Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2008.
Resumen
- 15/02/2008 12:38 - Podrán casarse apenas divorciadas mujeres costarricenses
- 19/02/2008 20:42 - Las trompetas de Jericó siguen callando
- 20/02/2008 19:31 - Trayectoria del discurso feminista contemporáneo
- 20/02/2008 19:40 - Nuevitas ¡Peligro, derrumbe!
- 20/02/2008 20:30 - El patrimonio del diablo
- 21/02/2008 18:43 - Oxigenan la institucionalidad regional en Centroamérica
- 26/02/2008 08:09 - Revolución: un reto al imaginario católico en Cuba
- 26/02/2008 08:13 - El despegue de lo latinoamericano
- 26/02/2008 14:07 - Francisco de Miranda: precursor de la igualdad de género
- 26/02/2008 16:01 - Tras las huellas del Plan Cóndor en las universidades sudamericanas
- 28/02/2008 09:21 - Intríngulis del tráfico de personas en Latinoamérica
Podrán casarse apenas divorciadas mujeres costarricenses
San José, 15 feb (PL) Desde hoy las mujeres costarricenses podrán casarse nuevamente sin tener que esperar 300 días después del divorcio, como estipula el artículo 16 inciso segundo del Código de Familia.
Los integrantes de la Sala Constitucional admitieron que esa ley establece una condición a la mujer, no exigida al hombre, cuando trata de establecer un nuevo vínculo matrimonial.
Luis Paulino Mora, magistrado instructor, explicó que los miembros del ente coincidieron en que la medida es innecesaria para tutelar el interés público y el bien jurídico a la luz de lo establecido en esa norma para resolver los conflictos de paternidad de una manera diferente.
Los avances tecnológicos permiten establecer sin dudas quienes son los padres de los infantes sometidos a litigios por diferencias entre los cónyuges o ex parejas, manifestó a Diario Extra.
Con el fallo emitido el jueves, los magistrados dieron lugar a la acción de inconstitucionalidad relacionada con el tema presentada por la abogada Kattia Vanesa Umaña.
Lo estipulado al respecto viola el artículo 33 de la Constitución Política de Costa Rica, a partir de la cual toda persona es considerada igual ante al ley y por tanto no podrá aplicársele discriminación alguna contraria a la dignidad humana, alegó la demandante.
Esta norma es inconstitucional porque no existe restricción para que el hombre se case inmediatamente después del divorcio, en tanto para la mujer es prohibido en el caso indicado, expuso Umaña.(ism/http://www.prensa-latina.cu/article.asp?ID={27B9F018-795D-4CB8-9924-DE9727D5EA4A}&language=ES )
Las trompetas de Jericó siguen callando

Las trompetas de Jericó siguen en silencio. El pueblo, lejos de prorrumpir en un griterío ensordecedor, acometer contra la ciudad, y tomarla, prefiere callar o reafirmar que más allá del anuncio mantendrá el respeto al líder.
El muro tardará en desplomarse a pesar de los augurios de los ilusos. Nadie alzará la mano para pasar por el filo de la espada a mujeres y hombres, niñas, niños y ancianos, vacas, ovejas y asnos.
Vuelve a cobrar bríos el desenfreno mediático. Pero sordos a la algarabía lejos de sus fronteras, cubanas y cubanos dan muestras de la madurez adquirida en estos años. También prueban que surtió efecto la estrategia inaugurada en julio de 2006.
Fidel Castro, uno de los hombres más admirados y vilipendiados de la vigésimo segunda centuria, decidió ceder su puesto como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y Presidente del Consejo de Estado y de Ministros tras medio siglo.
Mientras, en Cuba, nada fuera de lo común se mueve. Como cuando trascendió la proclama que puso ante la opinión publica a su hermano, Raúl, como posible sustituto.
Ni en la cola de la céntrica heladería Cooppelia, ni en la guagua, ni en la calle, escuché alusión al tema. Evidentemente, tal decisión era esperada desde entonces. Mínimo es el número de los que por acá mostraron sorpresa al conocer la noticia.
Fidel Castro es un ser humano. Carismático como pocos y culto a montones, pero un ser humano. Este momento tenía que llegar. Evoco en él a mi abuelo. Sólo queda mantener sus afanes y tratar de rescatar lo mejor de sus proyectos.
_ Estoy leyendo las noticias!!!!...me sorprendió a primera hora un amigo. Luego me comentó de las elucubraciones de periodistas sensacionalistas del sur de la Florida, en Estados Unidos. También de decenas de entrevistados por esos lares que dieron vítores por lo que supusieron, implicará un cambio radical para el país.
Otros, más cercanos a la cordura, coincidieron en que a partir de la noticia poco variará la realidad de la Mayor de las Antillas. La falta de recursos continuará impidiendo solucionar las carencias en materia habitacional en todo el territorio. La inestabilidad en el servicio de transporte seguirá exigiendo el seguimiento iniciado algunos meses atrás y pocos serán los esfuerzos por acabar de sustituir un parque desgastado por el uso y la ausencia de repuestos. La desidia obligará a mantener acciones.
Unos u otros movimientos en las altas esferas gubernamentales oxigenarán el camino, más tendrá que redoblarse la batalla por rescatar valores y contrarrestar los malos vicios contraídos en medio de los desajustes.
Pero pese a todo, la esencia seguirá inalterable. Cuba seguirá siendo Cuba para orgullo de muchos y dolor de otros.
Trayectoria del discurso feminista contemporáneo

El movimiento feminista contemporáneo tiende a defender la urgencia de sustituir la tradicional política de corte patriarcal por una estrategia liberadora de mujeres y hombres, sin desatenderse de las diferencias entre géneros.
Esto responde al carácter globalizado de las problemáticas en boga, que en más de 70 ocasiones movilizaron a las defensoras de los derechos del mal llamado sexo débil en apenas una década.
En los encuentros de las feministas, de 1995 a 2005, denuncias y demandas contra la marginación de las mujeres se combinaron con el análisis de los efectos del neoliberalismo, las migraciones y las ofensivas militares de Estados Unidos, entre otras.
Para los seguidores de estos asuntos, tales actitudes respondieron a la crisis del feminismo institucional: el derivado de los reconocimientos, dictámenes y prescripciones de los organismos internacionales y Estados acerca de la discriminación de género.
El debilitamiento de esa vertiente respondió al desmesurado aumento de la pobreza, a la feminización de este mal social y al fortalecimiento de los acentos multifacéticos del feminismo autónomo, racial y de género.
La potenciación de esa segunda variante de las luchas de ese sector logró su climax en el ámbito de los encuentros de latinoamericanas y caribeñas realizados de manera indistinta en 1981, 1985, 1992 y 1997.
Los tópicos más analizados en 12 eventos internacionales, interraciales y de mujeres indígenas, celebrados en estos años, fueron el racismo, despenalización del aborto, eliminación de todo tipo de violencia y la demanda de paridad en los órganos de poder.
Pero lo más distintivo de esta etapa, coincidieron en afirmar varios especialistas, fue el inicio del debate sobre los temas del desarrollo, naturaleza, democracia, ciencia, uso de las técnicas y el futuro de la humanidad.
En la generalidad de estos análisis, las feministas exigieron la adopción de políticas respecto a estos asuntos, que partieran de la teoría y práctica de los enfoques de género.
La IV Conferencia de la Mujer, Beijing 1995, sirvió de escenario para que esa propuesta tomara forma documental en el contexto de la Organización de Naciones Unidas (ONU), añadieron.
Quizás esta sea una de las razones que más incidieron en que esa cita transcendiera en la memoria social como un proceso de carácter global, multiétnico y pluricultural, que signó la política con la sensibilidad femenina.
El repaso de la trayectoria de las luchas de ese género por sus derechos recuerda la coexistencia de un modo basado en los dictados de las instituciones, locales o extranjeras, con las sostenidas protestas de las mujeres por su reivindicación.
Algunos entendidos opinan que la primera de estas tendencias surgió en 1946, cuando la ONU creó la Comisión para la condición del status económico y jurídico de la mujer.
Más, en la otra convergen varios procesos, entre los cuales señalan las conquistas de derechos electorales, el efecto de una mayor cobertura de la educación, los cambios en los medios de comunicación y el impulso a la asunción de la identidad femenina.
