de ellas en este círculo y la desaparición forzada de muchas, guarda relación con un fenómeno cada vez más visible: la violencia hacia el sector.
Miles de las menores de edad abusadas sexualmente provienen de hogares marcados por constantes riñas familiares, donde ellas solían llevar la cuota más mala y recibir golpes de sus padres o parientes.
La gravedad de la situación -profundizada por la escasez de posibilidades para garantizarle su educación y mejores condiciones de vida- motivó a algunas a escapar y no pocas cayeron en manos de traficantes y proxenetas.
Investigaciones realizadas por agrupaciones seguidoras de estos temas mostraron otros casos en los cuales las infantes fueron vendidas, regaladas o entregadas por sus progenitores, bajo promesas de sus receptores de contribuir a su crecimiento.
De todo hay en la viña del Señor, como asegura el refranero popular, más lo cierto es que en casi todo el planeta, los delincuentes están al acecho y evalúan a sus posibles candidatas con vistas a prostituirlas o por pedido de magnates del mercado sexual.
Las escogidas pertenecen a los sectores empobrecidos en sus países en la mayoría de las ocasiones y ven coartado su desarrollo natural sin previo aviso, lo que a la larga puede convertirlas en victimarias, en opinión de sicólogos.
El desarrollo de internet y de las tecnologías de vídeo, a pesar de sus bondades, provocó una explosión de la difusión de imágenes de pedofilia y alentó a los viciosos de tal práctica y a los cazadores de fortuna sin escrúpulos.
Las redes de reclutamiento se expanden de modo progresivo con la complicidad e incluso participación directa de agentes de seguridad, policías, políticos y autoridades de poderes estatales locales.
Sólo la impunidad reinante explica el ciclo al que son sometidas las víctimas de estos sujetos, fiel reflejo el desprecio a la vida de los otros y del barbarismo extendido hasta nuestro tiempo.
Las capturas ocurren a plena luz del día muchas veces, las escogidas son introducidas por la fuerza en autos a la vista de todos, amordazadas, golpeadas y en ocasiones, drogadas.
Sin considerar edades o condiciones físicas, las niñas y jóvenes son trasladadas a verdaderos antros, prostíbulos o casas alquiladas, para esconderlas hasta el mejor momento de proceder a su comercialización o usarlas, según intereses de sus captores.
Presiones sicológicas y maltratos físicos de todo tipo redundan a veces en el fallecimiento de alguna de las apresadas, pero los victimarios terminan desapareciendo sus cuerpos sin cargos de conciencia.
Por cada una de las niñas y mujeres reclutadas -90por ciento de las cuales proceden de América Latina, Caribe, Asia, África y Europa del Este- dueños de bares, prostíbulos y negocios ilícitos ligados al sexo reciben milenarias sumas de dinero y con eso quizás acallan su culpabilidad.
Más de la mitad de los infantes forzados a prostituirse, a la pornografía o a trabajar, en esta región son oriundos de Colombia, Brasil, República Dominicana, Haití, Honduras, Nicaragua, Guatemala, México, Bolivia, Ecuador y Perú.
No obstante, la Alianza Global contra la Trata de Mujeres y la Red Latinoamericana y del Caribe contra la Trata de Personas, concuerdan en que la problemática se presenta en el ámbito interno de cada país del área, entre estos y a escala internacional, es decir, de un continente a otro.
Alemania, España, Suiza, Austria, Italia, Holanda, Francia, República Checa, Polonia y Rusia, son los principales destinos de los infantes latinoamericanos traficados con diversos objetivos hacia Europa.
Japón, Hong Kong, Singapur, Taiwán y Tailandia, también reciben menores capturados por las redes de tratantes en esta parte del mundo, igual que Israel y Estados Unidos.
Registros de UNICEF aseguran que entre 60 mil y 100 mil niñas y niños son víctimas del comercio sexual en Filipinas, mientras que en Bangladesh la media de edad de los menores explotados en ese sentido es de 13 años.
Alrededor de 150 mil infantes se prostituyen diariamente en las playas turísticas de Kenia para alimentarse a cambio de dar placer a turistas sexuales procedentes de países ricos, igual que en otros territorios empobrecidos del orbe.
Pero el pecado es cometido igual en el norte: uno de cada cuatro niños es víctima de abuso sexual, en algún momento de su vida, en España.
Frenar el trasiego de personas y el abuso de los infantes, asociado a ello, resultará difícil en medio de la mundialización de los procesos productivos, comunicativos y de la más extensa naturaleza.
La desidia de algunas autoridades gubernamentales limita a su vez la adopción de estrategias frente a estos crímenes y sólo la coordinación entre organizaciones internacionales y entes locales puede contribuir a contrarrestarlos.
En ámbitos más estrechos, los adultos deberán estar atentos a cambios de humor, neurosis nocturna, irritabilidad, euforia, autolesiones, negativas a comer, dificultades para sentarse o caminar por irritaciones, y otras señales.
Crear el clima de confianza necesario cuesta mucho y es casi seguro que el infante sólo hablará transcurridos varios años del delito, pero aunque este prescriba, las secuelas persistirán y eso explica la necesidad de actuar para atenuarlas.
El poder de los medios en el siglo XXI

La dictadura mediática nos somete y toda resistencia es poca frente a las supercherías bien pensadas por los encargados de oxigenar al capitalismo, fomentando una cultura de masas acorde con sus postulados de dominación.
El mensaje discriminador, cada vez más descarnado, enseña que para alcanzar el probable triunfo anunciado vale salir de compras con mayor frecuencia, aclararse el cabello, depilarse el cuerpo y la mente, y someterse a la tiranía de un régimen alimenticio estresante.
Las trasnacionales mediáticas y sus repetidoras nacionales aumentan sus dividendos con el manejo de poderosas armas: la información, la publicidad y el entretenimiento.
La combinación de estas les permite imponer estilos de vida e intereses, el individualismo, el consumismo, la pérdida de identidad, y la dependencia en todos los órdenes.
Los códigos inoculados por los megamedios y sus sucedáneas incitan a mujeres y hombres a dedicar más tiempo al cuidado de la apariencia, que a pensar. Simplificar parece ser la fórmula mágica.
La relativización de las posiciones políticas, económicas y otras; la ambigüedad de los personajes y situaciones; la superficialidad al representar el entramado social y a los actores, tratan de frenar la aspiración humana de entender lo que acontece.
Esa no es cuestión que deba preocupar, sugieren en clave subliminal los agentes de la difusión en esta era de monopolios mediáticos preestablecidos, respetuosos de los preceptos más turbios de la concepción nacionalsocialista alemana acerca de la propaganda.
La rigurosa jerarquía impuesta mantiene sólo a ciertas televisoras y periódicos como referentes de la información circulante por el mundo, quienes exhiben sin recato el traje de soldados e indispensables engranajes de la organización y ejecución de planes dirigidos a avasallar voluntades.
De acuerdo con el comunicador Alberto Rojas Andrade, los encargados de promover o justificar guerras, alientan la desmoralización, el olvido y la ignorancia.
