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Resumen

La urgencia de la diplomacia

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Múltiples ejemplos muestran en la cotidianeidad que continuamos sustancialmente muy cerca de la caverna en cuanto a relaciones humanas. La elegancia del vestuario, la posesión de un espectro cultural más o menos amplio, o la exhibición de modales refinados acordes al momento, solemos tirarlos por la borda ante situaciones conflictivas.

Un repaso minucioso de cada jornada asusta cuando constatamos la facilidad con la cual apelamos a las múltiples formas de la violencia ante la más mínima contradicción.

Muecas de mal gusto, expresiones soeces, miradas retorcidas, comentarios a destiempo, ironías, son apenas una arista de tan fatídico estilo de responder y la antesala de enfrentamientos de envergadura donde pueden aparecer incluso artefactos de muerte.

La paz no consiste solamente en la ausencia de la violencia- lo cual sería ya un logro importante- sino también pasa por la colaboración recíproca y por una gama de acciones positivas.

El avistamiento constante de conflictos lejos de causarnos extrañeza, prueba la existencia de otra cara de la condición humana: la de bestia, como enseñó el pionero del psicoanálisis, Sigmeun Freud, en El malestar con la cultura.

Pero no hay conflicto frente al cual no podamos encontrar rutas para su genuina solución o al menos, entendimientos parciales que bajen la temperatura y permitan continuar la marcha sin continuos sobresaltos.

La educación y el fortalecimiento de la autoestima de cada quien desde edades tempranas constituye un cimiento indispensable para llegar a ser diplomáticos de carrera o de vocación. Pero hacer de esta una profesión o convertirla en una actitud ante la vida no significa exactamente rondar en la hipocresía o la falsedad.

Lindorio el incapaz- personaje representado en el espacio televisivo cubano Deja que yo te cuenta- recuerda a quienes amparados en posiciones de mando hacen gala de una falsa diplomacia y erigen un muro contra la comunicación entre compañeras y compañeros de trabajo, colegas o hermanos de luchas.

Nunca es suficiente la labor humana con tal de evitar esos vacios de intercambios y diálogos, máxime porque en ellos está la mejor estrategia contra quienes pretenden atentar contra la paz alimentando de manera sutil la inconformidad entre quienes conviven en nuestro radio de acción.

Para evitar la violencia, directa o indirecta, lo mejor es propiciar el canje de opiniones, conocer las inquietudes de las partes involucradas y obrar haciendo honor a la verdad y a la justicia.

A la verdad hay que entrarle con la manga al codo, como el carnicero en la res, enseñaba nuestro José Martí. Con ella ni se juega, ni se ofende o se humilla.

Pero cuidado: no con la verdad que hemos labrado a partir de conceptos individuales, sino con aquella que nace de cotejar posiciones encontradas y de su medición en una balanza bien equilibrada. Lejos del ego personal y de esquemas prefijados.

La búsqueda del entendimiento entre las personas frente a la natural conflictividad humana supone cierto grado de confianza recíproca y esta sólo se logra con el trato respetuoso y amable.

Los errores de apreciación están a la orden del día. De ellos nacen las contradicciones generalmente. Pero como transmite la sabiduría popular: hablando la gente se entiende y la única vía posible para esclarecer opiniones erróneas es dialogar.

Más, lo que si resulta inaceptable en el diálogo, en la búsqueda de la confianza y del entendimiento, es la mentira. Ir a la mesa de negociaciones armados con mentiras conscientes y hasta lacerantes para las otras partes es renunciar de antemano al éxito sostenido y alentar la búsqueda de soluciones limitadas.

Quien pretenda resolver cualquier conflicto entre humanos debe partir del presupuesto de que también él puede equivocarse y que su conocimiento de la realidad puede ser escaso o erróneo.

Tales variables lo obligan a exponer su verdad de la manera más aceptable posible para el otro y a saber escuchar la de su contraparte con corazón y mente abiertos. A tono con Benedetti: tal vez más lo primero que lo segundo, y también, viceversa.

Un diálogo jamás avanzará mientras lancemos evidencias reales o ficticias al rostro del otro como piedras: ello obligadamente generará mayor confrontación y profundizará las diferencias.

Lo bueno, verdadero y bello, de nuestra propuesta debe presentase serena y amigablemente, con evidente disponibilidad de aceptar otros puntos de vista en aras de marchar juntos, sin pretender humillar al otro.

Las relaciones humanas o diplomáticas en sentido general no pueden establecerse con la pretensión de lograr un consenso o uniformidad absoluta de criterios respecto a tema alguno.

Hace mucho estamos convocados a salvar la especie humana globalizando la solidaridad, la bondad, el respeto, la hermandad y todo aquello sólo dable a los seres pensantes.

En este mundo plural- desde el interior de sus distintas sociedades y a escala global- procuremos la complementariedad enriquecedora y no la uniformidad aplastante.

Ningún lente posibilita avizorar más allá del cenit. Menos, la posibilidad de que tenga fin tanta heterogeneidad por las fuerzas de la razón o por las sinrazones de la fuerza.

Vamos, que la idea no es potenciar la tolerancia ante lo intolerable tampoco: resulta irritante la tolerancia de la explotación de unas personas por otras, la desatención a los infantes, el tráfico de seres humanos, el abuso sexual, en fin…el mar.

Sin embargo, a estas alturas tenemos que ser respetuosos a extremo con las diversas formas de realización humana individual porque la verdad y la eticidad sólo tienen un lugar y no están ligados a escalas de poder.

No siempre el administrador tiene la razón, pero tampoco el administrado, por serlo, es víctima y poseedor de ella.

Mantener la lucidez y la justeza ante situaciones conflictivas es tarea harto compleja. La bondad, la belleza, y la verdad dependen de las razones internas de cada quien, pero hay que alejarse de las apariencias y de la inmediatez.

Las raíces de los problemas con frecuencia están más allá de nuestras narices y llegando a ellas y encarándolas con coraje es como único podemos lograr soluciones definitivas al mal.

Nadie es tan autosuficiente, en el sentido real del término, que no precise de los otros, ni tampoco nadie está tan desvalido que sea incapaz de agenciarse un lugar por si solo.

La diplomacia auténtica es ciencia y arte al servicio de la verdad integral de mujeres y hombres. No tomarla en serio en el día a día- en casa, en el centro de estudios o trabajo, el ómnibus, el parque, la fila en la tienda, en el médico, la oficina pública, etc.- coloca barreras en el camino hacia el alcance de la real condición humana.

Dejemos a las bestias la selva. Por todas y todos, desbrocemos nuestras vidas de conflictos inmovilizadores.