En última instancia, ambas modalidades descansan en el legado de las acciones desplegadas en los años 60, cuando estas se unieron en diversas agrupaciones y tomaron parte de las luchas antirracistas y por los derechos civiles.
Destacado fue el accionar de las mujeres en el contexto de las protestas por el cese de la guerra desatada por Estados Unidos contra Vietnam, en medio del utopismo hippie y de las corrientes de la identificada entonces como “nueva izquierda”.
Es estos años surgieron además los denominados grupos de autoconciencia y las mujeres comenzaron a replantearse el modo de asumir su identidad, sus derechos ciudadanos y el papel que debían desempeñar en la configuración de las instituciones políticas.
En el camino hacia la reorientación del discurso feminista, las defensoras de los derechos de ese sexo toparon con varios obstáculos impuestos por las y los apegados a la añeja cultura patriarcal prevaleciente.
Dirigentes de este movimiento consideraron que la declaración del Año Internacional de la Mujer, en 1975, apenas fue un reconocimiento masculino, vertical o fortuito sin mayor incidencia en la realidad enfrentada por este género.
Esta situación comenzó a ser atacada con mayor fuerza desde finales de esa década, en particular, en las Conferencias Internacionales de la Mujer de 1975, 80 y 85.
Las y los participantes en esos eventos hicieron aportes valiosos a estos debates, desde posiciones de género, sobre reproducción y demografía, salud, aborto y explotación sexual.
Uno de los momentos más descollantes en la evolución de los pronunciamientos femeninos a finales del siglo XX fue la celebración de la Convención por la eliminación de toda forma de discriminación de la mujer (1979).
Desde entonces, despegaron múltiples programas encaminados a sensibilizar a las mujeres con su papel de sujetos económicos y agentes activas del mercado y por tanto, capaces de dictar política e influir en esta.
Pero en su mayoría, estas iniciativas se sustentaron en los dogmas neoliberales y las consecuencias de su aplicación incentivaron al movimiento feminista, al punto de convertirlo en uno de los puntales esenciales de las luchas por el cambio en cada uno de sus países.
/ismNuevitas ¡Peligro, derrumbe!

(Carta de una nuevitera ausente, pero pendiente)
Nuevitas, municipio del Camaguey congratulado con la sede del homenaje por el 26 de julio, está en peligro de derrumbe. Cientos de casas amenazan con desaparecer y sus añejos techos de teja y madera arriesgan cada día la vida de sus moradores.
Qué decir de un pueblo donde la Asamblea Municipal del Poder Popular tuvo que cambiar de sede hace varios años por la caída parcial de la edificación en que radicaba y todavía no se avizora la solución. Téngase en cuenta que hablo del antiguo Ayuntamiento Municipal, uno de los conjuntos arquitectónicos más emblemáticos del territorio.
La Unidad de Mantenimiento e Inversiones de la Vivienda también perdió su local- en la calle Joaquín de Agüero, casi esquina Máximo Gómez-, mas la salida al problema fue sencilla: primero, ocuparon dos viviendas en “desuso”. Luego, pasaron a la parte trasera de lo que se conoce como el Centro de Cálculo.
Situación similar enfrentan algunas de las más céntricas unidades de comercio del territorio, como El Eco, que tras ser declarada en peligro fue mudada para el Micro Distrito Ignacio Agramante. Desde entonces, agenciarse los productos de esa tienda implica gastos de energía, más que de dinero, para nueviteras y nueviteros de otras zonas.
Y sigue el inventario: el local del Palacio de los Matrimonios- otrora Club Martí- está apuntalado; el cine Puerto Príncipe, situado al frente de una escuela primaria, pierde por día su sobretecho y arriesga a quienes pasan cerca de él. La biblioteca municipal Ricardo Cabrero, centro cultural de larga data y reservorio imprescindible de obras valiosas para los estudiantes de la sede universitaria municipal, perdió las tejas del portal y está en trámites de mudanza por idéntica razón.
De poco sirvió el rescate del patrimonio tangible local impulsado una década atrás. La Cafetería 1846, cercana a la reconstruida Alameda de la calle Martí, volvió a perderse una vez más, para disgusto de quienes solían refrescar sus tardes con la cerveza y las empanadas que ofertaban en el lugar, al estilo español.
Esto lo escribo sólo pensando en el centro histórico de Nuevitas. Un recorrido por la periferia, asusta más. Sin embargo, dolor mayor causa constatar que lo que se pierde en la “ciudad industrial”, nunca regresa, como si la desidia hubiera decidido instalarse de manera definitiva en ella.
Comparto estas tristezas para ver si un día puedo rebatir con argumentos sólidos al señor que irónicamente sugirió que el cartel ¡Peligro, derrumbe!- colocado fuera de la casona colonial que alberga la biblioteca municipal-, debía estar a la entrada del pueblo.
El patrimonio del diablo

Cualquiera pensaría que el diablo, además de ejercer su jurisdicción sobre el extenso territorio celeste conocido como infierno, posee un vasto patrimonio en la tierra. Y es que el imaginario popular suele atribuirle numerosas propiedades a ambos lados del Atlántico al príncipe de los ángeles rebelados contra Dios y arrojados por él al abismo, según la tradición judeocristiana.
Aunque la caribeña Isla del Diablo, en la Guayana Francesa, es quizás la más famosa, no es la única llamada así o comparada con espíritu del mal: la panameña Isla de Coiba, la colombiana Gorgona, la italiana Isla de Pianosa, entre otras, también corren esa suerte.
La pequeña ínsula rocosa situada al norte de la Guayana Francesa se granjeó el seudónimo de Isla del Diablo al ser convertida por Francia en una colonia penal desde 1852 hasta 1946.
Durante esos años, arribaron en distintas oleadas 56 mil prisioneros galos al siniestro lugar, considerado por muchos de ellos un destino sin retorno, por la escasa salubridad que causó la muerte de centenares de reos y la extrema vigilancia de las autoridades coloniales.
Los horrores sufridos por los sometidos a ese destierro fueron revelados por el capitán del ejército francés Alfred Dreyfus, de origen judío, confinado a ella en 1894, tras ser condenado injustamente de espionaje por un tribunal militar.
Luego Henri Charriere, se encargaría de describir en su famosa novela autobiográfica, Papillón, las torturas, la malaria, los leprosos, las inclemencias del tiempo y los mosquitos que solían acompañar a aquellos presos muertos en vida.
A ambos testimonios se sumaría el de René Lucien Belbenoit, quien llegó al lugar en 1922 como parte de un contingente de prisioneros enviado por las autoridades galas y no desistió hasta escapar de él una década después.
Durante su permanencia allí, Belbenoit sufrió 11 meses en una celda oscura llamada la guillotina seca: 340 días en los que hubo de ingeniárselas para no volverse loco.
Para miles de presos, obligados a trabajar todos los días desde la salida del sol hasta la noche, desnudos y sin apenas un pedazo de trapo para protegerse del sol ecuatorial y de los insectos, el bosque de Charvain sirvió finalmente de cementerio.
La Isla de Coiba, al oeste de Panamá, también fue durante casi un siglo el hogar de una colonia penal, donde el hacinamiento, las torturas y los maltratos estaban a la orden del día, tipo Isla del Diablo, por lo que indistintamente era llamada así.
En la actualidad, la colonia está cerrando operaciones y los pocos prisioneros que quedan en ella permanecen bajo una fuerte custodia, alejados de los lugares que frecuentan los turistas, interesados en descubrir las maravillas del famoso Parque Marino de Coiba.
Otra de las propiedades atribuidas al Diablo es la colombiana Isla de Gorgona, en el Pacífico, donde se construyó una colonia carcelaria a finales de los 50 del XX por orden del ex presidente colombiano, Alberto Lleras Camargo.
La isla resultaba ideal para construir allí un infierno terrenal: unos pocos kilómetros de tierra, cubiertos por cerros selváticos de hasta 300 metros de altura, donde pululaban las serpientes venenosas, rodeados por aguas oscuras y profundas habitadas por varias especies de tiburón.
