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Raíces indígenas centroamericanas

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La sociedad centroamericana es multiétnica, pluricultural y multilingüe; casi la quinta parte de su población -7,6 millones de habitantes- son indígenas y están asentados mayoritariamente en zonas rurales, coinciden registros estatales en el área.

Sin embargo, antropólogos e historiadores concuerdan en que cualquier intento de generalización sobre el estado de estos pueblos autóctonos en Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Belice, Costa Rica y Panamá chocará con la falta de una división clara entre indios y no indios por la aculturación registrada desde siglos pasados.

La apertura de la carretera panamericana, las actividades de compañías privadas, como anteriormente la acción misionera y otros factores, transformaron la sociedad y la cultura indígenas centroamericanas a partir de la irrupción de los colonizadores europeos en 1502, plantean los investigadores Graciela Malgesini y Carlos Giménez.

Un censo practicado en Panamá dio la cifra de 62 mil 187 indígenas: 35 mil 867 guaymíes, 20 mil 543 cunas y cinco mil 777 chocós.

Los primeros, expandidos por las provincias de Chiriquí, Bocas del Toro y Veraguas, viven en casas separadas unas de otras y situadas en cerros, valles o cerca de los ríos; son agricultores y ganaderos, practican la caza, la pesca y la recolección, aunque un buen número trabaja también en las compañías fruteras.

Conservan los guaymíes muchos rasgos de su cultura, igual que buena parte de los cunas, que se subdividen en los insulares de San Blas y los continentales o de Tierra Firme.

Por su parte, los chocós

-oriundos de Colombia y radicados en el Darién- conservan bastantes rasgos tradicionales pero el comercio del plátano, que practican, supone un factor de cambio cultural, no siempre positivo.

Nicaragua, en cambio, posee más de 40 mil personas identificadas como indias, casi la mitad de ellas pertenecientes a la etnia de los misquitos, que habitan en las selvas de la costa atlántica en San Carlos y Santa Cruz, entre Sauce y Bilhuaskarma, y entre Klar y cabo Gracias a Dios.

Otros grupos son el sumo, que vive repartido por el interior del país; el rama, el cual habita en las proximidades de las lagunas de Bluefields; el ulva, reducido a un pequeño territorio entre los ríos Mico y Siquia, y el Matagalpa, en la ciudad homónima y cabecera del río Tuma.

Honduras cuenta con más de 100 mil indígenas de varios grupos: chorotegas, miquiranos, guajiros, patoros, jicaques, misquitos, sumos y lencas, pero los más distintivos son los llamados caribes negros o garífunas, población mestiza que llegó al territorio tras iniciarse la conquista española.

En el país más pequeño de la región, El Salvador, la población es bastante homogénea como consecuencia del mestizaje que siguió a la irrupción de los colonizadores europeos, mas se identifican como indios casi 100 mil individuos.

Unos 80 mil son pipiles, de origen náhuatl, y el resto son nahuas, quichés y cakchiqueles, que viven repartidos por los departamentos de Chalatenango, Santa Ana, Ahuachapán, Sonsonate, La Libertad, San Salvador, Cuscatlán y Usulután.

En Belice, un censo realizado en 2003 constató que la población mestiza asciende a 46,4 por ciento; los indígenas mayas llegan a 10 por ciento y los garífunas, 6,4 por ciento.

Mas, los censos realizados en Guatemala no concuerdan con la realidad, porque los organizadores procuran demostrar que el país se está ladinizando, expresó el investigador Francisco Ortiz, quien aseguró que el 60 por ciento de los guatemaltecos son indígenas y por lo menos el 50 por ciento habla un idioma originario.

Señalan datos oficiales que en ese territorio son mayoría los de ascendencia maya -achi’, akateco, awakateco, ch’orti’, chuj, itza, ixil, popti’, q’anjob’al, kaqchikel, k’iche’, mam, mopan, poqomam, pocomchi’, q’eqchi’, sakapulteko, sipakapense, tektiteko, tz’utujil y uspanteco- y junto a ellos sobreviven descendientes del antiguo pueblo xinca y garífunas.

Pero lejos de ser socios plenos e iguales con el resto de los habitantes de Centroamérica, los indígenas son excluidos políticamente, discriminados culturalmente y marginados económicamente, criticó el costarricense Diario Extra, en su edición del 20 de agosto.

Una ojeada a los indicadores de desarrollo humano y social, según los organismos internacionales, permite comprobar esa realidad, pocas veces apreciada por las entidades estatales encargadas de revertirla.

EN COSTA RICA

Datos oficiales refieren que en Costa Rica, país con 4,5 millones de habitantes, viven 63 mil 876 indígenas, distribuidos, en su mayoría, en 24 territorios pertenecientes a ocho pueblos: chorotega, bribri, cabecar, brunca, huetar, maleku, teribe y guaymi.

La situación de los pueblos originarios en Costa Rica, por ejemplo, prueba la ineficacia de la respuesta gubernamental a los problemas de ese sector a través de la Comisión Nacional de Asuntos Indígenas (CONAI).

Diseñada para atender a estas comunidades, esa entidad estatal es considerada por algunos entendidos un mecanismo de dominación colonial en este siglo porque su gestión desatiende lo establecido en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La CONAI impone las decisiones gubernamentales y cercena los derechos ciudadanos de los indígenas, por lo general desconocidos por los medios de comunicación y sujetos a un creciente etnocidio como sus similares en el subcontinente, aseguraron líderes de ese sector.

En Costa Rica hay pueblos indígenas imposibles de recuperar o que tienen su muerte anunciada, mientras otros tal vez puedan rescatar parte de su acervo si se adoptan medidas urgentes con ese fin, asegura Carlos Alberto Chavarri, presidente de la Federación para el Desarrollo Cultural y Social de las Etnias Indígenas Costarricenses.

PROBLEMAS COMUNES

Entre los problemas que aquejan a estas y otras poblaciones autóctonas centroamericanas está la falta de acceso a la tierra, la baja resolución de demandas agrarias, el irrespeto a los territorios comunales y los desplazamientos forzados por proyectos de desarrollo económico.

La baja cobertura de la educación bilingüe, por la escasez de maestros capacitados, y las cifras de escolarización, son otras dificultades enfrentadas por estas etnias, junto al deterioro de la salud por la elevada incidencia de enfermedades asociadas a la pobreza y el subdesarrollo: desnutrición, tuberculosis, diarrea y neumonía, entre otras.

Todo esto redunda en crecientes cifras de mortalidad infantil y materna en estas poblaciones, lo que unido a los anteriores factores, motiva la prolongación de los patrones de exclusión y discriminación con respecto a estos pueblos.

 

Martes, 26 de Agosto de 2008 08:40 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Costa Rica: la leyenda de Puente de Piedra

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   Camino a un pueblo llamado Grecia, en la provincia costarricense de Alajuela, existe una puente natural de piedra que es probablemente el más famoso de todo el país centroamericano, porque muchos atribuyen su creación al mismísimo Diablo.

   Casi siempre que un visitante llega a la pintoresca localidad, situada al noroeste de la capital tica y considerada una de las mejor conservadas y limpias de la región, los pobladores suelen sugerirle que se pare debajo de la construcción pétrea y compruebe la existencia de una cabidad enorme al dorso de la misma, justo donde cierra el arco.

   Aunque los científicos insisten en que el hueco en el puente se formó a partir de la erosión de la piedra, algunos citadinos creen que tiene un origen sobrenatural y por ello inducen a la acción, antesala del relato de una leyenda transmitida de forma oral por varias generaciones.

   Ticas y ticos cuentan que en el tiempo de las carretas, los campesinos que tenían su casa al otro lado del cañón estaban obligados a recorrer mas de medio día río abajo para poder cruzarlo y llegar al pueblo.

   Pero una noche, uno de ellos se detuvo en medio del área cuando regresaba a su hogar e invocó al Pisuica- modo en que llamaban al Diablo- y le prometió que le daría su alma a cambio de que le construyera un puente antes de que cantara el gallo, es decir, antes del amanecer.

   El príncipe de los ángeles rebelados contra Dios y arrojados por él al abismo, según la tradición judeocristiana, estuvo de acuerdo con la propuesta y comenzó a trabajar con una agilidad tremenda para cumplir el deseo del hombre y así ganárselo como servidor en sus turbias empresas.