Lejos de promover la educación cívica y arrojar luces sobre lo que acontece en cualquier parte, metamorfosean la realidad según los intereses de sus patrocinadores e incentivan la degradación ambiental, el despilfarro, el consumismo, y la violencia, añade.
En vez de cubrir el déficit de identidad ascendente en nuestras sociedades occidentalizadas -por la quebradura de pilares básicos como la familia, la Iglesia Católica y otras instituciones-, los predestinados a formar opinión pública tratan a los seres humanos como vil mercancía.
El respeto a las leyes de la información hace mucho cedió el terreno a la producción de noticias bajo las leyes de la oferta y la demanda. Hasta los mejores intencionados, adaptan sus formas de decir y hacer, con el propósito de insertarse en el mercado y vender mejor.
En ese esfuerzo, los medios de difusión masiva siguen las leyes de la retórica y otras dominantes en la cultura de masas. Prevalecen los efectos de emisión, simplicidad, espectacularidad, maniqueísmo, velocidad, urgencia, e instantaneidad, en el sentido de la velocidad en tiempo real.
Es última, gracias a la magia de Internet, destruyó la obediencia al período necesario para elaborar las noticias y destapó la premura por transmitir, en el orden técnico meramente, en desmedro de la verificación oportuna de datos y de la calidad del producto comunicativo en general.
El valor de la información ahora descansa en la agilidad con que llegue a los receptores, luego de ocurrir el hecho noticioso, y el de los medios de difusión masiva, en su capacidad de competir por llegar primero a vender.
La gratuidad en los servicios de esta naturaleza, cultura impulsada también por la red de redes, perturba a su vez los mecanismos comerciales de la información, señala el doctor en Semiología e Historia de la Cultura, Ignacio Ramonet.
Los gratuitos crecen, en la misma medida en que otra vía se impone para captar el beneficio económico por los mensajes. “El negocio consiste en vender ciudadanos a los anunciantes”, define el francés.
Los vendedores de productos comunicativos batallan por atrapar a más receptores en esta época y recibir, en proporción, más solicitudes de campos para publicidad.
Para ello, la información tiene que bajar su nivel de elaboración, reajustarse para atrapar al menos interesado en consumirla. Cuantos más atrayente y sencilla sea esta, más numerosos serán los que se le acerquen y el medio ganará más interesados en publicar sus anuncios en él.
Tantos leen, escuchan o miran un medio, tantos pueden ser capturados por los promotores de los bienes de la sociedad de consumo y la urgencia en modificar el funcionamiento estructural de la información, para lograrlo, redunda en el descuido de parámetros esenciales como la verdad, siempre subjetiva y en función del punto de vista de quien la transmite.
La globalización neoliberal, impensable sin el progreso desmesurado de las comunicaciones en su arista tecnológica, modificó todas las estructuras de funcionamiento de la sociedad.
Este fenómeno, esencialmente económico, implicó el aniquilamiento de las barreras a la circulación de los capitales, al desmaterializar el mercado de cambio.
La revolución digital, hija de un proyecto encaminado a agilizar el trasiego de capitales y no a proporcionarnos el placer del amor o la amistad a despecho de distancias físicas, creó un sexto continente, Internet, e impulsó la fusión de empresas especializadas en materia comunicativa.
Texto, imagen y sonido, andan tomados de la mano por las autopistas del ciberespacio, mientras se fortalecen los pulpos integradores de las principales esferas de la información.
La rentabilidad es la única preocupación de estas megaempresas, en tanto los medios, convertidos en actores dominantes en sociedad a partir de su matrimonio con el poder financiero, asumen el papel de aparatos ideológicos de la globalización.
Ramonet explica que esta penetra con el apoyo del ahora Segundo Poder –detrás del financiero y por delante del político-, que la estableció y defiende como sinónimo de progreso o modernidad.
Aparejada a esta idea, corre una orientada a inmovilizar cualquier síntoma de resistencia, sustentada en la tesis de la imposibilidad de luchar contra la pareja infernal que suponen los medios y el poder financiero.
La voluntad política de supeditar a ambos es un arma temida por los adalides del sostenimiento de la ideología globalizadora. No es gratuito que esta expresión de resistencia a la intensión de dominar el mundo sea la más atacada por el aparato mediático en este siglo.
De ello dan fe las múltiples maquinaciones contra el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y su líder Hugo Chávez; el presidente ecuatoriano Rafael Correa; y sus pares Evo Morales (Bolivia), Cristina Fernández (Argentina) y Daniel Ortega (Nicaragua), por sólo citar algunos.
Cambio social en clave de comunicación

Barrer con los latifundios mediáticos, con el terrorismo implantado por los medios, y democratizar la comunicación y la información, son eslóganes repetidos cuando se habla de la necesidad del cambio social.
Todos parecen estar convencidos de tales urgencias, pero cada quien tiene su propia idea de cómo o para qué debe hacerse.
“Las fisuras en este reclamo colectivo son demasiadas”, afirma el director del Observatorio Latinoamericano en Comunicación y Democracia, Aram Aharonian .
Probablemente, un sinnúmero de participantes en tal polémica desconozca el significado real de lo que implica democratizar la comunicación.
Más allá de poner los medios en manos del Estado, concebido como representante máximo de la nación, esta debe legitimar el derecho a informar y estar informados, así como la responsabilidad mediática de fomentar la formación de la ciudadanía.
La democratización de la comunicación debe frenar, además, la articulación y funcionamiento de los monopolios y oligopolios mediáticos y garantizar que los medios alienten la recuperación de la memoria y de la cultura nacional.
Las reformas o cambios legislativos en este orden, reclamadas por muchos, supondrían una variación relativa desde el Estado y de poco valdrían si ocurrieran sin un previo debate o participación popular eficaz, señala Aharonian.
Para el directivo, el desconocimiento de estas cuestiones y de la opinión pública al refrendar una ley de tal alcance puede arrastrar consigo un costo político enorme a cualquier proceso político progresista.
Una normativa pensada desde arriba, sin consultar a los movimientos sociales populares y a la ciudadanía en general, puede terminar siendo autoritaria y restrictiva de la libertad de expresión y ello implicaría una regresión en los objetivos que deberían orientarla, añade.
Mientras, las producciones enlatadas de las transnacionales de la información norteñas acaparan la atención de los públicos locales, al ser reproducidas por medios de estos países.
De igual modo, crece el divorcio de generaciones enteras con sus costumbres originales y la asimilación al patrón macdonalizado de pensar y desenvolverse en sociedad.
En tiempos de globalización no basta con la voluntad y la sabiduría popular recuerda que de buenas intenciones, está empedrado el camino al infierno.
Es necesario programar modelos de comunicación distintos que acerquen a los desposeídos a los progresos de la ciencia y la técnica, pero no como meros observadores, sino como beneficiarios de sus resultados.
Incluso, aquellos medios autoclasificados de alternativos, siguen centrando sus análisis en el accionar de los gobiernos progresistas y poco espacio dedican a visualizar a los únicos capaces de modificar radicalmente las relaciones de fuerza, los movimientos sociales y el pueblo en general.
