Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2007.
Resumen
- 11/07/2007 14:41 - El guardían de las buenas personas
- 11/07/2007 14:42 - Vindicación de Anastasio Aquino, rey de los nonualcos
- 11/07/2007 14:43 - Raíces históricas de los guaraníes
- 11/07/2007 14:44 - Sudamérica: secretos entre las piedras
- 11/07/2007 14:45 - Uruguay: el carnaval más extenso
- 11/07/2007 14:47 - San Vicente y las Granadinas: rastros aborígenes
- 11/07/2007 14:49 - América Latina: Muertes silenciosas
- 11/07/2007 14:50 - América Latina: ¿Mujeres al poder?
- 20/07/2007 13:47 - Machismo con matiz religioso
El guardían de las buenas personas

Las buenas personas y trabajadoras tienen un guardián en El Salvador: un perro delgado, de cola larga, dientes afilados y ojos rojos, conocido como el cadejo blanco.
Contrario a lo que relatan otros mitos populares, este ronda por las noches y aunque sus pasos suenan como cascos de cabro, sólo aparece para proteger de cualquier peligro al caminante.
En ese afán, el can de hocico puntiagudo se pelea hasta con el cadejo negro, que supuestamente es el mismo demonio encarnado en un perro de ese color.
Contada para condicionar la forma de ser, pensar y actuar de infantes y mayores, como el resto de las leyendas que corren por estos países, la referida asegura que el can más claro vela por quienes son respetuosos de sus congéneres y salen casi de madrugada a trabajar.
Otra versión señala que el cadejo blanco también cuida a los borrachos en la calles, para que no les ocurra nada y sus familias no tengan que padecer por ello, mientras otra defiende que este sólo aparece cuando se trata de mujeres y el negro, ante los hombres.
Pero la mayoría coincide en que el relato mitológico se originó a partir de lo ocurrido a una pareja de campesinos salvadoreños a raíz del nacimiento de sus dos hijos: uno blanco y otro negro.
Según la leyenda, los gemelos de diferente color eran identificados por los vecinos por el color de su piel y muchas veces criticados por lo poco que ayudaban a sus progenitores.
Más bien, estos se la pasaban vagando por las calles sin hacer nada desde muy pequeños y solían divertirse escondidos entre los matorrales y asustando a los jóvenes que venían o iban a fiestas a media noche.
Un buen día, los hermanos trataron de atemorizar a una pobre viejita que pasaba por el lugar y ella les echó una maldición: "vagos, si les gusta asustar a la gente indefensa, pues lo seguirán haciendo por el resto de su vida".
Los gemelos no le dieron importancia a lo expresado por la señora y regresaron a sus casas para satisfacer sus ganas de comer, donde horas después fueron encontrados por sus padres transformados en perros y lanzando terribles aullidos.
La pareja nunca logró imaginar que ambos animales, uno negro y otro blanco, eran sus hijos y ante los chillidos espantosos que hacían decidieron cerrar la puerta del hogar y marcharse para siempre.
Desde entonces, cada media noche ambos siguen a los caminantes como perros pacíficos, mas si les tiran piedras, crecen al tamaño de un hombre y les ponen sus ojos rojos como de fuego.
Transformados en una suerte de toro salvaje, este
El cadejo, sea blanco o negro, no ladra solo silba y acompañan a los trasnochadores hasta sus destinos pero no los lastiman, siempre que no atenten contra ellos.
Muchos salvadoreños creen además que este sabe lo que las personas piensan durante su andar y cuando se sienten bien con ellas, las cuidan hasta el cansancio.
Incluso, velan llegan a dormir junto a ellos para cuidarle de los malos espíritus o de alguna persona que quiera hacerle daño, de modo similar a como lo haría un fiel guarda espaldas.
En relación con esta creencia, también corre en El Salvador la historia de un joven que vivía cerca de las costas y visitaba todas las tardes a su novia en un pueblo vecino hasta que se le apareció en el camino una gran chanchona (cerda).
Al ver a esta en el centro de la calle, en actitud desafiante, el muchacho sintió miedo y con cuidado desenvainó el machete, pero pese a lo afilado de este, no logró inflingirle ninguna herida al animal.
Días después, sintió unos pasos muy leves cerca de él y de repente vio a la par un pequeño animalito oscuro con pezuñas como los cabros: era el cadejo, empeñado en protegerlo.
Aún después de casado, y sin que recorriera largas distancias, el hombre tenía la certeza de andar acompañado por el curioso perro, símbolo de los espíritus que supuestamente rodean a los seres humanos.
Vindicación de Anastasio Aquino, rey de los nonualcos

Opiniones divergentes aún atraviesa el recuento de las proezas de Anastasio Aquino, miembro de la familia de los pipiles nonualcos, quien encabezó la primera rebelión organizada de los indígenas en El Salvador, a finales de 1832 y comienzos de 1833.
