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La huella perdida del dragón

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   Pocas criaturas míticas despiertan tantos sentimientos encontrados como el dragón, cuya existencia es puesta en duda por los científicos, pese a que casi todas las culturas lo incluyen en sus leyendas.

   Referencias a estos animales gigantes -capaces de lanzar bocanadas de fuego y sobrevolar extensos territorios, según el imaginario colectivo- aparecen desde tiempos bíblicos en expresiones artísticas del antiguo Oriente Medio, Europa, y hasta América Latina.

   Las piedras y tapicerías peruanas de entierros, la “serpiente emplumada” de los aztecas, petroglifos aborígenes americanos, esculturas del Mayán, y otros vestigios de arte ceremonial, ofrecen señales de tales especímenes.

   También representaciones de los dragones fueron halladas en la cultura babilónica, mosaicos romanos, cerámica asiática, trajes reales, cubiertas de entierro y en sellos oficiales egipcios.

   La tradición oral enseña que para los celtas, estos eran expresión de la soberanía y una divinidad de los bosques, cuya fuerza podía ser controlada y utilizada por los magos.

   Ello coincide en cierta medida con la visión de los romanos antiguos, para quienes estas criaturas eran el poder y la sabiduría, mientras que los persas veían la maldad en el identificado como Azi Dahaka.

   Al avanzar la Edad Media, el catolicismo reforzó la criminalización de estos y los convirtió en íconos del mal, la apostasía, la traición, la cólera, la envidia, la opresión, la decadencia y la herejía.

   El término dragón –del latín draco y del griego drakon- había sido empleado por los autores del Viejo Testamento para referirse a los monstruos del mar y de la tierra.

   Un dragón personifica al mal en el libro del Apocalipsis de San Juan y es vencido por la fe, en la figura de San Jorge.

   Las dudas acerca de la existencia de estas criaturas extraordinarias cunden cuando constatamos que Herodoto -uno de los historiadores más respetado en el siglo 450 antes de nuestra era (a.n.e)- describió enormes animales que volaban en el período cerca de Arabia, Judea y Jordania.

   Casi un siglo después, en la región china de Sichuan, uno de sus pobladores dijo haber encontrado huesos de dinosaurios, en una época en la cual corrían leyendas sobre monstruos voladores que asolaban la aldea.

   Marco Polo, el famoso navegante veneciano, escribió en sus memorias que había avistado seres parecidos a los dragones y hasta había sido atacado por uno de ellos en las inmediaciones de Persia, hoy Irán.

   De acuerdo con Relaciones de Curiosidades, publicado bajo la autoría de Eberhard Werner Happel, en el siglo XVII, un joven caballero de la orden de San Juan mató a un dragón en Rodas, en 1345.

   Deodatos de Gozón, el supuesto héroe del relato, fue apenas uno entre los tantos a los cuales le atribuyó acciones de esa naturaleza en historias supuestamente ocurridas en países exóticos.

   Happel contribuyó en gran medida a difundir la creencia en que existían varias especies de dragones, casi todas con alas y que despedían fuego, pero de cuatro patas o dos patas, terrestres o marinos.

   El hallazgo de los primeros fósiles en las capas internas de la tierra, en el siglo XVII, contribuyó a que la leyenda proliferara tras demostrarse la fragilidad de la tesis acerca de la creación del universo por Dios, sólo seis mil años a.n.e.

   Entre hombres de ciencia de la época ganó terreno entonces la esperanza de que pudieran hallarse vestigios de dragones ancestrales, pero todas las búsquedas desatadas resultaron infructuosas.

   En contraposición surgió, para 1691, la teoría del “Principio Espermático” o “Aura seminalis”, que procuró explicar el nacimiento de animales deformes o a medio hacer, entre los que consideraba al dragón.

   Esta hipótesis defendía que el poder de la reproducción radicaba en el macho, porque la cabeza de cada espermatozoide portaba un ser adulto por crecer y sólo precisaba del ambiente adecuado para desarrollarse.

   El semen evaporado pasaba al aire y luego caía en la tierra con la lluvia, lavado. La mezcla de los sémenes de distintos animales daba lugar, en opinión de Karl Nikolaus Lang, a un ser incompleto: el dragón.

   La teoría del Principio Espermático ganó amplia aceptación entre los sectores populares, pese a que paleontólogos y otros especialistas arremetieron contra ella y procuraron ratificar que esos seres sólo eran fruto de la imaginación.

   Científicos concuerdan en este siglo que si hubieran existido y con semejantes dimensiones, los dragones no hubieran podido ser de carne y hueso, ni capaces de volar o escupir fuego.

   Más, algunos pueblos siguen reverenciando a estos seres extraordinarios como representantes de las fuerzas de la naturaleza y del bien. Tal es el caso de los longs chinos, probablemente los más conocidos en el mundo.

29/03/2013 22:12. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Ichcabal, joya escondida de los maya

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     Como si tratase de reafirmar que queda mucho por esclarecer con relación a los mayas, la sorpresa invadió a los arqueólogos, al permitirles avistar la imponente ciudad de Ichcabal.

   La añeja urbe, situada en áreas del sureño estado de Quintana Roo, hacia el extremo sudoccidental de la península de Yucatán, guardó durante mucho tiempo informaciones valiosas sobre esa antigua civilización con la complicidad de la selva.

   Despejadas plazas, sorprendentes pirámides y perfectos "sacbés" o amplios caminos entre espacios monumentales o poblaciones permitieron datar a esa maravilla latinoamericana a finales del preclásico maya (dos mil 300 a 300 o 400 de nuestra era).

   Tanta majestuosidad también indujo a algunos a calificarla de monstruo arquitectónico, cuando apenas comenzaban los trabajos de exploración e investigación y poco se hacía en pos de su restauración.

   Jaguares, tejones, tapires, venados, tucanes y serpientes conforman la no menos admirable biodiversidad expandida por la zona, donde puede admirarse una acrópolis sobre la cual se alza una pirámide de 45 metros de altura.

   Esa estructura pétrea, asentada en una base rectangular de casi cien metros por cuarenta de ancho constituye la más alta edificación del complejo de Ichcabal, ahora sumado a los reconocidos monumentos arquitectónicos diseminados por gran parte del actual México.

   Para acceder a los misterios contenidos en esa añeja ciudad y sobre todo en la alta pirámide que la engalana, es preciso lidiar con una espesa vegetación.

   Estudiosos y obreros restauradores llegados al lugar a partir de 1995 aseguran que de abril a noviembre, coincidiendo con la temporada de lluvias, resulta casi imposible transitar por el sendero rumbo al lugar.

   Las dificultades rodean a los encargados de remozar la más novel joya arqueológica maya, a 20 kilómetros de la frontera con el vecino país centroamericano de Belice y a apenas 40 al noroeste de Chetumal.

   Mucho antes del hallazgo de Ichcabal se conoció de la existencia vestigios de esa cultura indoamericana, la única que logró estructurar un verdadero sistema de escritura, en zonas aledañas.

   A menos de 10 kilómetros de su centro se encuentra Dzibanché y algo más lejos, Kohunlinch y Kinichná, también exponentes del paso por la región de esos hombres, cuya grandeza descansó en el demonio que alcanzaron de las técnicas agrícolas y del cultivo del maíz.

   Tiempo y recursos faltan aún para poder mostrar a los turistas e interesados ese producto de la constancia maya, destinado a dar un vuelco a las pesquisas arqueológicas en el área, en opinión de ejecutivos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

   Ichcabal apareció cuando se tenían por descubiertos todos los grandes complejos urbanos del mundo maya, por eso vamos a tener algo muy diferente que decir tras investigarlo, consideró Adriana Velázquez, directora de esa entidad estatal en Quintana Roo.

   Es posible que el esplendor mayor de esa ciudad guarde relación con la más intensa presión demográfica en la península de Yucatán, pero todavía no puede afirmarse nada.

   Los expertos insisten en que apenas se dan los primeros pasos, mientras las estructuras arquitectónicas preservadas por el tiempo se aferran a su mudez y apenas permiten adelantar esa u otras hipótesis.

   Quizás pulularan por la zona de cinco o seis millones de habitantes e incluso, en algunos sitios, confluyeran hasta 50 mil, sugieren varios expertos.

   En la jurisdicción estatal de Quintan Roo la densidad poblacional es tan elevada que nunca termina de haber estructuras, argumentan, al mismo tiempo que funcionarios estatales, empresarios y comerciantes esgrimen los seguros beneficios de abrir Ichcabal al público.

   El nuevo destino turístico constituirá un reto estratégico para las autoridades, pues puede que revolucione las rutas e implique la transformación del modo de hacer turismo en el sur de México.

   Antes de convertir a la ciudad escondida por muchos años en un atractivo turístico es preciso tasar sus riquezas históricas, pero el tiempo apremia para quienes piensan en las ganancias que su exhibición puede aportar.

   Por eso tal vez se esgrima con mucha frecuencia que, pese a los argumentos expuestos por los especialistas acerca de la dificultad de poder abrir de manera inmediata el sitio, “la zona arqueológica tal como está es un atractivo turístico".

   “Hay gente que pagaría, y muy bien, por ver un atractivo de este tipo: es una ruina maya monumental cubierta por la selva. Eso reportaría beneficios incalculables, defendió José Alberto Alonso,  subsecretario de Desarrollo Turístico del estado.

   La creación de un gran parque arqueológico-ecoturístico, propicio para disfrutar de la fauna y la flora también, tienta a hombres de negocio y gobernantes locales.

   Pero no pocos se preocupan por las terribles consecuencias que al medio ambiente y a los restos indígenas pudieran reportar despiadados buscadores de fortuna atraídos por la novedad.

   Mientras, la selva guarda recelosa el legado maya y mira como a intrusos hasta a los hombres de ciencia, quienes se ufanan en profanar los secretos escondidos en Ichcabal a despecho de los años.

29/03/2013 21:46. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Francisco de Miranda, precursor de la igualdad de género

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   Más allá de sus reconocidos esfuerzos por fomentar la lucha contra el colonialismo español, el venezolano Francisco de Miranda devino precursor de la igualdad de género en esta región.

   El contacto directo con las ideas liberales, a partir de su desempeño como militar en distintos países, despertó su afán por lograr la separación de la metrópoli pero también la aceptación de los derechos de las mujeres.

   Cuando apenas el tema era considerado por sus contemporáneos, Mirando las consideró sabias y capaces de aportar más afectivas maneras de ejercer el gobierno que muchos hombres.

   Una carta dirigida por este en 1792 al entonces miembro de la Convención Nacional Francesa como delegado de Haití, Alexander Petión, da cuenta de sus opiniones sobre el particular al responder a una solicitud del luego presidente de esa nación caribeña (1803).

   “Os recomiendo una cosa sabio legislador: las mujeres. ¿Por qué dentro de un gobierno democrático la mitad de los individuos, las mujeres, no están directas o indirectamente representadas, mientras que sí están sujetas a la misma severidad de las leyes que los hombres hacen a su gusto?”.

   “¿Por qué al menos no se les consulta acerca de las leyes que conciernen a ellas más particularmente como son las relacionadas con matrimonio, divorcio, educación de las niñas, etc.?”.

   “Le confieso que todas estas cosas me parecen usurpaciones inauditas y muy dignas de consideración por parte de nuestros sabios legisladores”, añadió, a manera de conclusión.

   En más de una ocasión, según su carta a Petión, Miranda también alentó a algunos legisladores de América y Europa a tomar en consideración a sus contrapartes femeninas y se quejó de ser desatendido.

   Casi todos los hombres enrolados en la política en el período cerraron oídos a las exigencias de las mujeres y cuando menos, se conformaron con reconocer la injusticia cometida contra ellas, se desprende de sus palabras.

   Los entendidos reconocen que esta faceta de la actuación revolucionaria de Miranda fue incomprendida incluso por algunos de sus seguidores y en virtud de ello, muchas veces silenciada.

   Para algunos historiadores, la visión alcanzada sobre el asunto resultó de la gran cultura y el espíritu libertario desarrollados por este precursor de la independencia de su tierra y de toda Latinoamérica.

   Probablemente el posterior maestro de Simón Bolívar supo del drama de Olympes de Gouges, la feminista francesa decapitada por los "revolucionarios" portadores de la filosofía de la "ilustración" por defender los derechos de su sexo.

   Quizás también conoció otros casos similares en el ámbito del sangriento proceso encabezado por la burguesía del país galo contra la monarquía absoluta regida por Luis XIV y durante su recorrido por  distintos territorios.

   Miranda descendía de una antigua familia metropolitana radicada en  Venezuela, pero ingresó muy joven a la milicia española y tras renunciar a esta, se enroló como militar en las guerras libradas en su época en Estados Unidos, Francia, y Rusia.

   En cada una de esas naciones bebió de las concepciones liberales en boga y también en Inglaterra, donde cobró fama de agitador revolucionario.

   Diplomáticos de todo el continente europeo coincidieron en calificarlo de "príncipe de las conspiraciones", más estos estigmas no lograron opacar su influjo sobre personas de su generación y entre los más jóvenes.

   Algunos de sus más conocidos discípulos fueron Bolívar, José de San Martín y Bernardo O'Higgins, a quienes organizó en logias libertarias y devinieron en estandartes de la independencia americana.

   Las experiencias acumuladas en sus incursiones libertarias por el mundo y una incesante búsqueda de conocimientos a través de la lectura posibilitaron a Miranda alcanzar su ideal transformador, cuya vigencia se renueva en estos días.

   Los constantes reclamos de las mujeres, favorecidas con el acceso al sufragio hace menos de una centuria, siguen en el centro del debate y este sector poblacional no fue reivindicado de forma total.

   Cuestiones esenciales, relacionadas con el matrimonio, los hijos, la educación para la vida, retribución por su trabajo y otros aspectos continúan siendo demandados en esta parte del mundo por las mujeres.

   En un contexto marcado por una cultura machista y adultocéntrica, la subestimación es apenas uno de los problemas que afecta a las latinoamericanas en estos tiempos.

   Desde niñas, estas son educadas por lo general bajo patrones que de manera tradicional las hacen sentir víctimas de la sociedad y las impulsan a mantener cierta dependencia con respecto a los varones.

   La sujeción de las representantes de este sexo a tales consideraciones también en el mercado laboral explica la desproporción entre profesionales hembras y su presencia en puestos de relevancia dentro de sus empresas o en organizaciones sociales.

   Por lo general, las mujeres son mal retribuidas por su trabajo con relación a sus contrapartes y se ven obligas a prostituirse, emigrar o trabajar en labores informales, lo que las hace especialmente vulnerables ante la mortal pandemia desatada en el siglo anterior.

