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ACOSO SEXUAL Y OTRAS HISTORIAS AÑEJAS CONTRA MUJERES

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ISABEL SOTO MAYEDO

   Mucho queda por ganar para que incluso, aquellos implicados en los procesos directivos de nuestras sociedades, comprenda de una vez que no habrá verdadera revolución social y transformadora mientras no consideren urgente maniobrar con tal de revertir abusos, acosos sexuales, presiones sicológicas, y de todo tipo que pesan sobre las mujeres hace milenios.

   Las féminas, como negros, indígenas, pobres, infantes, y otros sectores populares, son las víctimas de siempre y más, desde la institucionalización del patriarcado, bajo el manto de la ideología militarista y de subordinación de unos seres por otros.

  De ello mostraron conciencia hombres de la talla de Hugo Chávez y Rafael Correa, quienes en más de una ocasión abogaron porque “EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI, TIENE QUE SER FEMINISTA”.

  También Fidel Castro señaló más de una vez que: “REVOLUCIÓN ES SENTIDO DEL MOMENTO HISTÓRICO; ES CAMBIAR TODO LO QUE DEBE SER CAMBIADO; ES IGUALDAD Y LIBERTAD PLENAS; ES SER TRATADO Y TRATAR A LOS DEMÁS COMO SERES HUMANOS; ES EMANCIPARNOS POR NOSOTROS MISMOS Y CON NUESTROS PROPIOS ESFUERZOS; ES DESAFIAR PODEROSAS FUERZAS DOMINANTES DENTRO Y FUERA DEL ÁMBITO SOCIAL Y NACIONAL; ES DEFENDER VALORES EN LOS QUE SE CREE AL PRECIO DE CUALQUIER SACRIFICIO; ES MODESTIA, DESINTERÉS, ALTRUISMO, SOLIDARIDAD Y HEROÍSMO; ES LUCHAR CON AUDACIA, INTELIGENCIA Y REALISMO; ES NO MENTIR JAMÁS NI VIOLAR PRINCIPIOS ÉTICOS; ES CONVICCIÓN PROFUNDA DE QUE NO EXISTE FUERZA EN EL MUNDO CAPAZ DE APLASTAR LA FUERZA DE LA VERDAD Y LAS IDEAS.”

  En consecuencia, todo lo que implique opresión de unos sobre otros, está reñido con los principios revolucionarios que defienden la Revolución Cubana y sus adalides, desde su formación.

  El debate acerca de estas problemáticas y la relación entre cada una de ellas está expandido por el mundo, basta un click en el mouse o ratón y aparecerán en la pantalla de su computadora múltiples trabajos con enfoques disímiles sobre la relación entre machismo -violencia, patriarcado -militarismo, poder -mujer, u otros, que abordan la manera en que las mujeres atraviesan desde edades tempranas por múltiples dificultades en virtud de su sexo.

  Un poema de la boliviana Adela Zamudio lo reflejaba en el siglo XIX: "Él se abate y bebe o juega/en un revés de la suerte/ella sufre, lucha y ruega/ella se llama "ser débil"/y él se apellida "ser fuerte"/porque es hombre/../Ella debe perdonar/si su esposo le es infiel/mas, él se puede vengar/(permitidme que me asombre)/en un caso semejante/hasta puede matar él/porque es hombre/¡Oh, mortal!/¡Oh mortal privilegiado,

que de perfecto y cabal/gozas seguro renombre!/para ello ¿qué te ha bastado?/Nacer hombre/.

  Causa pena comprobar que ello no cambió, pese a las luchas por la reivindicación de los desposeídos, los movimientos sociales, o las acciones de los grupos feministas y defensores de los derechos del sector.

  Si bien es cierto que algunas cuotas de poder, en cargos esenciales del Estado, llegaron a manos de mujeres en este siglo, no basta.

  No puede bastar, porque a la larga, muchas son las quejas contra las designadas para estos lugares de relevancia, quienes casi siempre recibieron el voto de hombres que comprendieron la posibilidad de manipularlas a cuenta del beneficio otorgado y por lo general, terminaron actuando en correspondencia con la proyección.

  Así vemos que la llegada de mujeres, incluso a las sillas presidenciales en varios países de esta y otras regiones, no resolvió el derecho de sus congéneres femeninas a acceder a un aborto de desearlo o necesitarlo para continuar su formación profesional o realización personal.

  Tampoco estas dirigentas de nuevo tipo sumaron sus esfuerzos de manera directa y consciente a la batalla por la reivindicación de los derechos de su sector, contra la violencia intrafamiliar que las golpea, el abuso sexual o las muertes imparables a manos de sus parejas o ex parejas, parientes, desconocidos u otros impotentes ante su fuerza o convencidos de que matarlas es el mejor modo de castigarlas por tratar de imitar su supuesta fuerza para enfrentar la vida.