La mentada alternatividad no siempre descansa en bases reales. Terminología, informaciones priorizadas, y formas de presentación, suelen ser calcos o acercamientos poco felices a los medios tradicionales y poca relación guardan con los sectores a los cuales dicen representar.
A estos medios surgidos en el fragor del combate por el cambio social más cabría denominarlos libres o independientes, o emitidos desde la ciudadanía, como sugiere el sociólogo belga, Armando Mattelart.
Entre las propuestas comunicativas por el cambio destacan las de las redes de radios comunitarias, acogidas en su afán por legitimarse como mecanismos de presión ante las realidades nacionales.
El acceso y la información son los pilares defendidos por estos medios, que apuestan por la diversidad lingüística, cultural y mediática, en correspondencia con quienes constituyen sus principales receptores: los excluidos o marginados.
“No habrá cambios profundos sin el concurso de los de abajo, organizados en movimientos. Colocar el fondo del análisis en los gobiernos es dejar a un lado nada menos que a la parte decisiva de la realidad, por lo menos desde una mirada antisistémica”, opina el uruguayo Raúl Zibecchi.
La redistribución de las riquezas es una tarea pendiente en esta América Latina lastimada por las secuelas del neoliberalismo y resulta utópico soñar con cambios de fondos sin cumplirla.
Por consiguiente, una de las principales causas de los conflictos sociales continúa en pie y puede erigirse en instrumento de movilización contra los progresistas en el gobierno.
La democracia sólo se salvará en América Latina y el Caribe si se logra democratizar los medios, pero para ello resulta indispensable una remoción radical de los pilares básicos sobre los cuales se sustenta el dominio capitalista, y así allí deben dirigirse las miradas con el concurso de todos.
Honduras: Sinopsis de un golpe de Estado
Por segunda ocasión en el siglo XXI -distintivo por el arraigo del discurso democrático y el giro progresista en el hemisferio occidental- un golpe militar pisotea la institucionalidad en un pueblo latinoamericano.
Honduras, nación que con mucho esfuerzo procura reconstruir la democracia hace dos décadas tras una treintena de años de dictaduras, es el escenario escogido por la cúpula castrense y por lo más conservador de la élite política para arremeter contra los proyectos transformadores de la realidad social en el área.
El motivo esgrimido: la intención del presidente constitucional Manuel Zelaya de conocer si la ciudadanía está de acuerdo o no de incluir una urna en los comicios generales de noviembre en torno a una Asamblea Nacional Constituyente y la reforma a la carta magna.
Según los núcleos más conservadores del ambiente político hondureño, el objetivo del gobernante es sentar las bases para legitimar su previsible reelección si se concretara un cambio en la ley fundamental de la República.
Fuentes militares propagaron también que “la captura de Zelaya obedeció a una orden judicial emitida después que se detectara la presencia de ciudadanos venezolanos y nicaragüenses en el país para participar como votantes en la consulta popular”, divulgó el diario El Heraldo.
Cuestionada la validez de estos argumentos sólo queda insistir en que la operación golpista desatada en las primeras horas del domingo 28 de junio de 2009 es injustificable de acuerdo con los principios fundamentales del Derecho Internacional Público y del Derecho Internacional Humanitario.
Primero: militares irrumpieron en la vivienda del presidente constitucional sin previo aviso a las 05: 30 de la madrugada, hora local, forzaron la puerta trasera del inmueble, realizaron varios dispararos, y golpearon a este y a su guardia personal.
Zelaya, en ropa de dormir, fue encañonado con armas de grueso calibre, obligado a soltar su celular, subido a un camión y conducido a una base de la Fuerza Aérea, donde fue colocado en un avión y enviado a Costa Rica.
Casi una centena de soldados con máscaras, cascos y vestidos de uniforme, cumplieron con la orden ilegal, contra su pueblo, contra su familia, contra su gente, testimonió el mandatario y agradeció al gobierno tico su hospitalidad en medio de tan graves circunstancias.
Segundo: aviones de combate sobrevolaron el espacio aéreo nacional, tanques, camiones blindados y otros medios de transportación, cargados de contingentes militares, tomaron las principales avenidas de la capital para implantar el terror y comenzaron a desplazarse por el resto del territorio.
Tercero: los golpistas intervinieron el Canal Estatal de Televisión de Honduras y, con el probable apoyo de los directivos de las principales empresas eléctricas y de comunicaciones del país, suspendieron el servicio para impedir la transmisión de informaciones hasta por vía de la internet. Luego cortaron la señal de otras televisoras locales y extranjeras, como Telesur.
Cuarto: los militares lanzaron gases lacrimógenos contra miles de personas que salieron a las calles a quemar llantas y realizar distintas acciones de protesta frente a la Casa Presidencial y otros puntos del país, en apoyo al gobernante secuestrado.
Quinto: periodistas, camarógrafos y otros agentes de la prensa nacionales y extranjeros, que cubrían los sucesos, fueron amenazados con armas y maltratados por los uniformados. En tanto, los canales televisivos y otros medios de difusión callaban lo que acaecía y sólo transmitían música.
Sexto, la mayoría del Congreso Nacional engañó al pueblo al esgrimir una supuesta carta de renuncia de Zelaya y nombró como mandatario provisional al presidente del órgano legislativo y ex candidato a la presidencia de Honduras por el Partido Liberal –el del gobernante secuestrado-, Roberto Micheletti.
Séptimo: los embajadores de Venezuela, Nicaragua y Cuba, en Tegucigalpa, fueron golpeados por soldados encapuchados a las 10: 15 de la mañana, hora local, cuando procuraban extender su inmunidad a la cancillera hondureña, Patricia Rodas.
Después, el representante cubano, Juan Carlos Hernández, y la Canciller Rodas, fueron conducidos en una camioneta sin chapa a una base de la Fuerza Aérea. El diplomático cubano fue reparado a la fuerza de Rodas y testimonió haber sido víctima de maltratos y amenazadas cuando los militares detectaron que hablaba por su celular con el Ministro de Relaciones Exteriores de su país, Bruno González Parrilla.
Hernández expresó su preocupación por la vida de Rodas, porque él fue liberado y lanzado desde un auto con cristales oscuros en una carretera aledaña a la base donde permanecía retenida Rodas, cercana al aeropuerto internacional, y aún se desconoce el paradero de la jefa de la diplomacia hondureña.
Decenas de funcionarios de la administración de Zelaya, periodistas y líderes de agrupaciones políticas y sociales padecieron la misma suerte en ese contexto, mientras se temía por la integridad de los 484 cubanos que despliegan labores humanitarias –médicas en su mayoría- en Honduras.
Octavo: a pesar de las irregularidades cometidas por los militares contra la institucionalidad de la nación, el Poder Judicial confirmó su respaldo a los golpistas y alegó que desde el viernes anterior al hecho, ordenó decomisar las boletas y urnas destinadas a la consulta popular promovida por Zelaya.
“El orden de derecho es lo que se pretende restablecer con esta acción”, declararon los representantes del órgano judicial, desatendiéndose de la inestabilidad desatada en el país por efecto de la asonada militar y al difundirse el secuestro y expulsión del mandatario constitucional.