   Más de la mitad de las personas aquejadas por ese virus en el mundo son mujeres y en Latinoamérica suman dos de cada tres personas de 15 a 24 años.

   En igual medida, las niñas están sujetas a este riesgo en el área: entre los adolescentes de 15 a 19 años, cinco o seis pertenecientes a este sector contraen la enfermedad por cada varón en las regiones más afectadas.

   Investigaciones reflejaron que una importante proporción de infecciones se deben a la violencia de género en el hogar, la escuela, centros de trabajo y en otras situaciones sociales.

   Aquellas obligadas a tener relaciones sexuales a veces hasta por sus esposos están sujetas al mayor riesgo, pese a lo cual los especialistas insisten en que el grado de vulnerabilidad es igual para todas por su fisiología.

   La pobreza es otro de los flagelos que afectan a las mujeres que viven al sur del Río Bravo: la mitad de las mayores de 15 años no tienen ingresos propios, mientras que sólo uno de cada cinco hombres está en esa situación.

   Carentes de poder social y con escaso acceso a propiedades de tierra, créditos, dinero en efectivo, servicios sociales, instrucción y empleo, miles de estas terminan sujetas a las redes del comercio sexual.

   También en las zonas signadas por una cruda violencia social y por conflictos armados, el abuso sexual es considerado por algunos analistas como un instrumento de guerra y deviene práctica constante contra mujeres y niñas.

   Al mismo tiempo, la población femenina en Latinoamérica enfrenta la desarticulación familiar: el 20 por ciento de los hogares en la región tienen una mujer sola al frente, lo cual potencia su pobreza.

   Esto se suma a una elevada mortalidad materno infantil, que según la Organización Panamericana de la Salud, creció de manera desproporcionada en el último lustro en Haití, Guatemala, Honduras y Perú.

   La desatención de los gobiernos de estos países a semejantes fenómenos y a los acuerdos de Beijin (1995), favorables a la inclusión social de las mujeres y a la erradicación de la discriminación por género, obliga a miles de estas a emigrar cada año.

   Tal situación justifica el rescate de las enseñanzas de los próceres latinoamericanos, promotores de la independencia y la unidad entre todas estas naciones, pero también del reconocimiento del papel de sus compañeras de lucha en la forja del destino de estas.

29/03/2013 21:39. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Giros monetarios en Centroamérica

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   Más o menos hasta el año 1524, maíz, cocos, cacao y plumas de aves, sirvieron de medidas cambiarias o pago antes de la implantación del sistema monetario español en Centroamérica.

   El signo mercantil por excelencia en la región era el xontle o contle- consistente en 400 almendras de cacao- con dos múltiplos: el jiquipil, o sea, 20 xontles y ocho mil almendras, y la carga, de tres jiquipiles o 24 mil almendras.

   En la Costa Rica precolombina, por ejemplo, hubo una intensa actividad comercial en mercados o ferias. El cacao y el maíz -especialmente el primero de ellos- era usado como dinero: "la moneda corriente es el grano de cacao, sin que se conozca el real de plata", escribió al rey el gobernador Diego de la Haya, en 1719.

   Algo similar ocurrió en Guatemala y en Nicaragua. Aunque el almirante Cristóbal Colón menciona en su diario excelentes monedas de oro y reales de plata -lo que hace suponer que estas pudieron acompañar a los pioneros de la colonización- el cacao siguió sirviendo de medida cambiaria en la zona.

   La escasez de monedas acuñadas en España impidió una transformación radical del sistema en esta parte del mundo, a la cual llegaban exclusivamente algunas marcadas con los cuños de Segovia y Sevilla.

   Pero a partir de 1536 todo cambió con la creación de una casa productora en la ciudad de México, sede del Virreinato de Nueva España. Luego fueron autorizados los cuños de Santo Domingo (1542), Lima (1568), Potosí (1574), y La Plata (1577).

   Especialistas del Banco Central de Nicaragua coinciden en que en el siglo inicial de la colonización circularon diversas monedas en ese territorio, acuñadas tanto en España como en las casas creadas al efecto en otras partes del continente.

   La rudimentaria maquinaria y la poca experiencia redundaron en la producción de monedas muy irregulares. Las barras de metal eran cortadas en distintas formas y en correspondencia, aparecieron monedas provistas de sellos y emblemas oficiales, las cuales fueron llamadas “cortadas” o “macuquinas”.

   Además de las macuquinas, circularon por el área las de tipo “Carolus et Johanna”, el “Tostón”, las “Columnarias” y las de “Busto”.

   Numismáticos dan cuenta de que las primeras redondas con borde de cordoncillo aparecieron entre 1733-1734. Unas fueron identificadas como “pilares” por tener grabadas las columnas de Hércules, y las otras como "bustos", porque se decidió incorporarles la efigie del rey.

   Después de la independencia de la monarquía española, en 1821, las cinco provincias centroamericanas iniciaron un proceso de transición hacia un sistema monetario federal o nacional, que pretendía desligarse de las regulaciones, signos e influencias de la otrora metrópoli.

   La Casa de Moneda de Guatemala jugó un papel primordial en ese sentido. En ella se acuñaron las primeras monedas de oro y de plata propias de la región.

   La primera efectiva de las Provincias Unidas del Centro de América circuló a partir de 1826, con una cordillera de cinco volcanes en su anverso -representando los cinco países que conformaron la alianza-, con un sol naciente como símbolo del inicio de la emancipación, y con un árbol de ceiba con la leyenda “Libre Crezca Fecundo”, en el reverso.

   Sin embargo, casi en todas las naciones continuó vigente el sistema monetario español y en otras, se crearon monedas locales. Tal es el caso de Costa Rica, donde se fundó una Casa de Rescate, en 1824.

   El Ingenio Los Horcones sirvió de sede a la producción de monedas en el período, más ante el poco crédito logrado por estas piezas, el gobierno federal ordenó suspender la acuñación en el país.

   Los cinco gobiernos centroamericanos, aunque separados por disímiles razones, acordaron acuñar monedas distintivas para cada uno de ellos en 1853 y cuatro años después, el nicaragüense facultó al mercado de León a emitir una moneda fraccionaria de un “real dime”, el cual equivalía a la décima parte del dólar Norteamericano.

   Entre siglos, tanto en este país como en el resto, además de las monedas y los billetes circularon las “contraseñas”, fichas o monedas particulares. Estas eran mandadas a acuñar por los hacendados para pagar a sus jornaleros y sólo podían ser usadas dentro de la hacienda, pues sólo eran válidas para comprar en el comisariato de esa propiedad.

29/03/2013 21:35. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Pasajes salvadoreños

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   A pesar de ser uno de los países menos poblado de Latinoamérica, El Salvador acumula una larga tradición de mitos y leyendas, donde confluyen personajes legendarios y reales.

   El indio Anastasio Aquino es uno de los más populares y según los relatos, comandó una peligrosa insurrección en la región de los nonualcos. en la zona central del país, en 1833.

   La protesta contra los peones, por los maltratos que inflingían a los indios, alcanzó tanta fuerza que las huestes del líder lograron penetrar en la ciudad de San Vicente y este se proclamó rey de esa étnia.

   Al que robe se le cortará una mano; al que robe de nuevo se le fusilará, determinó Aquino, luego de auto investirse con la corona de uno de los santos del templo del lugar.

   Otro personaje legendario es el identificado como Robin Hood salvadoreño o partideño, cuya existencia a finales del siglo XIX es puesta en duda por muchos.

   Dicen que este conducía partidas de ganado de un lado a otro de Centroamérica, pero después se convirtió en un bandido singular cuando un hombre rico le raptó su novia el mismo día de la boda.

   En venganza, el transformado en bandido acuchilló al padre del ofensor y se dedicó además a asaltar y a matar a cuanto rico y noble se le cruzaba en el camino.

   El partideño también acabó con el raptor de su amada, violada y asesinada por el indigno noble, pero a pesar de la terrible trayectoria algunos aseguran que el sujeto mantenía un alto sentido de la justicia y no permitía que robos o daños a los pobres.

   Entre los personajes mitológicos legados por vía oral, fundamentalmente, se incluye un espíritu enamorado que siempre busca a las mujeres jóvenes y bonitas.

   El Duende, como se le conoce, no deja en paz a sus predilectas y aleja a sus pretendientes hasta convertirlas en solteronas mediante la emisión de ruidos, brisas y aromas, por las noches.

   Pero cuando la joven hace algo desagradable para él, como no bañarse o hacer otras cosas antihigiénicas, este se retira causando un ruido estruendoso y soltando terribles carcajadas.

   De modo similar actúa la Carreta Bruja o Chillona, que según la tradición popular, mató de horror a una chismosa en un pueblecito situado en las faldas noroeste del Cerro Santa Catalina, San Esteban, del Departamento de San Vicente.

   La carreta, de tamaño normal y sin bueyes, pasó por delante de la casa de Cirinla con una calavera humana en las puntas de los palos que componían el estacado y abarrotada de cadáveres decapitados que se retorcían como tentáculos de mil pulpos.

   Al sentir el chirriar de las ruedas del extraño transporte, la mujer se asomó a la ventana y constató que los arrieros no tenían cabezas, sino un pequeño manojo de zacate. En la mano izquierda, portaban una puya y en la derecha, el mango de un enorme látigo negro.

   Mientras azotaban a los cuerpos exánimes con este, los torturadores gritaban los nombres de todas las personas mentirosas, falsas e hipócritas, del pueblo.

   Un día después de ver la Carreta Bruja, Cirinla amaneció muerta encima de un charco formado con su sangre y desde entonces, el maquiavélico transporte no se escucha rodar sobre el suelo empedrado de las calles del lugar.

     Otros personajes míticos salvadoreños son la Siguanaba- mujer horrible dedicada a aterrorizar a los solteros- y su hijo el Cipitío, espíritu burlón con cuerpo de niño y barrigón, que anda con un gran sombrero sobre su cabeza y danza alrededor de sus víctimas.

   A esto se suma la creencia en la existencia del Cadejo, perro blanco con ojos rojos como brasas y hocico puntiagudo, quien difiere de otros personajes mitológicos porque protege a los caminantes.

29/03/2013 21:27. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

El Salvador: Juego de palabras

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   A chis puede significar en El Salvador algo más que el sonido de un fuerte estornudo, causado por un resfriado o por la alergia a cualquier ácaro esparcido por el ambiente.

   Esta expresión popular sugiere que, al individuo que la pronuncia, no le interesa, le asusta o no acepta, un situación en particular.

   _A chis, ¿a mi qué me importa?, quizás piense usted si fuese oriundo de esa nación centroamericana, pero nunca está de más conocer juegos de palabras poco usuales o distintivos de otros países de habla hispana.

   Eso le evitará pasar por egoísta cuando algún guanaco le solicite chirilicas o colaboración con la cabuda: colecta entre conocidos con el ánimo de completar lo necesario para comprar chelas o cervezas destinadas a festejar el encuentro.

   En cambio, si lo convidan a chambiar, sepa que sólo le están reclamando que vaya a trabajar y que deje de hacerse el bayunco, o lo que es igual: el chistosito con ocurrencias estúpidas, muchas veces a costa de los demás.

   Rica en vocablos distintivos es el habla de los salvadoreños, que también identifican como bolado a cualquier tema u objeto, cuyo nombre olvidaron o desconocen.

   Este término también suele ser empleado por hombres poco respetuosos en alusión a la mucura, es decir, a la mujer, amante o dama.

   A su vez, las cosas ordinarias o de mala calidad son llamadas por los pobladores del país más pequeño de Centroamérica cacaso, expresión que puede implicar además una crítica a quienes se niegan a hacer favores o son consideradas personas mal intencionadas.

   Estos seres humanos, rechazados por la mayoría de las personas en cualquier rincón del planeta, se identifican de manera indistinta como  tocho o chafa.

   Chismear, esa fea costumbre mal atribuida por nuestras sociedades machistas a las mujeres pero también practicada por muchos hombres, se conoce entre los salvadoreños por chambriar.

   Lingüistas locales coinciden en afirmar que este vocablo se emplea por lo general para identificar a quienes la pasan comentando de forma espontánea sobre hechos y sucesos de la vida pública y privada de cualquier persona, sin excepciones.

   Mientras penquiar, taleguiar, sopapiar, tastasiar, pifiar, dar verga o cachimbiar, constituyen sinónimos de la misma acción: agarrar a golpes a alguien al extremo de dejarlo al borde de la inconciencia.

   El elevado consumo de bebidas alcohólicas puede conducirle a una bajuca, talega o zumba (borrachera), pero seguro terminará procurando alimentos en la madrugada, lo que en El Salvador llaman el bajón.

   Más, le vale no gastar todas las lucas, bolas, baros, Bee Gees, chirilicas o billetes en esa fiesta, por si comete una infracción de tránsito y lo atrapa la chota, la jura, la chuyilla o policía.

   O tal vez para poder salir el domingo a chotiar con la cipota o los cheros de la colonia a distraerse de las rutinas diarias.

   Criticado por todos es ese personaje que en casi toda Latinoamérica se conoce por agarrado, tacaño o codo. Sin embargo, en El Salvador es llamado chucho como se le dice de forma cariñosa a los perros aguacateros.

   Y si algún día tiene la posibilidad de viajar a esa nación no se asuste si lo invitan a tomar el chuzón: se trata del vehículo colectivo destinado al transporte publico.

   Eso sí, procure andar con cuidado ante los elevados niveles de violencia y el enjambre de cuilios o paramilitares, que andas por las calles mezclados entre los ciudadanos normales.

  También pudieran aparecer en esta relación de palabras, poco usadas entre académicos, políticos u hombres de ciencias en ese país, otros modismos como gato (aquel que cree que es alguien y no es nada) o grencho (sujeto de lenguaje y maneras rebuscadas).

29/03/2013 21:24. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Costa Rica: El poder de los volcanes

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   Los volcanes dominan, poseen. Nada es comparable con las emociones que despiertan las emanaciones de lava y los paisajes majestuosos alrededor de estos ejemplares de las fuerzas ocultas de la tierra.

   Ellos constituyen uno de los principales atractivos de Costa Rica, país en cuyas cordilleras confluyen alrededor de 60 conos, entre los que destacan algunos de los más amplios y activos del mundo.

   Con una altura de dos mil 708 metros, el volcán Poás clasifica entre los más espectaculares del territorio porque posee bosques achaparrados o enanos, nubosos, áreas de arrayanes y otras desprovistas de vegetación.