Por esas razones, pronto muchos bautizaron a la ínsula colombiana como La Isla Maldita, done algunos condenados se suicidaron; otros planearon fugas imposibles y los más, se prepararon para sobrevivir a los peores tormentos.
Pero el presidio duró apenas 25 años: ante las continuas denuncias sobre la progresiva destrucción del ecosistema de Gorgona, llamada así por Francisco de Pizarro en alusión a Medusa, la semidiosa de cabellera de serpientes, el mandatario, Virgilio Barco, decidió clausurarlo.
Del otro lado del Atlántico, bordeando la península itálica, se encuentra la Isla de Pianosa, considerada desde la prehistoria un territorio de paso, una conexión entre el continente europeo y el macizo Sardo Corso, y una sucursal del diablo desde mediados del XIX.
Hacia esa fecha, Pianosa se convirtió en una colonia penal, luego transformada en cárcel de máxima seguridad donde fueron encerrados los capos más peligrosos de la Cosa Nostra, del calibre de Totó Riina en los años de la gran lucha contra la mafia.
También en la región más austral del mundo se encuentra Ushuaia, ciudad argentina, considerada por muchos tierra del Diablo aunque su nombre en lengua Yámana significa "bahía penetrando al poniente", donde las autoridades decidieron construir una Prisión Militar en 1902.
En esa cárcel para reincidentes, estuvieron recluidos convictos famosos como el estafador Juan Dufour, tras haber escapado de la Isla del Diablo, en la Guayana Francesa; el primer asesino serial del país sudamericano, Mateo Banks, y Cayetano Santo Godino (El Petiso Orejudo), asesino de niños.
Ah!, pero el espíritu del mal, representado por el escritor alemán Goethe a través de Mefistófeles, logra despertar además la imaginación de numerosos literatos, cineastas, compositores y artistas en general.
El drama franco español, Los amantes de la isla del diablo, de Jesús Franco (1972), y La isla del diablo, comedia de aventuras española de Juan Piquer (1994), son sólo muestras de ello.
Y para que la melodía no falte, el cantautor español, Víctor Manuel le dedicó una canción.
Oxigenan la institucionalidad regional en Centroamérica

El afán de fortalecer la institucionalidad del Sistema de Integración Centroamericana (SICA) sigue a la orden del día y las recientes propuestas de reformas al Parlamento Centroamericano (PARLACEN) así lo validan.
En la cumbre Extraordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno, celebrada el 20 de febrero en El Salvador, los representantes de los países miembros del foro regional pusieron sobre la mesa las posibles soluciones a la polémica alrededor de esa instancia.
Daniel Ortega, presidente de Nicaragua; Álvaro Colom, de Guatemala; Elías Antonio Saca, de El Salvador y funcionarios de alto nivel en lugar de sus pares Manuel Zelaya (Honduras), Óscar Arias (Costa Rica) y Martín Torrijos (Panamá), cobraron el mérito.
Estos, junto al primer ministro de Belice, Dean Barrow, y un representante del mandatario dominicano, Leonel Fernández, aprobaron por unanimidad el Protocolo de Reformas al Convenio Constitutivo del PARLACEN.
El documento, que deberán ratificar los Congresos nacionales, persigue convertir en vinculantes las resoluciones emitidas por el órgano con sede en Guatemala y avalar la inclusión en el ente de menos de 20 diputados beliceños.
Las reformas propuestas apuntan además a rescatar la potestad del PARLACEN para juramentar a funcionarios de organismos regionales como el SICA y decidir el retiro de la inmunidad a diputados requeridos por la justicia.
Constantes críticas a la institución consagrada a la integración son su elevado costo para el área, su ineficacia y el haberse convertido en una suerte de refugio de políticos cuestionados o acusados de corrupción en sus territorios.
Diversos sectores coinciden en que los escaños del PARLACEN suelen ser utilizados por los gobiernos de la región para favorecer con una continuidad política, revestida de inmunidad, a algunos de sus funcionarios cuando cesan en sus responsabilidades locales.
Estos y otros cuestionamientos fueron esgrimidos en el pasado por Costa Rica para no participar en el ente legislativo, recuerdan historiadores.
La intención de borrar la mala imagen arrastrada redundó a su vez en la decisión de dotar a la instancia de mayor respeto e influencia ante los gobiernos de las naciones integrantes del bloque zonal, surgido a partir de la suscripción del Protocolo de Tegucigalpa, en 1991.
Los reunidos no alteraron el número de representantes al PARLACEN, 20 hasta el momento, ni el período de la gestión de estos.
Respecto a la Corte Centroamericana de Justicia- otro mecanismos en tela de juicio por inoperante dentro del proceso de integración centroamericano y en el que menos países participan-, los asistentes al encuentro fueron informados sobre su funcionamiento.
En correspondencia, determinaron profundizar en la revisión de reformas para su fortalecimiento y estructurar una hoja de ruta destinada a buscar medios para reducir las disparidades sociales y enfrentar problemas como la pobreza y la inseguridad.
La ocasión fue aprovechada por Guatemala para hacer efectiva su entrada en la CCJ, lo cual recibió el aplauso de los mandatarios y funcionarios presentes en el cónclave.
Para Saca, presidente pro tempore del SICA, el proceso de integración de la región avanza sustancialmente y la firma del protocolo de reformas al convenio constitutivo del PARLACEN es un gran paso en ese sentido.
Temas pendientes, abordados en la trigésimo primera cumbre realizada en Guatemala el 12 de diciembre de 2007, son la inconclusa unión aduanera regional y la elaboración de un marco consensuado para negociar un acuerdo con la Unión Europea.
Revolución: un reto al imaginario católico en Cuba

“La historia sigue su curso a lo largo de sendas tan inopinadas como imprescindibles Poco es el dominio que podemos ejercer sobre el futuro, y absolutamente ninguno sobre el pasado”.
Winston Churchill, Washington, 16.enero.1952.
Al ocurrir el triunfo revolucionario, en 1959, muy pocos escaparon del regocijo general que envolvió a la población cubana. Sólo los elementos más cercanos al poder político, la sacarocracia y otros miembros de los sectores pudientes, mayoritariamente ligados de forma indisoluble al capital estadounidense en el archipiélago y permeados por un profundo maniqueísmo hacia el modo de vida americano, no pudieron enmascarar su recelo.
El respaldo a las medidas de carácter socioeconómico, adoptadas desde los primeros momentos, fue la respuesta casi unánime de más del 95 por ciento de los habitantes del país.
Es de suponer que en esa cifra estuvieran comprendidas mujeres y hombres que reconocían la existencia de Dios, según la Encuesta Nacional sobre el Sentimiento Religioso del Pueblo de Cuba. Aunque de ellos el 72, 5 por ciento se autodefinía católico, según la propia fuente, alrededor del 76 por ciento aceptó ser no practicantes sistemáticos y del 24 por ciento de los que proclamaron ser practicantes, sólo el 11 por ciento recibía los sacramentos con asiduidad, lo que equivalía a un reducido 2 por ciento.
Mucho se ha especulado acerca de los resultados de esa encuesta y sobre todo, de la interiorización de lo católico en el cubano de entonces y de hoy . A nuestro modo de ver, hacia 1959, la religiosidad cubana era un collage de creencias, ritos y tradiciones donde el comprometimiento, las normas y leyes, la institucionalidad y la doctrina escaseaban.
El pueblo cubano era mayoritariamente creyente, pero su catolicismo era cuestionable si partimos de la asimilación ad intra, de la dedicación y la exteriorización de lo católico en la vida diaria. Ser católicos, para algunos no era más que jugar a una suerte de moda que suponía refinamiento e hidalguía; para otros era el refugio a un triste status económico, a sus problemas familiares o sencillamente, el modo de seguir la tradición.
No todos los católicos siguieron los mismos derroteros al triunfar la Revolución: algunos se marcharon: (1) confiados en un pronto regreso, sujeto a la actuación de los Estados Unidos con respecto al proceso revolucionario cubano; (2) decididos a no regresar nunca, recelosos del rumbo hacia el socialismo que podía tomar el país en el futuro. Otros se quedaron: (3) enquistándose para preservar su catolicismo de las influencias turbulentas del nuevo proceso; (4) o sumándose al desarrollo de los nuevos proyectos sociales.
