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Toque de diana por el idioma rama o ramakí de Nicaragua

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Con preocupación ven las autoridades nicaragüenses la progresiva extinción del idioma hablado por los indígenas rama o ramakí, con lo cual pudiera desaparecer la sapiencia acumulada por ese pueblo ancestral.

Para contribuir a preservar el legado de ese grupo humano el Instituto Nicaragüense de Cultura gestionará el reconocimiento de su lengua como Patrimonio de la Humanidad ante la Organización de Naciones Unidas para la Ciencia, la Educación y la Cultura (Unesco).

De acuerdo con el director de la institución, Luis Morales, el expediente requerido en estos casos fue elaborado con rigor, con la intención de sustentar esa propuesta, y está a punto de ser entregado al organismo internacional.

El ramakí es muy original y no tiene comparaciones fonéticas con otros idiomas en el mundo, declaró el funcionario, sobre la base de argumentos científicos expuestos por el encargado de preparar la sustentación, el catedrático Carlos Alemán.

Morales admitió que la revisión en la comisión de la Unesco puede tardar hasta cuatro años, debido a las exigencias del ente y al análisis que debe realizar para emitir un dictamen, pero expresó la decisión de persistir para darle a ese elemento cultural nicaragüense la posición que merece.

Según los especialistas, el rama forma parte del grupo idiomático voto-rama -subgrupo de la familia chibcha suramericana- y su presencia en este país derivó de una migración de esa civilización originaria del actual Colombia.

Para investigadores del Centro de Investigación y Documentación de la Costa Atlántica, la llegada de ese idioma a este territorio istmeño data del siglo X de nuestra era.

Los ramakí son gente del agua, en la tierra apenas duermen, porque su subsistencia depende en buena medida de la pesca y de actividades asociadas a esta, que practican sin fines comerciales.

De esa comunidad indígena apenas subsisten mil 600 personas, casi todas asentadas en la isla de Rama Cay -Rama Kin-Lakun, en su lengua-, de 22 hectáreas de extensión, situada en la laguna costera o bahía del municipio suroriental de Bluefields, en la Región Autónoma del Atlántico Sur.

En cada vivienda rama convive más de una familia, algunas de ellas de hasta 20 miembros, los cuales asumen de forma indistinta el cultivo, la caza, la recolección y el aprovechamiento de recursos forestales con el fin de construir botes, remos, aperos de pesca, tablas para erigir sus casas y medicina.

   Los pocos ramakí asentados en suelo continental habitan en diferentes comunidades o villas, por lo general de unos 200 habitantes y cercanas a la selva primaria, al mar y a los ríos Maíz e Indio, en el departamento de Río San Juan, también al sur de Nicaragua.

   La diversidad lingüística de este continente representa una “sinfonía maravillosa”, como la definió el historiador mexicano Miguel León-Portilla.

   Cada uno de los idiomas originarios obra como suerte de inventario de las culturas de las comunidades que los hablan y vinculan numerosos conocimientos tradicionales de estas sobre la naturaleza y el universo.

Esas lenguas son el parto de un pensamiento diferente, pues con fonética, gramática y sintaxis particulares dan cauce y orden a una visión del mundo.

A juicio del ex director general de la Unesco, Koichiro Matsura “la extinción de una lengua conduce a la desaparición de varias formas de patrimonio cultural inmaterial y, en particular, del legado invaluable de las tradiciones y expresiones orales de la comunidad que la habla”.

De ello se desprende la necesidad de recurrir a todas las alternativas posibles con tal de preservarlas para las futuras generaciones y en ese sentido Nicaragua está dando una lección que ojalá sirva de inspiración a otros en esta zona.

El Atlas de las Lenguas en Peligro, presentado en 2009 por la Unesco, puso al descubierto que de los seis mil idiomas autóctonos existentes en todo el planeta dos mil 500 estaban en riesgo de desaparición, 714 de ellos en la región central de América.

Desde el siglo XVI desaparecieron numerosas lenguas en este continente, pero la tendencia arreció de forma alarmante en la vigésima centuria y los entendidos coinciden en que no hay país del Río Bravo a la Patagonia donde no haya lenguas indígenas amenazadas.

Poemas y chistes, proverbios y leyendas, mueren para futuras generaciones en medio de ese proceso, que atenta al mismo tiempo contra la especie humana por la incidencia que ello tiene en la pérdida de una sabiduría añeja de incalculable valor.

Sábado, 16 de Febrero de 2013 03:27. Isabel Soto Mayedo #. Indígenas

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