La gran mayoría lo considera un héroe, figura central en la historia del país y precursor de las revueltas ocurridas una centuria después bajo similares gritos de tierra y libertad, pese a ser calificado por algunos retrógrados de bandolero.
No obstante el logro de la independencia del dominio colonial español en 1821, los pueblos autóctonos seguían explotados por oligarcas y terratenientes criollos en minas y haciendas, obligados a enrolarse en las fuerzas creadas por ellos para guerrear entre sí.
El levantamiento de Aquino ocurrió en ese contexto y es considerado una de las tantas respuestas de los indígenas contra el mantenimiento de la explotación sobre el sector en el territorio.
Para otros, demostró la inconformidad de un alto porcentaje de la población en el período por el sostenimiento del status quo legado de la otrora metrópoli, mientras ciertos grupos procuraban acelerar a cualquier riesgo la integración regional.
Versiones que llegan hasta nuestros días plantean que él irrumpió con sus seguidores en el templo católico El Pilar, de San Vicente, tomó la corona del santo José, venerado allí, y tras colocarla en su cabeza, se autoproclamó Rey de los Nonualcos.
Detractores de Aquino insisten en la supuesta ofensa a los católicos o señalan como causa principal de la revuelta el amor de este por una ladina o blanca llamada Matilde Marín, o que el patrón de la hacienda La Jalponguita tenía a su hermano Blas en el cepo.
De acuerdo con defensores, el valor demostrado en el campo de batalla por el nacido en abril de 1792, en Santiago Nonualco, le granjeó el reconocimiento como rey por parte de los indígenas sin necesidad de agenciarse una corona prestada.
Historiadores salvadoreños concuerdan en que el cuartel general de Aquino estaba en una enorme cueva en el caserío de Los Lobatos, cantón de Santa Cruz Loma, y que tuvo otras sedes en un accidente geográfico similar del Cantón de San Sebastián o en el Cerro de Tacuazín.
El avance de las fuerzas del también autotitulado Comandante General de las Armas Libertadoras Indígenas hacia Olocuilta sólo pretendía la recuperación de las tierras arrebatadas por los terratenientes, del trato humano y la liberación de la servidumbre.
Roque Dalton, en su monografía El Salvador (1965), asegura que al llegar a Tepetitán, el nonualco prohibió cobrar impuestos y deudas, la fabricación e ingestión de aguardiente y los reclutamientos forzosos de aborígenes.
También estableció severas penas contra el robo, el pillaje, la violación y otras, lo cual desmiente otras tesis sobre la presumible condición de Aquino de asaltante de caminos y abusador de mujeres, opinó el poeta salvadoreño.
Al mismo tiempo demandó el reconocimiento y autonomía política del territorio liberado por su ejército, que comprendía los departamentos de La Paz y San Vicente.
La primera rebelión indígena en Cuzcatlán duró casi siete meses por la falta de abastecimientos, dinero y las maniobras de los oligarcas para aniquilarlo.
La ofensiva desatada contra los sublevados rindió sus frutos hacia febrero de 1833 y dos meses más tarde el líder fue capturado tras la delación del párroco Juan Bautista Navarro, recibido antes por Aquino en los territorios bajo su control.
El Rey de los Nonualcos padeció prisión, lo obligaron a recorrer con grilletes desde el centro de San Vicente hasta la Cuesta de los Monteros y después de fusilarlo, decapitaron su cadáver.
Cuentan que la cabeza del artífice de la gesta indígena fue hervida en aceite, paso previo a su exhibición en una jaula de hierro para intimidar a los revoltosos.
La familia de Aquino sufrió similar persecución y tuvo que esconderse en las montañas de la zona, mientras los despojos del héroe terminaban en el cementerio sin que se descubriera por obra de quién, relató el historiador salvadoreño Julio Alberto Domingo.
Sólo en julio de 1984, en pleno apogeo de la guerra interna extendida hasta 1992, varios vicentinos ubicaron la sepultura, colocaron una placa y levantaron un pequeño monolito en su honor.
La opinión pública conoció del sitio y de la acción de los citadinos miembros del Patronato Cultural cerca de 22 años después por el empeño de Oscar Martínez, director de la UFG-Editores, de la Universidad Francisco Gaviria.
Raíces históricas de los guaraníes

La reconstrucción del árbol genealógico de los guaraníes suele chocar con la ausencia de evidencias históricas que revelen las raíces de esta cultura, probablemente originada en alguna región amazónica y casi exterminada por los conquistadores.
A pesar de las copiosas referencias a sus costumbres y estilos de vida, los cronistas de Indias poco aportaron en ese sentido: ninguno pudo precisar el punto desde el cual estos se expandieron por el sur del continente americano.