Este último grupo también sufrió una escisión: (4.1) una parte se alejó progresivamente de la Iglesia, sumergida en las faenas del período de transformación socioeconómica y política que se abría (4.2) otra, la más consecuente con su fe, defendió sus convicciones religiosas sin apartarse ni un momento de la construcción de un modelo más justo de sociedad.
Si nos remontamos a los pasajes más tristes del conflicto Iglesia Católica- Estado en los primeros años, pudiera pensarse en la escasa representatividad del último grupo que hemos delimitado, sin embargo, vale reconocer su inclusión en el cuadro social cubano de entonces. Ellos fueron protagonistas de todo lo hermoso, desagradable, duro y fuerte que puede ser una Revolución y tuvieron que superar el reto que representaba un proceso de profunda justeza social, orientado hacia el comunismo intrínsecamente perverso y defender sus convicciones religiosas ante la áspera crítica contra el opio del pueblo, pero siempre lo hicieron desde su tierra sin vacilar en su entrega a una causa que representaba lo mejor para ella.
Esos hombres fieles a Dios y convencidos nacionalistas, tal vez sin proponérselo, me inspiraron a buscar imágenes, representaciones y figuraciones que conformaban el ideario de los católicos cubanos en la fecha, razón esencial de la heterogeneidad de actitudes que manifestaron ante los cambios sociopolíticos iniciados en 1959.
1-. Doctrina Social Cristiana
Uno de los sucesos más importantes para la Iglesia Católica en la centuria recién concluida lo constituye sin dudas la firma del Tratado de Letrán, el 11 de febrero de 1929, resultado de la política conciliatoria desplegada por Achille Ratti, conocido como el Papa Pío XI y Benito Mussolini, en su primera época de gobierno. El primero, interesado en zanjar las diferencias con respecto a la soberanía temporal y la cuestión financiera y restablecer la influencia de la Iglesia en los asuntos civiles italianos. El segundo, convencido de la popularidad y el prestigio que ello podría acarrearlea él y a su régimen tanto dentro como fuera de Italia y de la urgencia de aniquilar la influencia del Partito Populare en la vida política nacional.
El Tratado de Letrán contempló varios acuerdos: el Tratado de Conciliación, el Concordato y la Convención Financiera. El primero solucionó la cuestión romana, al reconocer la independencia de la Santa Sede y su total soberanía sobre la Ciudad del Vaticano, al mismo tiempo que legitimó el lugar de la Religión Católica Apostólica y Romana como única religión oficial del Estado. El Concordato contemplaba la autonomía de la jerarquía eclesiástica como una sociedad autorregulada y privilegiada dentro de la sociedad nacional, el control de los matrimonios entre católicos por parte de la Iglesia y la enseñanza obligatoria de la doctrina católica en todos los centros de enseñanza secundarios y en las escuelas elementales, cuestión esencial para lograr la reproducción de la fe católica en el país. Con la Convención Financiera, la Santa Sede recibió una importante inyección de dinero a las puertas de una de las mayores crisis cíclicas del capitalismo: 750 millones de liras en moneda y mil millones de liras en bonos del Estado, cifra con la que algunos bancos católicos fueron salvados de la quiebra.
Aunque la conciliación no eliminó totalmente las diferencias entre la Iglesia y el Estado, no cabe duda que la jugada diplomática de Pío XI garantizó insuperables ventajas a la institución eclesiástica; sin embargo, al reconocer al gobierno encabezado por Benito de Mussolini, el Papa estimuló la aceptación de la ideología fascista en Italia y posteriormente en otros lugares. Por otra parte, el fascismo de los primeros tiempos resultaba bastante atrayente para la mayoría de los católicos que reconocieron en sus cartas credenciales coincidencias en su enemistad con el liberalismo, la masonería y el comunismo.
La oposición de la Iglesia Católica al comunismo tenía sus fundamentos en que éste se nutría fundamentalmente de una hiperbolización de las concepciones ateístas del materialismo dialéctico e histórico, elaborado por Carlos Marx y Federico Engels y difundido en Europa hacia la segunda mitad del siglo XIX. La afirmación de que lo primario es la materia y que lo espiritual es un reflejo activo de ella, atentaba contra la creencia en la existencia de Dios y de su papel esencial en la creación y evolución del mundo. La condena a la propiedad privada y el enfrentamiento armado entre las clases sociales, despertaron también los recelos y motivaron al Papa León XIII (1878 – 1903) a emitir una encíclica de condena a los postulados esenciales de esta teoría hacia 1891.
“ Para remedio de este mal, los socialistas, después de incitar en los pobres el odio a los ricos, pretenden que es preciso acabar con la propiedad privada y sustituirla con la colectiva, en que los bienes de cada uno sean comunes a todos, atendiendo a su conservación y distribución los que rigen al Municipio, o tienen el gobierno general del Estado. Con este pasar los bienes de las manos de los particulares a la comunidad, y repartir luego esos mismos bienes y sus utilidades con igualdad perfecta entre los ciudadanos, creen que podrán curar la enfermedad presente Pero muy lejos está este procedimiento de poder dirimir la cuestión, antes bien perjudica a los obreros mismos; y es, además, grandemente injusto, porque derriba el derecho de los que legítimamente poseen, altera la incumbencia y deberes del Estado e introduce una compleja confusión en el orden social”
Difundida con el título Rerun Novarum, esa encíclica papal se convirtió en uno de los pilares fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia católica en el período preconciliar. Esta Doctrina Social proporciona un modelo general de sociedad deseable y toda una estrategia de acción, plagada de argumentaciones muy detalladas que se apoyan en las más diversas disciplinas; cuya estructuración, fundamentación y evolución ha marchado en proporción directa con el antagonismo frente a la Ilustración, el liberalismo y el socialismo; siempre confiando en la propiedad privada sobre los medios de producción como un canal viable, aunque digno de regulaciones, como garantía de una idónea distribución y el pleno empleo. Es considerada por algunos estudiosos como una ideología política en razón de sus contenidos, de su organización discursiva y de su función ya que arrastra consigo diversos ingredientes hacia la integración relativa de un conjunto social nuevo, sus nexos con el liberalismo han seguido derroteros muy desproporcionados y nebulosos y ha favorecido en cierto modo la democracia representativa y sus cacareadas libertades, a despecho de las reservas que ha reflejado con respecto al libre mercado y su coincidencia con los modelos corporativos. A la insinuación de líneas autogestivas de raigambre socialista algo limitadas, esta doctrina suma la defensa de tesis capitalistas como la propiedad privada sobre los medios de producción apuntando modalidades de propiedad social como la empresa comunitaria. La Doctrina Social participa también de las controversias por el reconocimiento del carácter activo de la sociedad civil, lo que ha inclinado al magisterio papal a reevaluar el papel de la difusión doctrinaria.
El anticlericalismo enarbolado por la Revolución mexicana de 1910; la política desplegada por el poder soviético después del triunfo de la Revolución Socialista de Octubre de 1917, que demostró enorme hostilidad a la Iglesia Ortodoxa y otras denominaciones y limitó la libertad de expresión de los creyentes; y la persecución religiosa desatada en España en los años treinta bajo las banderas del marxismo, enarboladas por el llamado Frente Popular, resucitaron el temor ante cualquier proceso revolucionario y ahondaron el sentimiento anticomunista entre las principales figuras del catolicismo.
Las encíclicas papales de Pío XI Quadragesimo annoxii promulgada en mayo de 1931, en el cuarenta aniversario de la Rerum Novarum; Delecctísima Nobis, del 3 de junio de 1933 y Divini Redemptoris, de 19 de marzo de 1937; el Decreto contra el comunismo (1949) y los Mensajes de Navidad de Pío XII (1940 a 1949), entre otros, así lo corroboran.
“Procurad Venerables Hermanos, que los fieles no se dejen engañar. El comunismo es intrínsecamente perverso; y no se puede admitir que colaboren con él, en ningún terreno, quienes deseen salvar la civilización cristiana. Y si algunos, inducidos al error, cooperasen a la victoria del comunismo en sus países, serían los primeros en ser víctimas de su guerra; y cuanto las regiones, donde el comunismo consigue penetrar, más se distinguen por la antigüedad y la grandeza de su civilización cristiana, tanto más devastador se manifestará allí el odio de los sin Dios.