Sábado, 01 de Marzo de 2008 16:04 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

¿La bondad debe legislarse?

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Que la bondad o la solidaridad tengan que legislarse, nunca lograré entenderlo. Más, el avance por la vida suele ponerte frente a situaciones en las cuales comprendes que no todo debe quedar a la espontaneidad y confiando en el buen tino de los seres humanos con ciertas cuotas de poder.

Una trabajadora o trabajador incapacitado temporalmente para valerse por sí solo- y hasta sin familiares o parientes cercanos en condiciones de atenderlo- debe contar al menos con cierta dosis de responsabilidad de sus jefes o administradores.

Cuesta aceptar que quienes día a día exprimen sus posibilidades profesionales, luego se desatiendan totalmente de esa persona cuando no puede servirles para seguir impulsando su gestión. Incluso, que ante la primera ausencia, no atinen a levantar un teléfono para preguntar por el ser humano al cual exigen cada jornada lo mejor de si o cuando menos, ofrecer cualquier tipo de colaboración.

La atenuante no puede buscarse en que la mayoría de los ubicados en esas instancias en empresas o instituciones sean hombres, quienes por la cultura machista, falocéntrica y androcéntrica en la que crecemos, suelen ser justificados por muchas y muchos por su supuesta limitación para los detalles o delicadezas.

Ejemplos sobran de hombres de todas las edades, razas, credos religiosos, ideologías, culturas...en fin, capaces de exhibir las mayores cuotas de sensibilidad humana lejos de rimbombantes discursos.

Un intento de poner coto a la negligencia en casos como el referido trató de ponerse a partir de la institucionalización del encargado de la Atención al Hombre- nombre de por si discriminativo hacia las mujeres- en las secciones sindicales de base.

Pero vuelve a aparecer la añeja interrogante…¿quién le pone el cascabel al gato?

La administración es responsable de todas las horas laborales del trabajador, es decir, de lunes a viernes, según uno de los abogados asesores de la Central de Trabajadores de Cuba, consultado vía telefónica.

Al sindicato compete apenas servir de intermediario ante el ente directivo frente al problema del afectado e insistir en que su caso sea atendido por todos los factores del centro: dígase administración u organizaciones políticas representadas en ese consejo, añadió el especialista, quien prefirió el anonimato.

Sin embargo, la ley no puede señalar lo negativo o ir a particularidades extremas, manifestó e insistió en que todo queda a discreción de los dirigentes implicados.

Tras escuchar al lego pagado por la máxima instancia representativa de los derechos de trabajadoras y trabajadores en el país, queda poco para comentar.

La cuestión es humana. La bondad sólo puede desarrollarse desde la cuna y nutrirse en correspondencia con el tipo de relaciones sociales en el cual la persona alcanza de forma progresiva la mayoría de edad.

Por muchas razones, el sistema de interacción humana prevaleciente en el archipiélago cubano desde hace más de medio siglo puede potenciar altas dosis de camaradería. Los infantes, desde sus primeros pasos y hasta la culminación de estudios, están sujetos a métodos didácticos y pedagógicos estructurados en lograr eso.

Fuera de sus fronteras, este pueblo es admirado por la manera en la que lleva a casi todos los rincones del planeta lo poco con que cuenta para compartir con otros más necesitados.

¿Cómo asumir entonces la paradoja? ¿Puede alguien ayudarme a dilucidar la respuesta?

De momento quedo con lo sugerido por la sabiduría oriental para este día,

“Querida Isabel Soto Mayedo, este es tu Oráculo Ching para el Jueves 6 Marzo:

Kuei: La Contraposición,

No te conviene tratar de armonizar entre sí cosas, personas o situaciones que son incompatibles. Sabes que cada uno tiene sus propias características y es importante que las conserve. Podrás encontrar una vía de la armonía aunque si verás los resultados en un futuro próximo.

Hasta mañana”.

Jueves, 06 de Marzo de 2008 10:18 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Paradojas de la modernidad para las mujeres

20080306220616-flores-alcatras1.jpg Hace algún tiempo corre por la red de redes esta proclama. Sabe dios, elaborada por quién y con qué intenciones. Lo cierto es que un elevado por ciento de mujeres capaces, bien calificadas y aparentemente realizadas en su doble condición de profesionales y amas de casas, dice identificarse con ella.

Ahora, es otra mujer moderna quien me la envía. Quizás, también agobiada por ese papel que asumimos estoicamente día a día con tal de sentirnos menos minimizadas frente al macho de la especie y hacer algo porque las de mañana, tenga menos de que quejarse de sus congéneres.

Allí van las Confesiones de una mujer moderna

Son las 6:00 hrs. A.m. El despertador no para de sonar y no tengo fuerzas ni para tirarlo contra la pared. Estoy acabada. No querría tener que ir al trabajo hoy. Quiero quedarme en casa, cocinando, escuchando música, cantando, etc.

Si tuviera un perro, lo pasearía por los alrededores, limpiaría la casa, haría de comer y descansaría, pero NO!! Tengo que salir de la cama, meter primera al auto y tengo que poner el cerebro a funcionar como una computadora.

Me gustaría saber quien fue la bruja imbécil que tuvo la puta idea de comenzar la lucha por la reivindicación de los derechos de la mujer y preguntarle porqué hizo eso con nosotras, las que nacimos después de ella.

En el tiempo de nuestras abuelas todo estaba bien: ellas se pasaban todo el día bordando, intercambiando recetas de cocina con sus amigas, enseñándose mutuamente secretos de condimentos, trucos, remedios caseros , leyendo buenos libros de las bibliotecas de sus maridos, decorando la casa, podando árboles, plantando flores , recogiendo legumbres de las huertas y educando a sus hijos.

La vida era un gran curso de arte, medicina alternativa, cultivo de la razón y la inteligencia y cocina.

Después se puso mejor: teníamos servidumbre, el teléfono, las telenovelas, el internte!!!!

Cuantas horas de paz nos trajo, a las mujeres, las tecnología y las chachas…hasta que vino una pendejita a la que no le gustaban ni el corpiño ni los corsés y empezó a contaminar a varias otras rebeldes inconsecuentes con ideas raras como “vamos a conquistar nuestro espacio”…qué espacio ni que la chingada…si ya teníamos la casa entera!!!

Todo el cabrón barrio era nuestro, el mundo a nuestros pies!!! Teníamos el dominio completo sobre los hombres; ellos dependían de nosotras para comer, vestirse y hasta para aparentar bienestar delante de sus amigos. Y ahora... ¿donde diablos están ellos?

NUESTRO ESPACIO!!! Ahora ellos están confundidos, no saben qué papel desempeñan en la sociedad, huyen de nostras como el diablo de la cruz. Ese chistecito, la gracia del feminismo, acabó llenándonos de deberes y obligaciones como si fuéramos hombres.

