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El panteón grecorromano

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   Caos, representación del estado primitivo del universo, es considerado el primero y más antiguo de los dioses que habitaron el monte del Olimpo, sede central del panteón grecorromano.

   La pléyade de deidades de estas culturas alcanza casi la media centena y en ellas destaca el todopoderoso Zeus o Júpiter, el más promiscuo de la corte en cuestión y con una turbia historia de crímenes en su haber.

   Según la mitología, el dios del universo para estos pueblos se apoderó del trono tras asesinar a su padre, Cronos o Saturno, y tuvo numerosas relaciones extramatrimoniales con mujeres mortales y ninfas.

   La mitografía olímpica da cuenta de los amoríos de este con las diosas Deméter, Latona, Dione y Maia, aunque reconoce por esposa oficial a su hermana, Hera.

   De las constantes traiciones a la también identificada por Juno, nacieron los fundadores de varias dinastías helénicas, quienes tuvieron que huir de las iras de la dolida deidad.

   La tradición colectiva cuenta que la diosa del matrimonio acostumbraba a perseguir a las amantes e hijos resultantes de las infidelidades de su esposo en una carroza tirada por dos pavorreales.

   Como en las culturas ancestrales americanas, griegos y romanos también adoraron a la tierra en la imagen de Gea y Rhea, hija de Urano y hermana y esposa de Saturno.

   La Magna Mater Deum, como nombraron a la primera, era la madre de varias deidades y figuras mitológicas como los Cíclopes, las Titánidas, los Centímanos, las Furias, los Gigantes y los Uránides, entre otros.

   En tanto, Rhea tenía un concepto más filosófico y universal, porque era apreciada como generadora de todo lo existente.

   Esta era relacionada con Ceres o Démeter, responsable de la transición de las estaciones climáticas en el año y a la cual se le atribuía el haber enseñado a los humanos a labrar la tierra y a elaborar el pan.

   El dios del cielo para estos pueblos era Urano, descendiente de Gea y de Eter –Aire- en algunos casos y de El Caos y Hemeras (La Día), en otros.

   La sapiencia humana cobró forma en el panteón grecorromano en la imagen de Ceo, Titán de la Inteligencia, mientras que a una fémina le correspondió el papel de diosa del fuego y del hogar.

   Hestia o Vesta, de acuerdo con la mitología, ideó la construcción de las casas y se ocupaba de mantener vivo en el fuego en ellas.

   Cronos o Saturno, hijo del cielo y de la tierra, era el dios del tiempo y devoraba a sus hijos en cuanto nacían para evitar que le quitaran el trono, en tanto Hades o Plutón velaba por los infiernos.

   El rey de las sombras era a su vez el dios de los ricos para los romanos, porque estos reverenciaban al oro y creían que el codiciado metal era producto del submundo.

   Perséfone o Proserpina, hija de Heras y de Zeus, era la contrapartida femenina del cuidador de los infiernos y según la tradición, había sido raptada por Plutón y andaba siempre junto al Olvido y el Sueño.

   Poseidón o Neptuno, además de gobernar sobre los mares y océanos, influía sobre los terremotos y los caballos, y a menudo se le veía acompañado de un delfín.

   El padre del héroe Teseo compartía espacio en el reino de las deidades grecorromanas con Atenea o Minerva, hija de Zeus, encargada de las ciencias, las artes, la estrategia y la guerra.

   La consejera por excelencia del rey del Olimpo era representada por un búho y entre sus múltiples creaciones estaba el arte de hilar y el olivo. También era diestra en disparar el rayo, prolongar la vida, y otorgar la suprema felicidad a las personas después de la muerte.

   Similar a ella, Apolo o Febo patrocinaba las artes, las letras y la medicina, además de dominar las plagas, la luz, la curación, los colonos, el tiro con arco, la poesía, las profecías y la danza.

   Una lira y un arco representaban a esta beldad masculina, que todas las tardes descendía al mar en la carroza del Sol, tirada por cuatro caballos.

   Su hermana gemela y diosa lunar, Artemisa o Diana, velaba por la caza, los bosques, los animales salvajes, la curación, las tierras, la castidad y los partos, y arrastraba un séquito integrado por 60 hijas del Océano.

   Este último era el dios del mar y sus dominios estaban en las aguas desconocidas del Atlántico, así como en el Mediterráneo estaban los de Neptuno.

   Sus hijos eran llamados Ríos y Oceánidas, y de acuerdo con la mitología, de sus relaciones extramatrimoniales nacieron Libia, Europa, Asia y Tracia.

   El dios de la mortalidad, Japeto, era uno de los primigenios o titanes. Era el responsable de las muertes violentas y media el tiempo en que debía fallecer una persona.

Sus privilegios acabaron cuando, tras la guerra con otras deidades, fue confinado definitivamente al infierno, similar a lo ocurrido con el líder de los titanes en el conflicto, Atlas, sentenciado a cargar el cielo sobre sus hombros.

Febe o Foebe –brillante- era otro de los titanes. Esta diosa primigenia estaba encargada del oráculo de Delfos y su nombre era relacionado con la Luna por los griegos, como Diana y Selene.

 Dionisios o Baco –dios del vino- promovía la civilización, protegía la agricultura, el teatro, era legislador y amante de la paz.

Las musas lo instruyeron en música y baile, al mismo tiempo que Silenio le enseñó el cultivo de la vid y la fabricación del vino, por lo que los bacanales en su honor eran de los festejos más esperados por estos pueblos.

Como la cruel realidad, el dios de la guerra -Ares o Martes- era hermano de Eris- Bellona, la desbastadora de ciudades, y tío de Fobos (Terror) y de Deimos (Espanto).

Ellos tiraban de su carroza y lo acompañaban en sus recorridos con otras de las controvertidas figuras del Olimpo: Dolor, Pánico, Hambruna y Olvido.

La tradición relata que Prometeo creó un hombre de barro y le dio vida con el fuego robado al Sol, por lo que Zeus lo amarró a una roca y ordenó a un buitre devorarle las entrañas durante 30 mil años. Por suerte, Hércules lo rescató.

El mensajero entre los dioses y los humanos, Hermes o Mercurio, cuidaba del comercio, de las fronteras y de las personas que cruzaban por ellas, de los pastores, ganado, literatos, oradores, atletas, pesos, medidas, inventos, y hasta de la astucia de los ladrones.

Para griegos y romanos, Hefesto o Vulcano -feo, lisiado y cojo- era el dios del fuego y protegía a los herreros y a la metalurgia.

La leyenda asegura que este contrajo matrimonio con la majestuosa Venus o Afrodita, pero ella le fue infiel con muchos dioses y él decidió crear a la primera mujer mortal: Pandora.

El ícono de la belleza y el amor nació de entre la espuma producida por la sangre del mutilado Cronos, al caer sobre las olas del mar, y protegía a los esposos, fecundaba los hogares y presenciaba los partos.

Relacionada de cierta manera con ella estaba Epimeteo, padre de La Excusa, cuyo nombre significa: no reflexiona después del suceso.

 

Jueves, 15 de Octubre de 2009 09:58. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Nuestroamericanas

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