¿Quién abrió la jaula a los gorilas hondureños cuando parecía que los golpes de Estado eran cosa superada en Latinoamérica? Aunque quedan por precisar responsabilidades, vuelven los fantasmas del pasado en la región.
“Honduras vive lo que Chile sufrió a raíz del golpe militar perpetrado por Augusto Pinochet contra Salvador Allende, en 1973″, declaró el candidato presidencial del país suramericano, Alejandro Navarro.
Por su parte, el presidente de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, reconoció que lo ocurrido es un golpe militar al estilo de los ocurridos en otras épocas históricas y en particular, al perpetrado contra el presidente venezolano Hugo Chávez, en abril de 2002.
Insulza demandó restablecer el orden constitucional en Honduras, mientras en medio de las denuncias en el foro acerca del hecho se nombró a un siniestro personaje: el ex Subsecretario de Estado norteamericano, Otto Reich.
Durante la Reunión Extraordinaria de los Cancilleres de la OEA, convocada de manera urgente el domingo en la sede de Washington, se conoció que Reich había contactado en ese ámbito a viejos amigos en suelo hondureño.
Medios de comunicación alternativos recordaron, además, que el viernes anterior al suceso que conmocionó al mundo funcionarios estadounidenses sostuvieron una reunión con oficiales de alto rango en el país.
El atentado de los militares contra la democracia en Honduras, registrado en medio de una era diferente en el continente, obra como llamado de alerta ante el probable destape de las fuerzas militares en contubernio con las élites políticas relegadas del poder en estas naciones.
Hace menos de un año, el gobierno constitucional en el territorio -primero en Centroamérica por la elevada incidencia de la corrupción, el SIDA y la violencia-, procuró el acercamiento a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América y a Petrocaribe.
Al sumarse a estos mecanismos de integración regional, impulsados por la República Bolivariana de Venezuela, Zelaya mostró su interés de crear las bases para revertir la crítica situación nacional.
Más allá de los vínculos establecidos con estos instrumentos unionistas latinoamericanos, el mandatario cobró renombre a partir de su desempeño como presidente pro- tempore del Sistema de Integración Centroamericana en el segundo semestre de 2008.
Bajo su égida, el bloque istmeño llegó a importantes acuerdos, atravesados por la lógica del enfrentamiento a viejos lazos de sujeción a intereses foráneos y la urgencia de frenar la incidencia de la crisis estructural del capitalismo en estos países.
Su visita en este año a Cuba y la difusión de los pormenores de su conversación amistosa con Fidel Castro presumiblemente están incluidos entre los cargos esgrimidos para sacarlo por la fuerza de su casa y del gobierno, cuando le falta menos de un semestre para concluir y su gestión y entregar la presidencia.
El rancio anticomunismo alimentado desde los momentos más críticos de la Guerra Fría emerge en esta coyuntura y hasta los más escépticos miran con recelos la manipulación de la opinión pública por parte de los medios aliados de los militares golpistas y de su rostro civil, Micheletti.
En correspondencia, ningún gobierno del mundo reconoció hasta la fecha al gobierno de facto y si coincidieron en la condenada al revertimiento forzado del proceso institucional en Honduras.
Más, al toque de queda decretado por los usurpadores, lo cual limita las libertades democráticas y es interpretado como un intento por impedir que el pueblo continúe las protestas y su justo reclamo por el regreso del presidente legítimo, Zelaya.
¿Quién abrió la jaula a los gorilas hondureños cuando parecía que los golpes de Estado eran cosa superada en Latinoamérica? Aunque quedan por precisar responsabilidades, vuelven los fantasmas del pasado en la región.
“Honduras vive lo que Chile sufrió a raíz del golpe militar perpetrado por Augusto Pinochet contra Salvador Allende, en 1973″, declaró el candidato presidencial del país suramericano, Alejandro Navarro.
Por su parte, el presidente de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, reconoció que lo ocurrido es un golpe militar al estilo de los ocurridos en otras épocas históricas y en particular, al perpetrado contra el presidente venezolano Hugo Chávez, en abril de 2002.
Insulza demandó restablecer el orden constitucional en Honduras, mientras en medio de las denuncias en el foro acerca del hecho se nombró a un siniestro personaje: el ex Subsecretario de Estado norteamericano, Otto Reich.
Durante la Reunión Extraordinaria de los Cancilleres de la OEA, convocada de manera urgente el domingo en la sede de Washington, se conoció que Reich había contactado en ese ámbito a viejos amigos en suelo hondureño.
Medios de comunicación alternativos recordaron, además, que el viernes anterior al suceso que conmocionó al mundo funcionarios estadounidenses sostuvieron una reunión con oficiales de alto rango en el país.
El atentado de los militares contra la democracia en Honduras, registrado en medio de una era diferente en el continente, obra como llamado de alerta ante el probable destape de las fuerzas militares en contubernio con las élites políticas relegadas del poder en estas naciones.
Hace menos de un año, el gobierno constitucional en el territorio -primero en Centroamérica por la elevada incidencia de la corrupción, el SIDA y la violencia-, procuró el acercamiento a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América y a Petrocaribe.
Al sumarse a estos mecanismos de integración regional, impulsados por la República Bolivariana de Venezuela, Zelaya mostró su interés de crear las bases para revertir la crítica situación nacional.
Más allá de los vínculos establecidos con estos instrumentos unionistas latinoamericanos, el mandatario cobró renombre a partir de su desempeño como presidente pro- tempore del Sistema de Integración Centroamericana en el segundo semestre de 2008.
Bajo su égida, el bloque istmeño llegó a importantes acuerdos, atravesados por la lógica del enfrentamiento a viejos lazos de sujeción a intereses foráneos y la urgencia de frenar la incidencia de la crisis estructural del capitalismo en estos países.
Su visita en este año a Cuba y la difusión de los pormenores de su conversación amistosa con Fidel Castro presumiblemente están incluidos entre los cargos esgrimidos para sacarlo por la fuerza de su casa y del gobierno, cuando le falta menos de un semestre para concluir y su gestión y entregar la presidencia.
El rancio anticomunismo alimentado desde los momentos más críticos de la Guerra Fría emerge en esta coyuntura y hasta los más escépticos miran con recelos la manipulación de la opinión pública por parte de los medios aliados de los militares golpistas y de su rostro civil, Micheletti.
En correspondencia, ningún gobierno del mundo reconoció hasta la fecha al gobierno de facto y si coincidieron en la condenada al revertimiento forzado del proceso institucional en Honduras.
Más, al toque de queda decretado por los usurpadores, en los últimos días, que limitó las libertades democráticas en extremo y fue interpretado como un intento más por impedir que el pueblo continue las protestas y su justo reclamo por el regreso del presidente legítimo, Zelaya.
Honduras una apuesta por el futuro

(Entrevista a Bertha Cáceres, del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH)
"Es el pueblo hondureño el que mueve la lucha contra la dictadura y definirá su futuro", me aseguró la presidenta del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), Bertha Cáceres.