   Cuando estaba a punto de salir el sol y al espíritu del mal solo le faltaba una piedra por colocar, el campesino fue hasta su carreta con cara burlona, hurgó en un saco que llevaba en ella y a puntapiés sacó unos gallos, que al cantar, salvaron su alma y lo libraron del compromiso.

   El hombre cargó de nuevo con prisa el transporte y al alcanzar el puente se despidió del Diablo con aire triunfante, de acuerdo con la narración popular

   La leyenda del Puente de Piedra de Grecia, pueblo agrícola ubicado en el Valle Central de Costa Rica, es un atrayente más del turismo hacia una zona distintiva por su bello paisaje de montañas y exuberantes escenarios.

   En el conjunto arquitectónico de la ciudad destaca la Catedral de las Mercedes, una iglesia metálica única, de estilo gótico y pintada de un rojo profundo, que fue construida con pedazos de metal importados de Bélgica en 1890.

   Sin embargo, las Cataratas Los Chorros en Tucares de Grecia y el serpentario identificado como Mundo de las Culebras también captan a muchos foráneos. Sobre todo el segundo, donde pueden apreciarse en su ambiente natural ejemplares de más de 50 especies de estos reptiles de todo el mundo.

   Pero sin dudas, de acuerdo con el escritor Elías Zeledón, la leyenda del puente que corona el poblado distingue entre todos estos atributos, porque prueba la riqueza creativa de mujeres y hombres de la zona a través del tiempo.

   Esta forma parte de la mitología folclórica tica, compuesta por múltiples relatos de almas en pena, elementos de magia o de la cultura indígena, todo reflejo de la elevada religiosidad que caracteriza a un pueblo mayoritariamente católico.

   Entre los exponentes más populares de estas leyendas se inscriben las de la Cegua, la de la Llorona y la del Cadejo, similares a las de otros países de latinoamericanos, y las del Padre o Fraile sin cabeza, la Carreta sin Bueyes, la Tulevieja, la Monja del Vaso del Hospital San Juan de Dios y los duendes.

   Pero sin dudas la más importante de todas ellas narra la aparición de la Santa Patrona de Costa Rica, la Virgen de los Ángeles, reconocida de manera afectuosa por ticas y ticos como La Negrita.

   La narración sobre la aparición de la imagen de piedra oscura, supuestamente encontrada por la mulata Juana Pereira, junto a otros 96 de estos relatos populares aparece en la compilación titulada Leyendas costarricenses, obra de Zeledón.

Jueves, 14 de Agosto de 2008 09:46 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Joyas latinoamericanas: entre el encanto y el peligro

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Múltiples joyas arquitectónicas de la antigüedad latinoamericana y grandezas naturales esparcidas por estas tierras, pudieran desaparecer por los efectos del tiempo, “el implacable, el que pasó”- como dice el poeta-, pero también por la desidia humana.

La indolencia de varias generaciones, causa fundamental de los cambios climáticos cuyos efectos percibimos cada vez más, está en el sustrato del riesgo que corren obras colosales como la peruana ciudad de Machu Picchu; el salvadoreño Tazumal; o la majestuosa Teotihuacán, en la planicie central de México, entre otras.

El 19 de octubre de 2004, medios de difusión latinoamericanos propalaron que la pared sureña de una estructura menor del Tazumal- una de las ruinas arqueológicas mayas más importantes del hemisferio occidental- había caído por efecto de la desatención a la conservación, restauración y recuperación del patrimonio cultural local.

Mientras las autoridades salvadoreñas culpaban del desastre a las lluvias filtradas por las grietas provocadas por anteriores terremotos, arqueólogos e historiadores insistían en que la estructura apenas fue repellada con cemento a mediados del siglo XX y jamás retocada a pesar de los sismos registrados entre enero a febrero del 2001.

Informes de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, señalan que de modo similar, la también identificada como la Ciudad Perdida de los Incas, pudiera destruirse progresivamente por el excesivo flujo turístico en la zona, donde las visitas anuales rebasan las 800 mil personas.

El desproporcionado y poco controlado crecimiento urbano, la construcción de hoteles y restaurantes en la localidad aledaña de Aguas Calientes, y la progresiva erosión de las riberas de los ríos, también amenazan a Machu Picchu- montaña vieja en lengua quechua-, construida en homenaje al fundador del imperio, Pachakuteq.

Las quebraduras en algunas de estás y otras edificaciones históricas o la pérdida parcial de ellas son fruto de la mala gestión gubernamental y de abusos cometidos con el propósito de atraer al turismo hacia esas reliquias arquitectónicas, evidencias de una creatividad desmedida, mas no siempre valorada como corresponde.

El libre acceso a tan delicadas piezas, obra de los pobladores del subcontinente seis siglos antes, las afecta seriamente y se suma a los impactos de las inclemencias del tiempo.

Tales peligros acechan de igual modo a algunos de los patrimonios naturales ubicados en los países situados del Río Bravo a la Patagonia, donde la pesca ilegal, la tala indiscriminada, la sobre explotación impulsada por las transnacionales del norte, y otros confluyen en detrimento de importantes reservas ecológicas.

Directivos de la Fundación Marviva denunciaron que al menos nueve lanchas tripuladas por pescadores ilegales saquearon en menos de un mes- julio de 2008- las aguas de la costarricense Isla del Coco y cargaron con ejemplares de valiosas especies marinas.

Los representantes de la agrupación ecologista aseguraron que la pesca ilegal en esa zona ocurre a “vista y paciencia de los guardaparques” y que las autoridades gubernamentales no ejercen su función de resguardar la importante área marina protegida.

El fenómeno identificado como calentamiento global, resultante en gran medida de la tala indiscriminada y de los daños infringidos a la capa de ozono por la constante emisión de gases a la atmósfera, acecha igual a la selva amazónica suramericana.

Un previsible aumento de dos a tres grados centígrados en las temperaturas, transformará entre 30 y 60 por ciento de la superficie del llamado pulmón verde del mundo en una sabana seca para el año 2050, coinciden científicos y ambientalistas.

También el aumento de la temperatura del agua y la acidificación del mar, cuestiones vinculadas al progresivo cambio climático que amenaza incluso a la especie humana, provocaron daños en más del 40 por ciento de los 297 kilómetros de arrecife de la barrera coralina de Belice, situada en áreas del Mar Caribe.

¿Hacia dónde vamos?, cabe cuestionarse, porque como señala el teólogo Leonardo Boff, parece que resulta más fácil enviar personas a la luna y traerlas de regreso que hacer que los humanos respeten los ritmos de la naturaleza.

Formar una alianza mundial para cuidar de la tierra y a unas personas de las otras, o correr el riesgo de nuestra destrucción y de la devastación de la diversidad de la vida, es la principal meta que sugiere con respecto a estas problemáticas el ex sacerdote católico brasileño.

 

Lunes, 11 de Agosto de 2008 13:28 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

De la Mar Océana al Mar de los Caribes

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El Caribe quedó reconocido en toda su extensión y devino zona reservada sólo a los españoles veinte y cinco años después del encuentro de los europeos con lo que entonces se anunció como el Nuevo Mundo.

Pero para la fecha, a nadie se le ocurrió llamar de ese modo al mar donde descansan numerosas islas, islotes, cayos y arrecifes que enlazan, cual puente gigantesco inconcluso, a la península de la Florida (Norte) con Sudamérica por la desembocadura del río Orinoco en Venezuela.

En tanto denominación de una región geográfica, Caribe es un invento del siglo XX, ese que dejamos atrás hace apenas cuatro años y en el que la región transitó del dominio europeo a la hegemonía estadounidense.

Mas si del mar hablamos, tendremos que remontarnos a finales del XVIII, cuando bajo el influjo de la revolución burguesa francesa el mundo empezó a hablar de un "Mer des Caraïbes" o Mar de los Caribes, aunque desde hacía mucho tiempo el término era conocido.

Las palabras, como todas las invenciones humanas, guardan una historia entre sus sílabas y arrastran consigo ideologías, discursos e imaginarios de los hombres y épocas en que se concibieron.