Algunos historiadores sugieren que, probablemente, este corrimiento se dio rumbo al norte y en forma de abanico, a partir de los territorios comprendidos entre los ríos Paraná y Paraguay.
En virtud de ello, señalan, luego lograron registrarse asentamientos de esta familia en Las Guayanas, la costa atlántica, el Amazonas y en las estribaciones peruano bolivianas de la cordillera andina.
Otra es la opinión de antropólogos, quienes coinciden en que la zona comprendida por lo que se conoce hoy como Paraguay está poblada por blancos y mestizos en mayoría, con una escasa presencia indígena.
Pero en medio del debate, salta a la vista una realidad insoslayable: este es el único país bilingüe casi ciento por ciento en Latinoamérica, para orgullo de muchos de sus pobladores.
Eso no es casual, coinciden los entendidos, sino que tiene raíces históricas muy profundas, ligadas de manera directa a la presencia de los jesuitas y sus misiones en el siglo XVIII.
No obstante el daño que infligieron sobre el desarrollo natural de los pueblos asentados en el área, estos religiosos legaron numerosas informaciones de mujeres y hombres, y del régimen multifamiliar.
Por ellos y por la tradición oral arrastrada hasta nuestros días, se conoció que los primeros miembros de la familia guaraní vivían muy dispersos, sin responder a un poder central semejante al europeo, sino más bien a un jefe o patriarca, y constantemente rivalizaban entre sí.
En tales factores descansó la derrota propinada por los conquistadores a su llegada a la región y la reducción de la mayoría de estas comunidades a la servidumbre, bajo el slogan de la supuesta evangelización.
Sin embargo, puede decirse que los tupí-guaraníes fueron los únicos que intentaron escapar del dominio de los extranjeros, al apelar a la migración masiva hacia las selvas de la gran cuenca amazónica y de las orillas de los Andes.
Esta diáspora sólo es comparable con la realizada por algunas tribus caribes en las Antillas y todavía debe profundizarse en los recorridos seguidos a través de Brasil, o desde Paraguay hacia el noroeste o el oeste.
De momento se conoce que una de las oleadas más fuertes ocurrió en 1522 y que de ella apenas quedaron los chiriguanos de Bolivia. Otra registrada a mediados de esa centuria cruzó el territorio brasileño, desde la costa oriental hasta Chapapoyas, en Perú.
También en el curso de la segunda mitad del siglo XVI, hasta 1612, columnas tupinambas se desplazaron desde Pernambuco al río Madeira.
Aún a mediados del XVIII, señala el investigador Luis Pericot en América Indígena, grupos tupíes de la Guayana francesa huyeron de los identificados como indios de los portugueses, probablemente reclutados como esclavos por los cazadores o bandeirantes.
Sudamérica: secretos entre las piedras

La historia sudamericana tal vez sería más exacta si algún día lográsemos descubrir todos los secretos escondidos entre las piedras de sus ciudades, fuentes de orgullo local y regional.
Pese al desarrollo irregular de la arqueología en la región, es sabido que en los territorios conquistados por España llegaron a construirse al menos 225 urbes en los primeros 100 años de este proceso.
En lo que a sus rasgos se refiere, estas ciudades obedecían a las reglas establecidas por las leyes de la metrópoli: semejaban un marco de ajedrez, que rodeaba la plaza central, donde estaban situados los edificios más importantes de justicia, administración y religión.
El estilo damero, como también es identificado, implicaba igualmente la regulación de la distribución de los pobladores del lugar, siempre a favor de los funcionarios públicos y comerciantes más acaudalados.
Tales personajes, con su comitiva de esclavos africanos, sirvientes e indígenas, residían en lujosas mansiones alrededor de la plaza mayor o central, mientras que las personas dedicadas a otros oficios y de menos recursos vivían más alejadas de esa área.
Los marginados a los bloques periféricos, en sociedades estratificadas de este tipo, eran clasificados como plebeyos y hasta distinguidos por razas, status, color de piel y aspecto general.
La fuerza de la iglesia fue sin duda la característica principal de la cultura sudamericana, mas en ciertas áreas controladas por los españoles, algunos religiosos procuraron proteger a los nativos de la agresividad de los conquistadores.
Contra el horror de que fueron víctimas los indios en esta y otras zonas, se manifestaron los jesuitas de modo particular, sobre todo en lo que denominaron Paraguay -que incluía a Uruguay, el norte de Argentina y el sur de Brasil.
En esos territorios crearon para los guaraníes una treintena de comunidades o pueblos misioneros desde 1588, que abarcaron a 100 mil personas.
Estas reducciones, como también trascendieron, estaban situadas alrededor de una plaza central, a cuyo lado se encontraban la Iglesia y los depósitos o almacenes.