Para ella, como para muchas personas en el mundo, el golpe de estado perpetrado contra el presidente constitucional Manuel Zelaya, el 28 de junio de 2009, fue una pesadilla inesperada en pleno siglo XXI y más, las represalias desatadas contra quienes enfrentan a sus artífices.
Ejecuciones extrajudiciales, torturas, secuestros y detenciones, están a la orden del día en el país centroamericano, pero ello no rompe la tibieza de lo que Cáceres identificó como "comunidad internacional institucionalizada".
"Los golpistas han violado, han perseguido, han apresado, han matado...sin embargo, no vemos que la Organización de Naciones Unidas y la de Estados Americanos hagan algo radical contra ellos", opinó la joven.
Gracias a su disposición al diálogo -sin ocultar las preocupaciones por la suerte de sus hijos y su madre que quedaron en Honduras- confirmamos las informaciones sobre los asesinatos de niños y jóvenes negados a unirse de manera forzosa al ejército.
Las cárceles hondureñas estaban repletas de jóvenes, acusados o simplemente sospechosos, de ser miembros de pandillas o maras. Los golpistas abrieron las celdas y les dieron la opción a estos de enrolarse en las fuerzas encargadas de reprimir al pueblo en pie de guerra.
Cientos de ellos, junto a otros reclutados en estas semanas en las calles, fueron trasladados a bases de entrenamiento de batallones criminales como Los Cobras y algunos de los que intentaron escapar, terminaron ejecutados.
Es difícil precisar cifras. Dirigentes del Frente Nacional contra el Golpe de Estado -"creado por el pueblo el domingo fatídico, frente a la Casa Presidencial"- acopian evidencias contra los represores, pero la magnitud de la violencia contra la ciudadanía y la censura sobre ello, obstruyen la labor.
Gran parte de los medios de comunicación, apegados al gobierno de facto, encabezado por Roberto Micheletti, procuran en tanto vender la imagen de que la situación se ha estabilizado y nada ocurre en el territorio.
"Los oligarcas jamás esperaron una respuesta tan fuerte del pueblo y es probable que hasta quienes nos respaldan en esta lucha, inicialmente se sorprendieran de la fortaleza demostrada por los movimientos sociales hondureños".
De acuerdo con la dirigente popular, la única solución posible al conflicto interno en su país es el retorno y reposición de Zelaya.
"La lucha apenas comienza. Apostamos al sueño que nos han quitado", sentención y aseveró que si el mandatario legítimo logra retornar al cargo, su pueblo le permitirá gobernar por el tiempo establecido, sin considerar los meses que le robaron los golpistas.
En una asamblea, efectuada el 6 de septiembre, centenares de representantes de organizaciones de la resistencia en los 18 departamentos del país, acordaron desconocer las elecciones generales del 29 de noviembre, si son organizadas por los autores del golpe militar.
Igual, determinaron repudiar a los candidatos de la reacción y desconocer los resultados de los comicios, si llegaran a efectuarse sin restablecer el orden constitucional, porque ello sería "la legalización de la violencia militar contra el Estado".
"Con o sin restitución de Zelaya, nos preparamos para la instalación de una asamblea nacional democrática, con representación de todos los sectores sociales, que impulse la adopción de una nueva Constitución".
La reforma de la Carta Magna deberá garantizar la recuperación de los derechos humanos, de las riquezas, de la capacidad de definir el desarrollo, y legitimar los derechos de las mujeres.
Desde el madrugonazo de junio, féminas de todas las edades, estamentos sociales, y etnias, se lanzaron a las calles para defender la institucionalidad coartada por los militares entrenados en la Escuela de las Américas y la élite sociopolítica, pero su contribución apenas se menciona, recordó.
Cáceres, digna representante de esta parte de la población tradicionalmente discriminada, pronosticó un recrudecimiento de la represión y de la militarización en el país.
"Los oligarcas tratarán de avanzar más en su proyecto y en la misma proporción, surgirán otros escenarios de lucha, todavía por manifestarse", vaticinó.
En su alocución en el VIII Taller sobre Paradigmas Emancipatorios, celebrado en la capital cubana del 1 al 5 de septiembre de 2009, Cáceres había agradecido la solidaridad de cientos de integrantes de movimientos sociales populares del continente y de países como Cuba y Venezuela.
Mientras denunciaba las atrocidades cometidas por los golpistas -frente a integrantes de agrupaciones feministas, indígenas, lésbicas, gay, académicos y otros impulsores del cambio social en la región-, cobraba forma la voz de un pueblo convencido de la justeza de su lucha.
"Nunca pensaron en una reacción tan fuerte del pueblo y menos, que este fuese capaz de enfrentarlos tanto tiempo con su creatividad y demostrando una fuerza impensada", afirmó henchida de orgullo en la sesión inaugural del encuentro.
En nombre de los que quedaron en las calles hondureñas, enfrentando la violencia policial, los gases lacrimógenos, las porras, y todo tipo de presiones, la joven reiteró: "nos tienen miedo, porque no tenemos miedo".
El estribillo de la canción, convertida en himno de guerra tras el golpe, resonó en el salón en la voz de Cáceres y dejó la certeza entre los asistentes de que hondureñas y hondureños lucharán hasta restituir al único presidente que escuchó a los excluidos y olvidados de siempre.
Historias de mujeres
Detrás de cada mujer hay una historia digna de contar: “de la cuna donde nacimos hasta la tumba donde dormiremos -toda la atropellada ruta de nuestras vidas- deberían pavimentar de flores para celebrarnos”.
Tal criterio -transformado en verso por la poetisa nicaragüense Gioconda Belli y compartido cada vez por mayor cantidad de personas en el mundo- anima desde hace algunas décadas el rescate de trayectorias femeninas invisibilizadas a lo largo de siglos.
Siglos acumula el afán de diferenciar a ambos sexos en relación con jerarquías y funciones. De un extremo a otro del planeta tierra, las mujeres casi siempre llevaron la peor parte y fueron miradas por milenios como ciudadanos de segunda clase.
El recelo al poder de las únicas dotadas de la capacidad de procrear y cumplir con el mandato de multiplicar la especie salta a la vista en gran parte de los primeros mitos acerca de la creación del mundo.
Mientras que una mujer, la Pachamama o Madre Tierra, da de comer, de beber y guarece a sus hijos en las antiguas culturas suramericanas de los Andes, el legado occidental insiste en el papel de las hembras de segundonas y en su supuesta predisposición para la perversión.
Seres intrigantes por naturaleza, débiles, poco juiciosos, expedidores de todo tipo de males, protagonizan miles de leyendas transmitidas de unas generaciones a otras desde hace centurias.
La mala suerte de ser colonizados redundó en que muchos de esos relatos corrieran por Latinoamérica, se fusionaran o mezclaran con los autóctonos -al estilo de lo ocurrido con la música, las artes, la filosofía, la religión y otras- y proliferaran personajes maléficos con rostro de mujer como la centroamericana Cegua, Segua o Tzegua.
De modo similar, a esta parte del mundo llegó la cacería de brujas por oposición al auge liberal y humanista del Renacimiento.
