Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2008.
Resumen
- 09/05/2008 13:36 - Ecos de la Cumbre Regional Sobre Sobernía y Seguridad Alimentaria
- 12/05/2008 11:30 - Comercio de esclavos y monopolios negreros en el Caribe
- 20/05/2008 09:55 - Claves invisibilizadas de la crisis alimentaria
- 20/05/2008 11:38 - Mujeres- No estamos perdidas!!!
- 26/05/2008 06:39 - Reverso de la crisis alimentaria en El Salvador
Ecos de la Cumbre Regional Sobre Sobernía y Seguridad Alimentaria

Las posturas de El Salvador, Costa Rica y México, ante los acuerdos de la Cumbre Regional sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria, reflejó algunas de las razones de la incidencia de la crisis alimentaria en Latinoamérica.
El apego al neoliberalismo- base ideológica de los tratados de libre comercio firmados por los gobiernos de esas y otras naciones con Estados Unidos- subyace en el fondo de tales actitudes y en el desajuste estructural de casi todas las economías del área.
La supuesta falta de acuerdos en una reunión es un modo de definir posiciones, coincidieron especialistas, en alusión a la insistencia de medios de difusión en el rechazo de los tres mencionados al documento final de la cita.
Estos eran partidarios de incluir en el acta medidas de apoyo a los biocombustibles y excluir juicios de valor contrarios al neoliberalismo, más sus criterios chocaron con los de los representantes de la mayoría de los países del subcontinente.
Arias, por ejemplo, declaró que participaba en el cónclave celebrado el 7 de mayo en Nicaragua para colaborar en la búsqueda de soluciones a la crisis alimentaria en avance.
Pero a pesar de sus críticas a la hipocresía y falta de voluntad de los países desarrollados ante el incremento del problema en esta parte del mundo, objetó lo decidido por quienes rechazaron al libre comercio, comentó el diario costarricense La Nación.
En la reunión, recordó la publicación tica, los representantes de varias naciones latinoamericanas y caribeñas coincidieron en la inconveniencia de seguir las pautas de ese modelo de desarrollo en la zona y llamaron a la unidad para frenar la crisis.
No podemos permanecer pasivos y ver como la alimentación de nuestros pueblos depende de los países más ricos, expresó el presidente haitiano, Reneé Preval, quien conminó a unirse para solucionar la situación.
Su homólogo nicaragüense, Daniel Ortega, cuestionó a los adalides del neoliberalismo, los organismos financieros internacionales, por negarse a reunir 500 millones de dólares para combatir el hambre, cuando casi costean la guerra en Iraq.
El gobernante boliviano, Evo Morales, denunció a los empresarios que convierten los alimentos en un gran negocio, a los monopolios del sector y a las familias que no piensan en la economía de sus semejantes, sino en seguir acumulando capitales.
Para el mandatario tico, en cambio, la debilidad y pobreza de los gobiernos de la región es una de las causa de la situación y por ello rehuyó debatir sobre el asunto con sus colegas, agregó La Nación.
Aunque Arias agradeció la propuesta venezolana de crear una línea de crédito por 100 millones de dólares a favor de la batalla contra el hambre, afirmó que insistiría en ese esquema ideado en el norte para potenciar el crecimiento económico costarricense.
El Salvador se abstuvo, según el Diario de Hoy, ante la ausencia de compromisos por parte de las naciones petroleras de ofrecer precios preferenciales a la región, la falta de apoyo a los biocombustibles y a los tratados de libre comercio.
La canciller, Marisol Argueta, alegó que para su país el tema de los combustibles es importante con vistas al desarrollo de la caña de azúcar, y en cuanto al petrolero, para que haya un compromiso en el abaratamiento de los costes de la gasolina.
Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y gran parte de los países caribeños arribaron a un consenso en la cumbre, cuya reedición quedó programada para finales de este mes en México.
De acuerdo con lo previsto, en la próxima reunión, los asistentes retomarán algunas de las iniciativas planteadas en Managua, entre las que destaca el ofrecimiento del gobierno de la República Bolivariana de Venezuela.
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Comercio de esclavos y monopolios negreros en el Caribe

Aunque la esclavitud data de los orígenes de la civilización, el tráfico de esclavos al Caribe se inició de modo formal hacia el 12 de febrero de 1528 con la aprobación del rey de España.