Pero nunca nos libró de los que ya nos tocaban como plantilla desde la cuna por ser mujeres y lo peor de todo, acabó lanzándonos dentro del calabozo de la soltería crónica aguda!

Antiguamente los casamientos duraban para siempre.

¿Por qué, díganme por qué, un género que tenía todo lo mejor, que sólo necesitaba ser frágil y dejarse querer en la vida, comenzó a competir con los machos? ¿A quién jodidos se le ocurrió?

Miren el tamaño de los bíceps de ello y el nuestro…eso estaba muy claro desde le principio…la cosa no iba a terminar bien…ahora no son pocas las que andan con ojos rojos o lesiones en cualquier parte, eso, cuando quedan vivas!

No aguanto más ser obligada al ritual diario de estar flaca como una escoba, pero con tetas y culo duritos, para lo cual tengo que aparte de trabajar matarme en el gimnasio, además de morir de hambre, ponerme hidratantes, antiarrugas, padecer complejo de radiador viejo tomando agua a todas horas, y demás armas para no caer vencida por la vejez, maquillarme impecablemente cada mañana desde la frente al escote, tener el pelo impecable y no atrasarme con las mechas, que las canas son peor que la lepra; elegir bien la ropa, los zapatos y los accesorios, no sea que no esté presentable para esa reunión de trabajo.

No quiero seguir teniendo que decidir qué perfume combina con mi mal humor, ni salir corriendo para no quedarme embotellada por el tráfico y resolver la mitad de las cosas por teléfono, correr el riesgo de ser asaltada, de morir embestida por un autobús, instalarme todo el día frente a una mendiga computadora trabajando como una esclava (moderna, claro está…como si eso hiciera diferencia),y resolviendo los problemas de todo el que se acerca a mi!!!

Todo para salir con los ojos rojos- por el monitor, claro, por que para llorar de amor no hay tiempo-…y seguir recordando que teníamos todo resuelto!!

Cuán elevado es pagar el precio por estar siempre en forma, sin estrías, depiladas, sonrientes, perfumadas, uñas perfectas, sin hablar del currículum impecable, lleno de diplomas, maestrías, doctorados y especialidades y siendo una ejecutiva profesional (o una esclava que le soluciona la vida al haragán de su jefe).

Nos volvimos las súper mujeres ejecutivas pero seguimos dependiendo de los hombres, ganando igual que ellos por hacer el doble del trabajo que ellos jamás hacen en el día y de todos modos siguen siendo los que tienen el poder para darnos órdenes!!! ¿ qué diablos pasó???

¿No era mejor, mucho mejor, seguir tejiendo en la silla mecedora como si no pasara nada?

¡¡¡BASTA!!!

Quiero que alguien me abra la puerta para que pueda pasar, que corra la silla cuando me voy a sentar, que me mande flores, cartitas con poesías, que me dé serenatas en la ventana.

Si nosotras ya sabíamos que teníamos el dominio del Hombre en casa y un cerebro potencialmente más agudo que ellos, para que complicarnos la existencia…¿para quééééé había que demostrárselo a ellos??

Aaah pero tenia que salir alguna marimacha con delirio de inferioridad con sus ideas estúpidas a manipular y vender su idea de los derechos de la mujer. Bonitos derechos!! nos convirtieron en esclavas del trabajo y la soltería!!!

Ay, Dios mío, son las 6:30 AM y tengo que levantarme...

¡Que fría está esta solitaria y grandísima cama! ahhh ... quiero otra vez tener un maridito que llege del trabajo, se siente en el sofá y diga: mi amor…puedes hacerme un poquito de café, por favor??? ...o, ¿mi ángel, qué vamos a comer hoy?...porque en honor a la verdad, descubrí que es mucho mejor servirle una cena casera al que luego comparte conmigo la almohada y hasta el dolor nocturno, que atragantarme con un bocado mal procesado y un refresco mientras termino el trabajo de la oficina que traje a casa para entretenerme.

¿Piensas que estoy ironizando? No, mis queridas colegas, inteligentes, realizadas, liberadas, seducidas y abandonadas…estoy abdicando de mi puesto de mujer moderna!!!”

¿¿¿Qué opinas tú???

Jueves, 06 de Marzo de 2008 14:06 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