La primera traducción de la palabra al español se remonta a 1493, cuando el gran descubridor genovés Cristóbal Colón tomó nota en su diario de unos caribes o caníbales, tras su visita a la isla de Guadalupe.

El anuncio sobre el hallazgo de restos humanos sobre el fuego, cociéndose en agua, o de huesos mondos desde hacía tiempo en la otrora isla Turuquerie, impactó al supuesto mundo civilizado de entonces y se esgrimió como excusa para esclavizar a hombres que no tenían alma porque comían carne humana, según los colonizadores.

Las evidencias de los sacrificios realizados por los guerreros caribes a sus dioses sirvieron además para sustentar una redefinición del término con el cual serían estigmatizados los nativos rebeldes de toda el área.

Mientras tanto, el mar en que ellos se desenvolvieron era anunciado en Europa por cartógrafos y cosmógrafos de múltiples maneras: Mar Océana, Golfo de Tierra Firme e, incluso, Atlántico Norte.

Sólo al mediar el siglo XVI apareció un mapa francés que detallaba un Mer des Antilles, pese a que la corona española insistía en llamar las Indias a lo que sus súbditos reconocían como provincias y no como lo que en realidad eran, posesiones coloniales.

Cuando europeos y criollos anglo norteamericanos comenzaron a concretar su dominio sobre las Antillas Menores, casi un siglo después, optaron por renombrar al área como Caribbean Sea y a sus objetivos territoriales como Caribby o Caribbee Island.

Así, administradores, colonos y marineros de habla inglesa se encargaron progresivamente de trasladar el nombre de los antiguos dueños de las islas al mar que ellas delimitaban, aunque eventualmente prevalecería entre ellos el término más eurocéntrico y oficial que trasciende hasta nuestros días: West Indies.

Los ecos de la denominada Revolución Atlántica- que engloba la guerra de independencia de las Trece Colonias de Norteamérica (1776), las revoluciones francesa (1789) y haitiana (1791), y los procesos independentistas en Hispanoamérica- contribuirían a que mares y océanos se fueran delineando e, incluso, un Mar Caribe.

La geopolítica suele evidenciarse en determinadas circunstancias históricas y este es el caso: los acontecimientos que sacudieron el mundo desde finales del XVIII propiciaron la delimitación de nuevas fronteras, el surgimiento de países y cambios en el orden nominativo de muchos territorios.

En ese contexto, e irónicamente, los caribes fueron perpetuados en la historia al bautizarse con su nombre al mar que también domaron, cuando casi estaban aniquilados o reducidos a reservaciones en Martinica y Dominica o exiliados en la costa de los Mosquitos y Honduras por los británicos.

 

Sábado, 28 de Junio de 2008 10:49 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

El Salvador: El Lago de Coatepeque

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   Una de las joyas naturales de El Salvador es el Lago de Coatepeque o del Cerro de la Serpiente, según lengua nahuatl, situado en el cráter volcánico más grande del país identificado como el pulgarcito centroamericano.

   Para los geólogos, este volcán de tipo caldera explotó violentamente alrededor de 25 mil años antes y cubrió el territorio y parte de la región istmeña con una capa de cenizas.

   Como legado de esas emanaciones quedó el lecho donde creció el lago, cuya cuenca posee 40,6 kilómetros cuadrados, con una profundidad máxima de 80 metros y está situada a 18 kilómetros al sur de la ciudad de Santa Ana

   El lugar se distingue por dos pequeñas penínsulas denominadas Los Anteojos- debido a su similitud en tamaño, forma y distancia entre ellas- y, la Isla del Cerro, donde los indios pipiles tenían un templo y un monolito representativo de la diosa Itzcueye.

   La de vestidos de obsidiana era para ese grupo étnico la esposa de Quetzalcoatl o Serpiente Emplumada y a ambos les ofrecían tras una victoria la fiesta o mitote, cuya duración podía oscilar entre cinco y 15 días, según el cronista español Diego Carcía Palacios.

    El Lago de Coatepeque es conocido también como el Vichy salvadoreño, debido a las propiedades medicinales de sus verdosas aguas y a su belleza, comparada por algunos con sus similares en los Alpes suizos.

   La erupción del volcán de Santa Ana, en 2005, favoreció de cierta manera a las comunidades aledañas al lugar, porque les creó una playa de un centenar de metros de ancho a la cual pueden acceder, opinan algunos vecinos.

   Frente a este balneario se encuentra la Isla Teopan, de una riqueza biológica inigualable y parte del complejo Los Volcanes, por su cercanía al Área Natural Protegida San Marcelino.

   La disminución de las lluvias por la deforestación; la apertura de pozos profundos en las riberas, los elevados niveles de evaporación y el viento, y la extracción constante de agua por encima de los niveles de ingreso, son algunas de las amenazas que se ciernen sobre esta maravilla natural.

   Desde 2004, un estudio puso al descubierto que el caudal había perdido 12 metros de profundidad y todo parece indicar, sigue bajando considerablemente.

   De acuerdo con datos del Ministerio de Medioambiente y Recursos Naturales, aunque la zona es propiedad estatal, en teoría, el 80 por ciento de las riberas del lago son privadas, incluidas sus playas y entradas de agua.

   En sus márgenes existen a su vez casi 500 villas de recreo, las cuales utilizan un promedio diario de 25 barriles del líquido para el consumo y riego de jardines, comentó Juan Quintanilla, secretario de la Asociación de Desarrollo Comunal de Santa Rosa.

   Según la coordinadora del Área de Información y Estudios del Servicio Hidrológico, Celina Mena, esto guarda relación con ciertos periodos de humedad y con el uso del recurso hídrico por parte de los pobladores de más de 13 comunidades y de las quintas privadas.

   Coatepeque tuvo varios momentos de fama a lo largo de su historia: sobre sus aguas se celebraron las competencias de remo de los XIX Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe, en 2002.

   Dos años después este también fue noticia, cuando ahí se depositaron los restos del empresario de aviación y líder del grupo aéreo Taca, Federico Bloch, asesinado en circunstancias no esclarecidas en la carretera de Santa Tecla a Nuevo Cuscatlán, departamento de La Libertad.

   Pero una leyenda popular se encargó de eternizar el lugar: cuentan que el dueño de una hermosa mansión, situada a orillas del lago, salió a dar un paseo en una canoa artesanal y cerca de la isla fue arrastrado por una corriente subterránea hasta los dominios de la diosa de agua dulce.

   Esta, atraída por él, lo transformó en un ser marino dotado de ciertos poderes y desde entonces, El Tabudo- como se le conoce- aparece como un humilde pescador y a las personas que le agradan las convierte en enormes peces de colores o en sirenas.

Miércoles, 11 de Junio de 2008 15:06 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Río Plátano: el Amazonas hondureño

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Entre las siete probables maravillas naturales del mundo compite la Biósfera del Río Plátano, corazón del corredor biológico mesoamericano, localizado entre los departamentos de Colón, Olancho y Gracias a Dios, al noroeste de Honduras.

Alrededor de ocho mil 300 kilómetros cuadrados abarca esta zona selvática, donde coinciden numerosos ríos que fluyen hacia el mar Caribe y habitan 586 variedades de plantas como tulipanes, laureles, orquídeas y árboles maderables.

La Biosfera del Río Plátano- considerado el Amazonas hondureño- es igual refugio de 375 especies de gaviotas, golondrinas, patos de agua, martín pescador, tucanes, guacamayas y hasta de águilas harpías, entre otras aves.

Como en tiempos de sus ancestros, también viven en el área cuatro grupos étnicos: los misquitos, garífunas, pech, tawahkas, quienes luchan por mantener sus culturas.

Estas comunidades están dentro y en las orillas de la reserva, Patrimonio de la Humanidad desde 1982, y carecen de servicios básicos al estilo de la energía eléctrica, agua potable y telefonía.

El más grande bosque centroamericano envuelve grandes e impresionantes leyendas, motivo por el cual decenas de arqueólogos de disímiles partes del mundo viajaron hasta él para descifrar alguna de ellas.

Entre los misterios más impresionantes están los petroglifos en Walpunbansirpi, en Walpunbantara, y en Las Cicutas del río Aner, pueblo ubicado en la zona sureste de la reserva.