...Los pobres en efecto, son los que están más expuestos a las insidias de los agitadores que explotan su desgraciada condición para encender la envidia contra los ricos y excitarles a tomar por la fuerza lo que les parece que la fortuna les ha negado injustamente; y si el sacerdote no va a los obreros y a los pobres, para prevenirles o para desengañarlos de los prejuicios y falsas teorías, se convertirían en fácil presa de los apóstoles del comunismo”.
La protección del cristianismo y de la Iglesia ante la agresividad que iba alcanzando el ateísmo en los países seguidores de la línea trazada por la URSS, devino eje de las principales preocupaciones del pontificado. Pío XII (1939- 1958) sostuvo, con mano firme esas banderas durante su gestión al frente del Vaticano, así lo atestiguan un amplio número de documentos rubricados por él y dedicados a tratar aspectos relacionados con la libertad religiosa en los países del extinto campo socialista. El enraizamiento de la paradoja marxismo- cristianismo conllevó a la intolerancia hacia cualquier expresión de contacto, cooperación, encuentro o coexistencia.
“...hemos evitado... el convocar a la Cristiandad hacia una cruzada. Mas podemos exigir una plena comprensión del hecho de que, ... debemos lamentar con profunda pena que algunos católicos, eclesiásticos y seglares, presten su apoyo a la táctica del confusionismo ,... Por lo demás ¿ a qué fin discutir sin un común lenguaje, o cómo es posible encontrarse, si los caminos son divergentes, esto es, si una de las partes obstinadamente rechaza y niega los comunes valores absolutos, haciendo así irrealizable toda ‘coexistencia’ en la verdad?”
Todas esas encíclicas y documentos pontificios, enriquecieron la Doctrina Social de la Iglesia Católica. Esta fue ampliamente difundida en Cuba durante los años cincuenta a través de las enseñanzas del Padre Manuel Foyaca de la Concha, sacerdote jesuita, Conciliario Técnico de la Junta Directiva de Acción Católica Cubana y fundador del Movimiento Democracia Social Cristiana; las publicaciones católicas, los conductores de las Iglesias locales y las Secciones Católicas de las más importantes publicaciones periódicas, marcando como hierro candente al cuero del ganado, la mentalidad de los católicos cubanos al favorecer el desarrollo de un imaginario orientado contra la peste moral, la abominable secta, los perversos delirios, la propaganda diabólica, los engaños premeditados, el veneno, la brutalidad repugnante u otros calificativos de corte medioévico, con los cuales León XIII, Pío XI y Pío XII, procuraron anatemizar al marxismo, convencidos de los lazos que lo unían a la matriz anticristiana de la Ilustración.
2. Política de Guerra Fría y divulgación de las prácticas del socialismo en los países europeos y China
Otro factor que acrecentó el rechazo al comunismo en gran parte de la población cubana desde finales de los cuarenta y sobre todo en los católicos, fue las constantes alusiones en la prensa nacional a las políticas de gobierno seguidas por los países socialistas europeos bajo las banderas del socialismo real, desde la óptica leninista y stalinista y por China. Títulos tan sugerentes como “Vio un hombre asesinar a los rusos a 200 oficiales polacos” y “La persecución religiosa en tierra China” , donde religiosas consagradas aparecían como victimarias de varios niños; son expresiones de esa realidad.
El avance de las tropas soviéticas sobre Europa y la conversión al socialismo de los países liberados por ellas durante la segunda contienda bélica mundial; la creciente acción liberadora de las fuerzas progresistas en los países semicoloniales y dependientes; unido a la ascendente ola de protestas, manifestaciones, huelgas y mítines protagonizadas por el movimiento obrero y comunista en las principales naciones capitalistas, condujeron al imperialismo a la búsqueda de mecanismos más sutiles y efectivos para el despliegue de la lucha ideológica contra el comunismo en la segunda mitad de los cuarenta del siglo XX.
Los planes Marshall y Dawes, dirigidos por Estados Unidos so pretexto de contribuir a la estabilización de las resentidas economías europeas; el establecimiento de bases militares en numerosos puntos del globo terráqueo; las intensas campañas propagandísticas contra la URSS y todo lo que ella representaba; no fueron más que la prolongación de la política de Guerra fría emprendida a partir del lanzamiento de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki.
“De Sttetin, en el Báltico, hasta Trieste, en el Adriático, una cortina metálica ha descendido sobre la mitad del continente europeo. Detrás de esa línea, se hallan todas las capitales de los viejos países de la Europa central y oriental, vale decir, Varsovia, Berlín, Praga, Budapest, Belgrado y Sofía. Todas esas históricas ciudades y sus respectivas poblaciones están sometidas, en una forma u otra, a la influencia de Moscú, sujetas al dominio del Kremlin en alto grado y en proporción siempre creciente. Tan sólo Atenas, con sus glorias inmortales, es dueña de decir sin trabas sus destinos en comicios libres, garantizados por observadores británicos, norteamericanos y franceses”
Las palabras de Winston Churchill, en Fulton, Estados Unidos delimitaron las fronteras ideológicas de entonces. Preocupado por el avance del Ejército Rojo hacia Europa occidental y la certeza de lo que eso podría repercutir en el futuro, el primer ministro inglés ya había hecho alusión a la cortina de hierro en un cable particular dirigido al presidente Harry Truman (1945- 1953) , fechado el 4 de junio de 1945. Esa expresión estuvo muy en boga durante los años cincuenta y de ello son fiel reflejo las publicaciones periódicas cubanas.
Tal vez como ninguna otra, ésta alusión nos induce a respirar los aires que soplaban, viciados por el distanciamiento entre los dos grandes polos en los que se fragmentó el mundo después de la Segunda Guerra Mundial.
Hacia 1953, los países de Europa occidental se habían restablecido de los efectos negativos que la beligerancia había causado en sus economías, exceptuando a Berlín, e integrado al pacto militar que estableció la creación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Los tres grandes: Reino Unido, Francia y Alemania habían recuperado su base industrial y no vacilaron en estrechar vínculos con el gobierno de Dwigh David Eisenhower (1953-1961) .
Los resquemores con respecto al progresivo restablecimiento de la URSS y a sus avances en materia de armamentos unido a la incógnita surgida acerca del nuevo liderazgo, después de acaecida la muerte de José Stalin, el 6 de marzo de 1953, los unía en causa común con Estados Unidos.
La ola anticolonial que envolvió a varios territorios del continente asiático después del establecimiento de la República Popular China, en 1949; provocó que todos ellos reorientaran las armas de la Guerra fría hacia los países del Tercer Mundo, con lo que se amplió el campo de acción de esa política.
Las oligarquías latinoamericanas comenzaron a percibir el asedio del peligro comunista desde finalizada la guerra, por lo que apoyaron las iniciativas regionales que pudieran contrarrestar su avance. La estructuración del sistema interamericano, a través de la aprobación del texto del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), en Río de Janeiro 1947 y de la Carta de la Organización de Estados Americanos (OEA), en Bogotá 1948; abrieron el paso a los intereses hegemónicos de Estados Unidos en este lado del mundo y de hecho, a la política de enfrentamiento a los grupos progresistas y revolucionarios.
Guatemala, en 1954 fue la primera víctima de las maquinaciones estadounidenses: en la Décima Conferencia Interamericana (Caracas 1954), el representante de Estados Unidos, manifestó su preocupación por el creciente deseo latinoamericano de asistencia económica y lo que eso podía facilitar el camino a los supuestos planes de expansión comunista y la declaración de compromiso interamericano con la intervención colectiva contra el comunismo internacional, demostró la aceptación de las tesis imperiales.
Esta declaración estaba tácitamente dirigida contra Guatemala, presentada en la ocasión como víctima de una conflagración dirigida desde la URSS.