La reina negra de América

Un pasaje poco conocido de la Revolución de Haití, la primera y más radical de su tipo en América, es la unción y coronación de María Luisa Codovic.
La primera reina negra del hemisferio occidental recibió su cetro de ébano en 1811- en una ceremonia muy parecida a la realizada por Napoleón Bonaparte en la catedral parisina de Notre Dame un año antes- y sus restos descansan en la tumba de una pequeña iglesia en Pisa, Italia, donde la otrora monarca vivió exiliada.
Tal suerte llegó a la otrora esclava por su vínculo matrimonial con Henri Cristophe, uno de los principales dirigentes de la insurrección antiesclavista y anticolonialista ocurrida de 1791 a 1804 en la porción de la isla La Española en la cual se habían asentado los franceses a fines del XVII.
Apenas 15 años tenía María Luisa cuando conoció a Cristophe, quien de esclavo negro y criado de mesón, hizo una brillante carrera como soldado, general victorioso, presidente (1807-1811) y ascendió al trono como el rey Henri I (1811-1820).
La suerte de la antigua colonia gala, que se convertiría en la de mayor productividad en todas las Antillas, marcó la vida de ambos, provenientes del sector más marginado de la muy estratificada y discriminatoria sociedad.
Pese a su superioridad numérica en el pequeño territorio caribeño, nada disfrutaban los de su estamento de la prosperidad alcanzada como resultado de la evolución de la economía de plantación, instalada por los franceses, y que tanto impulsó la introducción de negros esclavos.
Sobre el trabajo de esa mayoría descansaba el cultivo del azúcar, café, algodón e índigo en las grandes haciendas de Saint Domingue, al mismo tiempo que en la porción española de la isla todas las fuerzas se destinaban a la producción ganadera.
El espectacular proceso de crecimiento económico de la parte francesa de La Española comenzó a partir de 1783 por el aumento de la productividad, que hizo mucho más competitivos los costos de producción en relación con los de sus rivales británicos.
Saint Domingue desplazó a Jamaica y Barbados de su condición hegemónica en la generación y comercio azucareros, pero el incremento del número de ingenios requirió de una cantidad excesiva de esclavos.
Varios investigadores calculan que en vísperas de la Revolución Francesa llegaban a la colonia caribeña cerca de 30 mil negros cada año, por lo cual de los 172 mil esclavos que había en 1754, se pasó a 240 mil en 1777.
Ya en 1789 eran más de 450 mil los negros africanos en Saint Domingue, lo que suponía el 85 o el 90 por ciento de la población, cifra muy por encima de la registrada en toda la América española entonces.
Pero en el substrato de ese progreso se estaban gestando las contradicciones que amenazarían con posterioridad al sector azucarero, base económica de la riqueza alcanzada.
Por una parte, plantadores o grandes propietarios blancos se veían perjudicados por el control de los comerciantes franceses sobre la trata y las refinerías de azúcar construidas en los principales puertos metropolitanos.
El resentimiento acumulado por ese sector alentó el deseo de imitar a los independentistas norteamericanos para escapar a las presiones ejercidas desde la metrópoli, pero por debajo de sus intereses estaban los de casi 40 mil pequeños blancos.
Burócratas, soldados, pequeños plantadores, comerciantes, administradores de plantaciones, entre otros, mantenían una muy tensa relación con los cerca de 28 mil mulatos libres, propietarios de casi la tercera parte de estas plantaciones y de los esclavos de la colonia.
La clave de esa paradoja radicaba en que la legislación francesa reconocía el derecho de sucesión para los hijos de blancos y esclavas negras reconocidos por los padres.
Pero los negros llevaban la peor parte, por lo cual los aires de libertad, igualdad y fraternidad que soplaron desde la metrópoli en 1789 pronto despertaron el espíritu libertario, ante la ambigüedad de posiciones adoptadas por sus propietarios.
Los colonos o grandes blancos, principalmente franceses, vieron en la Revolución una vía para lograr la satisfacción de sus reclamaciones socioeconómicas a través de sus asambleas y trataron de impedir cualquier acción abolicionista con el apoyo de los pequeños blancos.
Unos y otros fueron desoídos por las autoridades francesas, pese a lo cual demostraron su disposición a reprimir cualquier postulado igualitario que amenazara sus privilegios en Saint Domingue, como el enarbolado por los mulatos o gentes de color en 1790.
La sublevación encabezada por Vincent Ogé y reprimida por esos sectores sirvió de preludio a la convocatoria lanzada por los negros en Bois Caiman, el 23 de agosto de 1791, donde se llamó a la lucha contra la esclavitud.
Dirigidos por Boukman, sacerdote del vodú, los más discriminados se lanzaron a la conquista de sus derechos y terminarían radicalizando el proceso anticolonial al defender también la idea de la independencia.
A la muerte de su guía espiritual, surgieron otros líderes como Francoise Dominique Toussaint (Louverture más tarde, cuando alcanzó la cima de su grandeza), Jean Jacques Dessalines, Henri Christophe y los mulatos libres Andrés Rigaud y Alexandre Pétion, entre otros.
Christophe, devenido ídolo del pueblo, fue elegido presidente del Estado haitiano fundado en el norte del territorio en 1806 y enseguida demostró sus intenciones de situar a su nación entre las más relevantes de la época.
La construcción del suntuoso Saint Souci, el más hermoso edificio residencial de toda la América, en opinión de sus contemporáneos, y de la fortaleza la Ferriere, con huecos para 355 cañones, bien reflejan esa realidad.
A cuatro años de llegar al poder, Cristophe se proclamó Henri I y el 12 de junio de 1811, en una catedral improvisada al efecto, el arzobispo Cornelle Brelle depositó las coronas sobre su cabeza y la de su esposa, y los ungió con aceite de coco.
Es posible que al mismo tiempo, como señaló el historiador y periodista español Juan Balansó, Napoleón se estuviese mordiendo las uñas ante aquel calco de su propia coronación, donde sólo el cetro de oro había sido reemplazado por uno de ébano.
Mientras, Henri I creaba su corte con ocho duques, 22 condes, 27 barones y cuatro caballeros, escogidos entre sus antiguos compañeros de lucha y con sugerentes apelativos como duque de la Mermelada, conde de la Limonada y barón del Cacao.
El llamado Napoleón negro era para muchos el rey de hierro, pero María Luisa siguió siendo reverenciada por ser una monarca bondadosa, capaz de asimilar como suyo a Armando Eugenio, fruto de una relación anterior tenida por su esposo.
Tanto amor se profesaba la pareja, según la correspondencia intercambiada entre ambos, que la fecha de su matrimonio, 15 de julio, fue decretada por Cristophe festividad nacional en homenaje a la esposa.
Pero la monarquía terminó convirtiéndose en un régimen despótico que motivó una sublevación popular. Esto, junto a la apoplejía que comenzó a padecer, influyeron en la decisión de Cristophe, de suicidarse el 8 de octubre de 1820, a los 53 años.
María Luisa y sus dos hijas partieron al exilio, primero a Inglaterra y luego a Italia, ante la terminación del reinado, pese a lo cual su condición de viuda de jefe de Estado fue respetada por mucho tiempo.
Los días de la primera reina negra de América se ensombrecieron con esa partida y, peor aún, cuando en Europa hubo que amputarle una pierna como resultado de una infección, acompañada por una neumonía, que terminó con su vida en marzo de 1851.
Lunes, 17 de Marzo de 2008 01:05 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Latinoamérica: Propuestas integracionistas contemporáneas

La integración es la clave de la salvación para América Latina: la unidad es indispensable como medio de autodefensa para mantener la libertad.

Para concretar estas aspiraciones, sugirió el filósofo mexicano Leopoldo Zea, será determinante elaborar programas educativos capaces de incentivar el respeto a lo autóctono, la libertad y la búsqueda de una efectiva relación entre todos los pueblos de esta área.

"El viejo sueño de la integración latinoamericana ha sido intentado, una y otra vez, por la política y la economía. Sin embargo, la falta de una conciencia integracionista impidió que el mismo fuese realidad…", señaló.

"Difíciles han sido, igualmente, los intentos para la integración por la vía económica. Intereses diversos han impedido su posibilidad. Pero existe otra vía…la de la integración por la educación y la cultura".

Para este pensador, el día en que toda la niñez latinoamericana, jóvenes y adultos tengan conciencia de lo que tienen de común con el resto de los pueblos de esta región, la integración se dará por añadidura.

"Conciencia de lo común sin negación de lo peculiar y lo propio. Conciencia de que además de ser brasileño, mexicano, argentino, etcétera, se es latinoamericano", puntualizó.

El proyecto de integración en la libertad, actualizado por este destacado intelectual del siglo XX, tiene como eje articulador el proceso de descolonización, porque parte de la conformación de un modelo auténtico basado en la libre determinación de estos países.