   Helechos gigantes, musgos, bromelias, orquídeas de diversas variedades y alguna que otra avecilla, dan la bienvenida a los visitantes y logran conmoverlos en medio de la neblina que reina en el lugar.

   Aunque la fauna es escasa en las inmediaciones del Parque Nacional Poás, los especialistas aseguran que pululan 79 especies de aves, entre ellas el quetzal, el escarchero, la reinita garganta de fuego, la pava negra, el tucancillo verde y colibrís.

   Los mamíferos no son abundantes en las tierras altas del Parque Nacional Poás, aunque se encuentran coyotes, comadrejas, conejos, zorrillos hediondos, algunos felinos y varios tipos de murciélagos.

   El nombre del cono, cuyo cráter es uno de los más grandes del mundo, probablemente derivó del término latino puas, debido a la presencia de algunas plantas con espinas en la zona o a la existencia de un pueblo denominado así cerca del macizo.

   Las primeras referencias sobre las erupciones del Poás datan de 1747, cuando el gobernador español Juan Gemir informó sobre su actividad a los reyes católicos muy alarmado.

   Este volcán de forma subcónica es también de los más activos y su cima presenta depresiones limitadas por fallas, conos volcánicos y cráteres provocados por erupciones recientes: el Poás, la laguna Botos y el Von Frantzius.

   Constantes lluvias ácidas, emisiones de gases, de vapor de agua, y nubes de ceniza, conforman el historial de este fenómeno de la naturaleza, que puso en alerta a sus vecinos en varias ocasiones.

   Entre las más sobresalientes está la de 1910, cuando una inmensa nube de ceniza logró elevarse hasta ocho mil metros.

   Pero en la Cordillera Volcánica Central, en la de Guanacaste, en la de Tilarán, y en la de Salamanca, otros volcanes irrumpen más sólo seis son considerados activos, además del Poás.

   El Rincón de la Vieja, ubicado en la serranía de la fronteriza provincia de Guanacaste- a mil 805 metros sobre el nivel del mar- y el Turrialba, a 25 kilómetros al noroeste de Cartago y tres mil 330 metros de altura, son dos de ellos.

   En esta lista aparecen además el imponente Irazu, que forma parte de la Cordillera Volcánica Central y posee una elevación de tres mil 310 metros sobre las aguas.

   Gran parte del edificio volcánico de ese cono permanece cubierto de capas de cenizas y flujos de barro de espesor variable, pese a la tradicional actividad de tipo lávico que lo distingue.

   El Arenal, el mas violento de los volcanes de Costa Rica, está localizado al noroeste y es considerado un estratovolcán de forma cónica, con una altura de aproximadamente mil 700 metros sobre el nivel del mar.

   Hasta 1968 este era considerado un volcán extinto, más una violenta erupción despegó de su flanco oeste en ese año y por efecto aparecieron tres cráteres de explosión.

   Estas bocas rugientes de lava acompañaron desde entonces al cráter D, que existía antes del inicio de tal período eruptivo, y que posee una altura de mil 633 metros.

29/03/2013 21:14. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Dioses de uno y otro lado del Atlántico

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La magnitud del panteón de las más avanzadas culturas americanas antiguas es tal que resulta imposible un inventario exacto: sólo los aztecas adoraban 400 deidades y algo similar ocurría entre mayas e incas.

Algunas de las divinidades de la civilización maya, expandida desde el sur de México hasta parte del territorio conocido hoy como Honduras, solían incluso dividirse en cuatro dioses al mismo tiempo.

Tal es el caso de Itzamná

-casa de iguanas en lengua maya- que era a su vez el mandatario de la tierra, del cielo, del día y de la noche.

Esta deidad protegía el mundo al mismo tiempo que lo gobernaba y era identificada también como Kinich Ahau -dios Sol. Sin embargo, en su representación femenina era llamada Ixchel, es decir, diosa de la luna o patrona de la artesanía.

En este icono de cuatro caras, los mayas veían al héroe que les legó la escritura, el calendario y la medicina, de acuerdo con las leyendas recogidas en el Popol Vuh o libro sagrado de los quichés.

La diosa de los suicidas entre estos pueblos era Ixtab, quien compartía un espacio en el altar con Tepoztécatl, patrono de la embriaguez.

Ah Hoya- el que micciona- era otro de los adorados por ese grupo étnico en cuatro versiones o chacs, los cuales eran asociados a los cuatro puntos cardinales.

El Chac, como también se le conocía, era representado con largos colmillos y ojos redondos, y venerado por su supuesta incidencia en la agricultura y la fertilidad.

Entre toltecas y aztecas, el análogo de este dios era Tláloc y para los zapotecas, Cocijo, coinciden historiadores.

Otra deidad reverenciada en el mundo maya era Cizin, señor del inframundo, cuyo homólogo entre los aztecas era Mictlantecuhtli, señor del reino de los muertos en lengua náhuatl.

Este era representado generalmente con un rostro de calavera y acompañado de su esposa, Mictecacíhuatl.

Según la mitología de la cultura asentada en la planicie central de México, todos los difuntos van a parar a diferentes paraísos a tono con la forma en la cual murieron, con excepción de los guerreros.

Pero para llegar a Mictlán, el inframundo, es preciso realizar una riesgosa travesía en la que apenas puede contarse con la ayuda del dios del trueno, Xolotl.

Los aztecas adoraron a su vez a Huitzilopochtli -colibrí zurdo en náhuatl-, quien acogía a los guerreros caídos en combate y convertidos en un ave similar a esa.

El príncipe turquesa era hijo de Coatlicue, representado en algunas leyendas como el líder divino de la tribu que llegó de Aztlán al Valle de Anáhuac y bajo cuyo mando surgió la capital del otrora imperio azteca.

Tezcatlipoca o espejo humeante, en lengua náhuatl, es vinculado de manera indistinta a los panteones tolteca y azteca, pero para algunos antropólogos su culto llegó al centro del territorio mexicano de la mano de los primeros.

Este dios era de naturaleza oscura y proteica: cargaba con el triste mérito de haber sido el primer inspirador de los sacrificios humanos y también asumía diferentes formas.

Como si no bastase, el invisible y omnipresente conocía como ninguno a los seres humanos y había expulsado de Tula a Quetzalcóatl -serpiente emplumada-, en algunos mitos identificado como su hermano.

Quetzalcóatl, llamado Kukulkán por mayas, teotihuacanos, toltecas y aztecas, devino figura central de los altares de la mayoría de estos pueblos por su naturaleza benévola, ya que no exigía sacrificios humanos.

Un poco más al sur del continente formaron un vasto imperio los incas, para los cuales el dios creador del sol y de la luna en el lago Titicaca, del cielo y de la tierra, era Viraocha o espuma del mar, en quechua.

Huiracohca o Wiraqocha

-como también se escribe- enseñó a los hombres las artes de la civilización y muy al estilo de Quetzalcóatl, desapareció caminando hacia el mar en lo que ahora se conoce como Manta, Ecuador.

Al margen de la cosmogonía, esta deidad tiene una fuerte presencia en la historia suramericana porque era el protector divino de Pachacuti Yupanqui, conquistador que extendió considerablemente el imperio incaico.

De esa cultura precolombina llegaron hasta nuestros días Apu Illapu-el señor maestro del mundo-e Inti, el dios del sol.

Mientras el primero era el responsable de proveer la lluvia en el universo inca para garantizar la producción agrícola, el segundo cumplía la función del astro rey y andaba acompañado de su hermana, la luna o Mama Kilya.

Allende el Atlántico: el panteón grecorromano

   Caos, representación del estado primitivo del universo, es considerado el primero y más antiguo de los dioses que habitaron el monte del Olimpo, sede central del panteón grecorromano.

   La pléyade de deidades de estas culturas alcanza casi la media centena y en ellas destaca el todopoderoso Zeus o Júpiter, el más promiscuo de la corte en cuestión y con una turbia historia de crímenes en su haber.

   Según la mitología, el dios del universo para estos pueblos se apoderó del trono tras asesinar a su padre, Cronos o Saturno, y tuvo numerosas relaciones extramatrimoniales con mujeres mortales y ninfas.

   La mitografía olímpica da cuenta de los amoríos de este con las diosas Deméter, Latona, Dione y Maia, aunque reconoce por esposa oficial a su hermana, Hera.

   De las constantes traiciones a la también identificada por Juno, nacieron los fundadores de varias dinastías helénicas, quienes tuvieron que huir de las iras de la dolida deidad.

   La tradición colectiva cuenta que la diosa del matrimonio acostumbraba a perseguir a las amantes e hijos resultantes de las infidelidades de su esposo en una carroza tirada por dos pavorreales.

   Como en las culturas ancestrales americanas, griegos y romanos también adoraron a la tierra en la imagen de Gea y Rhea, hija de Urano y hermana y esposa de Saturno.

   La Magna Mater Deum, como nombraron a la primera, era la madre de varias deidades y figuras mitológicas como los Cíclopes, las Titánidas, los Centímanos, las Furias, los Gigantes y los Uránides, entre otros.

   En tanto, Rhea tenía un concepto más filosófico y universal, porque era apreciada como generadora de todo lo existente.

   Esta era relacionada con Ceres o Démeter, responsable de la transición de las estaciones climáticas en el año y a la cual se le atribuía el haber enseñado a los humanos a labrar la tierra y a elaborar el pan.

   El dios del cielo para estos pueblos era Urano, descendiente de Gea y de Eter –Aire- en algunos casos y de El Caos y Hemeras (La Día), en otros.

   La sapiencia humana cobró forma en el panteón grecorromano en la imagen de Ceo, Titán de la Inteligencia, mientras que a una fémina le correspondió el papel de diosa del fuego y del hogar.

   Hestia o Vesta, de acuerdo con la mitología, ideó la construcción de las casas y se ocupaba de mantener vivo en el fuego en ellas.

   Cronos o Saturno, hijo del cielo y de la tierra, era el dios del tiempo y devoraba a sus hijos en cuanto nacían para evitar que le quitaran el trono, en tanto Hades o Plutón velaba por los infiernos.

   El rey de las sombras era a su vez el dios de los ricos para los romanos, porque estos reverenciaban al oro y creían que el codiciado metal era producto del submundo.

   Perséfone o Proserpina, hija de Heras y de Zeus, era la contrapartida femenina del cuidador de los infiernos y según la tradición, había sido raptada por Plutón y andaba siempre junto al Olvido y el Sueño.

   Poseidón o Neptuno, además de gobernar sobre los mares y océanos, influía sobre los terremotos y los caballos, y a menudo se le veía acompañado de un delfín.

   El padre del héroe Teseo compartía espacio en el reino de las deidades grecorromanas con Atenea o Minerva, hija de Zeus, encargada de las ciencias, las artes, la estrategia y la guerra.

   La consejera por excelencia del rey del Olimpo era representada por un búho y entre sus múltiples creaciones estaba el arte de hilar y el olivo. También era diestra en disparar el rayo, prolongar la vida, y otorgar la suprema felicidad a las personas después de la muerte.

   Similar a ella, Apolo o Febo patrocinaba las artes, las letras y la medicina, además de dominar las plagas, la luz, la curación, los colonos, el tiro con arco, la poesía, las profecías y la danza.

   Una lira y un arco representaban a esta beldad masculina, que todas las tardes descendía al mar en la carroza del Sol, tirada por cuatro caballos.

   Su hermana gemela y diosa lunar, Artemisa o Diana, velaba por la caza, los bosques, los animales salvajes, la curación, las tierras, la castidad y los partos, y arrastraba un séquito integrado por 60 hijas del Océano.

   Este último era el dios del mar y sus dominios estaban en las aguas desconocidas del Atlántico, así como en el Mediterráneo estaban los de Neptuno.

   Sus hijos eran llamados Ríos y Oceánidas, y de acuerdo con la mitología, de sus relaciones extramatrimoniales nacieron Libia, Europa, Asia y Tracia.

   El dios de la mortalidad, Japeto, era uno de los primigenios o titanes. Era el responsable de las muertes violentas y media el tiempo en que debía fallecer una persona.

   Sus privilegios acabaron cuando, tras la guerra con otras deidades, fue confinado definitivamente al infierno, similar a lo ocurrido con el líder de los titanes en el conflicto, Atlas, sentenciado a cargar el cielo sobre sus hombros.

   Febe o Foebe –brillante- era otro de los titanes. Esta diosa primigenia estaba encargada del oráculo de Delfos y su nombre era relacionado con la Luna por los griegos, como Diana y Selene.

   Dionisios o Baco –dios del vino- promovía la civilización, protegía la agricultura, el teatro, era legislador y amante de la paz.

   Las musas lo instruyeron en música y baile, al mismo tiempo que Silenio le enseñó el cultivo de la vid y la fabricación del vino, por lo que los bacanales en su honor eran de los festejos más esperados por estos pueblos.

   Como la cruel realidad, el dios de la guerra -Ares o Martes- era hermano de Eris- Bellona, la desbastadora de ciudades, y tío de Fobos (Terror) y de Deimos (Espanto).

   Ellos tiraban de su carroza y lo acompañaban en sus recorridos con otras de las controvertidas figuras del Olimpo: Dolor, Pánico, Hambruna y Olvido.

   La tradición relata que Prometeo creó un hombre de barro y le dio vida con el fuego robado al Sol, por lo que Zeus lo amarró a una roca y ordenó a un buitre devorarle las entrañas durante 30 mil años. Por suerte, Hércules lo rescató.

   El mensajero entre los dioses y los humanos, Hermes o Mercurio, cuidaba del comercio, de las fronteras y de las personas que cruzaban por ellas, de los pastores, ganado, literatos, oradores, atletas, pesos, medidas, inventos, y hasta de la astucia de los ladrones.

   Para griegos y romanos, Hefesto o Vulcano -feo, lisiado y cojo- era el dios del fuego y protegía a los herreros y a la metalurgia.

   La leyenda asegura que este contrajo matrimonio con la majestuosa Venus o Afrodita, pero ella le fue infiel con muchos dioses y él decidió crear a la primera mujer mortal: Pandora.

   El ícono de la belleza y el amor nació de entre la espuma producida por la sangre del mutilado Cronos, al caer sobre las olas del mar, y protegía a los esposos, fecundaba los hogares y presenciaba los partos.

   Relacionada de cierta manera con ella estaba Epimeteo, padre de La Excusa, cuyo nombre significa: no reflexiona después del suceso.