Despiertan la curiosidad del viajero a su vez otras grandes piedras talladas, las cuales pueden apreciarse en los recorridos por lo largo de las riberas de los cauces de la zona.

Para el arqueólogo y director de la Asociación Copán, Ricardo Agurcia, los petroglifos son expresiones de arte rupestre de grupos indígenas que habitaron en la zona hace más de dos mil años antes de nuestra era y son sumamente espectaculares.

Imágenes parecidas a la cara de un simio y diversos tipos de escrituras engalanan esta parte del patrimonio del bosque, donde destaca el mito sobre la desconocida Ciudad Blanca.

Esta pudo haber sido una urbe ancestral, suele comentar a los turistas el guía naturista, Gabriel Suansin, pero historiadores coinciden en que el lugar nunca existió o nunca fue hallado hasta el momento.

Varias expediciones arqueológicas complementarias consideraron la hipótesis de que los antiguos pobladores de la biosfera eran un eslabón importante entre las principales culturas precolombinas de Norte y Suramérica, de acuerdo con el diario hondureño La Prensa.

No obstante, desentrañar los misterios ocultos entre tan amplia extensión de bosques resulta complejo ante la ausencia de vestigios de viviendas, iglesias o algo que las distinguiera, en opinión de Argucia.

La Biosfera del Río Plátano es una zona subdesarrollada y es difícil montar expediciones para investigar, consideró el especialista y añadió que hay mucha belleza y calidad arqueológica, pero la carencia de recursos en una de las naciones más pobres de Centroamérica impide profundizar en ellas.

Varias son las amenazas sobre el área: la tala indiscriminada, el avance de la frontera agrícola, el progresivo acceso de colonos con esos fines o ganaderos, y las consiguientes erosión del suelo, reducción del agua y contaminación de los recursos hídricos por los agroquímicos.

Los riesgos sobre la posible maravilla natural del mundo también guardan relación con la caza y el tráfico de especies animales para el mercado de mascotas exóticas y la falta de políticas ambientales adecuadas o la no aplicación de las previstas

Miércoles, 11 de Junio de 2008 15:00 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> Hay 1 comentario.

Augurios en los libros del Chilam Balam

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La rabia acumulada por la destrucción de sus comunidades y el empeño en infundir vida a la mitología y tradiciones mayas inspiraron los apocalípticos libros del Chilam Balam.

Concebidos tres siglos después de iniciada la conquista y colonización de América”, éstos vaticinan el posible desmoronamiento de la bóveda celeste, el hundimiento de la tierra, la destrucción y renacimiento de los nueve niveles del inframundo, los 13 cielos, y el robo de la Gran Serpiente.

De modo similar al Popol Vuh o Libro del Consejo de los mayas quichés, estas obras narran un mito originario donde los dioses de ese mundo oculto mantienen cautivo al universo y relacionan los anuncios de sus deidades sobre el dolor que causarían hombres extraños.

“Venido de la boca de Dios es y lo manifiestan cinco sacerdotes. Sacerdotes Adoradores, llegados a la presencia de Dios. Ellos profetizaron la carga de la amargura para cuando venga a entrar el cristianismo”, recordaban tres siglos después.

Los autores de estos textos aseguraban que el Profeta y Evangelista Balam auguró además que junto a esa creencia se expandirían por esta parte del mundo “vómitos de sangre, pestes, sequías, años de langosta, viruelas, la carga de la miseria, el pleito del diablo”.

Las referencias a quienes se “beben a los hermanos esclavos de la tierra” reflejan el velado rechazo a esos seres de barba que cambiaron por la fuerza del arcabuz el rumbo de estas comunidades.

“Falsos son sus Reyes, tiranos en sus tronos, avarientos de sus flores...No hay verdad en las palabras de los extranjeros. Los hijos de las grandes casas desiertas, los hijos de los grandes hombres de las casas despobladas, dirán que es cierto que vinieron ellos aquí”.

En lo fundamental, los libros del Chilam Balam rescatan tradiciones religiosas y mitológicas de los mayas, razón por la cual destaca entre ellos la "cuenta de los katunes", relatoría de sucesos históricos de notable repercusión.

Estos hechos fueron analizados conforme a la lógica del concepto del tiempo cíclico elaborado por los sabios de esa civilización.

Varios investigadores coinciden en que el chilam balam o sacerdote-jaguar pudo haber existido y que la titulación de los manuscritos derivó del respeto que logró granjearse entre sus contemporáneos por su honor y grandeza.

Otros afirman que el nombramiento de estos textos responde al reconocimiento a un supuesto adivino de cosas ocultas al resto de sus paisanos o a varios de ellos.

Lo cierto es que, tal como llegaron a nuestro tiempo, contienen una incalculable información sobre la sociedad en el Yucatán colonial, permeada del ámbito en que fueron concebidos y de los aportes de la cultura española.

Tal era el respeto de estas mujeres y hombres a lo narrado en esos textos, que un determinado libro de este grupo, propiedad de una comunidad o estrato social, era resguardado por el jefe, sabio o sacerdote.

Para garantizar su rápida identificación, al título original se le añadía el patronímico con el que se conocía a esa población, lo cual explica la existencia del Chilam Balam de Chumayel y de los de Maní, Tizimín, Laua, Ixil y Tusik, entre otros que sobrevivieron al desgaste del tiempo y al descuido de los seres humanos.

Hecho lamentable, si se considera que estas fuentes facilitan una mejor comprensión del México colonial, en el que la Iglesia Católica trató de imponer la fe a partir de una cuestionada obra evangelizadora y de una amplia labor educacional, como en el resto del subcontinente.

Con el ánimo de propagar el cristianismo para “salvar a las almas” diseminadas por estas tierras de los “terribles fuegos del infierno”, miembros de las distintas órdenes religiosas enseñaron el castellano y hasta el latín a varios nativos.

Resultado de esas enseñanzas, a los idiomas indígenas se les adaptó el alfabeto llegado a través del Atlántico y se le añadieron signos representativos de los sonidos que les eran ajenos.

La nueva escritura se organizó con fines puramente religiosos en la mayor parte de los casos, pero herederos de un peculiar estilo de narrar, los mayas pronto captaron su potencial para expresar sus ideas.

En igual proporción que lograron dominar los códigos impuestos, procuraron a su vez asentar en la lengua de los conquistadores profecías, rituales e incluso, peticiones a la corona española.

De los prestigiosos manuscritos surgidos bajo este signo, pocos son tan reconocidos como los Libros del Chilam Balam, identificados en base a la costumbre de designar a los sacerdotes, chamanes o videntes de esta cultura mesoamericana con el vocablo chilam.

Balam, en cambio, hace alusión al temido jaguar, solo que en este caso fue utilizado conforme a su acepción de título honorífico.

El texto hallado en Chumayel afirma que las palabras recogidas en sus páginas fueron compuestas para ser dichas “al oído de los que no tienen padre y de los que no tienen casa” y llama a ocultarlas “como se esconde la Joya de la Piedra Preciosa”.

Por su parte, la interpretación histórica de Yucatán o profecía del sacerdote Napuc Tun pronosticaba que la tierra ardería y chorrearía amargura como antesala al tiempo del dolor, del llanto y la miseria.

“En los días que vamos a tener, ¿qué Sacerdote, qué Profeta dirá rectamente la voz de las Escrituras?”, se preguntaba a su vez el sabio o sacerdote Ah Kuil Chel, reconocido como uno de los anunciadores del futuro en estos libros.

Mas, los entendidos suelen apreciar en mayor medida las palabras del Chilam Balam por la sutileza con la cual logra transmitir sus opiniones, supuestamente vinculadas a la impronta del cristianismo trasplantado por los europeos.

Tras reconocer que en el Trece Ahau serían arrolladas las deidades mayas Itzá y Tacna, preconizaba que en señal del único Dios (Hunab Ku, "Unica-deidad") llegaría el Arbol sagrado (Uaom Ché, madero-enhiesto) de lo alto, mientras que por el poniente se acercarían los hombres del Sol (Ah Kines, "Sacerdotes-del culto-solar").