Zea promocionó un pensamiento autonomista en esta región e insistió en varias de sus obras en que la liberación total de las naciones latinoamericanas comenzaría a partir de que sus pobladores tomaran conciencia de la dependencia forjada por la tradición.

La búsqueda de la integración en el subcontinente debe sustentarse en la solidaridad, identificación de afanes comunes, similitud de acción de seres humanos y pueblos, y el diálogo.

Tales requisitos posibilitarán adelantar el proceso encaminado a lograr la unidad en la libertad y evitar la transformación de esta en anarquía, diagnosticó de manera temprana.

Pero esta modalidad integracionista debe tener como fines prácticos el progreso y la paz: "desde este punto de vista, teniendo a la unidad de los pueblos latinoamericanos como punto de partida para la unidad de las dos Américas y saltar después a la de todos los pueblos".

La integración en la libertad tendría como corolario la construcción de un mundo donde lo humano alcanzara la realización plena sin desatenderse de la aportación de la experiencia latinoamericana en la concreción de las aspiraciones de las sociedades de las restantes regiones del planeta.

Cualquier proyecto unificador, en su opinión, debe tener en cuenta que todos los hombres son iguales por ser distintos, iguales por poseer un rostro, una carne, una situación social y una cultura, y que por ello se asemejan al resto de los hombres y de los pueblos.

La cuestión de la identidad, el sujeto y la resistencia en Latinoamérica resultan temáticas interrelacionadas y complejas también en el pensar del brasileño Darcy Ribeiro.

En obras como El dilema de América Latina, este intelectual demostró su afán de describir y analizar, de manera multidisciplinaria y sistemática, los procesos sociales, culturales y económicos de los países de esta región.

Clave legada por este, en base a sus evaluaciones de la contemporaneidad en el subcontinente, fue la necesidad de aunar la teoría y la práctica desde una pronunciada inclinación latinoamericanista destinada a recuperar caminos propios.

Estas vías autopropulsadas garantizarían a mujeres y hombres de pensamiento en esta zona crear nuevos marcos conceptuales, capaces de reflejar de forma más fidedigna la realidad de estos países.

La propuesta gira en torno a la reivindicación de la identidad latinoamericana, orgullosa de su pasado pero dispuesta a despojarse del sentimiento autodestructivo de la inevitabilidad de un destino de opresión cultural, económica y política.

Aunque el proceso de globalización parece no dejar espacio para alcanzar este ideal, es preciso continuar la búsqueda de una identidad o identidades que permitan deslindar entre lo propio, lo ajeno y lo espurio.

Los investigadores Marcelo Colussi y Guillermo Guzmán coinciden con Zea y otros pensadores en que la educación popular es un requisito sin el cual no puede darse la integración y para eso es necesario indagar a fondo acerca del conocimiento y del pensamiento, sus alcances y sus posibilidades.

En América Latina atentaron contra la integración durante el siglo XX varios mecanismos ideados más allá de sus fronteras, como la Organización de Estados Americanos y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca.

Estas iniciativas, que contaron con el apoyo de gobiernos venales al sur del río Bravo, constituyeron expresiones del "panamericanismo" propugnado desde etapas precedentes por la derecha norteamericana y se camuflaron tras una falsa intención de unificación.

Programas impulsados hoy por países de esta América nuestra potencian la reanimación de los vínculos afectivos entre los distintos pueblos, el reconocimiento mutuo y las constantes pesquisas de nuevas vías o instrumentos de colaboración.

 

Lunes, 17 de Marzo de 2008 01:09 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

VIH/SIDA: espada de Damocles sobre millones de latinoamericanos

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A pesar de campañas y estrategias políticas encaminadas a contrarrestar la incidencia del mortal Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH/SIDA), poco se logró disminuir su expansión por Latinoamérica.

Es más, la Organización Mundial de la Salud y del Programa Conjunto de las Naciones Unidas para el VIH/SIDA (ONUSIDA) prevén que el número de infectados por la pandemia desatada en la centuria anterior abarcará a casi 3,5 millones de personas en 2015.

Esta cifra superará con creces los dos millones de personas que procuran sobrevivir en el área a la infección del virus y, en otro orden, a la marginación social de que son objeto por cuenta de ello.

Cada año, el VIH/SIDA cobra 90 mil vidas en esta parte del mundo, pero en menos de una década podrían morir otros 1,5 millones de latinoamericanos y caribeños.

Especialistas coinciden en que el contagio de la enfermedad, aún sin posibilidades de cura, responde al panorama similar existente en la mayoría de estas naciones, sujetas a los esquemas neoliberales.

La creciente pobreza, migración, falta de liderazgo y homofobia, entre otros, se suma al pobre seguimiento de las autoridades sanitarias al problema en detrimento de los sectores más vulnerables.

Por lo general, los gobiernos de estos países esgrimen la escasez de recursos y las debilidades de las economías locales para justificar los limitados proyectos de investigación implementados al efecto y la reducida difusión de los posibles patrones de transmisión.

Otro problema que enfrentan los condenados por la epidemia es el dificil acceso a los medicamentos antiretrovirales, que pueden mejorar y hasta alargar en cierta medida su existencia.

En Brasil, por ejemplo, el gobierno articuló un programa destinado a ofrecer esos fármacos a los pacientes aquejados del virus, pero el ascenso progresivo de los precios de éstos por parte de las poderosas transnacionales farmacéuticas amenaza su futuro.

A su vez, mientras el gobierno de Luis Inacio Lula Da Silva procuró ahorrar en costos al manufacturar varios de los medicamentos más antiguos, algunos empresarios desestimaron la copia de nuevas preparaciones alegando respeto a las patentes establecidas.

Estos, en vez de actuar en función de aliviar a los enfermos de SIDA, negociaron con compañías farmacéuticas extranjeras para obtener mayores dividendos.

Contrario a lo previsto, la nación más pobre de este hemisferio y de mayor incidencia del VIH/SIDA, Haití, constató una leve parada en los ritmos de crecimiento, según varias fuentes.

Más, con una tasa de prevalencia en adultos de 3,8 por ciento, continúa clasificando como la nación más afectada del área con el 85 por ciento de los casos y como la segunda más alta en el mundo después de países del Africa Subsahariana.

Mientras, la República Dominicana registra un 1,1 por ciento, es decir, menos de un tercio de su vecino, con el cual comparte la isla La Española.

En lo que a Argentina respecta, la presencia del mal sufrió algunos cambios: antes liderado por homosexuales y personas dadas a drogarse por inyección, ahora abarca mayormente a los proclives a relaciones entre representantes de ambos sexos.

El 50,7 por ciento de los pacientes en ese país del cono sur adquirió el VIH/SIDA durante relaciones heterosexuales y las mujeres representan casi el 0,6 por ciento de infectados al finalizar 2005, según datos oficiales.