En el otro extremo del círculo eran erigidas amplias construcciones destinadas a albergar a los indios, a razón de unas 100 familias o más por cada una de ellas.
Además de la cristianización de los pueblos originarios de estas tierras y de los dividendos obtenidos con su trabajo, estas misiones jugaron un rol estratégico en la protección del territorio bajo hegemonía hispánica, en contra de los invasores de São Paulo.
Con la partida de esa orden, por edicto de la Corona española, las misiones fueron desintegradas de forma paulatina, y apenas hace medio siglo, sus ruinas comenzaron a ser investigadas con mayor seriedad.
En Brasil, donde la estructura arqueológica ha sido más activa y regular, el interés de los investigadores en las misiones llevó en 1985 a un acuerdo entre el Patrimonio Brasileño y tres Universidades del Estado de Río Grande do Sul.
Desde entonces, las temporadas de campo son regulares, apuntando a transformar los sitios arqueológicos de São Miguel, São Lourenço y São João en verdaderos museos al aire libre.
En el territorio que abarcaba la antigua colonia portuguesa, varias causas incidieron en un desarrollo más lento en el orden arquitectónico y también en los estudios sobre esta materia.
Mas, en las últimas centurias, las ciudades de ese país se erigieron en símbolos poderosos de lo que implicó para la nación la leyenda del Orden y Progreso, implícita hasta en la bandera republicana.
Desde la proclamación de la República, en 1889, Brasil quedó sumergido en un letargo de modernismo, que se evidenció sobre manera en la lucha por la excelencia en las localidades urbanas y llevó a muchos a considerar cualquier edificio moderno mejor que uno viejo.
Esto explica en parte la transferencia de la capital de Río de Janeiro a Brasilia (1961), ciudad construida bajo cánones contemporáneos, cuya creación también respondió a variables económicas, políticas y sociales.
La inmensa megalópolis de São Paulo, capital económica de Sudamérica, en opinión de algunos es el ejemplo más claro de lucha contra el recuerdo material: en menos de cuatro décadas, esta sobrepasó el papel desempeñado por Río de Janeiro y Buenos Aires en etapas anteriores.
Tanto las modernas ciudades, como las legadas por los ancestros de la región, esconden incontables respuestas y tal vez esperan porque especialistas de diversas ramas unan sus saberes para revelarles los misterios contenidos entre sus piedras.
Uruguay: el carnaval más extenso

Tres meses dura el carnaval más largo del mundo, en el que la "llamada" de los uruguayos descendientes de africanos constituye el acontecimiento ineludible.
El sonido del cuerno, similar al que emitían los esclavos en tiempos coloniales para convocar a los de sus tribus, invita aún a abandonarse al son de los tambores y el baile del candombe desde la previa, en enero, hasta la identificada como yapa, en marzo.
En ese ámbito, resulta inevitable recordar a las mujeres y hombres arrancados de sus tierras allende el Atlántico, quienes usaban los pocos días de asueto que les concedían sus amos para reencontrarse y celebrar por la sobrevivencia.
El desfile de unos 120 conjuntos, acompañados de los repiqueteos de tambores chico, repique, piano o bombo y encabezados por portabanderas, sigue a la llamada en estos tiempos.
Cada uno de los estandartes enarbolados en esa marcha posee un color diferente, relacionado con el país del cual provenían mayormente los esclavos en ese territorio sudamericano: Kenia, Senegal y Biafra.
A estos los sigue el escobillero, joven que hace malabares con un palo. También la Mama Vieja, que ironiza a las llamadas señoras en aquel entonces.
Junto a ellos desfilan el curandero o gramillero, quien anda con el botiquín del doctor blanco pero con yuyos o remedios tribales, los cuerpos de baile y los tamboreros.
En el jolgorio, que se celebra en la calle Flores, no faltan los estandartes con múltiples símbolos del imaginario africano y las cuerdas de tambores, unos 60 por comparsa.
La vieja calle sirve de escenario por la rica tradición afro y resistencia ciudadana de quienes la habitaron en otros tiempos, aseguran vecinos del lugar.
Sin embargo, muchos se quejan de que los funcionarios de la Municipalidad de Montevideo colocan sillas en las veredas y exigen a los interesados en usarlas comprar entradas numeradas con antelación.
Cuentan que un mes antes de la llamada, las casas de la Flores tienen alquilados sus balcones y terrazas para ver mejor el desfile, al mismo tiempo que proveen de asado, sándwiches, tortas, bebidas, el uso de los baños y también la cocina.
Esta última, por lo general, es demandada para calentar el agua destinada al expandido mate, porque el desfile comienza a las nueve de la noche y finaliza cerca de las seis de la mañana.