29/03/2013 19:53. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Cosmogonía y práctica del vodú en Haití

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   El rechazo histórico de la élite haitiana al atraso que para ellos supone el vodú ha condicionado la opinión pública y provocado actitudes de autorrepresión en los adeptos a esa religión popular.

Igual que el creole, lengua materna de los pobladores del territorio caribeño, el vodú resulta una práctica social dominante y, paradójicamente, es mal visto o poco prestigioso en el país.

Conformes con el criterio generalizado, la mayoría de los haitianos prefieren autodenominarse católicos o protestantes y relegar a quienes no han acudido a esas iglesias a bautizarse, calificándolos de caballo o chwal.

La cifra de nacionales que asumen abiertamente ser practicantes del vodú es muy reducida y cuando lo hacen, son rechazados hasta por sus correligionarios, lo cual explica la existencia también de creyentes no practicantes, de practicantes esporádicos y solapados.

Pero la mayoritaria población descendiente de africanos, cuyo concepto de vodú se reduce a uno de sus bailes pese a que intelectuales y medios de comunicación pretenden abarcar con él todos los ritos y rutinas religiosas populares en Haití, sigue apegada a su tradición.

El vodú condiciona la visión del mundo de los haitianos y su relación con lo intemporal, igual que el protestantismo y el catolicismo, aunque a diferencia de esos credos no se fundamenta en normas o valores prefijados por texto alguno.

Los practicantes del verdadero vodú asumen que sirven a un misterio (sévi misté), un loa o a un ángel (zand) y siguen pautas trazadas desde la colonia, cuando numerosos africanos esclavizados se refugiaban en los montes por las noches para desarrollar sus ceremoniales religiosos.

Ese conjunto de espíritus o loa, creados por un Dios supremo, controlan los fenómenos terrestres y pueden poseer espiritualmente a su servidor/a, es decir, se desarrolla una situación de trance calificada por los adeptos como "montar" al creyente, refiriéndose al nombre que recibe aquel el cual es llamado/a chwal, cuyo significado es caballo.

A pesar de que los loa se manifiestan a través de animales o personas comunes, el imaginario popular cree que ellos viven en lugares especiales, como Guinea o Africa, espacio mítico sin una exacta precisión geográfica, bajo las aguas, en las montañas y en los cementerios.

La multiplicidad de los loa determina la variedad de formas de clasificación según su origen, sus virtudes o su poder.

Los atribuidos a la vertiente más ortodoxa del vodú, que prioriza los ritos del antiguo reino de Dahomey, situado en Africa Occidental y hoy conocido como Benin, son africanos y los criollos atañen a la vertiente más común, conocida como Makaya, en la que los líderes son mayoritariamente hombres.

También existe las categorías de Loa Guede y marasa (gemelos): los primeros reflejan el culto a los ancestros, algo común en el ritual del vodú y en todas las religiones de origen africano, y los segundos son considerados espíritus de niños muy exigentes y vengativos.

Peregrinaciones, fiestas patronales (de la Iglesia católica), los sévis o servicios (suerte de ceremonias festivas donde se les brindan sus platos preferidos), constituyen las exigencias más comunes de los espíritus a sus fieles.

Una de las singularidades de esta práctica religiosa es que, a esos numerosos loa, se les atribuyen defectos y virtudes similares a los de los seres humanos y cada uno de ellos tienen sus preferencias alimenticias, de vestuario, colores y hasta de sacrificios.

Ezili es la femeneidad, ideal en belleza, coqueta y extravagante, amante de las prendas y de los licores, mientras Ogún es el militar y las personas a las cuales posee reflejan cierta violencia en sus ademanes y adornos, de allí que siempre vayan acompañados de un machete.

Dambalah cobra forma de serpiente, por lo que los poseídos por ella muestran soberana agilidad para arrastrarse por el suelo y realizan movimientos sinuosos, al mismo tiempo que el viejo sensual y engañador, Legba, camina con un bastón y lleva un saco en su espalda.

Desde el punto de vista simbólico, los loa se revelan como fuerzas de la naturaleza, entre los cuales se incluyen cambios atmosféricos, entre otros y son sincretizados, en muchas ocasiones con reproducciones de estatuas o pinturas que representan santos de la iglesia católica.

Para ser considerado adeptos, los practicantes del vodú tienen que someterse a un ritual de iniciación presidido por una sacerdotisa (mambo) o por un sacerdote (houngan), salvo que desde la niñez haya sido reclamado por un loa.

El ritual de iniciación, extenso y complejo, posibilita a los devotos acceder a diferentes grados de poder y profundidad en la jerarquía del vodú, término que proviene del idioma Fon, hablado en Benin, y significa espíritu o conjunto de espíritus.

Desde la época colonial, y similar a lo ocurrido en el resto de América, la Iglesia católica contribuyó en Haití a la sumisión de los esclavos, por lo que los amos, en pago, prohibieron a los africanos practicar los ritos tradicionales que traían de sus respectivos países.

Después de la independencia, el catolicismo, que había disfrutado de un status de religión dominante, centró sus fuerzas en alimentar la mentalidad sobrenaturalista del campesinado y la imagen diabólica de los credos populares, apoyados por las capas gobernantes.

El desdén hacia el vodú, sustentado en su suerte de causa o consecuencia de la pobreza reinante, es la prolongación al plano de la fe del rechazo a las culturas africanas y sus resultados en el denominado Nuevo Mundo.

El vodú, por otra parte, ha sido considerado por los estudiosos del tema como el motor impulsor que permitió la organización de cientos de africanos y sus descendientes en Haití en los albores del siglo XIX, originándose así la primera guerra contra el dominio colonial en América Latina. Esta gesta ha sido evaluada por la historia moderna de gran trascendencia pues a través de ella se dotó a la humanidad de un nuevo concepto: el de la independencia.

Federico Mayor, ex director de la Unesco, al referirse a la relevancia que tuvo para Latinoamerica la independencia haitiana expresó hace cinco años que desde entonces la historia de la humanidad se apoderó de una nueva visión del mundo al quedar demostrada la capacidad de lucha y resistencia del pueblo haitiano contra el colonialismo francés.

A pesar de esta rica historia, en los últimos dos siglos, los sectores de poder haitiano han culpado al vodú del atraso y la pobreza que sufre la nación más depauperada del hemisferio occidental, sin analizar las verdaderas causas que han originado esta situación y de cuya responsabilidad esos mismos grupos no son ajenos.

Tan solo para poner un ejemplo el 60 por ciento de los recursos naturales de Haití se concentran en apenas 10 familias, ademas de haber sido este el país de América Latina y el Caribe que más veces ha sido invadido por tropas extranjeras.

Al respecto el ensayista latinoamericano Eduardo Galeano dijo con motivo de la última intervención de las fuerzas militares de Estados Unidos en Haití: ¿Qué tendrá este país, el primero en conocer los aires de la independencia en este subocontinente, que ha sido objeto de ocho invasiones norteamericanas?

El vodú, en su condición de religión popular de los más necesitados y empobrecidos, puede llegar a haberse constituído, por así decirlo, en un bastión de resistencia ante los embates neocoloniales que ha permitido, al menos, a los haitianos reconocerse en sus raíces históricas.

   Acercarse a la realidad haitiana sugiere una introspección en los misterios del vodú, esa expresión religiosa que inspira indistintamente curiosidad, prejuicios, temor y especulaciones.

El concepto comenzó a delinearse bajo la égida de los colonizadores franceses, quienes identificaron así la fe de los esclavos africanos arrancados de su cultura y obligados a convertirse al catolicismo.

Más ese proceso, similar al desplegado en el continente americano, también reveló sus grietas: pese a prohibiciones y castigos, esas prácticas sobrevivieron hasta nuestros días por la influencia de disímiles factores.

Casi al finalizar el XVIII, Haití, la nación más depauperada del Hemisferio Occidental, clasificaba como una de las más prósperas de la región en virtud del tráfico negrero y de la exportación de azúcar, el oro blanco de entonces.

Para la época, además, los negros esclavos representaban el 85 por ciento de la población en la otrora Saint Domingue, pionera en el ciclo de las guerras de independencia en América.

El establecimiento de extensísimas plantaciones cañeras y de café favoreció una mayor concentración de los seres de origen africano y su aislamiento de otros grupos laborales y poblacionales.

Las agudas diferencias de la sociedad haitiana colonial se prestaron a su vez para la adquisición, preservación y fortalecimiento de culturas y formas de expresión criolla como el idioma creole y la religión vodú.

Es más, contrario a lo sucedido en otras posesiones europeas, los franceses permanecieron en el territorio de modo estable y no propiciaron la estructuración de una élite local separada de la norma metropolitana.

Al ser expulsados, tras la cruenta revolución de esclavos que sacudió al país, dejaron una población cuasi virgen desde el punto de vista cultural y un selecto grupo de mulatos, resultado del mestizaje, que poco pudo occidentalizar al país.

Las costumbres populares alimentadas durante dos siglos se mantuvieron incólumes ante los afanes de los descendientes de esclavas y franceses, por lo cual la población haitiana cuenta hoy con un 95 por ciento de negros esencialmente creolófonos.

El sostenimiento de una economía agrícola semifeudal, la no generalización de una educación prooccidental y cientificista acerca de los fenómenos humanos, el exiguo acceso a las tecnologías de la información y la resistencia cultural, se suman.

La mezcla de esos factores explica no solo la presencia del vodú en el Haití contemporáneo, sino también de otras prácticas culturales individuales a despecho de campañas dirigidas en su contra a partir de 1898, 1935 y 1941.

Hasta 1987, la minúscula élite haitiana procuró impulsar un supuesto progreso nacional arremetiendo contra el vodú, respaldada por el código penal que lo consideraba un delito.

Aunque los estudios sobre el tema coquetean en torno al sincretismo, en sus bases morales y filosóficas, o alrededor de las economías locales y global, el debate continúa procurando despejar su relación con la brujería.

También las peculiaridades socio demográficas de sus practicantes, su influencia en la salud, su aportación a la lucha independentista, su significado antropológico y hasta el aspecto artístico y simbólico de los artefactos ceremoniales.

El concepto vodú, usualmente empleado por intelectuales y medios de comunicación para designar las rutinas religiosas y ritos populares en Haití, es poco manejado por la población.

La mayoritaria “gente de color” hace uso del apelativo para referirse a uno de sus bailes, pero suele desconocer que el término proviene del idioma Fon hablado en Benin, sobre todo en Dahomey, y significa espíritu o conjunto de espíritus.

Los practicantes del verdadero vodú asumen que sirven a un misterio (sévi misté), un loa o a un ángel (zand) y siguen pautas trazadas desde la colonia, cuando varios esclavos se refugiaban en los montes en la noche para el ceremonial.

Para esconder su originalidad y escapar de la represión de sus amos, los ancestros vistieron sus ritos de elementos católicos y araron el camino al sincretismo actual.

Los esclavos provenían de diversas regiones africanas y no pudieron cargar con sus objetos rituales, lo cual descarta al vodú como religión oriunda del continente negro.

Modos gestuales, música, danza y símbolos originales sólo nutrieron lo que se erigió como una religión popular resultante de varios ritos africanos, católicos y animistas.

29/03/2013 19:46. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Camino a la higiene corporal

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La trayectoria de la cultura occidental está empañada por algunas etapas en las cuales el aseo personal pasó a un segundo plano.

  Sobre todo en la Edad Media, acumular grasas naturales y añejos olores corporales devino una suerte de gala en la "culta" Europa.

Eso explica en parte porqué múltiples epidemias arrasaban con más de la tercera parte de la población en el mal llamado Viejo Continente cuando arribaron al Nuevo Mundo las huestes conquistadoras encabezadas por Cristóbal Colón.

Muchos de los enrolados en esos viajes dejaron constancia del impacto que les causaron las urbes creadas por los aztecas, verdaderos templos a la sanidad, donde largos acueductos filtraban el agua salobre desde el lago hasta la tierra firme.

En esas ciudades también la orina era recogida en vasos de arcilla.

Canoas colocadas a lo largo de las riberas sirvieron de antecedentes de los retretes públicos pues en ellas acumulaban los desechos corporales para procesarlos y abonar luego los suelos.

El baño diario practicado generalmente por diversos pueblos indígenas americanos terminó siendo adoptado por los colonizadores europeos asentados en esta parte del mundo.

Pero otra cosa acontecía allende el Atlántico.

Ratas y todo tipo de insectos pululaban por las calles, viviendas y palacios de las más renombradas ciudades europeas de la época.

En masa morían miles de personas aquejadas por virus, bacterias y parásitos que provocaron epidemias de todo tipo, a las que en conjunto se les llamó pestes.

Como diría cualquiera apegado al refranero popular: de raza les venía el galgo.

En la Roma del siglo V, por ejemplo, los útiles para eliminar los restos de la defecación eran compartidos por la ciudadanía en los baños públicos.

El hábito, asociado por algunos historiadores con el uso del papel higiénico surgido hace apenas un siglo, consistía en utilizar una suerte de esponja que, amarrada a un palo, permanecía sumergida en una cubeta con agua salada y estaba a disposición de cuantos precisaran utilizarla.

De unos a otros pasaba el aditamento, supuestamente concebido para colaborar con la higiene de la ciudadanía sin causar estragos desde el punto de vista físico en zonas tan delicadas del cuerpo.

Hacia el siglo XVIII, la manera de resolver semejante urgencia en Estados Unidos era más individualizada, pero de igual forma, ofrecía pocas garantías de pulcritud.

Los colonos en el norte del continente acostumbraban a limpiarse con hojas y tuzas de mazorcas de maíz en esa etapa.

Casi al mismo tiempo, en Hawai, mujeres y hombres apelaban a la corteza de los cocos para borrar los rastros de sus desechos corporales, mientras en África las personas se frotaban con tierra y arena cuando no había agua.

Un siglo más tarde, con el desarrollo de la industria del papel y la expansión de los medios impresos, hojas de libros, periódicos, revistas y almanaques comenzaron a ser utilizados para resolver el problema.

Las hojas de almanaques de gran tirada y aceptación entonces, estaban provistas incluso de agujeros que permitían arrancarlas con facilidad del material por el cual se mantenían unidas por orden consecutivo.

Datos estadísticos de las probables enfermedades asociadas a tales hábitos no quedaron, pero es de suponer que componentes químicos empleados entonces en las tintas para impresión de aquellas manoseadas hojas, pueden haber provocado intoxicaciones e infecciones.

Para 1830, los europeos de familias adineradas comenzaron a emplear con tales fines tejidos de lana, algodón y encaje, los cuales podían ser lavados y reciclados en su uso.

