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Si quieres queso...¡el de Chontales!

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   El primer queso de que se tenga noticias data de siete mil 500 años, pero seguro nunca llegó a ser tan famoso como el surgido en un pequeño rincón del centro de Nicaragua: Chontales.

   El queso de esa región, agropecuaria por excelencia, es el que por tradición compran las abuelitas y muchos de sus descendientes en este país centroamericano.
    Pese a las múltiples variedades de este producto alimenticio en el mercado, para el visitante es fácil aprender la lección: "si quieres queso...¡el de Chontales!", afirma más de un interpelado al respecto y mejor hacerle caso.
   Da lo mismo que sea el de tipo seco, ahumado, fresco o de crema, lo importante es degustar cualquiera de las ofertas provenientes de esa zona, punto intermedio entre el Lago de Managua y la Región Autónoma del Atlántico Sur.
   Chontales deriva de la palabra indígena chontal, que significa pueblo de afuera o extranjero, y según datos arqueológicos las primeras tribus se asentaron en esa región del año 600 al 630 de nuestra era.
  El 24 de abril de 1668 es considerada la fecha de fundación de la cabecera departamental, Juigalpa, erigida sobre la base de un asentamiento indígena, y desde entonces la ganadería derivó en actividad privilegiada.
  Pero sólo fue hasta los años 60 del siglo XX que ese renglón económico pegó fuerte en Chontales, privilegiado por la Madre Tierra con hermosos paisajes de planicies extensas y mesetas interrumpidas por elevaciones escarpadas como el valle de Mayales y la sierra de Amerrisque.
   Cuentan los conocedores que antes de esa etapa había reses por todos lados, pero las minas producían más y la selva tropical húmeda cubría buena parte de la región.
   Abundantes son las riquezas contenidas en los yacimientos mineros auríferos-argentíferos que se exploran y explotan desde el período precolombino en el distrito chontaleño La Libertad-Santo Domingo.
   Las expectativas por las riquezas impregnadas en las tierras del lugar estimularon el comercio, los servicios, infraestructura social e inversiones de pequeñas empresas en la otrora villa, más todavía queda mucho por ganar en cuanto a redes viales.
  Es por ello que la mayoría de los productores individuales, sobre todo residentes en las montañas, terminan haciendo queso de la leche ante la imposibilidad de trasladarla a tiempo al mercado y los venden en los famosos puertos de montaña.
   En esos puntos suelen concentrarse los campesinos cargados de queso y otros productos del agro, para negociar con comerciantes de ciudad que a cambio les venden sal, azúcar, aceite, botas de hule o cualquier otra cosa que les haga falta para garantizar su subsistencia.
   Unido a estas producciones rudimentarias, progresaron varias empresas privadas hacedoras de ese derivado de la leche, punto de partida para la expansión de la actividad comercial en torno a ellos.
   Con los años los quesos chontaleños ganaron más espacio en el mercado, incluso internacional, y ahora lo invaden con sello de mujer muchos de ellos gracias a la entrega de tierras y planes de capacitación impulsados por el gobierno como parte de su estrategia de restitución de derechos.

Domingo, 06 de Enero de 2013 03:32. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas

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