Otros espacios explotados en el contexto del largo carnaval uruguayo es el Teatro de Verano, anfiteatro al aire libre, enclavado entre dos cuchillas, a espaldas de un río.
En él compiten grupos humorísticos, parodistas, lubolos- expresión afro relacionada con los negros y blancos pintados de negros- y personas de ambos sexos empeñadas en mostrar las murgas, género teatral musical.
El canto, el diálogo, los gestos, las vestimentas, la puesta en escena son los elementos de comunicación de esa propuesta, presentada en tres fases.
En ellas, todo tiene un estricto sentido direccional dado por un tema. En 2006 fueron la Duda, la Muerte, el Fin del siglo y otros, vinculados a las obras de filósofos, historiadores, literatos y autores de renombre del país como Eduardo Galeano.
No es solo un juego de divertimento sino la vida, donde la alegría esta presente, pero si no pescas lo que siente y vive la gente "regás fuera de la maceta", aseguran los directivos del espectáculo.
San Vicente y las Granadinas: rastros aborígenes

San Vicente y las Granadinas destaca en el contexto caribeño debido a la enorme cantidad de petroglifos expandidos por sus 389 kilómetros cuadrados.
La valía de estos tallados en las piedras de las cavernas del territorio descansa en el aporte de varias culturas autóctonas de la región y ameniza el paisaje natural circundante.
Muestra elocuente del arte rupestre de los antiguos pobladores del área son las formas laberínticas y rostros antropomorfos de rasgos infantiles diseminados por la Cueva de Buccament, situada en la margen izquierda del valle homónimo, en San Vicente.
Esta gruta o gran solapa de nueve metros de altura, situada a más de 200 metros de la costa occidental de esa Isla, exhibe un gran mural realizado por los aborígenes con muy complejos dibujos.
Caracoles en espiral, figuras de cuatro puntas, representaciones de cisnes, serpientes y otros animales, rostros y órganos sexuales humanos, aparecen casi siempre entrelazados en este museo natural.
La profundidad de los trazos en las piedras de Buccament es por lo general de apenas un centímetro por igual de anchura.
Para los especialistas, el dibujo más distintivo de la gruta es un conjunto de cinco figuras, situado en la boca de esta, de los cuales cuatro son caras sencillas con ojos formados por puntos, y las bocas, por rayas.
Quienes recorrieron el mar de las Antillas en canoas por más de un año, como parte de la expedición científica comandada por el geógrafo cubano Antonio Núñez Jiménez, coincidieron en que las representaciones en el lugar perseguían comunicar algo indescifrable para ellos.
Los dibujos parecen un enrevesado alfabeto o jeroglífico múltiple y el que no podamos entenderlos, no implica que no representen una idea, un mito, un mensaje, escribió el destacado investigador hace dos décadas, pero cuyos estudios conservan una total vigencia.
De modo similar, la atención del visitante es captada por la mole de piedra levantada en el cauce del río Rutland, cercano al cacerío Leveth, en Layou, San Vicente.
Con 9,50 metros de largo por 2,80 de ancho, esta resalta además por las figuras talladas por los indios en uno de sus costados y en la parte superior.
Una cabeza triangular plagada de adornos distingue junto a otra parecida a un trofeo de caza, colgada de una soga con un nudo en su extremo, similares a otras de Sudamérica.
Esas no son las únicas de su tipo que pueden apreciarse en la localidad de Layou y en su totalidad constituyen un enigma en la región: todavía resulta impreciso si responden a la llegada de los arahuacos al área o a otras culturas.
Otro de los conjuntos rupestres más apreciados en San Vicente es la estación situada en la carretera que pasa por Liberty y Lodge, a 1,2 kilómetros del mar que baña la capital, Kingstown.
Consta de ocho petroglifos orientados al norte y tallados en roca de andesita, los cuales incluyen una suerte de búho, un pato y otros dibujos concéntricos.
La costa de Indian Bay, salpicada por el Caribe y a sólo kilómetro y medio del aeropuerto de Arnos Vale, presenta una de las vistas más hermosas de este territorio.
En ese litoral los aborígenes tallaron en el plano de una roca inclinada, constituida también de andesita, una estructura de difícil interpretación pero considerada por algunos un pájaro de alas recogidas al estilo de la historia de estos hombres.
Tal vez, desde entonces, los primeros pobladores de esas tierras previeron que sus sueños, miedos, conflictos, alegrías y tristezas, quedarían resguardados en las misteriosas formas elaboradas en las rocas e incomprensibles para los contemporáneos.
América Latina: Muertes silenciosas

Los asesinatos de mujeres y niñas aumentaron en América Latina y el Caribe en las últimas décadas y cada vez son más cruentos los signos de violencia en los cadáveres de las víctimas.