Según el historiador cubano, José Luciano Franco, dos comerciantes alemanes, Henri Ehinger y Jérome Sayler, agentes de los Welser, banqueros que dominaban las finanzas de la corona española junto a los Fugger, resultaron los primeros beneficiarios de esa autorización.
Otras fuentes señalan como pioneros del trasiego de esclavos hacia el Caribe a los genoveses, lo cierto es que a ambos grupos se sumaron con mucha rapidez portugueses, franceses e ingleses.
Desde entonces, Portugal perdió el monopolio del mercadeo de seres humanos arrancados de Africa, mientras las otras naciones europeas creaban sus propios mecanismos para participar del lucrativo negocio.
Los traficantes de esclavos ingleses irrumpieron en el escenario caribeño entre 1562 y 1569, con la llegada de John Hawkins, quien inauguró ese ciclo al cederles a los colonos españoles en Santo Domingo un lote de africanos a cambio de oro, azúcar y cueros.
Con antelación, Hawkins se había erigido en uno de los principales promotores del comercio de contrabando en la región, con el cual era burlado el férreo monopolio comercial impuesto por España a los que habitaban en sus colonias.
La derrota de la Armada Invencible en 1588, la decadencia de la Casa de Austria y la ocupación de Jamaica, en 1655, darían riendas sueltas al trasiego de esclavos en el Caribe a manos de los británicos.
Desde entonces, la Isla Tortuga devino refugio favorito de negreros, contrabandistas y piratas, mientras la Company of Royal Adventures disfrutaba del derecho exclusivo de organizar el inhumano comercio desde el Cabo Blanco hasta el de Buena Esperanza.
Los beneficios obtenidos en virtud de ese supuesto derecho, obtenido en 1661, se redujeron sensiblemente en el contexto de la guerra contra los holandeses, por lo que surgió, en 1672, la Royal African Company.
La nueva compañía, cuyos accionistas eran miembros de la realeza inglesa, transportó hacia las colonias españolas en la América, sobre todo a las caribeñas, alrededor de 46 mil 396 esclavos africanos en apenas nueve años.
Algo similar ocurriría en las Antillas Francesas, donde la trata negrera fue impulsada por el gobernador de Saint Domingue, Du Casse, quien alentó a los reyes católicos Luis XIV, de Francia, y a Felipe V, de España, a firmar el Tratado de Asiento de 1701.
Du Casse, jefe de los piratas del Rey Sol, había sido nombrado caballero de la orden de San Luis y promovido a almirante de la flota del monarca, quien hasta lo obsequió con su Memorias del arte de gobernar.
Bajo su inspiración, el convenio de 1701 reconoció a la Compañía de Guinea el monopolio de la introducción de mano de obra africana en las colonias españolas en el Caribe y en parte del continente.
Esa suerte de empresa capitalista de primera generación se comprometió a expedir cuatro mil 800 esclavos cada año, durante una década, desde cualquier punto de Africa occidental, hacia Veracruz, Cumaná, Portobelo, La Habana y Cartagena de Indias.
Como vía para el trasiego de su carga humana hacia el continente, la Compañía de Guinea se sirvió fundamentalmente de las posibilidades geofísicas del istmo de Panamá hasta el Perú.
La guerra entablada por la Sucesión del trono español modificó radicalmente las relaciones de fuerza en Europa y dio a Inglaterra y a sus aliados, Portugal y Holanda, la hegemonía absoluta sobre el comercio negrero en las islas caribeñas, sobre todo en Cuba.
El acuerdo de paz firmado en Madrid, el 27 de marzo de 1713, y ratificado por uno de los artículos del Tratado de Utrecht, cedió a los ingleses el monopolio del comercio de esclavos en el área por razón de 30 años.
La South Sea Company, fundada en Londres, concentró gran parte de las ventajas de esa licencia comercial y unos de sus representantes, el irlandés Richard O´Farrill, proveniente de la Isla de Monserrat, asumiría la organización de la trata desde la Mayor de las Antillas.
En la segunda ciudad de importancia de la Isla, O´Farrill creó un depósito de seres, desde donde se organizaron los reenvíos de mano de obra africana hacia México hasta inicios del siglo XVIII.
La excusa para aniquilar la posición privilegiada de la que disfrutaban los traficantes ingleses se gestó en el contexto de la confrontación entre Gran Bretaña y España, en 1740, a partir de lo cual comerciantes cubanos y españoles tomaron las riendas del negocio.