  Paginas de periódicos o espacios televisivos diarios, de casi todos los países del mundo, bien elocuentes son al mostrar la manera en que los cuerpos de las víctimas de los patriarcas son castigados con la mutilación, cigarrillos quemados, ataduras, golpes, y otras formas de tortura, para demostrar la supuesta fortaleza masculina y su derecho eterno a someterlas.

  En Bolivia, por ejemplo, el Ministerio de Transparencia Institucional y Lucha Contra la Corrupción recibió 30 denuncias de acoso sexual y cinco por violaciones a niñas, adolescentes y jóvenes, en 2010, a pesar de una política encaminada a resolver estas y otras problemáticas sociales.

  La cifra parece corta a quienes, consciente e inconscientemente, pretenden desconocer lo que sicólogos y seguidores de estos temas aseguran en todas partes: LAS VÍCTIMAS DE HECHOS DE ESTA NATURALEZA SUELEN CALLAR POR TEMOR A PEORES REPRESALIAS DE SUS VICTIMARIOS, POR EL PREJUICIO SOCIAL, POR SER CONDENADA POR SU COMUNIDAD O SU VERDAD, PUESTA EN TELA DE JUICIO DEBIDO AL APEGO A LA CONCEPCIÓN MACHISTA QUE SIEMPRE LIBRA AL HOMBRE DE PECADOS.

  Estas y otras causas pueden cobrar una mayor envergadura en correspondencia con el nivel educacional de la víctima, su edad, tradición familiar u otros factores sociales.

  La responsable nacional de Derechos Humanos de las Mujeres de la Defensoría del Pueblo, Betty Pinto, explicó que las denuncias de esa naturaleza suelen ingresar a esa dependencia relacionadas con la cuestión laboral.

  Casi siempre, añadió, los acosadores son varones en puestos de decisión con poder sobre la víctima, que ante la negación de las mujeres “fabrican archivos” de la denunciante en cuanto ella rehúsa ceder a las peticiones.

  La Defensoría del Pueblo atiende los casos como queja, bajo la figura de acoso laboral, que puede estar ocultando profundas raíces de acoso sexual y de estos, atendieron 342 denuncias en los dos años anteriores, de las cuales más del 90 por ciento corresponde a mujeres.

 -ACOSO SEXUAL EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

  El acoso sexual, problemática que ocurre típicamente en centros de trabajo y ambientes donde poner objeciones o rechazar puede tener consecuencias negativas, afecta a casi el 50 por ciento de las mujeres centroamericanas y caribeñas.

  Irma Judith Montes, coordinadora de la Comisión Ampliada de Mujeres de América Latina y el Caribe, asegura que cientos de féminas en la región son sometidas incluso a pruebas lacerantes para su dignidad antes y después de ser contratadas.

  Como en el filme País del Norte -inspirada en la vida de Lois Jonson y los abusos contra las féminas en las minas de hierro de la Eveleth Taconite Co., en Minnesota, Estados Unidos-, las multinacionales practican pruebas para detectar posibles embarazos antes de emplearlas y luego las obligan a tomar píldoras anticonceptivas.

  Las mujeres están desprotegidas por parte de las autoridades de la zona, donde son escasas las leyes a su favor, y cientos de sindicalizadas están amenazadas hasta de muerte, afirmó Montes en una entrevista en Córdoba, España.

  Defensoras de los derechos del sector coinciden en que los casos de acoso sexual se agravan porque muchas víctimas no están concientes de ello, mas un artículo aparecido en la web del Centro Interamericano para el Desarrollo del Conocimiento en la Formación Profesional (OIT/CINTERFOR), insiste en tal conducta ligada a las relaciones de poder y como una forma de discriminación por razón del género.

  "Si bien los hombres pueden ser también objeto de acoso sexual, la realidad es que la mayoría de víctimas son mujeres. El problema guarda relación con los roles atribuidos a uno y otro sexo en la vida social y económica lo cual, a su vez, directa o indirectamente, afecta a la situación de las mujeres en el mercado del trabajo", plantea la institución.

  Impotencia, humillación, ansiedad, depresión, ira, fatiga y enfermedades físicas son apenas algunas de las posibles incidencias sobre las sometidas a esa forma de discriminación ilegal.

  La Organización Internacional del Trabajo (OIT) considera que las mujeres se encuentran más expuestas a semejante conducta porque carecen de poder, están en posiciones más vulnerables e inseguras, les falta confianza en sí mismas, o han sido educadas por la sociedad para sufrir en silencio.