Estas muertes, identificadas de forma indistinta como feminicidios o femicidios, representan el punto extremo de una situación caracterizada por la violación sistemática de los derechos de este sexo y constituyen uno de los problemas más graves en la región.
El asunto apenas comenzó a visibilizarse a partir de 1993, cuando empezó la secuencia de crímenes de este tipo en Ciudad Juárez, Estado de Chihuahua, México, pero las cifras prueban la expansión del problema por el subcontinente.
Aunque las defensoras de los derechos del sector coinciden en que las cifras son escasas y fragmentadas en cuanto a generocidios- como también identifica estos hechos la abogada dominicana Susi Pola-, permiten acercarse al fenómeno.
La Red de Mujeres de Nicaragua consideró que en estadísticas de esta naturaleza deben incluirse también los suicidios de mujeres, porque detrás de las decisiones de las víctimas subyacen casi siempre los traumas por los maltratos recibidos en el hogar o a nivel social.
Datos del Fondo de Desarrollo de Naciones Unidas para la Mujer reflejan que en los últimos seis años, Guatemala acumuló más de dos mil 500 asesinatos de mujeres; El Salvador, más de mil 530; Nicaragua 269 y Honduras, 603 entre 2004 y 2006.
Los victimarios en estos países apelaron de forma indistinta a la asfixia, decapitación, estrangulación, torturas y violaciones para terminar con las vidas de esas mujeres, según el organismo internacional.
República Dominicana, una de las naciones caribeñas marcada por la violencia de género, registró 158 crímenes contra mujeres en 2006, de acuerdo con estadísticas difundidas.
El Instituto Nacional de la Mujer en Costa Rica, a su vez, contabilizó desde 1995 más de 300 feminicidios y un ascenso de la criminalidad contra este grupo poblacional.
En Brasil, la Comisión de Seguridad de la Mujer registró 300 asesinadas sólo en el primer semestre de 2006 en Río de Janeiro y 24 mil 176 casos de agresiones que no terminaron en muerte, pero sí en lesiones corporales.
Mientras, el Instituto de Medicina Legal salvadoreño asegura que cada mes son asesinadas 35,7 por ciento como promedio, al mismo tiempo que las autoridades alegan que carecen de información suficiente para determinar si existen patrones específicos de violencia de género.
También el Defensor de los Derechos Humanos de Honduras Ramón Custodio, admitió que en ese territorio el 70 por ciento de los responsables de las muertes violentas de estas quedaron sin castigos.
Su par en Guatemala, país que ocupa el segundo lugar a escala mundial respecto a feminicidios, contabilizó más de 80 mil denuncias por diversos tipos de violencia intrafamiliar en 2005.
Rebeca Grynspan, directora regional del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, precisó que entre el 30 y el 45 por ciento de las latinoamericanas padecen de violencia física, sexual o sicológica, lo cual implica un costo del dos por ciento del Producto Interno Bruto.
La violencia contra la mujer es el delito más común pero menos castigado del mundo, declaró el Secretario General de ese foro Ban Ki Moon.
De igual modo, por lo menos una de cada tres mujeres fue golpeada, obligada a tener relaciones sexuales o maltratada de otro modo a lo largo de su vida por un miembro de su familia o algún conocido.
Los estudios demuestran también la relación entre la violencia contra la mujer y la expansión del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida: las infectadas suelen haber sufrido violencia y las que padecieron maltratos, corren mayor riesgo de contraer el virus, opinó.
Patrones culturales androcéntricos, sistemas socioeconómicos ligados a la discriminación en todos los órdenes y otros factores influyen en la tendencia al alza de esta problemática.
Las costarricenses lograron un paso de avance el 12 de abril de 2007 con la aprobación de una Ley de Penalización contra la Violencia Doméstica, coincidieron representantes de estos organismos, mas admitieron que no es suficiente para erradicar el mal.
América Latina: ¿Mujeres al poder?
La participación femenina en distintos eslabones de poder creció en los últimos lustros en Latinoamérica y el Caribe, aunque faltan muchos espacios por ganar.
Aumentan las congresistas, parlamentarias, diputadas, juezas, alcaldesas, gobernadoras, empresarias y ministras hasta de las Fuerzas Armadas, mientras analistas coinciden en que esta tendencia puede incrementarse en los venideros años.
El desprestigio de los partidos tradicionales y la urgencia de cambios en el ámbito de la globalización neoliberal, inclinan a apelar a la capacidad de las mujeres para influir en el progreso de sus países.
Madres, esposas, amigas, compañeras de trabajo o familiares, empiezan a ser consideradas cada vez más aptas para asumir puestos de importancia y disputarle la hegemonía a sus contrapartes masculinos en todos los ámbitos.
Pero los registros dejan mucho que desear a quienes insisten en que el siglo XXI debe contemplar una revolución en las concepciones androcéntricas legadas de antiguas generaciones.