La línea gubernamental mantenida por el gobierno en Cuba, encabezado por Fulgencio Batista Zaldívar, era una suerte de espejo donde se reflejaba la coincidencia con el rumbo señalado por Washington a finales de los cuarenta. Desde los primeros momentos de su mandato, éste apresuró la ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales con la URSS y otras naciones socialistas y alentado el alistamiento de hombres para colaborar con las tropas estadounidenses en Corea. También apoyó los planes injerencistas en Guatemala, secundó la posición del imperialismo con relación a la entrada de las tropas soviéticas en Hungría, estrechó sus vínculos con los gobiernos tiránicos de América latina y declaró la guerra sin cuartel a todo lo que, a su modo de ver, guardaba relación con el comunismo.
Si hurgamos un poco más en las complejidades de los cincuenta, percibiremos un sinnúmero de resonancias de la Guerra Fría en Cuba. La persecución despiadada contra los militantes del Partido Socialista Popular (PSP), personalidades e instituciones progresistas, enarbolada por Carlos Prío Socarrás en 1947 y sostenida por Batista, constituyeron la extensión a la realidad cubana de la variante maccarthista y su cacería de brujas.
La actividad desplegada por el Buró de Represión Anticomunista (BRAC), el crecimiento de las listas de sospechosos y toda la avalancha de informaciones que, combinando verdad y ficción, desprestigiaban a los países socialistas, atizó el fuego donde se fraguó el rechazo al comunismo de los católicos cubanos.
3. Incidencia del mayorazgo de católicos españoles en Cuba
Aunque la Iglesia Católica en el país, liderada por el Cardenal Manuel Arteaga Betancourt, había dado pasos de avance considerables en pos de su cubanización, era mayoritaria aún la presencia de religiosos de origen español encargados de fomentar la fe entre los católicos cubanos.
Testigos algunos de ellos de la oleada anticlerical desatada en España en la década del treinta, no podían evitar la mirada de recelo contra cualquier intento transformador de la realidad nacional que pudiera producirse, máxime si dejaba entrever cierta identidad con la línea marxista.
Desde su primer mes de existencia, muchos se sintieron traicionados con la legislación republicana del primer bienio y del Frente Popular, independientemente de sus credos religiosos. Con tal de contrarrestar la hegemonía de la Iglesia Católica en España, los republicanos adoptaron una serie de disposiciones que atentaron abiertamente contra la difusión de la fe católica y su papel normativo dentro de la sociedad; permitieron la quema de conventos en el mes de mayo de 1931; desataron un ataque legislativo a la institución eclesiástica, eliminando sus facultades para concertar matrimonios y excluyendo a las órdenes religiosas de la enseñanza; anularon la financiación estatal del culto y el clero y prohibieron la existencia de crucifijos y símbolos religiosos en oficinas y centros dedicados a la enseñanza.
En casi toda la España republicana las Iglesias fueron cerradas, los curas tuvieron que ocultarse y los servicios religiosos pasaron a la ilegalidad, pese a las buenas intenciones del Ministro de Justicia del gobierno de la República, Manuel de Irujo, vasco y católico quien se esforzó por atenuar la situación.
Pero el republicanismo no sólo atentó contra la institución eclesiástica: las clases propietarias también sintieron sobre sí el peso de las reformas, sobre todo en lo tocante a la tenencia y uso de la tierra.
Razones como esas condujeron a muchos de los que se habían aliado al republicanismo durante sus dos primeros años de vida, a torcer sus posiciones y, tras los asesinatos de curas y religiosos, convencerse de lo nefasto que podía resultar un régimen ideológicamente identificado con las doctrinas de Marx y Engels interesado en reivindicar los derechos de los desposeídos.
La Iglesia Católica y el catolicismo eran para los españoles expresión de unidad nacional y de la defensa de los intereses materiales amenazados por un posible régimen comunista. Sus fuertes nexos con el conservadurismo político y social, lo convertían en una máscara perfecta para desarrollar una sublevación militar contra una república anticlerical, pero también democrática, autonomista y socialmente reformista.
Por eso, todas las fuerzas interesadas en arrebatarle el poder al Frente Popular hicieron quórum alrededor de la supuesta defensa del catolicismo. Tal fue el caso de José A. Primo de Rivera, hijo del depuesto dictador y principal figura de la Falange, cuya misión espiritual era probablemente católica, lo que hacía del fascismo una nueva versión de la catolicidad.
Aunque a los insurgentes del 18 de julio de 1936, más que defender el catolicismo, lo que les importaba era defender sus intereses político-económicos, la reacción inmediata en la mayor parte del país fue una masacre de miembros de la Iglesia por parte de los partidarios del Frente Popular.
“Trece obispos, 4184 curas diocesanos, 2365 religiosos y 233 monjas fueron perseguidos y asesinados, sobre todo en las primeras semanas de la guerra; especialmente allí donde el anarquismo era la fuerza dominante. A veces murieron en el curso de las represalias generales contra supuestos elementos derechistas locales, como les sucedió a cinco sacerdotes fusilados en Fuenteovejuna, junto con treinta y ocho seglares, el 20 de septiembre de 1936. Otros en ataques específicos, como los catorce novicios claretianos fusilados en un andén, cuando iban de Ciudad Real a Madrid, o las veintitrés adoratrices, asesinadas en la madrugada del 10 de septiembre, en un cementerio madrileño.
...Casi la mitad de los curas de la diócesis de Gomás- Toledo- fueron ejecutados, y prácticamente el 60 por ciento murieron en dos diócesis catalanas, en las zonas anarquistas de Barbastro y Lérida. Al mismo tiempo miles de iglesias, monasterios, conventos y colegios católicos fueron destruidos .
Algunos republicanos procuraron justificar las masacres anticlericales argumentando que la Iglesia había sido la causante del odio que culminó en la violencia antirreligiosa del ‘34 y posteriormente de manera abrumadora del ‘36 con su falta de sensibilidad ante la pobreza y la represión, además, señalaban que la violencia contra la Iglesia no era responsabilidad ni resultado de la política republicana, sino de grupos incontrolados que actuaron por su propia cuenta, lo cierto es que como señala Frances Lannon “la identificación con la Iglesia era un pasaporte para la muerte”.
La fuerte resistencia del país vasco, católicos incluidos, dificultó la rápida victoria de las fuerzas contrarias al republicanismo. La lealtad a una república que, tras muchas demoras, les concedió el status de autonomía y el rencor por la destrucción de la ciudad de Guernica, símbolo de la cultura vasca y profundamente católica y la ejecución de catorce sacerdotes vascos, devotos y ortodoxos, pero nacionalistas en extremo, por las tropas franquistas; foguearon los ánimos.
A pesar de la heroica resistencia, las fuerzas de la derecha triunfaron y se estableció en España el régimen del general Francisco Franco. La contribución de la jerarquía católica a esa victoria fue resarcida con la derogación de las contribuciones de la Iglesia al Estado, el restablecimiento de los principios del dogma católico y su moral en todos los niveles de enseñanza y la libre utilización de los medios de difusión masiva.
No todos estaban conformes con el autoritarismo franquista, pero pocos podían substraerse de apoyar a un gobierno que había aniquilado a los enemigos comunes: el liberalismo, la laicidad, el comunismo y el socialismo.
Mayoría en la institución eclesial cubana, los religiosos de origen español traspolaron sus resentimientos y recelos a las comunidades de fieles en Cuba y, salvo escasas y honrosas distinciones, no pudieron asimilar un proceso de cambios tan radical como el iniciado al calor del establecimiento del Gobierno Revolucionario en enero de 1959.El despegue de lo latinoamericano
El quehacer intelectual experimentó un notable despegue en Latinoamérica en los años sesenta del siglo veinte como resultado del saber acumulado en estas tierras y de la efervescencia revolucionaria desplegada a partir del triunfo de la Revolución Cubana. Aunque suele insistirse en la renovación de las técnicas narrativas, poéticas, cinematográficas, musicales y otras de índole cultural registradas entonces, este movimiento incluyó además ciertos cambios en el discurso político, las ciencias sociales y la teología.
De igual modo, el denominado boom de los sesenta evidenció la capacidad de generación de los latinoamericanos y el inconmensurable valor del caudal acumulado en materia intelectual en los países de esta región.
Tal fue la magnitud alcanzada por este movimiento que numerosas casas editoriales, sobre todo en España y Francia, fomentaron la difusión de los escritores de esta zona, identificados con el nacionalismo y hasta con las ideas socialistas en boga.
