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De Ríos Montt a los Golpes de Estados de baja intensidad

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(De Edwin Sánchez, periodista nicaraguense)

Era casi al mediodía cuando Managua pareciera tendida sobre unas brasas comaleras. El calor dentro del templo se confundía con la atmósfera generada por una inusual visita, entre cantos y alabanzas. Corrían los tiempos neoliberales y cierta tendencia de la Iglesia Evangélica recibía con todas las pompas de un mesías a un señor avanzado en maldades y calendarios.

Miré a estos líderes acomodarse en sus asientos como lo haría alguien en un cine durante una premier. No querían perderse ningún detalle. La concurrencia de la iglesia, quizá inocente de lo que pasaba, entonaba los cánticos del preludio para darle el ambiente apropiado al expositor de “la palabra”.

Entre canoso, de gafas, con un abundante mostacho y bajo de estatura, aquel hombre habló de Dios como lo haría la Madre Teresa de Calcuta. La única diferencia eran los frutos que aquel “ungido” llevaba sobre sus hombros. Se trataba de nada menos que el general Efraín Ríos Montt detrás de un púlpito, como antes estuvo detrás de las órdenes de su política de “tierra arrasada”, con 626 masacres, según informe de la ONU en 1999, además  de torturas y mujeres violadas por “colaborar” con “las guerrillas comunistas”.

No entendía por qué aquellos sonrientes religiosos habían invitado a semejante pesadilla de carne y hueso. Es más, hubo un pastor que andaba corriendo en busca de una grabadora para no perderse ni una sola tilde de “la verdad revelada”. Toda una cita con lo inaudito. ¿Cómo aquellos líderes evangélicos de algunas congregaciones de Managua que se decían llenos del Espíritu Santo, que se escandalizaban por ver tomar a alguien una copa de vino, le hacían coro a uno de los hombres más sanguinarios de América, quien retuvo el poder a sangre y fuego durante 15 meses? Ni Pinochet en 17 años.

Pero no todo el pueblo y liderazgo evangélico estaba ahí. No vi, por ejemplo, a los pastores Omar Duarte, Augusto C. Marenco, Sixto Ulloa, Miguel Angel Casco, ni tampoco a los finados José Miguel Torres y Gustavo Parajón, o el profesor Gilberto Aguirre, Carlos Villagra, Benjamín Cortés o William González. La lista es amplia, gracias a Dios.

Después de su “sermón”, le interrogué sobre lo que había acontecido durante su mandato de facto y su “fe”, y se refugió, antes de cortar la entrevista con la ayuda de sus guardaespaldas, en la “propaganda” en su contra. 

De esto, uno extrae algunas conclusiones: a veces es más fuerte el magnetismo  ejercido por la derecha salvaje en algunos jerarcas, sean católicos o evangélicos, que su fe en Jesús. Pueden estar viendo la sensibilidad cristiana del Gobierno Sandinista por el bien común de Nicaragua, pero no lo reconocerán; todo su júbilo y ¡amén! ya está reservado incluso para un dictador ---- y no se puede alegar ignorancia--- que desató la “limpieza étnica” de mil 771 indígenas mayas-ixiles en el departamento de Quiché.   

No se inventó solo

Pero el general Ríos Montt no se inventó solo, ni vino al mundo por soplo divino. El hoy condenado militar es el resultado de la “democracia” que tanto se patrocinó con el cuento de la lucha contra “el comunismo internacional”.

Desaparecido ese “fantasma”, se inventan otros: “el fraude”, “falta de institucionalidad”, desconociendo gobiernos nacionales y legítimos como los de Cuba y Venezuela. Pero es la famosa puesta en escena del relato de las oligarquías, donde los buenos son de derecha y el resto los malos, solo que tratan de distanciarse, en apariencia, de su antigua fórmula: gorilas + derecha = democracia.  

El juicio histórico plantea la inhumana actitud y doble moral de quienes teniendo todo el poder local para detenerlo no lo hicieron. Ríos Montt contaba con el OK de Ronald Reagan. Ningún “demócrata” se conmovió por las 25 mil muertes en 250 matanzas colectivas de indígenas, principalmente en el oeste y noroeste de Guatemala.

Hoy la derecha carnívora, término de Mario Vargas Llosa, quiere borrar olímpicamente los horrores de su inmundo historial, como si lo hicieron individuos entrenados en Marte. Por eso habla de “dictadura de derecha y de izquierda”, metiéndolo todo en el mismo saco de sus conveniencias, y presentarse ante  la sociedad sin sus tétricas páginas y más inocente que Blanca Nieves en un monasterio budista.   

Se unen a la condena de Ríos Montt, porque es la hora del lavado de imagen. Pero sus paladines funcionaron en su tiempo aunque recurran a esconder, detrás de las más limpias banderas, las guerras sucias del pasado y del presente.

El contenido es la receta de Kissinger contra el Palacio de La Moneda en septiembre de 1973: el Golpe de Estado solo que light. Puede comenzar con cierta “inocencia” en las cocinas de los hogares gracias a la escasez artificial controlada, y otros más durante protestas “democráticas” y “cacerolazos” contra… póngale el titular de turno de su “Mercurio” local.

No hace mucho erigieron como “redentor” de Venezuela a Pedro Carmona. Y en 2009, la derecha nicaragüense fue en romería a Tegucigalpa para rendirle culto a Roberto Micheletti. Su hazaña: el Golpe de Estado contra el presidente constitucional Manuel Zelaya.     

Stroesnner, Pinochet, Videla, Ríos Montt son la misma mona --- mejor dicho, gorilas---, que aunque se vista con la seda de la “democracia” de los Micheletti y Carmona, al final, Golpe de Estado se queda. 

 

Viernes, 17 de Mayo de 2013 12:23. Isabel Soto Mayedo #. América Latina

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