Al mismo tiempo, llamaba a recibir a los huéspedes de barba, provenientes de las tierras del oriente y conductores de la señal de Dios, pero auguraba que este sería el principio de los que denominó hombres del Segundo Tiempo.

“Cuando levanten su señal en alto, cuando la levanten con el Arbol de Vida, todo cambiará de un golpe. Y aparecerá el sucesor del primer árbol de la tierra, y será manifiesto el cambio para todos”, afirmaba.

Luego añadía: “Buena es la palabra de arriba, Padre. Entra su reino, entra en nuestras almas el verdadero Dios; pero abren allí sus lazos, Padre, los grandes cachorros que se beben a los hermanos esclavos de la tierra.

“Marchita está la vida y muerto el corazón de sus flores, y los que meten su jícara hasta el fondo, los que lo estiran todo hasta romperlo, dañan y chupan las flores de los otros”.

Estos y otros pronunciamientos, recogidos en los ocho libros que sobrevivieron de los 18 atribuidos al adivino o brujo Balam, se suman a los que recuerdan sucesos desde el siglo V de nuestra era hasta bien avanzado el período colonial.

Quizás eso explica por qué también se refieren a la tragedia de los vencidos, al proceso de la conquista y vaticinan todo lo que acarrearía el ejercicio del poder de los españoles en esta región.

Miércoles, 04 de Junio de 2008 16:43 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Comercio de esclavos y monopolios negreros en el Caribe

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Aunque la esclavitud data de los orígenes de la civilización, el tráfico de esclavos al Caribe se inició de modo formal hacia el 12 de febrero de 1528 con la aprobación del rey de España.

Según el historiador cubano, José Luciano Franco, dos comerciantes alemanes, Henri Ehinger y Jérome Sayler, agentes de los Welser, banqueros que dominaban las finanzas de la corona española junto a los Fugger, resultaron los primeros beneficiarios de esa autorización.

Otras fuentes señalan como pioneros del trasiego de esclavos hacia el Caribe a los genoveses, lo cierto es que a ambos grupos se sumaron con mucha rapidez portugueses, franceses e ingleses.

Desde entonces, Portugal perdió el monopolio del mercadeo de seres humanos arrancados de Africa, mientras las otras naciones europeas creaban sus propios mecanismos para participar del lucrativo negocio.

Los traficantes de esclavos ingleses irrumpieron en el escenario caribeño entre 1562 y 1569, con la llegada de John Hawkins, quien inauguró ese ciclo al cederles a los colonos españoles en Santo Domingo un lote de africanos a cambio de oro, azúcar y cueros.

Con antelación, Hawkins se había erigido en uno de los principales promotores del comercio de contrabando en la región, con el cual era burlado el férreo monopolio comercial impuesto por España a los que habitaban en sus colonias.

La derrota de la Armada Invencible en 1588, la decadencia de la Casa de Austria y la ocupación de Jamaica, en 1655, darían riendas sueltas al trasiego de esclavos en el Caribe a manos de los británicos.

Desde entonces, la Isla Tortuga devino refugio favorito de negreros, contrabandistas y piratas, mientras la Company of Royal Adventures disfrutaba del derecho exclusivo de organizar el inhumano comercio desde el Cabo Blanco hasta el de Buena Esperanza.

Los beneficios obtenidos en virtud de ese supuesto derecho, obtenido en 1661, se redujeron sensiblemente en el contexto de la guerra contra los holandeses, por lo que surgió, en 1672, la Royal African Company.

La nueva compañía, cuyos accionistas eran miembros de la realeza inglesa, transportó hacia las colonias españolas en la América, sobre todo a las caribeñas, alrededor de 46 mil 396 esclavos africanos en apenas nueve años.

Algo similar ocurriría en las Antillas Francesas, donde la trata negrera fue impulsada por el gobernador de Saint Domingue, Du Casse, quien alentó a los reyes católicos Luis XIV, de Francia, y a Felipe V, de España, a firmar el Tratado de Asiento de 1701.

Du Casse, jefe de los piratas del Rey Sol, había sido nombrado caballero de la orden de San Luis y promovido a almirante de la flota del monarca, quien hasta lo obsequió con su Memorias del arte de gobernar.

Bajo su inspiración, el convenio de 1701 reconoció a la Compañía de Guinea el monopolio de la introducción de mano de obra africana en las colonias españolas en el Caribe y en parte del continente.

Esa suerte de empresa capitalista de primera generación se comprometió a expedir cuatro mil 800 esclavos cada año, durante una década, desde cualquier punto de Africa occidental, hacia Veracruz, Cumaná, Portobelo, La Habana y Cartagena de Indias.

Como vía para el trasiego de su carga humana hacia el continente, la Compañía de Guinea se sirvió fundamentalmente de las posibilidades geofísicas del istmo de Panamá hasta el Perú.

La guerra entablada por la Sucesión del trono español modificó radicalmente las relaciones de fuerza en Europa y dio a Inglaterra y a sus aliados, Portugal y Holanda, la hegemonía absoluta sobre el comercio negrero en las islas caribeñas, sobre todo en Cuba.

El acuerdo de paz firmado en Madrid, el 27 de marzo de 1713, y ratificado por uno de los artículos del Tratado de Utrecht, cedió a los ingleses el monopolio del comercio de esclavos en el área por razón de 30 años.

La South Sea Company, fundada en Londres, concentró gran parte de las ventajas de esa licencia comercial y unos de sus representantes, el irlandés Richard O´Farrill, proveniente de la Isla de Monserrat, asumiría la organización de la trata desde la Mayor de las Antillas.

En la segunda ciudad de importancia de la Isla, O´Farrill creó un depósito de seres, desde donde se organizaron los reenvíos de mano de obra africana hacia México hasta inicios del siglo XVIII.

La excusa para aniquilar la posición privilegiada de la que disfrutaban los traficantes ingleses se gestó en el contexto de la confrontación entre Gran Bretaña y España, en 1740, a partir de lo cual comerciantes cubanos y españoles tomaron las riendas del negocio.

Con la creación de la Real Compañía de Comercio de La Habana, el monopolio del comercio exterior de los territorios más importantes del área y la responsabilidad de proveer de esclavos a los plantadores azucareros criollos, recayó en los tratantes asentados en Cuba.

La jugosa empresa cesó sus funciones en 1799 y el Real Decreto del 23 de enero del año siguiente autorizaría a los negreros cubanos, dominicanos y puertorriqueños a comprar fuerza de trabajo en las colonias francesas del Caribe.

El progresivo incremento de la demanda de esclavos obligaría más tarde a la corona a admitir el libre comercio de seres en las grandes Antillas, lo cual se extendió por Real Decisión el 24 de noviembre de 1791 a los traficantes de Santa Fe, Buenos Aires y Caracas.

Varios especialistas coinciden en el papel primordial desempeñado por los mercaderes de esclavos de la Cuba de inicios del XIX, pero junto a estos gozaron del infame negocio, al decir de Luciano Franco, contrabandistas ingleses, franceses e, incluso, estadounidenses.

Con el avance de la revolución industrial y de modernos estilos de producción y cambio en la etapa premonopolista del capitalismo, cobró fuerza la campaña por la supresión de la trata y de la esclavitud.

Muchos discursos abolicionistas, emanados principalmente de la cuna del desarrollo científico técnico de entonces, Inglaterra, mezclaron reclamos justos ribeteados de romanticismo para disfrazar los verdaderos intereses económicos de los abolicionistas.

Aunque la esclavitud se suprimió en Haití y Santo Domingo tras la primera revolución independentista de Latinoamérica y en 1807 se prohibió armar navíos negreros en las colonias británicas e introducir esclavos, un año después, el tráfico de almas no se detuvo.

Al cuantificar la cantidad de africanos forzados a trabajar en América en los tres últimos siglos coloniales, lo autores coinciden en señalar entre 15 y 18 millones de personas.

Estadísticas de la Casa de Contratación de Sevilla aseguran que, sólo en Cuba, fueron desembarcados legalmente 60 mil esclavos entre 1512 y 1763, cifra que se incrementó en proporción con la expansión de la industria azucarera y del trabajo minero en el Oriente de la Isla.

Unos 55 mil viajes de los barcos negreros, marcados por el horror y la insalubridad, trasportaron esa carga de seres humanos arrancados de sus culturas y obligados a asimilarse a nuevos contextos sociopolíticos.