Con la creación de la Real Compañía de Comercio de La Habana, el monopolio del comercio exterior de los territorios más importantes del área y la responsabilidad de proveer de esclavos a los plantadores azucareros criollos, recayó en los tratantes asentados en Cuba.
La jugosa empresa cesó sus funciones en 1799 y el Real Decreto del 23 de enero del año siguiente autorizaría a los negreros cubanos, dominicanos y puertorriqueños a comprar fuerza de trabajo en las colonias francesas del Caribe.
El progresivo incremento de la demanda de esclavos obligaría más tarde a la corona a admitir el libre comercio de seres en las grandes Antillas, lo cual se extendió por Real Decisión el 24 de noviembre de 1791 a los traficantes de Santa Fe, Buenos Aires y Caracas.
Varios especialistas coinciden en el papel primordial desempeñado por los mercaderes de esclavos de la Cuba de inicios del XIX, pero junto a estos gozaron del infame negocio, al decir de Luciano Franco, contrabandistas ingleses, franceses e, incluso, estadounidenses.
Con el avance de la revolución industrial y de modernos estilos de producción y cambio en la etapa premonopolista del capitalismo, cobró fuerza la campaña por la supresión de la trata y de la esclavitud.
Muchos discursos abolicionistas, emanados principalmente de la cuna del desarrollo científico técnico de entonces, Inglaterra, mezclaron reclamos justos ribeteados de romanticismo para disfrazar los verdaderos intereses económicos de los abolicionistas.
Aunque la esclavitud se suprimió en Haití y Santo Domingo tras la primera revolución independentista de Latinoamérica y en 1807 se prohibió armar navíos negreros en las colonias británicas e introducir esclavos, un año después, el tráfico de almas no se detuvo.
Al cuantificar la cantidad de africanos forzados a trabajar en América en los tres últimos siglos coloniales, lo autores coinciden en señalar entre 15 y 18 millones de personas.
Estadísticas de la Casa de Contratación de Sevilla aseguran que, sólo en Cuba, fueron desembarcados legalmente 60 mil esclavos entre 1512 y 1763, cifra que se incrementó en proporción con la expansión de la industria azucarera y del trabajo minero en el Oriente de la Isla.
Unos 55 mil viajes de los barcos negreros, marcados por el horror y la insalubridad, trasportaron esa carga de seres humanos arrancados de sus culturas y obligados a asimilarse a nuevos contextos sociopolíticos.
Lo peor de tal inventario es constatar que en las travesías o capturas alentadas por particulares y monopolios europeos dedicados al mercadeo de esclavos morirían cinco o seis por cada persona llegada al Nuevo Mundo.
Claves invisibilizadas de la crisis alimentaria

La liberalización de la agricultura, aplicada como parte del paquete neoliberal desde los años 1980, está en el sustrato de la crisis alimentaria que azota a parte de la humanidad y en particular, a Latinoamérica.
Organizaciones campesinas, políticos y especialistas coinciden en la incidencia de este factor, obviado a veces por el evidente impacto de la reorientación hacia los agrocombustibles, el alza de los precios del petróleo, la creciente demanda mundial de alimentos o el calentamiento global.
Para la Vía Campesina, la conflictividad por el aumento de los costos de productos básicos de la dieta humana- arroz, granos, aceite, leche y otros- es el resultado de décadas de políticas destructivas que socavaron las producciones nacionales.
Tales lineamientos obligaron a campesinas y campesinos a desarrollar cultivos comerciales para compañías multinacionales y a comprar sus alimentos a estas u otras empresas en el mercado mundial.
Investigaciones recuerdan igual el papel del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, y la Organización Mundial del Comercio, derivada del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT,1947), en el afianzamiento del neoliberalismo.
Los entes financieros y la heredera del GATT- creado en 1947 para frenar el proteccionismo, devaluaciones y controles de capitales, y así evitar otra guerra mundial- forzaron a los países a disminuir inversiones en la producción de alimentos.
Movidos por intenciones similares estos incentivaron a los gobiernos de las naciones menos favorecidas económicamente a reducir el apoyo a las y los pequeños agricultores, elementos claves en el desarrollo del sector.
Entre 1980 y 2007, por ejemplo, la cooperación de los países industrializados hacia las empobrecidas naciones del sur ascendió de 20 mil millones de dólares a 100 mil millones, pero el aporte para la agricultura descendió de 17 mil millones a 3 mil millones de dólares.