El avance del sistema de producción capitalista y el incremento de las demandas de sus principales beneficiarios motivó en lo adelante el perfeccionamiento progresivo de los útiles destinados a garantizar la limpieza corporal.

La Bella Época puso de moda el cuidado de la apariencia personal y el aseo derivó cuestión indispensable para garantizar una mayor aceptación en el ámbito social, sin que ello sea entendido como una dejación definitiva de algunas tradiciones poco saludables en algunas partes.

29/03/2013 19:38. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

¡Bendita la mama zara!

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   El maíz es reconocido desde hace siglos como alimento de dioses y seres humanos en la región andina, donde quizás por esas razones algunos identifican a este producto agrícola como la Mama Zara.

   Esta planta sagrada, cuyas variedades son distinguidas en seis grupos fundamentales, también es muy apreciada en el resto del continente por efecto de la herencia cultural arrastrada.

   Casi todos los pueblos originarios de América La tina consideraron a este cereal un alimento indispensable hasta en el viaje hacia los dominios de las muerte e incluso, después de esta.

   La primera referencia conocida a esa “clase de grano, que llaman maíz, de buen sabor cocinado, seco y en harina” la realizaron dos mensajeros del almirante Cristóbal Colón al regresar a España de un viaje a Cuba, el 15 de noviembre de 1492.

   El zea mays es una planta herbácea anual auténticamente americana, emparentada con las gramíneas, y su valor trasciende lo alimenticio porque acumula puntos en los simbólico y cultural.

   Hallazgos arqueológicos demostraron que las civilizaciones anteriores a la colonización y conquista europea lo tomaron como base para la decoración de cerámicas, tejidos, bebedores de chicha y otros utensilios religiosos o de uso diario.

   La necesidad del maíz para el sustento y los ritos sagrados alentó el desarrollo de las técnicas agrícolas y de peculiares estilos de conservación en diferentes regiones del subcontinente.

   Los famosos Tampus o depósitos reales, que hicieron construir los incas en los territorios sometidos, son los mejores exponentes: conocidos también por Qollca o Colca, estos depósitos o graneros acumulaban abundantes provisiones para tiempos de escasez.

   El maíz podía ser conservado por mucho tiempo aunque estuviese seco o tostado, más ante el posible ataque del pishllu o gorgojo era mezclado con arena y almacenado en vasijas enterradas en el subsuelo de arenales.

   En áreas serranas, se apelaba al empleo de efluvios repulsivos como la muña o satureja, pequeño árbol del cuyas flores blancas y hojas se extraía un aceite esencial que permitía preservar este producto y las papas.

   En 1975, en el valle de Casma, unos campesinos encontraron en una profunda fosa abundante maíz blanco, morado, y colorado, entre mezclado con arena.

   La sujeción a esta práctica de almacenamiento fue comprobada por los arqueólogos también entre los agricultores de las regiones de Moche, Virú y Jequetepeque.

   Además de constituir una valiosa fuente de energías para el organismo humano, el maíz es utilizado en la región andina desde tiempos ancestrales para la elaboración de la chicha, especie de cerveza conocida de forma indistinta como asua ó acja.

   Esta bebida se prepara a base de maíz crecido, hervido y macerado por un periodo de una semana en la costa y 15 días en la sierra, según la tradición.

   El consumo de la chicha forma parte de la vida diaria de miles de pobladores de esta área, en particular, durante los ritos de iniciación y fiestas en general en las comunidades o aynis, mingas, mitas.

   De la apreciación de Antúnez de Mayolo (1887), sabio peruano, se desprende que la ingesta de este preparado evita las enfermedades transmisibles por el agua y maximiza la asimilación de nutrientes entre los que sobreviven en estas tierras a la pobreza prevaleciente.

   Todo el oro y la plata del mundo no valen lo que un grano de maíz para muchos pobladores de Latinoamérica, región por la que se extendió el cultivo de esta planta.

   Junto a los frijoles, este cereal constituye a su vez un alimento básico en México y en todos los territorios de la llamada cintura del continente.

   Tal es la demanda de este producto al sur del Río Bravo, que su cosecha con fines comerciales supera cada año los 100 millones de toneladas y abarca la décima parte de los suelos de Estados Unidos.

   Ese país norteño, donde el maíz es conocido como corn, clasifica como uno de los principales productores junto a China, México, Francia, Yugoslavia, Rumania, Italia, República Sudáfrica y Argentina.

   Los seis tipos fundamentales de esta planta son el maíz dentado, duro, blando, o harinoso, dulce, envainado y reventón.

   El grano reventado o pop corn se encontró con mayor frecuencia en las antiguas tumbas del Perú, mientras que el envainado se expandió hasta América del Norte.

   Tortillas, tamales, harina, el rico estofado conocido como pozole, el pinole o maiz tostado y pulverizado, el atole, las roscas, el esquite o tostado sin moler, son apenas algunas de las formas en las que se prepara este alimento en buena parte de esta región.

   Rico en almidón, el maíz se utiliza a su vez en el lavado de ropa y en la cocina y con cierto tratamiento químico se hace un jarabe de este, del cual se obtiene azúcar o glucosa.

   Al calentarse y pulverizarse, este se convierte en dextrina y en esta forma se emplea para preparar pastas adherentes, mucílagos o gelatinas, como las de los sellos de correo y de las solapas de los sobres.

   Cuando preocupa el agotamiento paulatino de las fuentes de energía, por el consumo desmedido en interés de las transnacionales norteñas y de turbios intereses locales, se redobla la importancia de esta planta americana, cuyas tusas pueden emplearse como combustible.

   De esto se desprende la larga vida que queda aún para los cultivos de maíz, amenazados por agroquímicos capaces de dañar a los seres humanos, pero cuyos frutos son siempre bien recibidos por los latinoamericanos.

29/03/2013 19:30. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Pasado y presente en las tardes de Trujillo

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La tarde puede perderse en Trujillo, pero siempre renace al batir de las olas sobre las costas de esa porción caribeña de Honduras, donde los conquistadores españoles celebraron su primera misa en América continental, en 1502.

Cada aurora es un augurio de fiesta en esta ciudad, siempre custodiada por sus vecinas más cercanas: las montañas Capiro y Calentura, en el norteño departamento de Colón.

Quizás tales guardianas son los responsables de la tranquilidad que reina en las calles de la primera capital del país centroamericano, en las cuales confluyen multiplicidad de estilos arquitectónicos de matriz española, inglesa, o francesa.

Esta urbe modesta y acogedora, habitada por más de 30 mil personas, tampoco escapa de la impronta vernácula expandida por el Gran Caribe, ni del recuerdo de las invasiones constantes de corsarios y piratas en los siglos XVI al XVIII.

La Fortaleza de Santa Bárbara, construida en la centuria décimo sexta, es testigo de los esfuerzos realizados por colonizadores y lugareños para defender la ciudad de las incursiones de los hombres de mar.

Por desgracia, muchas veces estos empeños terminaron en la frustración y los invasores -sin patas de palo, ni parches en los ojos, como suelen aparecer en la ficción popular- colmaron sus baúles más de una vez con el botín arrebatado durante jornadas enteras de saqueo.

Ello explica el traslado de la capital a Comayagua, unido a las incongruencias de un clima que provocaba numerosas bajas entre los colonizadores españoles, aunque llenaba de gozo a sus nativos.

Entre disímiles armazones de piedra, hormigón, madera, guano u otros materiales constructivos, la historia cobra vida cada día en Trujillo.

Esa ciudad es mucho más que el enclave turístico en que devino al pasar de los años. Trujillo es sus templos católicos sin grandes lujos, sus callejuelas empedradas, la sonrisa de su gente y el trinar de las aves.

Es un buena parte de la trayectoria del pueblo hondureño, a partir de la primera visita del almirante Cristóbal Colón (1502), pasando por la fundación de la aldea Triunfo de la Cruz (1524); hasta su conversión en un importante punto de embarque de oro y plata extraído del interior del país.

Trujillo es la remembranza de las cuitas entre los conquistadores europeos, sus abusos, sus intrigas por el poder. El lugar donde finalmente el filibustero estadounidense William Walker pudo ser capturado y ejecutado, como colofón a sus campañas guerreristas en Centroamérica.

Este punto de la geografía hondureña distingue por su carácter de reservorio del primer asentamiento humano creado por los colonizadores españoles en una época donde empezaba a emerger un nuevo mundo.

Y aunque poco queda de uno de los puertos de mayor apogeo del continente, hasta hace poco más de medio siglo, permanecen las huellas de la gloria disfrutada en las instalaciones comerciales y políticas creadas por ingleses, franceses y holandeses.

Muchos de estos viajaron y establecieron sus residencias en la urbe atraídos por su fama e importancia para los negocios, pero igual por el gran patrimonio natural, ecológico y cultural que la rodea.

Trujillo es el lugar propicio para fondeadero de las naves y una entrada natural a los valles de Aguan, Agalta y Olancho. Los suelos que rodean a su centro urbano, ubicado a unos 250 kilómetros de Tegucigalpa, son propicios para los cultivos de café, coco y frutales, sobre todo plátanos.

La zona en que está enclavada, además, es desde siempre asiento de indios pechs, misquitos y de pueblos garífunas o de origen africano. Quizás por ello, esta ciudad antigua mantiene el influjo mágico que arrojan los siglos sobre el pasado en forma de mitos y leyendas.

Unos y otras renacen con nuevos matices cada aurora en torno a las aguas saladas que bañan Punta Caxinas, a las tranquilas que engalanan la Laguna de Guaymoreto, o a las ocultas por la esplendorosa vegetación del Parque Nacional Capiro y Calentura, evidencias del patrimonio sin par de Trujillo.

Glorias patrimoniales de la humanidad en Centroamérica

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Centroamérica guarda valiosos bienes culturales de la humanidad en sus 522 mil 760 kilómetros cuadrados de superficie, desde el istmo de Tehuantepec, México, hasta el de Panamá.

  Entre estos destaca el Parque Nacional de Tikal, en el departamento guatemalteco del Petén, que abarca 576 kilómetros cuadrados engalanados por uno de los centros arqueológicos más impactante de este hemisferio.

Más de tres mil construcciones mayas de diversas magnitudes, entre las cuales destaca el Templo IV, con una altura de 70 metros, recuerdan el pasado de gloria de esta civilización.

Alrededor de 50 mil personas, distribuidas en cuatro calzadas bien delineadas y rodeadas de una gran selva tropical, habitaron este sitio y disfrutaron de su entorno, en el cual confluyen todavía más de dos mil especies de plantas diferentes, 300 tipos de aves y animales domésticos.

Todo ello le valió para ser declarado Patrimonio Mundial por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), en 1979, similar a lo ocurrido un año después con los vestigios arquitectónicos mayas de Copán, departamento situado al oeste de Honduras.

Pirámides, templos, terrazas y la explanada de ceremonias, sugieren el esplendor de esta urbe antes de la desaparición de sus creadores, entre el año 900 y el 1520 de nuestra era.

Arqueólogos de distintas latitudes conocieron de este reservorio patrimonial situado junto a la frontera con Guatemala en 1841, valorada sobre todo por la magnificencia de la Escalera de los Jeroglíficos.

La armazón pétrea, de 10 metros de ancho y 62 peldaños, conserva entre mil 500 y dos mil símbolos de la escritura maya antigua y es considerada por los especialistas como el mayor texto labrado de América.

El Salvador, el "pulgarcito" del continente por su escasa extensión territorial, concentra gran número de vestigios de la antigüedad en el área y clasifica en primer lugar dentro del denominado "mundo maya" por su abundante acervo, en gran medida inexplorado.

Joya de Cerén, la Pompeya de América, prevalece por ser el único lugar con evidencias de vida cotidiana de los mesoamericanos de hace de mil 600 años, conservadas de manera excelente.

La Unesco denominó a esta Patrimonio de la Humanidad, en 1993, en tanto otros bienes de este tipo esperan en suelo salvadoreño mayor atención de autoridades locales y entes mundiales, como el Tazumal, Casa Blanca, El Trapiche y la Laguna de Cuscachapa.

Las fortificaciones de Portobelo -San Lorenzo, en la costa caribeña de Panamá, corrieron mejor suerte tras ser distinguidas por la Unesco por simbolizar la arquitectura militar de los siglos XVII-XVIII.

Centroamérica guarda otros ejemplos de la grandeza legada por sus pobladores iniciales, entre los cuales el ente reconoció también al Parque Arqueológico de Quirigua y la ciudad de Antigua (Guatemala); la de León, en Puerto Momotombo, municipio de la Paz Centro, del departamento homónimo, en Nicaragua; y el Panamá Viejo.

22/04/2012 09:49. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Secretos entre callejuelas y edificaciones del Caribe

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La heterogeneidad de estilos y formas distingue a la arquitectura caribeña, así como diversos son los orígenes de los pobladores de esos territorios bañados por un mar común que se prolonga al océano Atlántico y obra como frontera entre las Américas y Europa y África.
El colorido, la combinación y variedad de elementos, así como la disparidad de altitudes, develan en sus construcciones algunos misterios de naciones marcadas por el sistema de plantaciones y la confluencia de múltiples herencias.
El Caribe es uno y es muchos. Su riqueza reside en la unidad dentro de la diversidad que puebla las islas grandes, medianas y pequeñas, y los territorios continentales esparcidos por este espacio geográfico.
Las ciudades desplegadas por él reflejan de manera creativa la mezcla de patrones arquitectónicos de origen español, británico, holandés, francés y portugués, con poco o nada de los legados aborígenes, africanos, asiáticos, árabes o hindúes de sus pueblos.
Poco o nada quedó de las primarias viviendas de los ancestros caribeños, cuya cultura prácticamente fue arrasada por los conquistadores europeos, animados del propósito de imponer sus credos para explotar las riquezas a los territorios colonizados.
Más allá del fomento de los cultivos de caña de azúcar, tabaco, café, cacao y otras bondades tropicales, los venidos a estas tierras trasplantaron sus hábitos y costumbres, también representados en sus viviendas y en las instituciones públicas creadas por ellos.
Sin embargo, en aquellos lugares originalmente convertidos en asentamientos de piratas y corsarios, hoy se exhiben rasgos primarios en edificaciones realizadas por constructores empíricos, sin formación profesional en la rama.
Yarey, guano, palma, bejucos y otros materiales autóctonos prevalecen en esa "arquitectura sin arquitectos" o vernácula, practicada casi siempre por personas de escasos recursos, que reproducen por doquier formas copiadas por los europeos a los originarios en los momentos iniciales de la conquista.
La casa de madera de puntal alto, techos de tejas de barro cocido y espacios considerables, representativa de la construcción del siglo XIX y de las primeras décadas del siglo XX, reina en otras partes del espacio Caribe.
Mientras, proliferan edificaciones escalonadas rumbo al cielo, con profusión de cristales, marquetería de aluminio y plástico, como parte aguas en ciudades donde las zonas más antiguas conservan el trazado perfecto de sus calles y sus construcciones de piedra, plagadas de rastros del paso del tiempo.
Esas añejas edificaciones pueden hablar de las luchas libradas en sus contornos, en medio de las cuales cuajó la identidad caribeña, con sus melodías y alegría contagiosas, su apego a la familia, generosidad y otros innumerables atributos.
Son ellas testigos de la cuestionable manera en que crecieron los "castillos de azúcar" erigidos sobre los suelos de cañaverales quemados y la sangre de los esclavos, de cuyo sacrificio nacieron la máquina de vapor de James Watt y los cañones de Washington, como asegura el ensayista Eduardo Galeano.