Los inquisidores priorizaron el exterminio de las que se atrevieron a ayudar a sus congéneres a interrumpir embarazos, evitarlos, o mitigar dolores asociados al parto o a la estigmatizada menstruación, rememora Rosa Montero, autora de una obra fundacional en la corriente orientada a recuperar la herencia femenina obviada.
La habilidad de controlar sus vidas y aplicar los conocimientos adquiridos les estaba negada a las mujeres, condenadas a supeditarse al predominio del macho por un edicto supra terrenal nunca demostrado.
“Se admite generalmente que en la mujer los poderes de la intuición, la percepción y quizás la imitación son más señalados que en el hombre, pero algunas de estas facultades, al menos, son características de las razas inferiores, y por consiguiente, de un estado de civilización pasado y menos desarrollado”, afirmó Carlos Darwin, citado por la periodista española.
En sintonía con los postulados del sabio, el recuerdo que tenemos de las mujeres muchas veces está teñido por los valores sexistas: Mesalina, esposa del emperador romano Claudio I, devino arquetipo de ninfómana e infiel.
La emperatriz rusa Catalina la Grande es reconocida por sus varios amantes y por ser “de armas tomar”. Pocos abundan en que sus contemporáneos hombres hicieron mayor gala de la promiscuidad.
Menos, en que -a diferencia de muchos reyes y emperadores- mantuvo a sus concubinos lejos del terreno profesional y nunca se dejó influir políticamente por ellos.
Catalina realizó el primer compendio legislativo, modernizó la administración estatal, creó obras teatrales, fundó un periódico, luchó contra lituanos y turcos, anuló la autonomía de Ucrania y protegió las artes y las letras. De eso, poco se comenta.
“Fuera del convento y de la vida fácil sólo ha existido para las mujeres otra gran vía de escape de la tutela masculina, y ésa ha sido la viudez. Sobre todo en lo relativo a las responsabilidades de mando: detrás de la casi totalidad de las mujeres que han alcanzado el poder antes del siglo XX hay un marido muerto”.
Muchas de ellas enfrentaron enturbiados ambientes tras el fallecimiento de sus consortes o padres y sortearon enormes obstáculos hasta erigirse como gobernantes de gran talla.
Científicos probaron que muchos de los textos anónimos de la literatura universal salieron en su mayoría de plumas manejadas por manos femeninas, en tanto otros fueron difundidos bajo seudónimos masculinos para burlar la censura o atribuidos a esposos o parientes varones.
“Las obras de las mujeres siempre han tendido a extraviarse y a olvidarse; perdido está, por ejemplo, el poema épico La guerra de Troya, de la griega Helena, en quien se inspiró Homero para hacer la Ilíada”, asegura Montero y secunda los cuestionamientos a la intriga que rodea a la hermana imaginaria, ambiciosa, y llena de talento de Shakespeare.
Cuanto más nos sumergimos en el mar remoto de lo femenino, más mujeres grandiosas e interesantes aparecen. “Las aguas del olvido están llenas de náufragas y Basta con embarcarse para empezar a verlas”, instala autora de Historias de mujeres.
“Siempre ha habido mujeres capaces de sobreponerse a las más penosas circunstancias; mujeres creadoras, guerreras, aventureras, políticas, científicas, que han tenido la habilidad y el coraje de escaparse, quién sabe cómo, de destinos tan estrechos como una tumba”.
Estas “fueron pocas, claro está, en comparación con la gran masa de hembras anónimas y sometidas a los límites que el mundo les impuso; pero fueron…muchísimas más que las que hoy conocemos y recordamos”.
Opinión compartida por seguidores del tema es que los actos y obras de las féminas raramente trascendieron su época porque, por lo general, fueron hombres los historiadores, enciclopedistas, académicos, los encargados de custodiar y preservar la memoria pública u oficial.
“¡Qué poco es un solo día, hermanas, qué poco, para que el mundo acumule flores frente a nuestras casas!”…¿será que nunca acabará el desafío para nuestro sexo? ¿Cuesta tanto comprender que hombres y mujeres somos ramas del mismo árbol?
La enorme porción femenina vivió por mucho tiempo en una suerte de clandestinidad, pero sobran razones para revertir tal estado de hecho. Razones por las cuales –parafraseando a la Belli- también me levanto orgullosa todas las mañanas y bendigo mi sexo.
De América Latina a Iberoamérica
El modismo que identifica al subcontinente fue enarbolado por pensadores empeñados en alcanzar la unidad de estos pueblos, pero enmascaró cierta visión avasalladora.
Historiadores atribuyen la paternidad del neologismo “América Latina” al colombiano José María Torres Caicedo y al chileno Francisco Bilbao, quienes vivían para mediados del siglo XIX, en París. Este último empleó el vocablo por primera vez en una conferencia en la capital francesa, el 24 de junio de 1856, que trascendió como Iniciativa de la América.
No obstante, precisa el colombiano Miguel Rojas, Bilbao en esa ocasión usó igual el gentilicio latinoamericano y en escritos anteriores y posteriores hasta aludió a una “raza latinoamericana”.
Los nombres identifican en la misma proporción que ocultan. Ese es el caso de “América Latina”, denominación cuya aceptación fue alentada por los europeos para justificar sus pretensiones recuperativas de los ricos territorios situados entre el Río Bravo y la Patagonia.
El modismo destinado a identificar al subcontinente fue enarbolado por pensadores empeñados en alcanzar la unidad de estos pueblos, pero para varios especialistas, sin proponérselo enmascaró cierta visión avasalladora y el empeño de ocultar el sincretismo de una cultura resultante de la fusión de aportes indígenas, europeos, africanos y de otros grupos poblacionales.
La frase comenzó a gestarse al terminar las guerras de independencia en los territorios sureños, de 1791 a 1825, con un marcado acento anti-norteamericano y su aceptación en esta parte del mundo respondió en buena medida al descontento con el vecino norteño que poco o nada ayudó en las luchas contra el dominio colonial.
Hacia mediados de la centuria decimonónica eran evidentes los afanes expansionistas de Estados Unidos por el resto de la plataforma continental y a tono con ello, el ascenso de los antagonismos entre las derrotadas ex metrópolis europeas con la naciente potencia capitalista.
En ese ámbito, varios pensadores comenzaron a insistir en las diferencias culturales, religiosas, lingüísticas, étnicas, u otras, entre las naciones situadas de una y otra parte del continente.
Gran parte de los textos generados por estos promovieron, además, las ideas acerca de la latinidad de los países ubicados en la zona meridional del mal llamado Viejo Continente y por extensión, mencionaban como parte de la familia a las antiguas colonias ibéricas.
El científico alemán Alexander Von Humboldt fue uno de los primeros en destacar el supuesto origen latino de los pueblos que habitaban las otrora posesiones españolas en América, asegura el historiador cubano, Sergio Guerra Vilaboy.
En igual sentido, destaca a Michel Chevalier, escritor francés que al tomar parte en el debate sobre la cuestión contrapuso la presumible latinidad de las antiguas colonias de España, Portugal y Francia a la raíz anglosajona de los habitantes del norte.