  Pero las más amenazadas por esta práctica, refieren especialistas vinculados al organismo internacional, son aquellas a las cuales se les percibe como potenciales competidoras con respecto a las posiciones de mando.

  De acoso sexual se habla más desde 1974, cuando académicos de la estadounidense Universidad Cornell lo definieron como una práctica que transita desde el tacto indeseado entre compañeros de trabajo hasta los comentarios lascivos, discusiones sobre superioridad de sexo, bromas sexuales y favores de ese tipo para conseguir otros status laborales.

  Resulta "cuando el rechazo de una persona a esa conducta, o su sumisión a ella, se emplea explícita o implícitamente para una decisión que afecta al trabajo de esa persona (acceso a la formación profesional o al empleo, continuidad en él, promoción, salario o cualesquiera otras decisiones relacionados al mismo)", puntualiza OIT/CINTERFOR.

  El acoso sexual se presenta de muchas formas. Una de las más notorias es el llamado acoso quid pro quo, expresión descrita como la situación de la empleada obligada a elegir entre acceder a unas demandas sexuales o perder algún beneficio que le corresponde por su trabajo.

  Dado que esto sólo puede ser un hecho cometido por alguien con el poder de dar o quitar una gratificación derivada del empleo, esta forma entraña un abuso de autoridad por parte del empleador o por el agente en quien éste ha delegado su autoridad para fijar cláusulas y condiciones.

  Las empresas no escapan de las abarcadoras consecuencias de esta práctica, pues la tensión, la insuficiente colaboración y trabajo en equipo, el bajo rendimiento, el absentismo y la disminución de la productividad, redundan en detrimento de sus ganancias.

  El acoso sexual puede ser la razón oculta de que empleados valiosos abandonen o pierdan su puesto de trabajo, cuando habían dado muestras de un buen rendimiento, y si la empresa consiente un clima de tolerancia hacia el asunto, su imagen puede verse dañada en el supuesto de las víctimas quejarse de forma pública sobre su situación.

  Estas actitudes crean un ambiente de trabajo intimidatorio, hostil o humillante para quienes las reciben y, aunque es un fenómeno reconocido en todo el mundo, pocas veces suele ser castigado como se debiera.

  Limitar la cuestión sólo al chantaje sexual practicado por los empleadores o sus agentes deja en pie algunos problemas fundamentales. Eso supone excluir la conducta inaceptable entre compañeros de trabajo, con consecuencias físicas, emocionales y psíquicas tan nocivas como las del acoso por parte de un superior.

  En el nivel internacional no existe ningún convenio vinculante acerca del tema, sin embargo, los órganos supervisores relevantes de la OIT y de la Organización de Naciones Unidas han concluido que hay que entenderlo como una forma de discriminación por razón del sexo.

  Para la sociedad, en su conjunto, tales conductas impiden el logro de la igualdad, condonan la violencia sexual y tienen efectos negativos sobre la eficiencia de las empresas, porque entorpecen la productividad y el desarrollo.

-HISTORIAS DE MUJERES

  Detrás de cada mujer hay una historia digna de contar: “de la cuna donde nacimos hasta la tumba donde dormiremos -toda la atropellada ruta de nuestras vidas- deberían pavimentar de flores para celebrarnos”.

   Tal criterio -transformado en verso por la poetisa nicaragüense Gioconda Belli y compartido cada vez por mayor cantidad de personas en el mundo- anima desde hace algunas décadas el rescate de trayectorias femeninas invisibilizadas a lo largo de siglos.

  Centurias acumula el afán de diferenciar a ambos sexos en relación con jerarquías y funciones. De un extremo a otro del planeta tierra, las mujeres casi siempre llevaron la peor parte y fueron miradas por milenios como ciudadanos de segunda clase.

  El recelo al poder de las únicas dotadas de la capacidad de procrear y cumplir con el mandato de multiplicar la especie salta a la vista en gran parte de los primeros mitos acerca de la creación del mundo.

  Mientras que una mujer, la Pachamama o Madre Tierra, da de comer, de beber y guarece a sus hijos en las antiguas culturas suramericanas de los Andes, el legado occidental insiste en el papel de las hembras de segundonas y en su supuesta predisposición para la perversión.

  Seres intrigantes por naturaleza, débiles, poco juiciosos, expedidores de todo tipo de males, protagonizan miles de leyendas transmitidas de unas generaciones a otras desde hace centurias.

  La mala suerte de ser colonizados redundó en que muchos de esos relatos corrieran por Latinoamérica, se fusionaran o mezclaran con los autóctonos -al estilo de lo ocurrido con la música, las artes, la filosofía, la religión y otras- y proliferaran personajes maléficos con rostro de mujer como la centroamericana Cegua, Segua o Tzegua.