02/02/2012 11:20. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Inicio del fin de una era maya

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Nuestra generación está hoy a un año de ser testigo del principio o del final de un baktún o período largo de tiempo, según el calendario maya.

  Este 21 de diciembre comienza la cuenta regresiva que el calendario elaborado por sacerdotes y astrónomos de esa cultura ancestral mesoamericana marca como el final de una era y el comienzo de otra.

Hoy es el día con menos horas de luz en el año y el de la noche más larga, durante el cual estarán a la expectativa personas de disímiles tendencias filosóficas, científicas, y hasta políticas, en todo el mundo.

Los enigmáticos jeroglíficos del mayor texto labrado del continente y probablemente del planeta, en el occidental parque arqueológico hondureño conocido como Ruinas de Copán, contienen quizás las claves de la nueva aurora.

Esos grandes bloques, colocados en forma de escaleras hacia el cielo, preservan la verdad establecida por los sabios de esa gran civilización y parte de los secretos por descifrar de quienes poblaron el centro del continente americano hace miles de años.

La llegada del solisticio de invierno convoca a muchos en esta jornada, caracterizada por la polémica desatada por la infundada interpretación de algunos acerca de la probabilidad de que el mundo acabe durante el año que entra.

Cuesta permanecer impasible ante tanta proyección de calamidades, como si fuera poco el peligro que ya entrañan al planeta las guerras de despojo y el cambio climático, por agudizarse si los ricos siguen negados a controlar el consumo excesivo y a trabajar por revertir la producción y acumulación de gases con efecto invernadero.

Contrario a lo que ocurre en nuestro tiempo, mujeres y hombres de esa cultura daban tanta importancia a este tipo de acontecimientos que hasta sus estructuras políticas interactuaban con la luz del sol este día.

El Astro Rey gira más al sur el 21 de diciembre para moverse luego al Norte, de acuerdo con quienes vaticinaron los desastres climáticos que ahogan a buena parte de la humanidad ahora por la desidia humana, también prevista por ellos.

Luces y sombras juegan a superponerse en las edificaciones mayas y esto constituye un enigma para los estudiosos, cada día más impactados por tanta genialidad sin las invenciones sofisticadas de las cuales alardeamos los contemporáneos.

Es por eso que millones de personas, que escucharon o leyeron las profecías y leyendas de ese pueblo originario mesoamericano, esperan con anhelo el 2012.

Ellas revelan la complejidad del pensamiento y grandeza de una civilización, cuyas mediciones les llevaron a concluir que el 21 de diciembre del año por llegar concluirá un ciclo (baktún) de un millón 877 mil días, iniciado en el año 3114 antes de nuestra era.

En esta jornada comienza un nuevo período y quizás -si por fin la sensibilidad toca a la mayoría-, estemos en el principio de un amanecer más prometedor para los habitantes de la Tierra.

27/12/2011 07:21. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Tiempo de tamales en Costa Rica

Imagen activaLos festejos navideños son inconcebibles sin los tamales en Costa Rica, donde numerosas familias siguen apegadas a la tradición de preparar de conjunto este regalo para el paladar y de forma inconsciente, por lo general, rendir culto a la herencia indígena en el área.

  Un trago de guaro o aguardiente casi nunca falta en medio del ajetreo que supone la preparación de este alimento, para la cual son convocados amigos y parientes con tal de facilitar las labores y aprovechar la ocasión de compartir alegrías lejos de las rutinas diarias.

Dicen los entendidos que el secreto del tamal está en la masa o maíz cascado, aunque mucho aportan a su disfrute la carne, el arroz, la zanahoria, papas, frijoles o garbanzos, chile dulce, u otros añadidos a la amalgama cocinada y envuelta en hojas de plátano.

Otros experimentan sabores con arvejas, aceitunas, alcaparras, pipían -especia de pasta de chicharrón- e incluso aceitunas, aunque todos concuerdan en que en cuestión de rellenos lo esencial es la originalidad del cocinero.

Larga es la historia de esta costumbre en tierra tica y en buena parte de la región centroamericana, donde aparte de los tradicionales tamales de carne de cerdo o pollo existen otras variedades, siempre sobre la base del maíz.

En esa multiplicidad de formas resultan más curiosos los de chipilín, en los que a la masa se le incorporan hojas de ese vegetal, identificado por los científicos como crotalaraia longirostrata.

También suelen ser bien recibidos los denominados pishques o mudos, confeccionados a partir de una masa de maíz cocido con ceniza y que suelen ser rellenados con frijoles molidos, mezclados a veces con picantes.

Ambas clases de tamales utilizan como envoltorio hojas de plátano o de banano y carecen de un relleno. De modo similar a como ocurre en El Salvador, cientos de familias costarricenses igual consumen tamales de elote o maíz tierno, hechos de granos molidos, mezclados con leche o mantequilla, rellenos de frijoles fritos, quesillo o chicharrón, y recubiertos por las hojas de los elotes.

En otros círculos aprecian los tamales de bola, llamados así por su forma esférica, y elaborados sólo de la masa de maíz, ceñida en tuzas u hojas de mazorca, sin otros ingredientes.

Esta variante sustituyó a veces a las tortillas en Semana Santa, cuando los molinos de nixtamal cesaban labores por respeto a la fe católica, pero con la expansión de la harina de maíz industrial tienden a desaparecer al igual que esos centros de preparación.

Los tamales dulces o de azúcar, cuyo relleno es por lo general de uvas, ciruelas pasas o mermeladas a base de piña, también son cada vez menos frecuentes en estos tiempos.

La voz tamal proviene del náhuatl tamalli, que significa envuelto, y pese a que en esencia sigue siendo respetada la concepción original en la confección de este plato, en tiempos de globalización no faltan propuestas.

Sin renunciar del todo a la tradición, proliferan negocios en todo el territorio que preparan en proporciones gigantescas la masa de maíz enriquecida y hasta apelan a recursos como el papel aluminio o plástico para distinguir su envoltorio.

"La Navidad huele a tamal en Costa Rica", asegura el dueño de uno de los negocios más añejos en el sector, que cuenta con más de 57 años y produce hasta tres mil tamales diarios por estos días.

18/12/2011 19:50. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

La danza de las máscaras en Costa Rica

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El Diablo, La Giganta, La Segua y La Muerte, salieron una vez más a las calles con otros muñecos gigantes el 31 de octubre, durante la celebración del Día de la Mascarada Tradicional Costarricense.

  La festividad tuvo como fondo sones y músicas autóctonas, a cuyo compás danzaron los artistas escondidos bajo las máscaras de personajes representativos de la cultura popular.

  Según especialistas del Museo de Cultura Popular, en Santa Lucía de Barva, Heredia, las mascaradas tuvieron su origen en diferentes puntos del país y ningún cantón o municipio puede atribuirse su origen.

  Estas nacieron en turnos y fiestas patronales locales desde siglos anteriores, más alcanzaron carácter oficial a partir de un decreto estatal emitido en 1997.

  Gracias a la declaratoria del día de la Mascarada Tradicional Costarricense, nuestro país cuenta con una celebración nacida del espíritu de nuestras propias tradiciones populares frente a esa foránea festividad de Halloween, destaca el académico y escritor, Carlos Díaz Chavarría.

  Desde entonces, proliferan las iniciativas municipales alrededor de la celebración y las máscaras ratifican el arraigo de una antigua costumbre del pueblo costarricense, en días cercanos al Día de Muertos, en México.

  La Giganta, el Diablo, la Muerte, el Policía, la Calavera, el Cadejos, Pericos, Loras y Lapas, son algunos de los principales personajes que recorren calles y avenidas durante esta jornada de divertimento.

  También participa en la procesión la India Emplumada, con las piernas desnudas, en homenaje a los primeros pobladores de esa porción de la llamada cintura de América, habitada por ocho etnias indígenas.

  Ella va en la volanta, acompañada de una parodia de caballero, por el espíritu de burla y antipatía expandida entre las clases humildes con respecto a la aristocracia, porque por lo general vive de su sudor.

  Otras representaciones -confeccionadas igual de fibra de vidrio, papel o barro- recuerdan a la farsa italiana, a la Mama Giganta de Ecuador, y a otros personajes extraídos de la cultura universal.

  Cada jornada anual de las mascaradas deviene un desfile de lo grotesco, los fantástico, lo cómico, lo ridículo o macabro, en forma de animales, monstruos, o tipos humanos contrahechos o parodiados.

  Algunas de las máscaras despiertan sentimientos encontrados entre los espectadores, como es el caso de los diablos que echan humo por la boca, mueven los ojos, y persiguen a los infantes con su fusta en la mano.

  Lo satírico y lo popular se funden en este panorama carnavalesco, que en los últimos años contó con la presencia de representaciones de personajes infantiles como El Chavo del 8, el Monstruo de Saprissa, Peter Pan, el Capitán Garfio, y muchos más.

  En la alineación de personajes de mascaradas tradicionales hay otros sacados de las leyendas costarricenses y en algunos pueblos incluyen a las brujas y personajes de la vida cotidiana, como el Policía y los Abuelos.

  El ingenio popular carece de límites: en varias ocasiones comparecieron ante el público máscaras con la imagen de políticos y hasta con la figura del popular futbolista brasileño, Ronaldinho. 

  Para la antropóloga costarricense Giselle Chang, copiar y difundir íconos foráneos obedece a intereses comerciales, pero no tiene sentido en la cultura local y atribuye a la falta de conocimientos esta tendencia.

  “El problema es que por falta de conocimiento de lo nuestro, no apreciamos lo que tenemos y se pierde la cultura”, opinó, en alusión a quienes introducen figuras foráneas, irrelevantes cuando se trata de rescatar lo autóctono.

  La mediatización en boga deja su impronta en esta festividad popular, porque los jóvenes procuran nuevas imágenes vinculadas a personajes famosos a partir de su aparición en medios de prensa, la televisión, o el cine.

  Por ello, muchos abogan por la coordinación entre los maestros de las tres escuelas de Cartago, Barva de Heredia o San José-Escazú, de cuyos talleres salen las mascaradas que cada año vuelven a alegrar el panorama de Costa Rica.

La creación de los blancos, según los bibris costarricenses

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Los sikuas o personas blancas surgieron del cuerpo de una niña rellenita e incapaz de caminar, Iriria, por obra y gracia del dios supremo de la creación para el pueblo bibris de Costa Rica, Sibú.

  Esta deidad soñó con completar lo existente a su llegada con la presencia de los seres humanos y como sabía que estos no vivirían, porque sólo había piedras a su alrededor, trazó un plan y visitó a la familia danta o del tapir.

  Sibú convenció a los parientes de la posibilidad de curar a la hija y nieta de Naítimi (madre y abuela de la Tierra), quien vivía en el inframundo, para lo cual la llevaron a una gran ceremonia organizada por él bajo el supuesto de que lograría hacerla caminar.

  Según el texto Tradición Oral Indígena Costarricense: Relatos bribris de Kekoldi, Iriria cayó al suelo durante el acto y el dios fue increpado por mentiroso, ante lo cual trató de convencer a la familia de que la pequeña caminaría luego en muchas personas que nacerían de ella.

  Así ocurrió: Sibú cumplió su promesa y formó del cuerpo de la niña obesa a las personas blancas, de acuerdo con la compilación, realizada por especialistas de la Universidad de Costa Rica.

  Iriria engendró en su vientre un árbol después de su muerte, pero el arbusto crecía y crecía y le destruía la casa a la deidad suprema, que finalmente decidió mandarlo a cortar.

  Las flores del árbol talado flotaron en la mar, identificada por Mulurtmi, y de ellas nacieron personas blancas o sikuas a las cuales decidió dotarlas de sabiduría Sibú, en su afán de perfección.

  El dios supremo de la creación para los bibris le dio a los blancos la inteligencia de Ple Akekol, ser espiritual, con figura de hombre y también de hormiga.

  Este caminó por primera vez sobre la tierra recién hecha y del polvo que caía de sus pies nacieron las hormigas zompopas, las cuales cortaron enseguida las hojas de los árboles, construyeron sus nidos, hicieron caminos y dejaron bien limpio el lugar donde vivían.

  La carga de los sikuas suele ser más grande que su cuerpo y trabajan sin descansar, pero estudian de manera incesante para seguir con más conocimientos, añade la sabiduría de este pueblo indígena costarricense.

  Desde esta lógica, legada de generación en generación, los blancos limpian todo y eliminan la vegetación donde quiera que trabajen sin reparar en los estilos de vida de las comunidades asentadas en esas áreas.

  Este es apenas uno de los mitos fundacionales del conjunto de creencias de índole chamánica o suwoh -en bribri, alma, historia o viento-, que forman parte de la religión bibri y del culto al creador y héroe cultural Sibú.

  El suwoh, transmitido por los chamanes o awápa, comprende un cuerpo de conocimientos que define la forma en que ese pueblo indígena interpreta la realidad y cada una de sus leyendas es una metáfora o alegoría del sistema de creencias que profesan y aplican en su cotidianeidad.

  Kikírma, dios del trueno que ve a los diablos o bé como aves comestibles y les dispara con su cerbatana o rayo, es otra de las deidades mencionadas en esta mitología.

  En el panteón vivir ocupan espacio, entre otros, Duwàruk o el rey de los animales -para quien estos son plantas y por eso los monos son aguacates para él-, y los Tamì o dueños de la montaña, que ven al tapir o danta como vaca, y al saíno como su cerdo.