Estos discursos, que en sus inicios apenas insinuaban la existencia de las razas, derivaron en tesis racistas que poco a poco ganaron más interlocutores incluso en las tierras situadas del Río Bravo a la Patagonia, donde determinados sectores procuraban potenciar el componente blanco por oposición a lo indígena.
Historiadores atribuyen la paternidad del neologismo América Latina al colombiano José María Torres Caicedo y al chileno Francisco Bilbao, quienes vivían para mediados del siglo XIX, en París.
Este último empleó el vocablo por primera vez en una conferencia en la capital francesa, el 24 de junio de 1856, que trascendió como Iniciativa de la América. No obstante, precisa el colombiano Miguel Rojas, Bilbao en esa ocasión usó igual el gentilicio latinoamericano y en escritos anteriores y posteriores hasta aludió a una “raza latinoamericana”.
Su rechazo al expansionismo anglosajón lo condujo a instar a la que llamó América Latina a integrarse ante los pronósticos de una probable desaparición de la civilización en el norte y emersión de la barbarie.
“Tenemos que perpetuar nuestra raza americana y latina; que desarrollar la república, desvanecer las pequeñeces nacionales para elevar la gran nación americana, la Confederación del Sur… y nada de esto se puede conseguir sin la unión, sin la unidad, sin la asociación”, declaró.
Rojas explica en el artículo Los aportes del romanticismo latinoamericano a la identidad cultural y la integración que este pensador concebía como “Sur” la extensión lógica y cultural del concepto América Latina, similar a lo reflejado por otros hombres de ideas en la región.
La Confederación Latinoamericana o de Repúblicas del Sur, según Bilbao, partía de los “intereses geográficos, territoriales, la propiedad de nuestras razas, el teatro de nuestro genio, (porque) todo eso nos impulsa a la unión, porque todo está amenazado en su porvenir”.
A tono con su tiempo, este chileno temía al expansionismo continental impulsado desde Washington y a los ánimos de reconquista europeos en boga. Para él, la Gran Nación de Naciones debía fundarse sobre la base de un congreso general de representantes y legisladores, de un código de derecho internacional, de un pacto de alianza federal, crear fuerza militar conjunta, y una economía basada en un pacto comercial, entre otros.
La eliminación de aduanas nacionales internas, un sistema de pesos y medidas comunes y un sistema de presupuestos formaban parte de la propuesta, que implicaba la delimitación de territorios y fronteras, el reconocimiento de la soberanía popular, la elección democrática para los representantes del Congreso General por la suma de los votos individuales y no por la suma de votos por cada nación.
El filósofo mexicano Leopoldo Zea comenta en Fuentes de la cultura latinoamericana que Bilbao sugería a su vez separar la Iglesia y el Estado, la ciudadanía universal latinoamericana, un sistema de educación universal para las repúblicas participantes y la fundación de una universidad que enseñase la historia continental, sus lenguas y culturas.
Tales elementos muestran la incidencia en su pensamiento de las ideas laicistas prevalecientes en Francia y en gran parte de Latinoamérica por extensión y probablemente, constituyen los puntos más revolucionarios de su proyecto.
Bilbao consideraba importante para la conformación y sostenimiento de este proyecto, la creación de un Libro y un Diario correspondientes a las naciones miembros a modo de registros de su devenir.
Unificar el pensamiento, el corazón y la voluntad, eran el objetivo esencial de un programa concebido por quien demandó "obras pedimos y no palabras, prácticas y no libros, instituciones, costumbres, enseñanzas, no promesas desmentidas".
Torres Caicedo, quien ratificó su apego a la corriente propulsora de la latinidad del sur del continente en la parte IX de su poema Las dos Américas, abogó por la conformación de un Estado supranacional tendiente a desterrar “la inferioridad que el aislamiento engendra en cada uno de los Estados latinoamericanos”.
Su propuesta de confederación, unión o liga, perseguía reunir “en un haz único y robusto todas las fuerzas dispersas de la América central y meridional (sic), para formar de todas ellas una gran entidad”, sin detrimento de la autonomía de los Estados.
Esta expresión integracionista debía basarse en “ciertos grandes principios”: creación de un Congreso democrático y liberal, establecimiento de un Tribunal Supremo, fuerzas armadas o tropas para la defensa común y fijación de límites territoriales.
A tales presupuestos se sumaba la negativa a ceder a una potencia extranjera parte del territorio de la unión y de los países miembros, admitir la nacionalidad latinoamericana, abolir los pasaportes nacionales, adoptar idénticos códigos, pesos, medidas y monedas.
También se añadía la libertad de comercio, la creación de un sistema de convenciones postales, la fundación de un sistema de enseñanza uniforme, obligatorio y gratuito en edad primaria, y la creación de un periódico defensor de lo latinoamericano.
La superioridad de la proposición integracionista de Torres Caicedo radicaba en la defensa de la libertad de conciencia y tolerancia de cultos, unida a la prohibición de la explotación del hombre por el hombre y la eliminación de cualquier modalidad de servidumbre.
El respeto a la identidad en la diferencia cimentó esta iniciativa, que presuponía la autonomía de cada Estado integrante de la unión y serviría de referente a otros pensadores empeñados en alcanzar metas similares.
Las Bases para la Unión Latino-Americana. Pensamiento de Bolívar para formar una Liba Latino-Americana, su origen y su desarrollo, presentadas por Torres Caicedo en París, en 1861, centraban la atención en la necesidad de lograr la integración económica y política de lo que llamó entonces las Repúblicas Latinoamericanas.
El nuevo modo de identificar a la región apareció como protesta ante la invasión perpetrada contra México por parte de las tropas aliadas de España, Inglaterra y Francia, que redundó en el establecimiento de una monarquía francesa en esta porción de la región de 1861 a 1867.
El uso de la palabra “Latina” como adjetivo, detrás del sustantivo “América”, se hizo cada vez más frecuente a finales de la decimonovena centuria a pesar de las evidencias de los intereses de los otrora imperios coloniales europeos de recuperar sus antiguas posiciones.
Prominentes defensores de la integración americana acogieron como suyo el neologismo, destinado a reconocer la familiaridad entre americanos e ibéricos en detrimento de los afanes de destacar lo autóctono en estas tierras y su heterogeneidad cultural, representados en expresiones como “Nuestra América” o “Madre América”.
“No hay odio de razas porque no hay razas”, definió el cubano José Martí y en sintonía insistió en su visión acerca de la diferenciación cultural y no racial entre los dos polos del continente.
Sin embargo, el Maestro apeló en varias ocasiones a la frase alentada desde Francia, pero sólo para remarcar la existencia de una comunidad cultural y lingüística en esta región por oposición a la existente en esa América que no es nuestra, según sus palabras.
“Para descargo de las culpas que injustamente se echan encima de los pueblos de América Latina”, expresó Martí en un discurso dirigido a emigrados cubanos en Nueva York, el 24 de enero de 1880.
“Todo nuestro anhelo está en poner alma a alma y mano a mano los pueblos de nuestra América Latina”, afirmó en un texto publicado tres años después.