Vía Campesina aseguró que estos fondos prácticamente no fueron destinados a los productores de alimentos, porque en base al libre comercio, muchos Estados prefirieron privatizar sus reservas y reducir inversiones en el campo.
Los tratados de la OMC, a su vez, forzaron a los países a abrir sus mercados agrícolas, o sea, a reducir las tasas a la importación y aceptar importaciones de hasta cinco por ciento, incluso sin necesitarlas.
Una pérdida cuantiosa de ingresos para los importadores resultó de esta disposición, denunció la agrupación internacional, mientras las multinacionales vendían mercancías a precios más bajos que los vigentes y con frecuencia, por debajo de los costos de producción.
En correspondencia, muchos gobernantes optaron por defender sus intereses particulares sin estabilizar los mercados locales y proteger a los agricultores y consumidores de las fluctuaciones repentinas de los precios en el mundial.
Los Tratados de Libre Comercio o Acuerdos de Asociación, promovidos por Estados Unidos y la Unión Europea, y aceptados por los oligarcas locales en detrimento de la integración regional y ante la falta de perspectivas en ese sentido, se sumaron a esto.
Como aseguran entendidos en estos temas, las políticas neoliberales destruyeron la capacidad de los países de alimentarse a sí mismos, y el auge de los agrocombustibles sólo empeoró la situación.
Los subsidios e inversiones masivas hacia este rubro motivaron el desvío masivo de tierras dedicadas tradicionalmente a la producción de comida y el maíz incrementó su valor al ser potenciada su condición de materia prima para obtener etanol.
Poco se alude en los medios de difusión a la especulación, otra de las causas principales de la actual crisis de los alimentos, en opinión de economistas, quienes insisten en el modo en que la escasez es aprovechada para subir artificialmente los precios.
Ante el desajuste financiero en EE.UU., y su incidencia en el mundo, los especuladores están cambiando los productos financieros por materias primas, incluyendo los productos agrícolas, y ello afecta los precios en los países que dependen cada vez más de la importación de alimentos.
Las políticas liberales expulsaron al mismo tiempo a millones de personas a las áreas urbanas, donde la mayoría acabó en barrios pobres, con una vida muy precaria, forzados a vender su trabajo muy barato y a comprar comida y otros bienes a altos precios.
Datos de la Organización para la Alimentación y la Agricultura muestran que en los llamados países en vías de desarrollo la comida representa del 60 al 80 por ciento del gasto de las y los consumidores, incluyendo campesinos sin tierra y agricultores.
Esto sólo favorece a las compañías particulares, que sólo elevan los precios, en tanto los gobiernos están obligados a importar alimentos caros para llegar a la demanda de la población y carecen de recursos para apoyar a los más pobres.
Sólo una política equilibrada y la oxigenación de la producción de alimentos en cada país frenará la crisis de hambruna en avance y permitirá precios estables para campesinos y consumidores, consideraron presidentes latinoamericanos y caribeños.
En la Cumbre Regional sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria, celebrada el 7 de mayo en Nicaragua, representantes de estas naciones concordaron en la inconveniencia de seguir las pautas neoliberales y llamaron a la unidad en el área para frenar la crisis.
Además de criticar a los gobernantes y entes financieros que costean guerras en vez de ayudar a los necesitados, estos cuestionaron a quienes acumulan capitales de forma desmesurada con el negocio de los alimentos y a los monopolios.
Mientras, los adalides del neoliberalismo abogan por invertir más en agricultura, incrementar la ayuda a los países pobres importadores de alimentos y liberalizar más los mercados para que los países puedan mejorar sus ingresos mediante la exportación.
Vía Campesina cree, en cambio, que los países deben priorizar en sus presupuestos la ayuda a los más pobres para que puedan acceder a suficiente comida y priorizar la producción doméstica de alimentos para depender menos del mercado mundial.
Sí que necesitamos una producción de alimentos más intensiva, pero intensiva en cuanto al trabajo y al uso sostenible de los recursos naturales, manifestaron los defensores del campesinado.
Campesinas, campesinos y pequeños agricultores pueden alimentar al mundo, afirmaron, por eso deben ser considerados como elemento clave de la solución.
Mujeres- No estamos perdidas!!!

Elogio de la mujer brava
Por: Héctor Abad
A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos.
A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden. La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos) , consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca.
Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros.
Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran "no más usted me avisa y yo le abro las piernas", siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias).
A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana.
Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos. Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios.
Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar.
Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo. Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.
Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas.
Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza.
Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.
Vamos hombres, por esas mujeres bravas!!!!!! !!!!!!!
Reverso de la crisis alimentaria en El Salvador

Las políticas implementadas por los gobiernos de la Alianza Republicana Nacionalista en los últimos 19 años motivaron en gran medida que El Salvador reciba con mayor vulnerabilidad los efectos de la crisis alimentaria en avance.
Para la Confederación de Federaciones de la Reforma Agraria Salvadoreña (CONFRAS), la falta de apoyo estatal a los agricultores y los Tratados de Libre Comercio, u otros, frenaron la producción de granos básicos y por eso el país depende de alimentos importados.
En opinión de Calixto Martínez, vicepresidente de la organización, el paquete neoliberal implantado con la venia de los jerarcas del partido en el gobierno destruyó el agro de forma deliberada, aunque autoridades y sectores empresariales achaquen el problema a factores externos con la complicidad de algunos medios de difusión.
Los programas de semilla que está impulsando la administración de Elías Antonio Saca, en el poder desde el 2004, tampoco son de gran ayuda, consideró Martínez, de acuerdo con el Diario Colatino.
Miembros de la organización civil coincidieron en que variables como el alza de los precios del petróleo, de la demanda de alimentos a nivel mundial, de la especulación en el mercado, o la furia de los agrocombustibles, son relativos para la crisis en el país más pequeño de Centroamérica.
Especialistas, campesinos y dirigentes de los movimientos sociales salvadoreños abogaron porque las autoridades impulsen medidas de controles de precios y aumentos salariales para contrarrestar la situación.
También sugirieron la creación de un Consejo Nacional Agropecuario, el cual consideraron debe ser integrado por representantes del Ejecutivo, del sector campesino, de cooperativas agropecuarias, organismos ambientalistas y consumidores.
Otras medidas propuestas por la CONFRAS son la aplicación de subsidios a pequeños productores de granos destinados a la dieta básica de los salvadoreños y la creación de un Fondo de Garantía Agropecuaria.
De acuerdo con la publicación, ese ente deberá garantizar los créditos a los agricultores frente a las crisis provocadas por las fluctuaciones en los precios en el mercado internacional y las situaciones de desastres naturales que impliquen pérdidas en los cultivos.
Los dirigentes de la confederación prevén, además, presentar una propuesta de Ley Agraria ante la Asamblea Legislativa el venidero 28 de mayo, con tal de revertir el panorama en el campo salvadoreño.
La limitada capacidad del país para alimentarse a sí mismo, resultado de la liberalización de la agricultura, empeoró a su vez ante el aumento de la demanda de los agrocombustibles en Estados Unidos.
En correspondencia, crecieron los subsidios e inversiones hacia ese rubro y miles de hectáreas dedicadas tradicionalmente a la producción de comida fueron desviadas a la producción de caña.
A tono con esta corriente, recordaron miembros de la Vía Campesina Centroamericana, el maíz incrementó su valor al ser potenciada su condición de materia prima para obtener etanol.
El desplazamiento de millones de personas a las áreas urbanas, donde muchas acabaron en barrios pobres y forzadas a comprar comida y otros bienes a altos precios, incidió también en el redoblamiento de la crisis en un país que fue desbastado por una guerra.
Apenas dos décadas transcurrieron del fin del conflicto armado en El Salvador, hecho en virtud del cual, más de 75 mil seres humanos murieron, 40 mil quedaron mutilados o limitados, ocho mil desaparecieron y miles, emigraron, según datos oficiales.
De cualquier manera, sugirió el analista salvadoreño Ricardo Ayala, las causas externas e internas de la crisis alimenticia son dos caras de la misma moneda: el apego al modo de producción capitalista y al libre mercado, que lleva en su naturaleza la especulación.
Sólo una política equilibrada y la oxigenación de la producción de alimentos en cada país frenará la hambruna en avance y permitirá precios estables para campesinos y consumidores, concordaron presidentes latinoamericanos y caribeños.
La renuncia al neoliberalismo como política de Estado, la reevaluación del papel del campesinado y la unidad regional, son la vía para superar este reto, definieron en la Cumbre sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria, celebrada el 7 de mayo en Nicaragua.