Lo peor de tal inventario es constatar que en las travesías o capturas alentadas por particulares y monopolios europeos dedicados al mercadeo de esclavos morirían cinco o seis por cada persona llegada al Nuevo Mundo.

 

Lunes, 12 de Mayo de 2008 11:30 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Desagravio a los chimúes

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   Centrar la atención en los sacrificios humanos ofrendados por los chimúes a sus dioses puede alejarnos de la esencia de esta antigua cultura, que reinó más de 600 años en parte de la región andina.

   Este pueblo se asentó en los valles de Moche y Chicama, en zonas del departamento peruano de La Libertad, y llegó a dominar hasta Tumbes por el norte y Carabayllo (Lima) por el sur.

   Por capital, los sucesores directos de los mochicas escogieron Chan Chan, calificada la ciudad de adobe o barro más grande del continente porque albergó a una población de casi 60 mil personas.

   La agricultura intensiva sustentó a esta cultura, artífice de ingeniosas obras hidráulicas y técnicas agrícolas como las huachaques o chacras hundidas: parte del suelo librado de la arena para sacarle su humedad.

   Amplios embalses para contener el agua de los ríos o subterráneas y pozos diseñados para su extracción, conocidos como puquios, se sumaron a estas.

   La pesca en canoas o caballitos de totora y los tejidos de algodón, lana de llama, alpaca y vicuña, son parte del legado de estas comunidades, cuya moneda de cambio para el comercio eran pequeñas hachitas de bronce.

   En época de los chimúes la metalurgia alcanzó su apogeo en la costa norte del Perú y se revirtió en magníficos trabajos a partir de cobre, bronce, oro y plata e incluso de la tumbaga, aleación de oro y cobre.

   Estos pueblos también superaron a sus ancestros porque, según los historiadores, sus moradas estaban siempre abiertas a pesar de lo cual ocurrían pocos robos.

   Quizás esto respondía a que la represión era la respuesta a tales acciones: sorprendido in fraganti, el culpable era ahorcado en la plaza pública y con él, sus cómplices.

   Si por el contrario, este lograba escapar sin ser descubierto, sus paisanos colgaban de un poste espigas de maíz en señal de sacrificio a la Luna y a las dos estrellas Pata para que estas hicieran justicia.

   Mujeres adúlteras y vírgenes impuras eran condenadas también con la muerte, pero antes de ejecutarlas las paseaban delante de una gran concurrencia antes de empujarlas a un precipicio.

   Luego, los cuerpos de los condenados eran ofrecidos a las aves de rapiña para que estos animales “repartieran sus restos a los demonios”.

   Para los chimúes, la creación del hombre resultó de cuatro estrellas, dos de las cuales concibieron a los caciques y nobles y las otras a las gentes comunes.

   Según el mito, estos astros nutrían a la humanidad al hacer germinar los granos en los campos y por eso contaban el año a partir de la aparición de tal o cual estrella en el firmamento.

   Pero la divinidad más venerada fue la Luna: considerada más poderosa que el Sol y agasajada con ofrendas de niños de cinco años, chicha, frutas y la construcción del Huaca Sian por los indios de Pacasmayo.

   Los chimúes creían que epidemias o penurias eran prueba de la cólera de los dioses y se esforzaban en apaciguarlos con ayunos y continencias.

   Representativa de esta civilización es el Tumi: cuchillo ceremonial de oro de un metro por 30 centímetros, usado en los ritos religiosos.

   La sangre era el fin de estos actos inspirados en lo que, se suponía, añoraban los hombres del ultramundo para alimentarse y de los que se recuerda de forma particular el de Punta Lobos.

   Para historiadores contemporáneos empeñados en ver sombras más que luces de los primeros pobladores del subcontinente, esta entrega resultó una masacre porque redundó en el sacrificio de 200 muchachas.

   Otros recuerdan que en ese ámbito, marcado por el enfrentamiento a los conquistadores incaicos, los chimúes trataron de obsequiar a sus deidades en demasía para vencer o al menos intimidar a sus enemigos.

   La impronta de los primeros grandes conquistadores de Sudamérica marcó el declive de esta civilización, una de las más apreciadas por su creatividad en el área.

Viernes, 04 de Abril de 2008 11:35 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> Hay 1 comentario.

Copán: El mayor texto labrado de América

20080401200006-dsc00169.jpg.jpg   Gran parte del saber maya perdura grabado en el mayor texto labrado de América, los enormes monolitos que conforman la escalera de dos mil 500 jeroglíficos de Copán Ruinas, ubicada a 438 kilómetros al noroeste de Tegucigalpa .

   Esos inmensos bloques de piedra, cubiertos por esculturas de intrincada trama y una calidad superior a otras encontradas en el continente, fueron avistados hace más de una centuria en la espesa selva del noroeste de Honduras.

   Las inscripciones recogidas en el más meridional de los majestuosos restos de esa civilización, que se expandió desde el sudeste mexicano por parte de Centroamérica a partir del 2000 a.n.e., permitió datar esa construcción a mediados del siglo VIII.

   Todo parece indicar que la elevada escalera, de la cual apenas se encuentran en su sitio original los 16 primeros peldaños, posibilitaba acceder a la cúspide de la piràmide donde había un templo superior ahora desaparecido.

   A su valor escultórico y arqueológico, la escalera jeroglífica de Copán suma el hecho de ser una de las escasas reliquias que escapó de la tradición de sus creadores, probablemente dirigidos por un sujeto llamado Humo Concha, quien procuraba homenajear a sus antepasados.

   Cuenta la leyenda que los mayas tenían por costumbre derribar las viejas edificaciones para erigir otras nuevas sobre ellas y eso no ocurrió en el sitio más visitado del ahora Parque Nacional de Copán Ruinas.

   Aunque después de intensas búsquedas, en zonas aledañas aparecieron ocho templos construidos sobre las ruinas del precedente, el texto pétreo tiene sus raíces en el suelo.

   Y aunque varios de sus mil 250 bloques rodaron ante el empuje del tiempo, lo cincelado en ellos reveló valiosas informaciones sobre los mayas, cuyas raíces perduran también en territorios de lo que conocemos hoy como México, Guatemala, Belice, y El Salvador.

   Ese grupo humano logró su despegue socioeconómico y político mucho antes de la era prehispánica, al punto de ser el único de este hemisferio en inventar un verdadero sistema de escritura.  

   Las muestras labradas de Copán, donde existen vestigios de presencia maya por unos dos mil años, enseñaron además que esos hombres diseñaron un calendario astronómico capaz de predecir eclipses solares y lunares y los movimientos de los planetas Venus y Júpiter.

   La historia de la otrora ciudad estado se remonta hasta más allá del año 435, cuando una poderosa familia principesca comenzó a gobernar el lugar.

   Estudios contemporáneos de los restos óseos hallados en su jurisdicción permitieron establecer que sus pobladores padecían de desnutrición y enfermedades, quizás porque la fertilidad del valle en algún momento se agotó ante la continua explotación.

   Poco se sabe de los primeros reyes que gobernaron Copán y de las relaciones que mantenían con otros asentamientos similares diseminados en la región, pero es posible afirmar que bajo el reinado de Jaguar de Humo (628-695) creció ese núcleo urbano en lo geográfico, militar y económico. 

   Ahora, un largo paseo flanqueado por árboles posibilita acceder al denominado Parque Arqueológico, visitado por el 6,5 por ciento de los turistas que pasan por Honduras cada año.

   A los añejos atractivos de la zona, donde las referencias al décimo tercer gobernante, llamado 18-Conejo, considerado como el Rey de las Artes, suelen ser recurrentes, se añade la posibilidad de degustar el Atol Chucó, comida típica hondureña, o el legendario mezcal o pulque xtabentún, bebida alcohólica de origen maya.

   Pero dicen los lugareños que más vale no excederse en el consumo, sobre todo si se pretende ascender al más espectacular monumento de Copán, cuyos peldaños cuentan la historia de la ciudad como ningún otro.

   La escalinata se organiza en un solo tramo de 90 peldaños y 10 metros de anchura, contando los muretes de contención laterales, por los cuales resulta poco cualquier cuidado al avanzar.