A la par, sus escritos reiteran la necesidad de no caer en las trampas ideadas por quienes siempre buscarán someter a estos pueblos. “Ni uniones de América contra Europa, ni con Europa contra un pueblo de América… la unión con el mundo y no con una parte de él”, adelantó de manera previsora lo que constituye el punto de partida del vigente multilateralismo económico.
Ello sugiere que en su caso quizás pudo más lo que iba convirtiéndose en costumbre que el probado conocimiento de los intentos europeos de relanzar el término para tratar de cubrir, con un supuesto panlatinismo, las incursiones en estas tierras de las tropas de Napoleón III y el sostenimiento del imperio comandado por Maximiliano.
También ese defensor de lo propio por encima de lo foráneo, el filósofo uruguayo Jorge Enrique Rodó, adoptó el concepto para esgrimir el legado de la tradición latina, representado en el personaje de Ariel, por oposición al expansionismo anglosajón, mostrado en la figura de Calibán.
Estos y otros pensadores identificados con los destinados de estos pueblos —como los patriotas puertorriqueños Eugenio María de Hostos y Ramón Emeterio Betances, Juan Montalvo y Carlos Calvo, entre otros—, repitieron el vocablo en el contexto de la dominación francesa en territorio mexicano sin que podamos culparlos por ello.
Tan extendido estaba el uso de la frase en el período, que los delegados hispanoamericanos al Congreso Integracionista de Lima (1864-1865) recurrieron a ella y poco tiempo después, el presidente colombiano, Tomás Cipriano de Mosquera, la usó en una comunicación oficial al gobierno de Perú, señala Guerra Vilaboy.
El paso del tiempo tampoco pudo contra el término, que se impuso de forma categórica sobre otros nombres manejados indistintamente: “Hispanoamérica”, en alusión a la impronta española; “América Meridional”, enarbolado por Simón Bolívar; o “Nuestra América”, de Martí.
Con posterioridad, el argentino Ricardo Rojas esgrimió el neologismo “Eurindia”; los peruanos Víctor Raúl Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui la identificaron como “Indoamérica” o “América Indoespañola”, respectivamente; y el español Ramón de Basterra, como “Espérica”.
Después de la derrota de España en la guerra librada por los cubanos contra el dominio colonial; en 1898, resurgió con gran fuerza la idea del hispanismo, que de acuerdo con el colombiano Miguel Rojas, había comenzado a gestarse durante los festejos del cuarto centenario de la llegada de los europeos a América.
En el entorno de las celebraciones, por tradición poco centradas en rendir culto a los millones de indígenas masacrados por los conquistadores y colonizadores, se declaró festivo el 12 de octubre, identificado como Día de la Raza, y el subcontinente fue renombrado como Hispanoamérica.
Una reunión celebrada en la capital española, en 1900, marcó un paso importante en la recuperación de la corriente de pensamiento conocida como hispanoamericanismo, que entre sus impulsores figura el polígrafo mexicano Justo Sierra.
El Congreso de Hispanoamérica, como transcendió el encuentro, no contó con la asistencia de representaciones gubernamentales de las naciones implicadas y pretendió adelantarse en los análisis al Segundo Congreso Panamericano, que auspiciado por Estados Unidos, debía celebrarse luego en México.
En la cita en Madrid, los participantes acordaron crear la Unión Iberoamericana, a que se le dio el encargo de promover el panhispanismo como contrapartida del panamericanismo alentado desde la Conferencia de Washington, en 1888.
El etnólogo cubano Fernando Ortiz advirtió en el período sobre la naturaleza tutelar y hasta imperialista de la iniciativa presentada por el español Rafael María de Labra, en nombre del gobierno del país ibérico.
El intento estaba sustentado en la supuesta familiaridad entre americanos del sur y españoles por su pertenencia común a una denominada “raza hispanoamericana” y ello no escapó al ojo aguzado del tercer descubridor de la Mayor de las Antillas.
En su obra El panhispanismo, fechada en 1910, Ortiz alertó contra el carácter nocivo de estas tesis discriminatorias, desenmascaró la falsedad del concepto de raza y propuso sustituirlo por uno más apropiado en su opinión: el de cultura. La validez de las predicciones del sabio cubano quedó confirmada bajo la influencia del fascismo, a partir de la segunda década de la decimosegunda centuria, cuando el hispanoamericanismo transitó hacia una ideología más conservadora y reaccionaria, defensora de un confuso orden cristiano.
Las clases más retrógradas de la sociedad española hicieron suyas estas doctrinas con el respaldo del franquismo, que elevó a política de Estado la cuestión con la conformación del Consejo de la Hispanidad, en 1940. A partir de esa fecha, el tema fue convertido en una especie de valladar para tratar de frenar el contagio de Hispanoamérica con las ideas progresistas y en particular, las provenientes del marxismo. Intelectuales de derecha y políticos latinoamericanos acogieron estas formulaciones sin recato.
Los hispanistas de una y otra parte del Atlántico asociaron al neologismo “América Latina” con influencias subversivas y movimientos revolucionarios cuyos orígenes remontan a la Revolución Burguesa Francesa de 1789. También critican el vocablo “Indoamérica”, surgido en medio de las reivindicaciones sociales y étnicas propugnadas por la Revolución Mexicana de 1910.
El fin de siglo trajo consigo otro modo de identificar al área, siempre en la mira de los sucesores de quienes coartaron la evolución natural de los pueblos autóctonos americanos. La continua alusión a Iberoamérica, como unidad cultural aunque no geográfica, obliga a repasar la historia del casi centenar de vocablos ideados para nombrar a esta región.
Pese a que la trayectoria seguida por el término recuerda sus lazos con el hispanismo, en las últimas décadas se le quiso dotar de otra connotación al fomentar la idea de una comunidad ibérica —integrada por naciones de América y España— contra la concepción exaltada por el franquismo. De trasfondo subyace el deseo de facilitar los vínculos de la Unión Económica Europea con las antiguas colonias, alertan algunos especialistas y no descartan la relación entre el vocablo y el impulso dado a la concertación de Acuerdos de Libre Asociación con estos países.
Guerra Vilaboy y Miguel Rojas concuerdan en que no obstante estas maniobras, la noción moderna de América Latina suele ser la más reivindicada, tal vez porque mantiene su especificidad y parte de la dimensión integracionista de los implicados en su surgimiento.
“América Latina” o “Latinoamérica” aluden a los pueblos menos aventajados económicamente del continente, dotados de una multiplicidad étnica y cultural únicas, por sus diversos orígenes y sometimiento a un profundo proceso de mestizaje. Ambos términos reflejan más que un simple parentesco cultural, lingüístico o étnico, una trayectoria común de luchas, aspiraciones, intereses, problemas y destinos históricos.
Estas expresiones son asociadas con mayor frecuencia a la aspiración de conformar una unidad en el subcontinente en todos los órdenes, intento que anima a los artífices de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, de la Unión de Naciones Suramericanas, Petrocaribe y otras, cuyos frutos comienzan a avistarse.