  El imaginario popular considera reales los hechos o representaciones del modo en que Sibú y su mundo interactúan con los humanos, y viceversa, por lo que son entendidos parte de la historia de una de las ocho culturas originarias de Costa Rica.

24/10/2011 11:23. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

El callejón de Jaén

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El silencio desata la magia escondida en el callejón de Jaén, en la ciudad boliviana de La Paz, otrora Kaurd Kancha o mercado de llamas, y ahora suerte de museo viviente en el que confluyen pasado y presente.

  Cada piedra recuerda los tiempos en que mercaderes de distintas regiones realizaban en ella la compra y venta de animales típicos del altiplano boliviano, pese a la cantidad de museos instalados a ambos lados.

Sobre todo indígenas campesinos, provenientes de los poblados cercanos a la ciudad, llegaban al lugar con sus llamas, alpacas y vicuñas en la dieciochesca centuria y allí negociaban hasta alcanzar algo más que el acostumbrado desprecio de los mercaderes criollos.

Y es que la conocida en estos tiempos como calle Apolinar Jaén -en honor al orureño que alentó la lucha liberadora en los pueblos negros de Yungas contra el dominio colonial español- terminó copada por personajes de total renombre en la sociedad mestiza como Pedro Domingo Murillo.

La antigua casa del prócer de la independencia boliviana devino uno de los tantos museos que atraen a millares de visitantes extranjeros, nacionales y escolares al callejón, que inicia en la calle Indaburo y desemboca en la Sucre.

Entre piedras y construcciones coloniales pululan, por la estrecha franja vial, leyendas similares a las que por toda la América hacen énfasis en la existencia de seres infernales empeñados en asustar a los paseantes nocturnos o redimir a los borrachos, solteros desbocados u hombres libertinos.

Jaén, corta por su longitud, pero enorme por el incalculable contenido histórico que acumula, inicia con la Casa de la Cruz Verde y desde allí parece indicar que en cualquier momento aparecerán fantasmas infernales arrastrando cadenas o en carruajes tirados por caballos con ojos temerarios.

Esta creencia era frecuente en la época colonial, cuando corría también la voz de que una viuda condenada por seductora recogía a los borrachos en altas horas de la noche para llevarlos consigo a un rincón misterioso.

Ello motivó que los vecinos del lugar, católicos en su mayoría, decidieran colocar una cruz de color verde para ahuyentar a todas las almas en pena y seres sobrenaturales a la entrada de la callejuela.

Desde entonces, el icono forjado en metal recibe a los que comienzan el recorrido desde el parque Riosinho y voltean la vista hacia la puerta del Museo de Instrumentos Musicales de Bolivia, creado en 1962 y en el cual radica el Teatro del Charango.

El encanto de la música de este país suramericano, armonizada casi siempre con quenas, zampoñas y charangos, puede degustarse al estilo de las peñas originales en la vieja casona.

Un poco más allá, el Museo Etnocultural hechiza con las evidencias que conserva de la heterogeneidad distintiva de los pobladores de este territorio andino-amazónico, en tanto el Museo de Metales Preciosos o del Oro permite transitar por la historia monetaria.

El domicilio donde está enclavado este último perteneció al compañero de Murillo en la Revolución de 1809, cuyo nombre tomó la calle, y guarda piezas realizadas en oro, plata, cobre, bronce y cerámica de las culturas aymara, mollo, wankarani, tiwanaku, chiripa e inca.

Útiles de trabajo, armas, utensilios para el hogar, vestimenta y adornos corporales como diademas, mascarones, pectorales, collares, brazaletes y orejeras, despiertan la admiración en este reservorio, donde destaca la Fuente Magna, anterior a nuestra era y de origen mesopotámico.

La Casa de Murillo, en el número 79, expone piezas del prócer y todo lo que puede ayudar a conformar una idea más clara del modo de vida de las clases criollas en épocas coloniales.

Entre ellas destaca una de las fuentes históricas más preciadas por los seguidores de la historia americana: la proclama de la Junta Tuitiva, símbolo de los movimientos libertarios contra la dominación ibérica.

El Museo Costumbrista Juan de Vargas y el Museo del Litoral Boliviano prueban el devenir de españoles, criollos, mestizos e indígenas durante la vida colonial y republicana, pero en particular el segundo apunta a lo más marcado en el imaginario popular: la cuestión de la mediterraneidad.

Larga data acumula la frustración boliviana por la pérdida del acceso soberano al mar, en virtud de la fratricida Guerra del Pacífico (1879-1883), y este local muestra cada pedazo capaz de retrotraer a la etapa en que ese derecho era respetado.

En una placa del museo quimérico, situado al final de Jaén, un poema del diplomático boliviano Jaime Caballero recita: "El mar está más lejos que una noche pasadaâ�� El mar está más cerca que mañana".

Estos versos son todo un signo de esperanza, de que la vieja herida un día sea restañada, y cierran el recorrido por la callejuela paceña, que al decir de otro poeta se desliza "con la hermosura de las sombras y repite el eco de los pasos".

20/03/2011 07:42. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

La fiesta boliviana de las miniaturas

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La Feria de Alasitas, uno de los acontecimientos culturales más esperados por los bolivianos cada año, está por llegar y con la expectativa de convertirse en Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad.
Mientras en el Campo Ferial del Bicentenario preparan condiciones para la fiesta de las miniaturas, autoridades culturales alistan la presentación de los documentos tendientes a legitimar su valor universal ante el Fondo de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
De acuerdo con el jefe de la Unidad de Promoción del Folklore y las Artes Populares de La Paz, Nicolás Huallpara, fueron más de dos años de intenso trabajo para colectar la información histórica más objetiva de la festividad que se celebra en la capital gubernamental boliviana cada 24 de enero.

Orígenes de las alasitas 
En los territorios ocupados ahora por los departamentos de La Paz, Oruro y Potosí, aparecieron evidencias múltiples de miniaturas antropomorfas y zoomorfas en piedra, barro, y hasta oro, anteriores y de la época incaica.
Algunas de estas obras son de piedra negra basalto, que abundaba en las minas situadas en las márgenes del lago Poopó, y en andesita, más frecuente en la península de Copacabana.
Los investigadores Carlos Ponce Sanginés y Arthur Posnasky defendieron la tesis de que algunas de esas figuras eran remanentes de remotas fiestas sagradas del solsticio de verano, orientadas a lograr mejores resultados en la agricultura y, en algunos casos, a incidir en una mayor fecundidad.
Las figurillas antiguas dejan entrever, además, un simbolismo relacionado con el amor y la felicidad, que trascendió en sus expresiones actuales en la sobredimensión del falo y otros atributos vinculados a la sexualidad.
Sin embargo, ello no explica el origen de la comercialización de las piezas de escasas dimensiones, cuyo origen suele ser fijado posterior a las sublevaciones indígenas de 1781 y al cerco de Tupac Katari a La Paz.
Aunque la Feria de Alasitas tuvo sus primeras expresiones urbanas en los tiempos fundacionales de esta ciudad, para el antropólogo aymara Emmo Valeriano Thola, de la insurrección indígena quedó el hábito de comprar artesanías de dimensiones reducidas, justo al medio día del 24 de enero.
La pieza, chayada (bendecida) con un yatiri o chamán aymara y luego en una iglesia católica, era llevada a casa con la esperanza de ver los sueños cumplidos en los días posteriores del año y así continuó hasta nuestros días.
De ese modo, las miniaturas ofertadas durante la festividad mestiza expresan todavía el cruce entre la religiosidad católica del pueblo y su inclinación a recurrir a las deidades andinas para alcanzar riqueza y salud.

El Ekeko, un rayo de luz 
Entre estas figurillas destaca el Ekeko, dios de la abundancia o de la fortuna, de vientre abultado, cabeza grande, pómulos colorados, bigotes ralos, ojos vivaces, boca grande y sonriente, y con un orificio, el cual parece instar a sus devotos a colocarle un cigarrillo para que "fume".
Varios especialistas señalan que este es venerado desde siglos antes de la conquista española y prevaleció en la grandiosa cultura tiwanacota, donde creían que ahuyentaba la desgracia de los hogares y atraía la fortuna.
En la Isla del Sol, del lago de Titicaca, aparecieron figuras líticas con la representación antropomorfa de pequeños hombres con joroba, con rasgos indígenas y sin vestimenta, cuya desnudez era el símbolo de la fertilidad.
De 1612 data uno de los registros más antiguos al respecto, cuando el jesuita Ludovico Bertonio mencionó a esta deidad andina en su Vocabulario de la Lengua Aymara.
"Ecaco, I. Thunnupa. Nombre de uno de quien los indios antiguos cuentan muchas fábulas y muchos aún en estos tiempos las tienen por verdaderas y así sería bien procurar deshacer esta persuasión", sugería el católico a quienes compartían con él la tarea de afianzar la conquista en lo religioso.
Pese a los esfuerzos de los colonizadores por desterrar esta y otras creencias, la mitología alrededor de los poderes del diminuto hombrecillo de yeso u otro material subsiste, expandida incluso por territorios vecinos como Perú.
El Ekeko conserva todavía una expresión de completa felicidad y pese a sus piernas cortas, carga en sus brazos extendidos reducidísimas bolsa de arroz, fideo, azúcar y harina, billetes, libros, periódicos, instrumentos musicales y de trabajo.
Pero como el ingenio popular carece de límites, lo que antes cargaba como símbolo de lo añorado por sus adoradores, ahora tiende a multiplicarse y no faltan los hombrecillos de vestuario tradicional andino con réplicas de maletas de viaje, autos modernos, casas y hasta aviones.
Y es que el dios de la abundancia y de la felicidad puede concederlo todo, siempre que su representación sea regalada por un amigo o conocido en medio de la fiesta de las miniaturas en Bolivia.

17/01/2011 14:34. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Navidades bolivianas, espejo de la diversidad

Las fiestas navideñas bolivianas son el mejor espejo de la diversidad de creencias y de los usos y costumbres entre la ciudad y el campo, en este país andino -amazónico.

Lo que en principio es una festividad católica, implantada por obra de la conquista y colonización española desde la centuria decimosexta, terminó mezclada con credos originarios de estas tierras y trasciende la cristiana Misa de Gallo, al filo de la medianoche entre el 24 y 25 de diciembre.

Mientras en las urbes muchos se ufanan en recrear los nacimientos en templos, comercios, y viviendas, en el campo los infantes fabrican animalitos de barro y los colocan al lado de las tradicionales figuras católicas, con la esperanza de que los rebaños se reproduzcan.

El enorme complejo social que es este país, donde conviven 36 nacionalidades, implica que en comunidades alejadas de los centros urbanos los pobladores ni siquiera se enteren de la Navidad y cuando menos, expresen la criollización de la religión de los colonizadores.

La mercantilización de la celebración -signada por la venta de juguetes, los clásicos arbolitos, guirnaldas y otros, demostrativos del progreso de la globalización neoliberal-, continúa concentrada en las ciudades y de ella todavía escapan los originarios aferrados a sus usos y costumbres.

Si bien Papa Noel pulula por los grandes complejos comerciales urbanos, como signo esperanzador para quienes sueñan con regalos al estilo contemporáneo, el Ekeko o dios de la fortuna, de la abundancia, de la fecundidad y de la alegría, para los aimaras, mantiene su espacio.

También sigue imponiéndose la tradicional picana -sopa de carnes-, aunque algunos aseguran que cede terreno a platos más universales, como parte del juego consumista que avanza igual en la resistente Bolivia.

Bajo el influjo de los medios de comunicación y de la Internet, la festividad navideña derivó en festín de consumo de bienes materiales más que en encarnación de sentimientos religiosos, pese a que cada región defiende algunas de sus peculiaridades alrededor de la fecha.

Los tarijeños campesinos, por ejemplo, disfrutan de los identificados como pasantes: bailes típicos de la región, abundante comida y cantos, mientras agradecen a la Pachamama, en tanto Chuquisaca se torna en centro de bailes y procesiones, bajo el ritmo del autóctono chuntunkis.

La simbiosis cultural tampoco acabó con los buñuelos y chocolatada para los infantes, que aún suma alrededor de la mesa a las familias bolivianas tras la noche navideña, hasta en el alejado departamento del Beni.

Porque a la larga, aunque las navidades en este país son uno de los mejores espejos de su diversidad cultural, constituyen una oportunidad única de reunirse en el hogar, viajar en familia o conocer costumbres de algunos coterráneos.
28/12/2010 20:37. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Wara Wara y el indigenismo en tiempos de refundación

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  La aspiración de reivindicar el valor de lo autóctono embarcó a cineastas y restauradores en un velero con rumbo a las etapas primigenias de la filmografía boliviana.

  El rescate del clásico Wara Wara, exhibido sólo una vez en 1930, es un regalo para un pueblo inmerso en un proceso de cambio en todos los órdenes, que prioriza redimensionar el respeto a portadoras y portadores de las tradiciones de las 36 nacionalidades reconocidas en el país.

  La entrega de la Cinemateca Boliviana de La Paz motiva desde el inicio a reflexionar acerca de lo diverso, en tanto confirma la posibilidad de retroceder en el tiempo y romper con la incredulidad de quienes niegan méritos a aquellos que inventaron máquinas u otros artefactos para lograrlo.

  Más allá de eso, su reestreno en la sala capitalina luego de seis décadas perdida, trajo de vuelta el discurso del mestizaje expandido por América Latina a inicios del siglo XX, que impulsó movimientos reivindicativos del ajiaco cultural y procuró ocultar las diferencias en la diversidad.

  La película parte del drama teatral concebido por el escritor paceño Antonio Díaz Villamil (1897-1948), La Voz de la Quena, que narra la historia de los amores entre un conquistador español y la hija de un cacique indígena, signada por los prejuicios y la violencia entre razas.

  Según el texto base, Wara Wara y Tristán de la Vega, mueren ante el rechazo de los indígenas al que consideran culpable de la destrucción de su imperio, más en la película presentada en 1930, ambos protagonistas son redimidos tras la derrota de la resistencia incaica y su unión legitimada.

  El director de la cinta, José María Velasco, concibió el cambio en concordancia con los aires que soplaban en su época y de allí la potenciación del respaldo a la mezcla entre culturas diferentes para que, a la larga, venciera la occidental.

  Quizás inspirado en el indigenismo literario y pictórico mexicano de esos años, este abjuró de la visión fatalista de Díaz Villamil y propuso crear una nación homogénea, al estilo de la sugerida por el poeta y diplomático boliviano, Franz Tamayo (1879 -1956).