Las mujeres son mayoría en el mundo, según estadísticas del Fondo de Población de Naciones Unidas, pero sólo el 16 por ciento de ellas representan a los parlamentarios y menos del cinco por ciento a los gobernantes.
En el contexto latinoamericano, la participación efectiva del sector en la política y la administración en cualquiera de los poderes estatales todavía es limitada, pese al avance en el campo legislativo.
Según la Unión Interparlamentaria, las elecciones celebradas en ese eslabón de poder durante los últimos años colocaron en la delantera a la región.
Costa Rica alcanzó 38,6 por ciento de mujeres en escaños parlamentarios, sólo por detrás de Suecia, que tiene una representación femenina de un 47,5 por ciento.
Cuba mantiene una posición privilegiada: la Asamblea Nacional del Poder Popular cuenta con el 36 por ciento de diputadas. Esto significa que de los 609 escaños, 219 correspondieron a ellas, pese a que el país no aplica políticas de cuotas para la participación de las mujeres.
La nación caribeña cuenta con 35 por ciento de mujeres dirigentes y estas representan 66 por ciento de la fuerza técnica y profesional de nivel medio y superior, detalló Magalys Arocha, encargada de Relaciones Internacionales de la Federación de Mujeres Cubanas.
Perú ocupa el puesto número 17 a nivel internacional y aparece cerca de ambos países; Argentina se encuentra entre los de mayor representación parlamentaria femenina en América Latina y el Caribe. Ecuador llegó a 25 por ciento, México a 22,6 por ciento y República Dominicana a 19,7 por ciento.
Un aumento también se registró en El Salvador, donde el incremento de la participación femenina respecto a la legislatura pasada es de seis por ciento, y en Nicaragua subió a 5,4 por ciento. Anders B. Johnsson, secretario general de la organización internacional, precisó que también 11 de las 35 jefas de parlamento en el orbe están concentradas en el Caribe.
No obstante, la subestimación de las potencialidades sigue siendo un problema para enfrentar por latinoamericanas y caribeñas, obligadas a convivir con la consideración de que la maternidad o los deberes hogareños les impiden asumir roles similares a los hombres.
Donde rigen leyes de cuotas para el parlamento, las mujeres ocupan en promedio 20,3 por ciento de los curules establecidos, mientras que en los carentes de iniciativas de este tipo sólo detentan 13,7 por ciento, aseguró la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL).
Especialistas de ese foro estiman que de no aplicarse cuotas de género en todos los países del subcontinente, las mujeres tendrán que esperar hasta el año 2052 para ocupar apenas 40 por ciento de los escaños parlamentarios.
Pese al camino recorrido en el orden parlamentario y a las buenas intenciones anunciadas por algunos gobiernos, las mujeres ministras son pocas: una en Nicaragua y en Belice, dos en Uruguay, El Salvador y Guatemala, tres en Panamá, cuatro en Honduras y cinco en Costa Rica.
Por ello, la batalla por la ampliación de la presencia femenina en estos espacios y la contribución al sostenimiento de tales conquistas debe seguir, coincidieron especialistas del área.
Si bien es un logro el ascenso de las mujeres a puestos relevantes, cabe profundizar en la educación de la sociedad para aceptar la igualdad como derecho de vida, plantearon las participantes en el IV Diplomado de Género y Comunicación (La Habana, febrero de 2007).
Machismo con matiz religioso

Páginas oscuras arrastra en su historia la Iglesia Católica, pero quizás ninguna ellas tenga tan presencia en la contemporaneidad como las relacionadas con la concepción estrictamente masculina del dogma basado en la triada.
Al considerar hombres a Dios, a su hijo y al espíritu santo, los creadores de esta religión propugnaron la supremacía de ese género como extensión del orden divino y legaron argumentos a los atacantes de sus contrapartes en distintas épocas.
Especialistas en el tema coinciden en que la misoginia católica se remonta a la Primera Epístola de San Pablo a los Corintios (7:1), en la que este intenta explicar el predominio de sus congéneres a través de la creación de ambos personajes mitológicos.
"El varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón", señaló el apóstol y luego desplegó la archidifundida leyenda de la costilla desprendida del torso del ejemplar del supuesto sexo fuerte.
Siglos después apareció en escena Tertuliano de Cartago (150-230), identificado por los historiadores de su tiempo como el azote de los herejes y uno de los adalides de esa visión.
Tras una vida plagada de placeres y vicios, este se convirtió al cristianismo en el año 195 de nuestra era y definió como perversas a las mujeres.
¿Por qué? Pues porque, en su opinión, estas eran lo suficientemente audaces para enseñar, disputar, ejecutar exorcismos, emprender curas y bautizar.