En correspondencia, se expandió el conocimiento de las costumbres, tradiciones e historia de los pueblos sobre cuyas experiencias descansaba gran parte del "realismo mágico", que deslumbró a los habitantes del denominado viejo continente en esta etapa.
Esto guarda relación quizás conque, para entonces, empezaba a vislumbrarse el progresivo agotamiento en el campo de las ideas y la falta de estímulos a la generación de ideologías y mitos sociales en los territorios allende el Atlántico.
Especialistas coinciden al afirmar que desde esos años, nunca se superó la genialidad de quienes colocaron a Europa en la cúspide del pensamiento y las artes en otras épocas: filósofos antiguos, renacentistas, iluministas, inspiradores de la Revolución Industrial o del marxismo.
En contraposición, la década de los sueños supuso para América Latina el ascenso de las fuerzas progresistas y de los movimientos de liberación nacional, pero también la proliferación de corrientes literarias, filosóficas, musicales, religiosas y de todo tipo.
Casi todas estas, orientadas a la construcción de modelos sociopolíticos favorables a las mayorías y reflejos del espíritu integracionista prevaleciente en el período.
En esta etapa se reforzó a su vez la idea de la unidad enarbolada por los próceres de la independencia y se potenció la aceptación de los elementos identitarios compartidos por los pueblos situados del Bravo a la Patagonia.
El año decisivo para las letras latinoamericanas fue 1967, cuando el escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1899-1974) recibió el Premio Nobel de Literatura y la novela Cien Años de Soledad, del colombiano Gabriel García Márquez (1928), devino best- seller mundial.
Aunque la chilena Gabriela Mistral había sido reconocida por la fundación sueca dos décadas antes por su poesía, aquel logro de una mujer de estas tierras fue cuando menos imperceptible comparado con la exaltación de los valores de la narrativa sesentista.
Desde 1963, la novela hispanoamericana escaló niveles de popularidad en casi todo el mundo con la publicación de Rayuela, de Julio Cortázar (Argentina, 1914-1984), cuyo reconocimiento se sumó al recibido por otras producidas en esta zona.
Esos escritores se nutrieron de la valiosa tradición inspirada en los relatos del Popol Vuh o Libro del Consejo de los mayas quichés, los poemas nahuas del Xochicuicatl, los cantos de los amautas incas y otras creaciones de los primeros pobladores de estas tierras.
Pero a su vez, sus obras fueron resultado de lo aprendido en las novelas heroicas y románticas del decimonónico, plagadas de paisajes, localismos lingüísticos y costumbrismos, asumidos por la lírica del modernismo de finales del siglo XIX.
La crítica sociopolítica y la defensa de la identidad, constituyeron el núcleo alrededor del cual se desarrolló ese modo de ficcionar desde sus inicios, donde también se reflejó la incesante lucha por la autoreafirmación y el respeto a los valores nacionales.
Aunque el esplendor de las letras latinoamericanas brilló en estos años y luego cedió lugar a estilos menos elaborados, por el avance de la globalización de los procesos productivos, comerciales y hasta del pensamiento, los Premios Nobel recayeron en varios escritores de esta región.
Pablo Neruda (1971), García Márquez (1982), Octavio Paz (1990), y Deret Walcott (1992), fueron distinguidos en años subsiguientes con ese galardón, representativo de lo más prestigioso en materia literaria a escala global.
La expectativa sobre la narrativa latinoamericana nunca desapareció desde entonces y resulta curioso constatar que, quienes disputan ahora la popularidad a los protagonistas del denominado boom de los sesenta, son mayoritariamente mujeres.
Isabel Allende (Chile, 1942), Luisa Valenzuela (Argentina, 1938), Gioconda Belli (Nicaragua, 1948), Marcela Serrano (Chile, 1951) y Laura Esquivel (México, 1950), entre otras, conforman la nómina de las principales hacedoras de las últimas décadas.
Sus obras prueban la constancia en el quehacer intelectual en Latinoamérica, de modo similar a lo ocurrido en materia cinematográfica o en el campo de las ciencias sociales y humanistas.
Los giros en la filmografía regional a partir de los sesenta se orientaron hacia la superación del tradicional aislamiento sufrido por estas, de la inexistencia de una relación de mercados de distribución internacional y de la producción de películas para el consumo interno.
Esta idea de un “cine latinoamericano” se correspondió con el aire renovador prevaleciente en el período y con la aceptación de una unidad en medio de la diversidad expandida por el subcontinente.
El Festival de Pesaro, Italia (1966), se inscribió como uno de los principales precursores del reconocimiento de la filmografía de esta parte del hemisferio.
Tal actitud fue alentada con mayor fuerza a partir de la realización del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de Viña del Mar (Chile, 1967), punto de partida en este proceso, al que se sumó más de una década después el de La Habana (1979).
Pero la corriente renovadora de la década de los sueños abarcó también el aspecto religioso y la mejor señal de esto fue la conformación de la Teología de la Liberación, centrada en la opción preferencial por los pobres, la prioridad de la praxis, la espiritualidad y el profetismo.
También en ese entorno se difundió la llamada Teoría de la Dependencia, defensora de la necesidad de la ruptura total de la subordinación a los países desarrollados económicamente como cuestión sine qua nom para salir del atraso en que estaban sumidas estas naciones.
Francisco de Miranda: precursor de la igualdad de género

Más allá de sus reconocidos esfuerzos por fomentar la lucha contra el colonialismo español, el venezolano Francisco de Miranda devino precursor de la igualdad de género en Latinoamérica.
El contacto directo con las ideas liberales, a partir de su desempeño como militar en distintos países, despertó su afán por lograr la separación de la metrópoli pero también la aceptación de los derechos de las mujeres.
Cuando apenas el tema era considerado por sus contemporáneos, Mirando las consideró sabias y capaces de aportar más afectivas maneras de ejercer el gobierno que muchos hombres.
Una carta dirigida por este en 1792 al entonces miembro de la Convención Nacional Francesa como delegado de Haití, Alexander Petión, da cuenta de sus opiniones sobre el particular al responder a una solicitud del luego presidente de esa nación caribeña (1803).
“Os recomiendo una cosa sabio legislador: las mujeres. ¿Por qué dentro de un gobierno democrático la mitad de los individuos, las mujeres, no están directas o indirectamente representadas, mientras que sí están sujetas a la misma severidad de las leyes que los hombres hacen a su gusto?”.
“¿Por qué al menos no se les consulta acerca de las leyes que conciernen a ellas más particularmente como son las relacionadas con matrimonio, divorcio, educación de las niñas, etc.?”.
“Le confieso que todas estas cosas me parecen usurpaciones inauditas y muy dignas de consideración por parte de nuestros sabios legisladores”, añadió, a manera de conclusión.
En más de una ocasión, según su carta a Petión, Miranda también alentó a algunos legisladores de América y Europa a tomar en consideración a sus contrapartes femeninas y se quejó de ser desatendido.
Casi todos los hombres enrolados en la política en el período cerraron oídos a las exigencias de las mujeres y cuando menos, se conformaron con reconocer la injusticia cometida contra ellas, se desprende de sus palabras.
Los entendidos reconocen que esta faceta de la actuación revolucionaria de Miranda fue incomprendida incluso por algunos de sus seguidores y en virtud de ello, muchas veces silenciada.
Para algunos historiadores, la visión alcanzada sobre el asunto resultó de la gran cultura y el espíritu libertario desarrollados por este precursor de la independencia de su tierra y de toda Latinoamérica.
Probablemente el posterior maestro de Simón Bolívar supo del drama de Olympes de Gouges, la feminista francesa decapitada por los "revolucionarios" portadores de la filosofía de la "ilustración" por defender los derechos de su sexo.
Quizás también conoció otros casos similares en el ámbito del sangriento proceso encabezado por la burguesía del país galo contra la monarquía absoluta regida por Luis XIV y durante su recorrido por distintos territorios.
Miranda descendía de una antigua familia metropolitana radicada en Venezuela, pero ingresó muy joven a la milicia española y tras renunciar a esta, se enroló como militar en las guerras libradas en su época en Estados Unidos, Francia, y Rusia.