Martes, 01 de Abril de 2008 12:00 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

El controversial origen del hombre americano

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El interés por despejar la incógnita acerca de la naturaleza del hombre americano despertó desde el instante mismo en que se produjo el choque de los europeos con el Nuevo Mundo, a finales del siglo XV.

Los pioneros de la conquista, inspirados en las enseñanzas de los libros paganos antiguos y en los mitos cristianos relacionados con el surgimiento de la humanidad, donde nada se decía sobre estos, negaron cualquier rasgo humano a los recién hallados.

Pero esas ideas pronto fueron rechazadas y la bula papal del 9 de junio de 1537 admitió que los pobladores de las tierras encontradas allende el Atlántico eran verdaderos seres racionales, dotados de alma.

El problema entonces comenzó a girar alrededor de la procedencia de esos hombres, que muchos europeos de la época relacionaron con pueblos de la antigüedad clásica: egipcios, cananeos, fenicios, griegos, romanos, cartagineses u otros.

Arias Montano, en el siglo XVI, se encargaría de defender la tesis de que los indios americanos eran descendientes de judíos tataranietos de Noé, el constructor del arca salvadora de especies durante el diluvio universal.

Otros imaginaron a los aborígenes miembros o parientes de las 10 tribus de Israel, arrasadas por los asirios en el VII antes de nuestra era (a.n.e.) y supuestamente refugiadas en las extensas tierras encontradas por el almirante genovés Cristóbal Colón (1451-1506) y sus seguidores.

Esa tesis se sostuvo hasta el siglo XIX, junto con otras defensoras del vínculo de los habitantes del Nuevo Mundo con sobrevivientes de una expedición encabezada por el conquistador macedonio Alejandro Magno (356-323 a.n.e.), o de mogoles desaparecidos en 1380 cuando pretendían invadir Japón.

En el siglo de la Ilustración, seudo-científicos interesados en despejar la incógnita ubicaron el origen del hombre americano en la mítica Atlántida, continente supuestamente sumergido 500 mil años antes, o en Mu-Lemuria o en los mormones.

Todavía hoy, pese a los progresos de la ciencia, esa corriente cobra vigencia en los argumentos manejados por quienes consideran la participación de extraterrestres en la fundación de las culturas americanas.

El rigor científico alumbró el debate sobre el tema en 1810, cuando el eminente sabio alemán Alexander von Humboldt (1769-1859) situó la matriz de los ancestros del hemisferio occidental en pueblos asiáticos que atravesaron el estrecho de Behring hacia el norte del continente.

Ya en las postrimerías de esa centuria, aparecieron las llamadas teorías autoctonistas, partidarias de ubicar el nacimiento de la especie humana en diferentes lugares del mundo, pero en épocas diversas.

La opinión más difundida en ese período fue la del paleontólogo argentino Florentino Ameghino (1854-1911), quien postuló en su libro "La antigüedad del hombre de la Plata" que las pampas argentinas eran la cuna de la humanidad.

Para el experto autodidacta, todos los mamíferos -incluyendo su Tetraprothomo argentinus, antecedente directo del hombre actual- eran originarios de Sudamérica, de donde se expandieron por toda la tierra.

El rechazo casi unitario a esa teoría prosperó al comprobarse que los monos americanos pertenecen a una rama muy alejada de los antropoides, lo que descarta cualquier posibilidad de surgimiento de elementos humanoides en este lado del mundo por vía evolutiva.

Pero los estudiosos subestimaban la buena memoria del indio americano: en los Anales de los cakchiqueles aparece parte de la respuesta al problema y también en el Popol Vuh, libro sagrado de los mayas quichés:

"No está bien claro, sin embargo, cómo fue su paso sobre el mar; como si no hubiera mar pasaron hacia este lado; sobre piedras en hilera sobre la arena. Por esa razón fueron llamadas Piedras de Hilera, Arenas arrancadas, nombres que ellos les dieron cuando pasaron entre el mar, habiéndose dividido las aguas cuando pasaron".

Investigaciones ulteriores dieron la razón a los autores anónimos del Popol Vuh y a lo enunciado por Humboldt: el hombre americano es originario de Asia y arribó a estas tierras hace aproximadamente 40 mil años a través del norteño estrecho de Behring.

La plataforma continental que une a la península siberiana de Chukotsky con la península de Seward en Alaska, sumergida hoy apenas 37 metros bajo las aguas, sirvió de vía no sólo para los homo sapiens, sino también para diversas especies de animales.

Por la zona, congelada casi todo el año, aún puede cruzarse de un lugar a otro y, probablemente, fue el punto de partida de quienes se expandieron por el continente americano de norte a sur en diversas oleadas hasta llegar a la Patagonia (9000 a.n.e.).

El hallazgo de los siete restos humanos más antiguos del hemisferio occidental, todos con rasgos del hombre moderno, prueban esa tesis: el hombre-mujer de Tepexpan (México), el cráneo de Punín (Ecuador), los de Fontezuela y Arrecife (Argentina) y los de Lagoa Santa (Brasil).

Para Paul Rivet (1876-1958), antropólogo y etnólogo francés, las sucesivas inmigraciones asiáticas por Behring constituyen el aporte primitivo más antiguo y más importante al poblamiento de América, pero no son el único origen del hombre de estas tierras.

A diferencia de la teoría del origen único de Ales Hrdlicka (1869-1943), geólogo checo nacionalizado estadounidense, el experto galo defendió que en épocas tardías y, de forma secundaria, australianos, polinesios y melanesios u otros intervinieron en ese proceso.

La integración de los melanesios es sugerida por la existencia del gran grupo paleo-americano o de Lagoa Santa (Minas Gerais, Brasil), el quipus andino, similitudes de dialectos, mutilaciones, sangrías, trepanaciones e incrustaciones dentarias.

A esos magníficos navegantes se les atribuye el descubrimiento de la mayoría de las islas del Pacífico, por lo cual no se descarta su llegada a las costas americanas en época tan temprana.

Aunque voces discordantes sugieren continuar las pesquisas sobre el tema antes de concluir, la extraordinaria similitud étnica, cultural, lingüística, de cultivos, costumbres entre los remotos americanos y melanesios-polinesios mueve a considerar con seriedad esa hipótesis.

Las dudas siguen alrededor de la dirección en la cual se produjeron esos contactos, pese a que algunos arriesgaron sus vidas hasta demostrar la posibilidad del cruce del océano Pacífico en balsas o troncos de árboles ahuecados, similares a los creados por esos pueblos.

Tal es el caso de la expedición de la Kon-Tiki, protagonizada en 1947 por etnólogo noruego Thor Heyerdalh desde el Perú hasta el archipiélago de Tuamotú (Polinesia) y la del investigador francés Eric de Bisschop, realizada una década después en sentido inverso hacia Chile.

Algunos especialistas, como el antropólogo portugués Mendes Correia, consideran que los australianos contribuyeron con las tribus más meridionales de Sudamérica, luego de atravesar por la Antártida, el continente helado, en tiempos más favorables.

El suspenso sigue rondando esa aproximación a los posibles orígenes del hombre americano, pero por suerte, las fantásticas teorías de los pioneros de la conquista yacen empolvadas en los archivos desde hace mucho tiempo.

Martes, 01 de Abril de 2008 11:12 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Los primeros pobladores de El Salvador

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   Mucho antes de la llegada de los conquistadores españoles, el territorio salvadoreño estaba habitado por pueblos de orígenes diversos que, en oleadas sucesivas, fueron asentándose en la región.

   Para su estudio, los especialistas suelen subdividirlos en tres grupos: premaya o arcaico, maya y náhoa o nahua, en cierta medida por sus vínculos con las grandes culturas americanas que se establecieron desde el norte.

   Pese a las pesquisas realizadas, aún se desconocen los rasgos fundamentales de los arcaicos o premayas, de los cuales apenas se encontraron huellas paleontológicas y arqueológicas hacia 1917.

   Todo parece indicar que ese grupo poblacional no alcanzó a mezclarse con las civilizaciones que arribaron luego a la zona, porque sus restos fueron sepultados por erupciones volcánicas ocurridas en el período prehispánico.