Caso particular constituye México, donde la propagación de la epidemia está ligada a hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres, migración, la industria del sexo y el uso de drogas inyectadas cerca de la frontera con Estados Unidos.

Pese a que la pandemia en ese territorio norteño no se esparció tan rápidamente como se temía, los epidemiólogos aseguran estar preocupados por el contagio heterosexual en comunidades rurales.

La migración es otra fuente de preocupación para los especialistas, porque suele aumentar el riesgo del contagio: lejos de sus familias, muchos migrantes suelen tener más parejas sexuales, consumir drogas, alcohol y contratar trabajadores del sexo con mayor asiduidad.

Cual espada de Damocles, la enfermedad más temible de estos tiempos acecha a millones de latinoamericanos y, en especial, a los jóvenes, coinciden los entendidos.

Ya en 2004, había 40 millones de adultos e infantes viviendo bajo el riesgo de morir por el virus en el subcontinente, mientras que unos 510 mil fallecieron por patologías relacionadas con éste y 640 mil fueron infectados.

Como en otros órdenes, las mujeres llevan la peor parte en esta historia: la mortal enfermedad tiene mayor incidencia en ese sector poblacional que en sus contrapartes masculinos.

Lunes, 17 de Marzo de 2008 01:11 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

La indetenible búsqueda del anunciado paraíso

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Ni la construcción de muros contentivos por parte de Estados Unidos, ni otras estrategias contrarias a los derechos humanos detendrán el movimiento migratorio que despegó en Latinoamérica hace más de medio siglo y que hoy alcanza proporciones desmesuradas.

Estadísticas acopiadas por varios organismos internacionales revelan que en el último lustro se incrementó de forma considerable el flujo de personas de esta región, empeñadas en alcanzar el paraíso prometido por los poderosos medios de comunicación globalizados.

A pesar de las frustraciones que enfrentan muchos en el riesgoso camino hacia el norte y del irrespeto que luego deben sortear en los países receptores, los emigrados del área sumaron 25 millones en 2005.

Esta cifra, que marcó la superación de los 21 millones registrados cinco años antes, equivalió al 12 por ciento del total de 200 millones de personas en esa situación en todo el mundo.

Tal proceso seguirá dándose con idénticos volúmenes en las décadas venideras, acarreando para estas naciones la pérdida de poblaciones en edad productiva, la trata de personas, el tráfico de emigrantes y la constante movilidad, coinciden estudiosos de estos temas.

Tendencia tan cuestionada sólo podrá ser contrarrestada impulsando seriamente el desarrollo económico de los países de la zona, donde el porcentaje de personas forzadas a buscar oportunidades más allá de las fronteras locales asciende a un ritmo del cuatro por ciento.

En otros términos, por cada inmigrante que llega a Latinoamérica y el Caribe, cuatro procuran abrirse camino fuera de manera temporal o definitiva para evadir la pobreza que enfrentan en sus naciones y contribuir al bienestar de sus familias.

México, territorio más cercano al principal país receptor de emigrantes del subcontinente, clasifica como el mayor aportador en este proceso, con más de nueve millones de ciudadanos con ese status.

Aunque el 17 de mayo de 2006 el Senado estadounidense aprobó la construcción de un muro de 595 kilómetros a lo largo de la frontera común, en su etapa inicial, y de 800 kilómetros de barreras para impedir el paso de automóviles, esa cantidad sigue en ascenso.

Los miembros de la Comunidad del Caribe, con casi dos millones de emigrados, y Colombia, sujeto a constantes enfrentamientos armados y altos niveles de violencia por más de cuatro décadas, con un millón y medio, clasifican luego en ese listado.

Datos de la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL) reflejan que los países con menos magnitudes de emigrados oscilan entre los 100 mil y 450 mil, como es el caso de Bolivia, Chile, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Uruguay y Venezuela.

Múltiples factores inciden en el aumento progresivo de esas estadísticas, que pueden variar y determinar la colocación en un orden diferente a estos países si son consideradas en términos relativos.

El flujo migratorio protagonizado por millones de latinoamericanos y caribeños acarrea la constante pérdida de capital humano, en especial, de la población altamente calificada.

De ese modo, la consolidación de una masa crítica de conocimiento en estos territorios se ve sujeta a un constante riesgo y ello reduce las posibilidades de contar con profesionales de valía para aumentar la competitividad.

En cambio, Estados Unidos y otros receptores de emigrantes reciben de manera continua grandes contingentes de mano de obra barata sin haber invertido recursos financieros o de otro tipo en su formación.

Por lo general, estas personas asumen las labores menos reconocidas dentro de la escala social y peor remuneradas en casi todos los países receptores, pero en especial en la tierra del Tío Sam.

La población latinoamericana y caribeña residente en Estados Unidos, según datos del organismo surgido en 1948 bajo el auspicio de la Organización de Naciones Unidas, alcanzó los 18 millones en 2005, es decir, más de la mitad del total de los emigrantes de esta área.

Más, en los últimos años, los destinos posibles de ese grupo humano se diversificaron por la confluencia de las variables que inciden en la expulsión y el aumento de la demanda de trabajadores especializados.

En la multiplicación de destinos también influyeron la estructuración de importantes redes sociales en los países más avanzados económicamente, los vínculos históricos y la interrelación creciente a escala personal por efecto del empleo de tecnologías más abarcadoras para la comunicación.

Las investigaciones demuestran que alrededor de tres millones de latinoamericanos se encuentran fuera de este continente en semejante condición, la mayoría de ellos en Europa.

Mientras los sudamericanos prefieren probar suerte por lo general en Francia, Italia y Portugal, España sigue siendo la elegida por la más de la mitad de los emigrados de esta parte del mundo.

Los caribeños anglo-parlantes o de habla francesa, en cambio, suelen dirigirse hacia Inglaterra y Holanda, amparados en algunos casos por los vínculos establecidos bajo el status colonial.

Aunque en menor cuantía, Canadá, Japón, Australia e Israel, cuentan también con comunidades de emigrados oriundos de esta región, según CEPAL.

Poco interesadas en revertir la depauperación socioeconómica que enfrentan sus pueblos, autoridades gubernamentales y políticos neoliberales miran con beneplácito el fortalecimiento del flujo migratorio hacia el norte.

Esta actitud se basa en el supuesto papel que desempeñan las remesas de dinero enviadas por estas personas a sus familiares, consideradas por varios especialitas como reactivadoras de las endebles economías locales.