En cada una de esas naciones bebió de las concepciones liberales en boga y también en Inglaterra, donde cobró fama de agitador revolucionario.
Diplomáticos de todo el continente europeo coincidieron en calificarlo de "príncipe de las conspiraciones", más estos estigmas no lograron opacar su influjo sobre personas de su generación y entre los más jóvenes.
Algunos de sus más conocidos discípulos fueron Bolívar, José de San Martín y Bernardo O'Higgins, a quienes organizó en logias libertarias y devinieron en estandartes de la independencia americana.
Las experiencias acumuladas en sus incursiones libertarias por el mundo y una incesante búsqueda de conocimientos a través de la lectura posibilitaron a Miranda alcanzar su ideal transformador, cuya vigencia se renueva en estos días.
Los constantes reclamos de las mujeres, favorecidas con el acceso al sufragio hace menos de una centuria, siguen en el centro del debate y este sector poblacional no fue reivindicado de forma total.
Cuestiones esenciales, relacionadas con el matrimonio, los hijos, la educación para la vida, retribución por su trabajo y otros aspectos continúan siendo demandados en esta parte del mundo por las mujeres.
En un contexto marcado por una cultura machista y adultocéntrica, la subestimación es apenas uno de los problemas que afecta a las latinoamericanas en estos tiempos.
Desde niñas, estas son educadas por lo general bajo patrones que de manera tradicional las hacen sentir víctimas de la sociedad y las impulsan a mantener cierta dependencia con respecto a los varones.
La sujeción de las representantes de este sexo a tales consideraciones también en el mercado laboral explica la desproporción entre profesionales hembras y su presencia en puestos de relevancia dentro de sus empresas o en organizaciones sociales.
Por lo general, las mujeres son mal retribuidas por su trabajo con relación a sus contrapartes y se ven obligas a prostituirse, emigrar o trabajar en labores informales, lo que las hace especialmente vulnerables ante la mortal pandemia desatada en el siglo anterior.
Más de la mitad de las personas aquejadas por ese virus en el mundo son mujeres y en Latinoamérica suman dos de cada tres personas de 15 a 24 años.
En igual medida, las niñas están sujetas a este riesgo en el área: entre los adolescentes de 15 a 19 años, cinco o seis pertenecientes a este sector contraen la enfermedad por cada varón en las regiones más afectadas.
Investigaciones reflejaron que una importante proporción de infecciones se deben a la violencia de género en el hogar, la escuela, centros de trabajo y en otras situaciones sociales.
Aquellas obligadas a tener relaciones sexuales a veces hasta por sus esposos están sujetas al mayor riesgo, pese a lo cual los especialistas insisten en que el grado de vulnerabilidad es igual para todas por su fisiología.
La pobreza es otro de los flagelos que afectan a las mujeres que viven al sur del Río Bravo: la mitad de las mayores de 15 años no tienen ingresos propios, mientras que sólo uno de cada cinco hombres está en esa situación.
Carentes de poder social y con escaso acceso a propiedades de tierra, créditos, dinero en efectivo, servicios sociales, instrucción y empleo, miles de estas terminan sujetas a las redes del comercio sexual.
También en las zonas signadas por una cruda violencia social y por conflictos armados, el abuso sexual es considerado por algunos analistas como un instrumento de guerra y deviene práctica constante contra mujeres y niñas.
Al mismo tiempo, la población femenina en Latinoamérica enfrenta la desarticulación familiar: el 20 por ciento de los hogares en la región tienen una mujer sola al frente, lo cual potencia su pobreza.
Esto se suma a una elevada mortalidad materno infantil, que según la Organización Panamericana de la Salud, creció de manera desproporcionada en el último lustro en Haití, Guatemala, Honduras y Perú.
La desatención de los gobiernos de estos países a semejantes fenómenos y a los acuerdos de Beijin (1995), favorables a la inclusión social de las mujeres y a la erradicación de la discriminación por género, obliga a miles de estas a emigrar cada año.
Tal situación justifica el rescate de las enseñanzas de los próceres latinoamericanos, promotores de la independencia y la unidad entre todas estas naciones, pero también del reconocimiento del papel de sus compañeras de lucha en la forja del destino de estas.
Tras las huellas del Plan Cóndor en las universidades sudamericanas

Varios hallazgos, refuerzan la visión de que la vinculación entre civiles y militares para aniquilar a vastos sectores sociales en el contexto de los años 80 del siglo pasado, tuvo su extensión en las universidades latinoamericanas.
Los centros de altos estudios de los países del sur del continente, sirvieron también para la persecución física e ideológica a los identificados como enemigos de los regímenes militares establecidos en la época con el apoyo de Estados Unidos.
Igual que gremialistas, industriales, religiosos, intelectuales, u otros, los estudiantes universitarios estuvieron contemplados en el programa conocido por Operación Cóndor y sujetos al terror que implicó.
Fichas encontradas en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina, demostraron que entre los perseguidos estaban jóvenes argentinos, paraguayos, peruanos, colombianos, ecuatorianos, bolivianos, y otros.
Los nombrados en las listas en cuestión eran estudiantes y docentes expulsados, suspendidos e investigados por ser ajenos a la concepción ideológica propugnada por el Plan Cóndor Universitario.
De ellos, 35 alumnos fueron sancionados y luego desaparecieron sin dejar rastros, precisó el profesor paraguayo Martín Almada, colaborador del proyecto investigativo Cóndor en el Ámbito Universitario. Conspiración contra la Sociedad del Conocimiento.
El doctor en Ciencias de la Educación recordó que el plan cobró la vida de más de 100 mil personas en América Latina, mayormente dirigentes obreros y campesinos, estudiantes, profesores, artistas, periodistas, médicos, religiosos, abogados, e intelectuales.
El único delito de los supuestos subversivos fue haber cargado como armas sus lápices para dibujar países justos, sin exclusiones, solidarios, es decir revolucionarios, añadió el paraguayo.
La finalidad del proyecto de investigación desplegado desde la universidad argentina- con la colaboración de testigos de aquellos hechos en el área- es demostrar que las dictaduras militares sistematizaron la persecución en los centros de estudios superiores.
Almada vivió cómo en esas instituciones latinoamericanas operaron de manera directa agentes militares de alto rango, cuyas informaciones se entrecruzaron de un país a otro, con idéntico propósito criminal.
El Rector de la Universidad Nacional de La Plata en abril de 1972, el doctor Guillermo Gallo, era un ex oficial que había asesorado algunas universidades brasileñas también controladas por los militares, rememoró.Éste contaba con la colaboración a su vez del otrora Agregado Militar de Argentina en Paraguay, coronel Juan Carlos Moreno, quien fungía entonces como Asesor Técnico del Rector.
“Transcurridos 15 años después del descubrimiento del archivo del terror, tengo fuerte evidencia que fue el coronel Moreno el que envió al presidente de mi país, Alfredo Stroessner, un ejemplar de la tesis que defendí en la Universidad de La Plata”, aseguró Almada.
“Paraguay: Educación y dependencia” era el título del trabajo, donde el académico sostenía que en esa nación suramericana la educación beneficia sólo a la clase dominante y está al servicio del subdesarrollo y la dependencia.
En consecuencia, el seguidor de las ideas del brasileño Paulo Freire recibió torturas salvajes 30 días y luego los agregados militares de Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Uruguay- organizados en una suerte de tribunal- lo condenaron por “terrorista intelectual”.
La sentencia emitida por ese ente regional le costó a Almada tres años de cárceles, la muerte de su esposa, la confiscación de sus bienes y 15 años de exilio.
Pero miles de latinoamericanos padecieron igual que él la imposición de un escenario brutal, donde los interventores militares ocuparon los lugares del saber decir, del saber pensar y de modelos a imitar con tal de acabar con sus detractores, manifestó.
El esclarecimiento de estos y otros crímenes cometidos en la época continúa siendo una urgencia para acabar con la impunidad que gozan muchos de los autores de los crímenes, torturas y desapariciones en el ámbito de las dictaduras militares.
Ello constituye a su vez uno de los retos que todavía deben sortear los gobiernos del área en el proceso de la construcción de la institucionalidad