   Los pueblos incluidos en el denominado núcleo maya vivieron en El Salvador desde el siglo I de nuestra era hasta el VI, mientras que el náhoa o nahua se estableció en la zona como resultado de sucesivas migraciones iniciadas por los toltecas cerca del siglo XI.

   Pocomanes y chorties son algunos de los grupos mayences reconocidos por los pioneros de la conquista y colonización, igual que los lencas, pueblo cuyo dominio se extendió desde las márgenes del Rió Lempa hasta la actual zona oriental de la República.

   Para el etnólogo y lingüista Carlos Antonio Castro, estos últimos, resultados del entrecruzamiento de misquitos- chibchas y mayences,  constituyeron la avanzada de los aborígenes chibchanos expandidos por Centroamérica.

   Al arribo de los europeos, los lencas estaba a punto de ser absorbidos por los pipiles, grupo nahua al cual se le atribuye el carácter nuclear de la cultura salvadoreña desde el punto de vista antropológico.

   Su larga convivencia con esa comunidad había influido en que hablasen el náhualt y practicasen costumbres sociorreligiosas muy parecidas.

   Entre sus divinidades se distinguían el Tigre que vuela (Comizahual) e Icelaca, deidad de dos caras que representaba el pasado y advertía sobre el porvenir.

   Investigaciones practicadas arrojaron que los pipiles llegaron a El Salvador procedentes de México tras el colapso del imperio Tala, alrededor del año mil de nuestra era y erigieron importantes ciudades como la de Cuscatlán  y Techan Izalco, en el mil 54.

   También Apanectl, Tehuacan, Opaztepetl, Ixtepetl y Guacotecti, según refirió el historiador y ensayista salvadoreño Santiago Barberena (1851-1916) en su Historia de El Salvador.

   Los pipiles, descendientes de la civilización Tolteca que introdujo el culto al dios de la lluvia Tlaloc y se extendió desde orillas del Lempa hasta el Río Paz, desarrollaron una democracia militar caracterizada por la propiedad común de la tierra.

   Hasta la fecha, se reconocen cuatro ramas importantes de esa cultura: los cuzcatlecos, los Izalcos (muy ricos por su elevada producción de cacao), los Nonualcos (radicados en la zona central del país y reconocidos por su afición a la guerra) y Los Mazahuas.

   La sociedad pipil era en esencia clasita y tendiente al desarrollo de la esclavitud, en un principio como resultado de los enfrentamientos entre las distintas tribus y no por razones hereditarias.

   Pese a eso, subsistían aún algunas formas de trabajo en común en sembradíos destinados a alimentar a los huérfanos y desvalidos, similar al que se realizaba en el extenso imperio incaico.

   Las leyendas sobre las proezas de los más notables gobernantes de la comunidad pipil, que en lengua Nahuat significa Noble o Señor, llegan hasta nuestros días.

   Axitl Quetzalcóatl, el Fundador, es uno de los más reconocidos ya que se le atribuye el haber conducido hasta la región centroamericana la migración náhua- toltteca fundacional.

   La práctica de la agricultura entre los pipiles era obligatoria y ordenada por el cacique, pero desconocían del arado, no disponían de animales de tiro, montura y carga.

   A pesar de esas limitantes, lograban cosechar en abundancia maíz, frijol, cacao, tabaco y otros productos tropicales, en gran medida por los avanzados sistemas de riego que lograron distribuir por todos los terrenos cultivados.

   El amplio sistema de legislación penal pipil protegía el régimen agrícola, la división clasista de la sociedad, la religión y las instituciones fundamentales como la familia.

   La muerte, como castigo, sólo estaba reservada a quienes despreciaran los sacrificios a los dioses, tuviesen trato carnal con mujeres ajenas o parientes hasta el cuarto grado de consanguinidad, a los violadores y a los reos por hurto grave.

   El mentiroso era considerado un ser despreciable en la comunidad, por lo cual se le azotaba hasta el cansancio y si la mentira guardaba relación con asuntos de guerra, podían ser convertidos en esclavos.

   Cualquiera que tuviese contacto carnal de índole sexual con una esclava ajena también podía ser reducido a esa condición.

   El Sol naciente, Quelzalcoátl en su dualidad de dios del viento y estrella de la mañana, era adorado tanto como Tláloc (dios de la lluvia), Tonatiuh y Metzi, el sol adulto y la luna respectivamente.

   La práctica del anualismo, colocación de la vida de un individuo bajo la protección de un animal o anual, era cuestión esencial entre los miembros de la comunidad y se extiende hasta nuestros días.

   Otras culturas encontradas por los europeos fueron los juicos, clasificados por el etnólogo francés Paúl Rivet (1876-1958) como autónomos en lo lingüístico, y los matagalpos, misquitos-semimatagalpa o grupo chontal de Nicaragua.

   El patrimonio arqueológico salvadoreño, compuesto entre otros por las ruinas del Tazumal, Pompe y El Trapiche- situados en la ciudad de Chalchuapa, departamento occidental de Santa Ana- recuerdan el paso de los primeros pobladores del territorio.

   A la pirámide trunca de 23 metros de altura que reina en la zona, semiderruida por efectos climatológicos y por la desatención de las autoridades, pueden sumarse las ruinas de San Andrés, en el departamento de la Libertad y los de Cihuatán, al norte de la capital.

   Estudios arqueológicos demostraron que el Tazumal fue creado por una de las comunidades de mayor antigüedad en el hemisferio, con evidencias de ocupación humana continua desde mil 200 años antes de nuestra era hasta el presente.

   Aunque los pipiles solían establecer comunidades nuevas, escogieron al Tazumal como centro alrededor del 900 de nuestra era y construyeron una pirámide al estilo mexicano, un juego de pelota y un templo a Quetzalcoatl, en su versión de Ehecatl, dios del viento.

   San Andrés, uno de los más grandes centros prehispánicos, constituyó una capital regional alrededor del 600 a 900 de nuestra era y congregó a una población de más de 12 mil habitantes.

   Mientras Joya de Cerén, en el valle de Zapotitán a 35 kilómetros al occidente de San Salvador, conserva unas 15 estructuras a pesar de la incidencia de la erupción del volcán Caldera mil 400 años atrás.

   Núcleos indígenas con raíces pipiles subsisten en El Salvador del siglo XXI en Izalco, Sonzonate, Panchimalco, los Nonoalcos y Sesori y muchos de sus miembros hablan el nauta arcaico además del idioma impuesto por los colonizadores españoles.

   Esas comunidades aborígenes se encuentran sometidas a condiciones infrahumanas, como gran parte de la población rural y suburbana del país, y su pasado suele mostrarse en nebulosa.

   La destrucción de los Códices fundamentales de los pipiles por la Inquisición católica durante el período colonial y los afanes de la oligarquía local y foránea contemporánea, interesada en acelerar la supuesta modernización de la sociedad, han contribuido en gran medida a ello.

Martes, 01 de Abril de 2008 11:01 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

¿Maravillas en el mundo antiguo latinoamericano?

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Desde los tiempos de la Roma clásica, se acuñó la existencia de siete maravillas en el mundo antiguo y pese a que los siglos trajeron consigo infinidad de otros conceptos y opiniones, esa idea se erigió como dogma respetado por muchos.

Las pirámides de Gizeh, los Jardines Colgantes de Babilonia, el templo de Artemisa en Efeso, la estatua de Zeus en Olimpia, el mausoleo de Halicarnaso, el Coloso de Rodas y el Faro de Alejandría, aún son consideradas las obras más grandiosas de su tiempo.

Algunos intentan enriquecer ese añejo inventario con joyas arquitectónicas concebidas en distintas regiones del planeta posteriormente, pero resulta interesante constatar que sólo una gloria americana aparece incluida.

Junto al Coliseo romano, el Taj Mahal hindú, la Gran Muralla china, el Kremlin moscovita y la italiana torre de Pisa, se relaciona tímidamente a Chichén Itzá, ese "libro de piedra roto que recuerda las esculturas de encajes y las pinturas finísimas de uno de los centros culturales mayas", al decir de José Martí.

Los que así piensan quizás desconozcan que muchos de los que arribaron a las "Indias Occidentales", durante la conquista y colonización, dejaron constancia del impacto que les