Para el 2005, el Banco Interamericano de Desarrollo previó que el monto de los envíos monetarios de los emigrados hacia el subcontinente ascenderían a 55 mil millones de dólares, 10 mil millones más que durante el 2004 y casi el doble que durante el 2002.

Tales pronósticos fueron superados en algunos casos particulares y aún persiste la inclinación al alza en estos registros, corroboran diversas fuentes oficiales y foros regionales.

México, Brasil, Colombia y El Salvador son los países que reciben mayor volumen de dinero en esta parte del hemisferio, contrario a lo que perciben Trinidad y Tobago y Uruguay.

Economistas alertaron que el llamado pulgarcito de Centroamérica mantiene una mayor dependencia de estos envíos en toda el área, ya que representan el 13,5 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB).

Tales registros y la movilidad generada por las remesas explican en parte su incidencia en el ámbito político de distintos países Latinoamericanos, donde en casos específicos fue esgrimida para inclinar la balanza a favor de candidatos presidenciales.

Si se considera la relación entre envíos monetarios y proporción del volumen total de la economía, los países pequeños con ingresos medios o inferiores clasifican como los principales receptores.

Sólo para Nicaragua estos representa un porcentaje mayor que para El Salvador, donde asciende al 15 por ciento anual.

Otros países para los cuales las remesas tienen un peso relativo importante son: Honduras (10,7 por ciento de su PIB), República Dominicana (9,1 por ciento), Guatemala (6,8 por ciento) y Ecuador (5,9 por ciento).

Durante los más de cuatro siglos de existencia que acumulan, los movimientos migratorios en Latinoamérica y el Caribe estuvieron vinculados a una amplia serie de factores de índole histórica, política, económica, cultural y demográfica.

La exportación forzada de negros africanos, ligada a la conquista y colonización del continente, y la necesidad de muchos europeos, sobre todo del sur, de buscar nuevos horizontes, arrastró hacia la región amplios contingentes de población foránea.

También de forma indistinta y en menor medida, chinos, japoneses, y personas provenientes de otros países asiáticos o del Medio Oriente llegaron a estas tierras.

Pero hacia la década de 1950, el subcontinente se transformó vertiginosamente de receptor de migración en expulsor constante de personas por este concepto.

Vista también como una válvula de escape a la que apelan los seres humanos para alejarse de los lugares donde no se consiguen opciones de desarrollo genuinas, la migración internacional mantiene vigencia.

En el ámbito latinoamericano, esta se refuerza ante la falta de perspectivas de futuro debido a la desatención estatal y deviene muchas veces en frustración.

Quienes logran sobrevivir en el tortuoso camino hacia el american way of life no siempre logran revertir la calidad de sus vidas, en cambio, suelen chocar con la burla total a sus derechos ciudadanos.

Lunes, 17 de Marzo de 2008 01:18 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

El rostro femenino de la pobreza en Latinaomérica

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Lejos de regocijarse, numerosas madres latinoamericanas lloran la suerte de traer una niña al mundo porque nacer mujer en esta porción del continente supone la pertenencia a una nueva clase de servidumbre.

Desde hace más de dos décadas, la pobreza avanza por Latinoamérica con rostro y vestuarios femeninos: trabajar de manera informal, inmigrar o prostituirse, son las escasas opciones que quedan a las representantes del mal llamado sexo débil para sobrevivir.

En un ámbito marcado por el predominio de las normas neoliberales, la mitad de las mayores de 15 años no tienen ingresos propios, mientras que sólo uno de cada cinco hombres está en esa situación. La Organización Internacional del Trabajo asegura que en países como Argentina, Uruguay, Perú, México, Chile y Brasil, la tasa de desempleo femenino representa 1,4 veces la registrada entre los varones.

Otras fuentes añaden que las mujeres jefas de hogar cuentan con menos ingresos monetarios que sus contrapartes masculinas, tanto en los hogares pobres como en los de mayor ingreso.

Esto se explica porque, a pesar de las leyes existentes, este sector continúa sufriendo la desatención y la negligencia del sistema legal en casi toda Latinoamérica y el Caribe.

Aunque las luchas feministas en el subcontinente acumulan más de dos siglos, los avances en cuanto a la equidad y el respeto a este grupo poblacional son muy desiguales y lentos, opinan estudiosos y defensores de los derechos de este sector.

La violencia intrafamiliar, de la pareja, y hasta de una gran parte de la sociedad, acechan de manera constante a las mujeres en la mayoría de los países latinoamericanos.

Desde el propio seno familiar, ellas son poco apreciadas al repartir la renta y la educación para la vida se desatiende de las pautas de igualdad, al regirse por los patrones vigentes en los trillados caminos de género.

Tales consideraciones prevalecen a su vez en el mercado laboral, donde todavía es muy desigual el número de mujeres profesionales con relación a la presencia de estas en cargos de dirección de organizaciones y administraciones públicas. Suele ocurrir además que los salarios destinados a pagar los servicios de ellas siguen siendo más bajos que el de sus compañeros de labores en un mismo puesto.

Pesquisas de la Organización de Naciones Unidas (ONU) sugieren que si a las mujeres se les ofreciera idéntico apoyo que a los hombres, aumentaría el rendimiento de los cultivos en el agro, en un 20 por ciento. En Sudamérica, el producto nacional tendería a incrementarse en más de un cinco por ciento de eliminarse las desigualdades de género en el mercado de trabajo.

Las mujeres son propulsoras de progreso y en la medida en que se rompen los esquemas machistas tradicionales, estas promueven el desarrollo de las sociedades en las cuales se desenvuelven, afirman estudiosos de estos temas.

Por tales razones, los Estados deben apostar por la educación y el acceso al trabajo de las mujeres, con lo que propiciarán al mismo tiempo la ruptura con la recirculación de la pobreza y de la miseria creciente en estas tierras.

Representantes de organizaciones feministas insisten en la urgencia de reclamar a los gobiernos políticas sociales encaminadas a reducir la falta de equidad más allá del discurso.

Estas luchas poco distan de las iniciadas por las feministas en Latinoamérica desde inicios del siglo XIX, en el ámbito de los procesos independentistas que dieron al traste con el dominio hispano portugués en estas tierras.

A partir de entonces, la presencia femenina tendió a activarse en circunstancias de conflicto y su papel a subestimarse superadas estas, por lo que se vieron obligadas a reclamar sus derechos en reiteradas ocasiones.

Latinoamérica vivió múltiples situaciones de tensión política o confrontaciones, en las cuales nunca se visibilizó la violencia sexual contra la mujer. Millares de mujeres maltratadas se vieron obligadas a abortar, a usar métodos de control de fertilidad o servirle a los actores armados en el orden sexual.