Otro libertino de antaño, quien se desató en disfrutes de la carne y tuvo un hijo al que nunca reconoció, devino en obispo de Hipona y escribió en la misma sintonía a inicios del siglo V.
Un esposo está destinado a gobernar sobre su esposa así como el espíritu gobierna sobre la carne, legó a sus sucesores San Agustín (354-430).
Tales preceptos fueron esgrimidos por los asesinos de Hypatia, erudita nacida en Alejandría en el año 370 de la era cristiana, quien fue martirizada hasta la muerte por su saber, excepcional en la época.
La autora de una cuarentena de textos sobre aritmética, geometría, mecánica, astronomía y otras disciplinas; diseñadora del astrolabio plano e inventora del planisferio y de un destilador de agua, no había sido bautizada de niña ni era apreciada por el Arzobispo Cirilo.
Este, quizás celoso del prestigio alcanzado por la maestra de matemáticas y filosofía, alentó la confusión entre los vecinos del lugar y provocó el crimen de Hypatia: en marzo de 415, mujeres y hombres de pueblo la atacaron, la desnudaron y cercenaron su cuerpo.
Como si no bastase, los despojos de la sabia fueron quemados junto con sus libros, mientras el que llegó a ser Cardenal de Alejandría por 37 años trataba de justificar el crimen.
Ella había presumido de enseñar a los hombres, contrariando los mandamientos de Dios, alegó Cirilo, quien fuera canonizado y hasta declarado Doctor de la Iglesia por el Papa León XIII (1882).
La publicación de El Martillo de las Brujas, en 1486, demostró la supervivencia de esas concepciones y la disposición de los inquisidores a defenderlas a toda costa.
En un ámbito marcado por el ataque a toda postura progresista, bajo el matiz religioso, Heinrich Kramer y Jacobus Sprenger sostuvieron que las mujeres eran más proclives a convertirse en brujas que los hombres y a las "cosas de la carne".
Ellas son animales imperfectos y torcidos, mientras que el hombre pertenece a un sexo privilegiado de cuyo centro surgió Cristo, enfatizaron.
Casi cinco siglos después, ante el incremento de los cuestionamientos acerca de la marginación de estas de la jerarquía católica, el Papa Paulo VI declaró que las mujeres están excluidas del sacerdocio porque "nuestro Señor fue un hombre" (1977).
Esos pronunciamientos resultaron poco novedosos para los entendidos en un creo que, desde sus orígenes, consideró todo lo vinculado a las descendientes de Eva lo impuro, imperfecto y torcido.
Peor si se trata del aspecto meramente sexual: las herederas de la culpable de la "perdida" de Adán también cargaron desde siempre con el estigma de provocar en los hombres las excitación diabólica de los genitales o el deseo de poseerlas.
San Pablo aseguró en su primera carta a los corintios que es cosa buena para el hombre no tener relaciones con ninguna mujer y en la Epístola a los Colosenses, demandó extirpar lo terrenal de sus mentes: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos.
La condena al sexo oral, anal, durante el ciclo menstrual, el embarazo, la esterilidad o la menopausia también fue reiterada en los textos elaborados por algunos teólogos antiguos.
Tal es el caso del griego Clemente de Alejandría (150-211), cuyas ideas aún sobreviven en millones de personas de ambos géneros a pesar de los siglos transcurridos, de los avances de las investigaciones científicas y de la divulgación de sus resultados.
De modo similar al comunismo, en tiempos de la Guerra Fría, el sexo fue catalogado por San Agustín de intrínsecamente perverso o excitación diabólica de los genitales, mientras que para San Jerónimo (342-420), era un veneno lo que guardase la semilla del placer sexual.
La mujer es castigo cósmico, mal necesario, deseable calamidad, fascinación mortal, plaga maquillada: un templo construido sobre una cloaca, apuntó en La Consolación de la Filosofía San Juan Crisóstomo, Boeto, filósofo cristiano del siglo VI.
Y para engrosar el listado de improperios contra posibles madres, hermanas, amigas, amantes y compañeras de sociedad, Odo de Cluny afirmó cuatro centurias más tarde que abrazar a una mujer era aferrarse a un costal de estiércol.
Seguidores de la historia eclesiástica y de los temas de género rememoran de forma indistinta en sus obras además las palabras de un furibundo sacerdote dominico del siglo XIII, que identificaba a la mujer como la confusión del hombre.
A pesar de provenir de una de ellas seguramente, el religioso de marras las veía al mismo tiempo como una bestia insaciable, ansiedad continua, batalla incesante, ruina diaria, casa de tempestad y estorbo para la devoción.
Infinito puede resultar un listado de esta naturaleza y tan elocuente, que no precisa comentarios, sólo soluciones en la práctica diaria al estilo de las intentadas en ciertos sectores del entramado católico y social en general por reivindicar el valor de las mujeres.