  De modo similar, a esta parte del mundo llegó la cacería de brujas por oposición al auge liberal y humanista del Renacimiento.

  Los inquisidores priorizaron el exterminio de las que se atrevieron a ayudar a sus congéneres a interrumpir embarazos, evitarlos, o mitigar dolores asociados al parto o a la estigmatizada menstruación, rememora Rosa Montero, autora de una obra fundacional en la corriente orientada a recuperar la herencia femenina obviada.

  La habilidad de controlar sus vidas y aplicar los conocimientos adquiridos les estaba negada a las mujeres, condenadas a supeditarse al predominio del macho por un edicto supra terrenal nunca demostrado.

  “Se admite generalmente que en la mujer los poderes de la intuición, la percepción y quizás la imitación son más señalados que en el hombre, pero algunas de estas facultades, al menos, son características de las razas inferiores, y por consiguiente, de un estado de civilización pasado y menos desarrollado”, afirmó Carlos Darwin, citado por la periodista española.

  En sintonía con los postulados del sabio, el recuerdo que tenemos de las mujeres muchas veces está teñido por los valores sexistas: Mesalina, esposa del emperador romano Claudio I, devino arquetipo de ninfómana e infiel.

  La emperatriz rusa Catalina la Grande es reconocida por sus varios amantes y por ser “de armas tomar”. Pocos abundan en que sus contemporáneos hombres hicieron mayor gala de la promiscuidad.

  Menos, en que -a diferencia de muchos reyes y emperadores- mantuvo a sus concubinos lejos del terreno profesional y nunca se dejó influir políticamente por ellos.

  Catalina realizó el primer compendio legislativo, modernizó la administración estatal, creó obras teatrales, fundó un periódico, luchó contra lituanos y turcos, anuló la autonomía de Ucrania y protegió las artes y las letras. De eso, poco se comenta.

  “Fuera del convento y de la vida fácil sólo ha existido para las mujeres otra gran vía de escape de la tutela masculina, y ésa ha sido la viudez. Sobre todo en lo relativo a las responsabilidades de mando: detrás de la casi totalidad de las mujeres que han alcanzado el poder antes del siglo XX hay un marido muerto”.

  Muchas de ellas enfrentaron enturbiados ambientes tras el fallecimiento de sus consortes o padres y sortearon enormes obstáculos hasta erigirse como gobernantes de gran talla.

  Científicos probaron que muchos de los textos anónimos de la literatura universal salieron en su mayoría de plumas manejadas por manos femeninas, en tanto otros fueron difundidos bajo seudónimos masculinos para burlar la censura o atribuidos a esposos o parientes varones.

  “Las obras de las mujeres siempre han tendido a extraviarse y a olvidarse; perdido está, por ejemplo, el poema épico La guerra de Troya, de la griega Helena, en quien se inspiró Homero para hacer la Ilíada”, asegura Montero y secunda los cuestionamientos a la intriga que rodea a la hermana imaginaria, ambiciosa, y llena de talento de Shakespeare.

  Cuanto más nos sumergimos en el mar remoto de lo femenino, más mujeres grandiosas e interesantes aparecen. “Las aguas del olvido están llenas de náufragas y Basta con embarcarse para empezar a verlas”, instala autora de Historias de mujeres.

  “Siempre ha habido mujeres capaces de sobreponerse a las más penosas circunstancias; mujeres creadoras, guerreras, aventureras, políticas, científicas, que han tenido la habilidad y el coraje de escaparse, quién sabe cómo, de destinos tan estrechos como una tumba”.

  Estas “fueron pocas, claro está, en comparación con la gran masa de hembras anónimas y sometidas a los límites que el mundo les impuso; pero fueron…muchísimas más que las que hoy conocemos y recordamos”.

  Opinión compartida por seguidores del tema es que los actos y obras de las féminas raramente trascendieron su época porque, por lo general, fueron hombres los historiadores, enciclopedistas, académicos, los encargados de custodiar y preservar la memoria pública u oficial.

  “¡Qué poco es un solo día, hermanas, qué poco, para que el mundo acumule flores frente a nuestras casas!”…¿será que nunca acabará el desafío para nuestro sexo? ¿Cuesta tanto comprender que hombres y mujeres somos ramas del mismo árbol?

  La enorme porción femenina vivió por mucho tiempo en una suerte de clandestinidad, pero sobran razones para revertir tal estado de hecho. Razones por las cuales –parafraseando a la Belli- también me levanto orgullosa todas las mañanas y bendigo mi sexo.

Martes, 08 de Febrero de 2011 13:14. Isabel Soto Mayedo #. Mujeres

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