Estadísticas oficiales dan cuenta de tres mil 399 violadas en centros de detención en distintos territorios latinoamericanos, pero hay razones para creer que la realidad supera con creces esa cifra.

Miles de detenidos durante las dictaduras militares que asolaron a estos países entre los años 70 y 80 del pasado siglo aseguraron que esas prácticas eran comunes en las cárceles y algunos insisten en su vigencia.

Los registros admiten además la ejecución de programas masivos de esterilización forzada en algunas naciones, como resultado de lo cual casi 200 mil peruanas quedaron incapacitadas para procrear.

Atrapadas en el ciclo de la pobreza, las mujeres latinoamericanas carecen del acceso a los recursos y los servicios necesarios para transformar la situación, lo cual se agrava a partir del recrudecimiento de la globalización.

La vinculación cada vez mayor de la economía a los mercados mundiales suele incidir en la reducción de los gastos públicos y de los programas sociales, trasladando el costo a las familias, donde suelen ser ellas las que llevan sobre sus hombros la carga adicional.

Las diferencias de género en la nutrición de mujeres y hombres guardan relación con la pobreza, la distribución de los alimentos, pero en especial con la profunda y arraigada discriminación de género, afirman informes de la ONU.

Estos insisten en que las mujeres constituyen casi el 70 por ciento de los habitantes del planeta, pese a lo cual son las más proclives a padecer por la miseria, la marginación y la violación de los derechos fundamentales.

Ellas representan dos tercios de los analfabetos del orbe y medio millón muere cada año durante el embarazo o el parto, al mismo tiempo que la mayoría de los mil 500 millones de personas que viven con un dólar o menos al día son mujeres.

Organismos sanitarios internacionales coinciden en que el mortal Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, sin posibilidades de cura aún, tiene mayor incidencia en este género que en sus contrapartes.

Casi al término de los años 90 se comprobó que en los países menos desarrollados, 450 millones de mujeres adultas fueron raquíticas durante su niñez por causa de la desnutrición y 250 millones siguen en riesgo de sufrir desórdenes por la insuficiencia de hierro y yodo.

Hasta la fecha, alrededor de dos millones de mujeres quedaron ciegas debido a una insuficiencia de vitamina A y 745 millones son anémicas.

Estas cifras desmienten la asunción y ejecución de programas gubernamentales favorables a las mujeres, en correspondencia con lo acordado hace más de una década en Beijing con el ánimo de contrarrestar la discriminación y desigualdad de géneros.

Lunes, 17 de Marzo de 2008 01:46 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

La desnutrición infantil, legado neoliberal

20080317095533-nino-de-precario.jpgResultado de las políticas neoliberales aplicadas en la mayor parte de los países latinoamericanos y caribeños desde los años ochenta del pasado siglo, 8,8 millones de niñas y niños menores de cinco años padecen desnutrición crónica.

El tema, abordado en un estudio por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), resulta alarmante si se considera que el llamado déficit de talla para la edad aqueja al 16 por ciento de los pobladores de esta región.

Guatemala, nación situada en el centro del continente, es el país de mayores índices de desnutrición en toda la región y sus estadísticas superaron los promedios de países de Asia y Africa.

De 1995 a 2002, el 46 por ciento de los infantes guatemaltecos padeció de desnutrición crónica, por encima del 29 por ciento registrado en estos territorios.

Ecuador reportó en igual período un 27 por ciento de niños afectados por ese padecimiento, seguido por Bolivia y Perú, donde las dificultades para acceder a una alimentación sana redundaron en 26 y 25 por ciento, de manera respectiva.

El hambre y la desnutrición, derivada de esta, logran penetrar de manera mucho más agresiva en las comunidades indígenas y en las integradas por descendientes de afroamericanos, aseguró CEPAL.

Estos sectores poblacionales son los más marginados dentro de las sociedades latinoamericanas y suelen sobrevivir en áreas rurales, de escaso acceso al agua potable y carentes de sistemas de alcantarillados.

A estos factores puede añadirse el bajo nivel educacional prevaleciente en estas familias, cuyas niñas y niños se ven obligados a trabajar desde edades tempranas para colaborar con la resquebrajada economía hogareña.

Desplegar políticas de Estado integrales de largo plazo y con la participación activa de todos los actores, fue la recomendación de CEPAL para contrarrestar estos problemas.

En ese sentido, debe priorizarse la atención a los menores de tres años de edad, mujeres embarazadas y en periodo de lactancia, que se encuentran en momentos críticos de vulnerabilidad nutricional dentro del ciclo de vida.

Aunque algunos de estos gobiernos suscribieron la Convención sobre los Derechos del Niño y otras disposiciones destinadas a la protección de la infancia, sus practicas de Estado están muy alejadas de esos acuerdos.

Por lo general, estos temas están incluidos en las campañas electorales de los futuros presidentes, alcaldes, legisladores y funcionarios en general, que se desatienden de sector tan vulnerable al llegar al poder, coincidieron analistas.

Desde 2004, el Programa de Naciones Unidas para la Infancia constató que cerca del 60 por ciento de las niñas y niños de Latinoamérica y el Caribe vivían sumidos en la pobreza y la tendencia al ascenso de esa cifra.

La aplicación de las estrategias neoliberales durante las últimas décadas impidió superar los niveles de depauperación en el subcontinente, admitió incluso el Fondo Monetario Internacional.

Este organismo financiero, reconocido por su defensa a ultranza de las supuestas ventajas de esa política y uno de sus principales promotores desde los años ´80, aceptó además que ese modelo económico sólo exacerbó la desigualdad en esta región.

El presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, declaró que Latinoamérica enfrenta no sólo un rezago en lograr un mejor desempeño de su aparato productivo, sino también en distribuir los beneficios "cuando hay crecimiento".

Para los economistas, eso se traduce en que sólo una pequeña élite se apropió de los beneficios del tímido crecimiento de esta zona, en vez de favorecer la salida del estancamiento y la pobreza como habían asegurado sus impulsores.

El neoliberalismo trajo consigo despidos masivos, incremento de horas de trabajo, reducción de la estabilidad laboral y beneficios sociales en general, de servicios y empresas estratégicas, liberalización de impuestos a las transnacionales.

También este esquema de desarrollo, devenido ideología, redundó en la apertura de mercados y la liquidación de las industrias nacionales, y, por consoiguiente, en el redoblamiento del desajuste estructural de las economías latinoamericanas.

En consecuencia, la pobreza adoptó múltiples formas de expresión en esta región, la de niveles más elevados de desigualdad en el mundo y donde el futuro sigue amenazado por la desatención gubernamental a los problemas que aquejan a tan vulnerable grupo poblacional.

Lunes, 17 de Marzo de 2008 01:55 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.


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