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Violencia entre pizarras y textos escolares

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Los estudiantes costarricenses deben enfrentar los retos académicos bajo el asedio de un enemigo nuevo: el matonismo o intimidación.
Esta práctica abusiva continuada está expandida a tal punto que tres de cada 10 alumnos sufren agresiones de todo tipo por parte de sus compañeros de clases, según estudios auspiciados por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
Los teléfonos celulares son testigos fieles de estos casos en el país, tercero entre los que poseen las aulas más peligrosas, después de Argentina y Perú, de acuerdo con esas investigaciones.
Datos del Ministerio de Educación Pública (MEP) de Costa Rica refieren que los matriculados en escuelas y colegios rebasan el millón y, de ellos, alrededor de 300 mil son víctimas de sus compañeros.
La violencia genera en muchos estudiantes trastornos de personalidad, baja tolerancia a la frustración y altos niveles de agresividad, comentó el periódico digital Al Día.
El rotativo citó a la jefa de la Oficina de la Niñez y Adolescencia del MEP, Rocío Solís, quien precisó que de enero a septiembre de 2011 contabilizaron casi una centena de alumnos afectados por acciones contra su integridad en escuelas de ese país.
La Nación, en la edición del 19 de septiembre, reflejó el criterio compartido por médicos, psicólogos y psiquiatras en Costa Rica, para los cuales el estrés en la infancia y en la adolescencia crece por día debido a que este sector está cada vez más expuesto a situaciones desencadenantes.
En ello inciden, a juicio de los especialistas, la violencia intrafamiliar y social, los diferentes tipos de abuso -incluyendo el matonismo escolar-, la ausencia de opciones de esparcimiento sano, el escaso tiempo que les dedican sus progenitores, la sobrecarga académica y otros.
"Nuestra juventud requiere opciones y no las está hallando, urge tomar medidas, de lo contrario esta será una bomba que reviente frente a nuestras narices", afirmó con antelación Diario Extra, bajo el título Violencia juvenil ¿Qué estamos haciendo?
Esa publicación aludió a la muerte de cinco estudiantes hasta el mes de julio, cuyas edades oscilaban entre 14 y 24 años de edad, por enfrentamientos entre compañeros de colegios, ex parejas u otras situaciones asociadas a la criminalidad en ascenso en Costa Rica.
La proliferación del matonismo o bullying -término inglés, que convertido al español sugiere intimidación- es tal que el MEP ordenó a los centros educativos tratar de mejorar la convivencia y evitar una práctica que impacta en la integridad física y emocional de los afectados por ella.
El bullying difiere de los pleitos cotidianos porque las agresiones son permanentes contra ciertos estudiantes, seleccionados por uno o más agresores, debido a su apariencia, orientación sexual u otras razones.
Psicólogos concuerdan en que estas acciones abusivas reiteradas pueden parecerle a algunos una suerte de juegos inofensivos, pero en realidad son el camuflaje de agresiones directas a la integridad en todos los órdenes y suelen marcar la conducta de los futuros adultos.
"Estas agresiones se dan para imponer un control sobre los demás compañeros y demostrar la superioridad del niño matón", afirmó la psicóloga María Esther Flores, citada por Diario Extra.
La intención de quienes hostigan siempre es la misma: intimidar, marginar y aislar a su víctima, pero también existen otras formas de acoso escolar, como el bloqueo social.
Este es vinculado a acciones orientadas a incomunicar y alejar al elegido del círculo social en el que debe desenvolverse y se expresa en limitantes impuestas para impedir el diálogo con él o en intentos de hacerlo llorar a fin de mostrar sus debilidades y minimizar el respeto de los otros.
Otro estilo es la manipulación social, a la que recurre el "matón" para poner al grupo contra el afectado, presentando una imagen desfigurada de quién es, a partir de mentiras o tergiversaciones de lo que expresa este.
También los abusadores recurren al hostigamiento y a la coacción, en virtud de la cual las víctimas son obligadas a realizar acciones contra su voluntad, entre las cuales destacan los abusos sexuales.
Cuando la intimidación verbal no surte efecto, el agresor trata de ejercer su control de cualquier manera, aún cuando eso signifique irse a los golpes para amedrentar a los demás, añaden los especialistas.
Este tipo de abuso, más frecuente entre los varones, es posible que se dé en las hembras de la especie humana, por lo que visualizar a tiempo el fenómeno puede frenar daños físicos considerables en ambos sexos.
Directivos del Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas pidieron al gobierno costarricense poner en práctica la legislación internacional para proteger a los menores ante la proliferación de estos casos.
El incremento en los niveles de desigualdad y de pobreza -de 16 por ciento a 18 por ciento- en los últimos dos años, condimentó el caldo de cultivo en el cual se reforzó la vulnerabilidad infantil.
La violencia en la familia, los abusos sexuales, psicológicos y el castigo corporal siguen siendo una práctica aceptada, pese a las prohibiciones establecidas, y ello redunda en conductas similares en los menores.
Estos son avalados por la ley costarricense para iniciar sus relaciones sexuales y contraer matrimonio antes de los 18, pero no para votar o asociarse políticamente hasta esa edad (Código de la Niñez, Artículo 8).
Mas, aunque los informes estatales son entregados en tiempo y reflejan el seguimiento de la realidad del sector, queda mucho por hacer para asegurar una participación adecuada de acuerdo con la edad, así como proteger la privacidad y dignidad de los infantes.

Viernes, 07 de Octubre de 2011 12:53. Isabel Soto Mayedo #. Infancia y Juventud

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