  Para el autor de la Creación de la Pedagogía Nacional -serie de artículos publicados en el periódico El Diario de La Paz-, el indio o cholo estaba cargado de energías que valía aprovechar, sin perder de vista su presumible inferioridad respecto al blanco por facultades naturales heredadas.

  Velasco se revela en su obra como respetuoso de estas ideas: el mestizaje es la solución (representado por la unión entre Tristán y Wara Wara) y el indio debe ser asimilado por la cultura más fuerte (Arawicu convence a Huillac Huma a deponer las armas y aceptar su derrota ante los europeos).

  Como si no bastase, añade la parte más triste en estos asuntos y no sólo en la ficción: quien no está dispuesto a conformarse con tal estado de hecho debe ser condenado y hasta morir (trágico fin de Apu Mayta y sus seguidores).

  La escena final de Wara Wara enseña también al espectador la solución ideal al dilema, pues los vencedores europeos rodean a Wara Wara y Tristán, que abrazados y felices, olvidan el rosario de cadáveres a sus pies de los empeñados en restituir al imperio Inca.

  En tiempos de refundación, la película reaparece con 18 minutos extras y devela el largo legado discriminatorio en Bolivia, al probar la convicción de sus creadores en la validez del entrecruzamiento invisibilizador de razas y el desprecio a quienes se resisten a aceptarlo.

  Sólo un repaso del contexto político -social prevaleciente hace ocho décadas en Bolivia, similar al extendido por el resto del continente, puede posibilitar la mejor comprensión de la propuesta y del modo en que la oligarquía concebía lo racial.

  Wara Wara es en parte la respuesta a las interrogantes más acuciantes de quienes en el período, creyéndose libres del supuesto estigma indígena, diseñaban estrategias para aniquilar la incidencia de lo originario en el país y potenciar lo foráneo como única vía expedita al desarrollo.

  El filme de Velasco muestra la polémica de moda en círculos de la alta sociedad, académicos, políticos, y otros vinculados al poder, en casi toda la región: aniquilar a los indígenas a partir de su homogenización o sumergirlos en la cultura occidental para despojarlos de sus raíces.

  A diferencia de lo ocurrido en Argentina, como resultado de la inmigración blanca impulsada por el presidente Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), en Bolivia jamás pudo camuflarse lo originario ante su amplia variedad y la considerable entronización de sus tradiciones.

  Ni lo blanco opacó a lo indígena, ni el mestizaje penetró a todas las comunidades en el territorio, por lo que la frustración acompañó por siglos a los apegados a las tesis sobre la inferioridad de lo aborigen frente a lo europeo.

  Wara Wara, la princesa indígena, es protagonizada en el filme por una mujer blanca de relampagueantes ojos claros a la que se suman artistas reconocidos en el ámbito cultural paceño en la etapa, que trascendieron como la Generación del Centenario.

  En una película de indios ni por asomo un originario desempeña un rol esencial, sólo como parte del reparto, bajo la concepción de que el éxito estaría garantizado en tanto ese estigma quedara menos visible.

  Velasco pertenecía a la clase alta y a tono con sus patrones de belleza prefirió propulsar a la escultora Marina Núñez y su hermana Nilda, al escritor Díaz Villamil, al pintor Arturo Borda, al poeta Guillermo Viscarra y al actor Emmo Reyes.

  Pero al margen de lecturas políticas y del papel que asume lo indigenista como eje del filme, es innegable la calidad artística de esta entrega del cine silente boliviano, olvidado pese a su dinámica narrativa poco usual para la filmografía latinoamericana de la época.

04/10/2010 15:45. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

La suerte del diablo en Bolivia

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  El Diablo, además de ejercer su jurisdicción sobre el extenso territorio celeste conocido como Infierno, posee un vasto patrimonio en la tierra y parte de este será una casa –museo en Bolivia.

  Contrario a la tradición judeocristiana, que lo condenó por liderar a los ángeles rebelados contra Dios y desde entonces lo presentó como el príncipe de la maldad, el imaginario popular de este país suramericano lo venera.

  De modo particular, en las regiones mineras andinas, los dedicados a esas actividades y sus familiares le rinden ofrendas para garantizar que este proteja sus vidas cada vez que ingresen a los socavones, donde suponen, tiene su reino la deidad.

  Una danza folclórica sirve de pretexto para invocar la gracia del príncipe de las tinieblas en la ciudad de Oruro, reconocida como la capital folclórica de Bolivia.

  La diablada es el mayor atractivo de la Entrada Folclórica del Carnaval de Oruro y junto a otros bailes típicos del área es Patrimonio Cultural e Intangible de la Humanidad del Fondo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), desde 2001.

  Grotescas caretas multicolores, de ojos saltones y con enormes cuernos, son los principales accesorios de quienes representan los siete pecados capitales, de la tropa de diablos, de la Ch’ina Supay (diablesa) y del Ángel, principales figuras en la escenificación de la lucha entre el bien y el mal.

  Pero más allá de este ritual festivo, la deidad contará con un hogar en el sur de la capital folclórica, en el cual serán exhibidos máscaras, trajes y maniquíes que lo simbolizan.

  El Museo del Diablo mostrará la historia, la simbología y tradición de la danza de la diablada, según un proyecto que forma parte del Plan de Salvaguarda del Carnaval Orureño, financiado por la UNESCO.

 

-OTRAS PROPIEDADES DEL DIABLO EN LA TIERRA

  Con estas propiedades en tierra boliviana, el dios de la maldad sumará a su patrimonio una posesión más, si se consideran los múltiples sitios que recuerdan su influjo en todas las culturas del mundo.

  La caribeña Isla del Diablo, en la Guayana Francesa, es quizás el más famoso más no el único llamado así o comparado con el espíritu del mal: la panameña Isla de Coiba, la colombiana Gorgona, la italiana Isla de Pianosa, entre otras, también corren esa suerte.

   La pequeña ínsula rocosa situada al norte de la Guayana Francesa se granjeó el seudónimo al ser convertida por Francia en una colonia penal desde 1852 hasta 1946.

   Durante esos años, arribaron en distintas oleadas 56 mil prisioneros galos al siniestro lugar, considerado por muchos de ellos un destino sin retorno, por la escasa salubridad y los maltratos que causaron la muerte de centenares de reos.

  La Isla de Coiba, al oeste de Panamá, también albergo por casi un siglo un reclusorio, donde el hacinamiento, las torturas y los maltratos estaban a la orden del día, tipo Isla del Diablo, por lo que indistintamente era llamada así.

  Otra de las posesiones atribuidas al Diablo es la colombiana Isla de Gorgona, en el Pacífico, donde se construyó una colonia carcelaria a finales de los 50 del XX por orden del ex presidente colombiano, Alberto Lleras Camargo.

  La isla resultaba ideal para construir allí un infierno terrenal: unos pocos kilómetros de tierra, cubiertos por cerros selváticos de hasta 300 metros de altura, donde pululaban las serpientes venenosas, rodeados por aguas oscuras y profundas habitadas por varias especies de tiburón.

  Por esas razones, pronto muchos bautizaron a la ínsula colombiana como La Isla Maldita, done algunos condenados se suicidaron; otros planearon fugas imposibles y los más, se prepararon para sobrevivir a los peores tormentos.

  Del otro lado del Atlántico, bordeando la península itálica, se encuentra la Isla de Pianosa, territorio de paso entre el continente europeo y el macizo Sardo Corso, además de sucursal del diablo desde mediados del XIX.

  En la pasada centuria la ínsula fue convertida en colonia penal y luego transformada en cárcel de máxima seguridad, donde fueron encerrados los capos más peligrosos de la Cosa Nostra, del calibre de Totó Riina.

  También en la región más austral del mundo se encuentra la ciudad argentina de Ushuaia, considerada tierra del Diablo aunque su nombre en lengua Yámana significa "bahía penetrando al poniente".

  En 1902, la autoridades de se país construyeron allí una prisión para reincidentes como el estafador Juan Dufour, uno de los pocos que escapó del terrible reclusorio en la Guayana Francesa; el primer asesino serial argentino, Mateo Banks, y el infanticida Cayetano Santo (El Petiso Orejudo).

  El espíritu del mal -representado por el alemán Goethe como Mefistófeles- inspiró también a poetas, escritores, cineastas, compositores y artistas en general, entre cuyas obras alegóricas podrá inscribirse este regalo de bolivianas y bolivianos.


04/10/2010 12:55. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

La Paz, ciudad sitiada

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Como los libros, que redimen y calman, los cerros paceños permiten gozar parte de lo espectacular de la naturaleza mientras resguardan a quienes pululan por la capital institucional boliviana.

   Alguien que nació por estos lares contaba que al atravesar en tren las pampas argentinas, comprendió el valor de las majestuosas formaciones pétreas y hasta la ventaja de tenerlas, cual amigas protectoras, en el diario andar.

   Estos cerros casi besan al Sol y tienen la propiedad de mudar de color: por momentos los aprecias similares al barro cocido, otras veces más cercanos al café, y en otras, verdosos o grises.

   Erigidos cerca de cuatro mil metros de altura sobre el nivel del mar, ellos también sirven de soporte a miles de modernas y antiguas construcciones de diseños antojadizos.

   La variedad de estilos distingue a la arquitectura paceña, donde edificaciones contemporáneas de disímiles tamaños confluyen con inmuebles marcados por el uso y el tiempo.

   Bien pudiera pensarse que el cantor se inspiró en La Paz cuando prometió a su amada que le haría una casa “…allá en el cielo”.

   Lo mismo en un recorrido en taxis que desde un piso elevado, una se pregunta cómo es posible que puedan sostenerse tantas armazones de cemento, vigas, y lozas, casi al borde del precipicio.

   Quizás la atrevida forma de construir guarda relación con la herencia incaica -reconocida por su aprovechamiento de espacios para la agricultura y otras labores, incluso en angostas laderas de montañas- o sea un ejemplo de la pericia de los obreros de esta época.

   Lo cierto es que algo se mueve desde El Alto hasta la Zona Sur, pese al empeño de los cerros de la urbe boliviana en mantenerse firmes a despecho de las aguas y de la obra humana.

   Más de 300 ríos atraviesan La Paz. Muchos de ellos bajan desde las altas pendientes por el subsuelo y se encuentran en proceso de profundización, es decir, en movimiento activo de erosión de terrenos.

   Aunque los estudios hidrográficos alertan sobre esta problemática, proliferan construcciones con malos cimientos y sin criterios estructurales, acordes con lo estipulado por el Reglamento de Uso de Suelos y Patrones de Asentamiento.

   Del 45 al 50 por ciento de las capacidades habitacionales paceñas están en laderas y carecen de conexiones a redes de alcantarillado pluvial e higiénico.

   En gran parte de los casos, los ejecutores excavan pozos ciegos como letrinas y a la larga provocan constantes filtraciones, humedad en los suelos y desestabilización de las tierras, según los especialistas.

   Esto acelera el riesgo de deslizamientos, asentamiento del terreno, derrumbes y otros desastres, de manera particular en períodos de intensas lluvias.

   Más, los colosales diseños arquitectónicos se imponen en virtud de la reanimación económica y a tono con ello, la admiración crece al mirar la Torre Czapeck, la Azul, la del Seguro Universitario, y la de la Cámara de Construcción de La Paz, entre otros de considerable envergadura.

   La altura de algunas de estas construcciones compite con los cerros guardianes de la ciudad, donde pueden experimentarse al menos tres de las cuatro estaciones del año en apenas 24 horas.

   En medio del cambio climático, los rayos solares probablemente sean uno de los bienes más disputado en La Paz, por la desidia de quienes implantan nuevos complejos de viviendas u oficinas de negocios sin respetar los límites establecidos para los identificados como conos de sombra.

   Las violaciones reiteradas a la normativa que establece los parámetros de construcción, redundan en la ampliación de estos y por ende, de temperaturas más bajas.

   Tales anomalías atentan contra la larga vida de una de las capitales más bellas de América Latina, por su amplia diversidad arquitectónica y cultural, capaz de atrapar para siempre.

   Porque como afirman algunos, esta ciudad sitiada por cerros es el ombligo del sur del continente y sus pobladores, la bondad teñida de todos los colores humanos posibles.

04/09/2010 00:11. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Centroamérica: torres más altas de este lado del mundo

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Cuando de los rascacielos más altos del mundo se habla, enseguida la imaginación se transporta a Japón, Estados Unidos, China, Dubai y otros lugares, pero en el recorrido bien pudiera reconocerse la intención de los centroamericanos por no quedarse atrás.

Sin cuantiosos recursos económicos como sus rivales en esta lid, si de alturas se trata en el área cabe destacar la torre Global Bank, de Panamá; la Club Premier, de Guatemala; la Cuscatlán, de El Salvador; y la Panorama Life, de Tegucigalpa, Honduras, por sólo citar algunas.

Tales majestuosidades arquitectónicas contemporáneas son muestras de la aplicación de las más modernas técnicas de construcción y sobrepasan el suelo en casi 150 metros como promedio.

Ellas conviven en la zona con restos de un pasado de gloria en el orden constructivo, atribuido en lo fundamental a mujeres y hombres de la cultura maya, entre los que descuellan el guatemalteco complejo de Tikal y el de Copán, en Honduras.

Pese a los efectos nefastos de la ruptura en el desarrollo natural de los pueblos ancestrales de la región -por los procesos de conquista y colonización iniciados en la decimosexta centuria-, la impronta de la modernidad dejó a su paso grandezas como la panameña torre Global Bank.

Esta obra alcanza 176 metros y 43 pisos, por lo que es considerada la más alta y moderna del centro del subcontinente.

Arquitectos coinciden en afirmar que Ciudad de Panamá es la más privilegiada en cuanto a proyectos de alturas considerables por la escasa incidencia de terremotos y otros fenómenos sísmicos, en relación con sus vecinas centroamericanas.

En la metrópoli, elegida junto a la brasileña Curitiba, capital internacional de la cultura en 2003, confluyen los edificios más altos y modernos del área y viejos inmuebles al estilo colonial.

Sin embargo, las restantes naciones de la región despuntan también: la torre Club Premier -con 101 metros y 31 niveles de altura- es la más elevada de su tipo en la capital guatemalteca y destaca entre gran variedad de restaurantes, hoteles, tiendas, cientos de galerías y museos.

Algo similar ocurre con la Panorama Life, su homóloga en Tegucigalpa, Honduras, que funciona como complejo de apartamentos y cuenta con 25 niveles y 101,5 metros de altura.

San Salvador, identificada como el Valle de las Hamacas por la elevada secuencia de terremotos registrados en sus predios desde hace varios siglos, posee majestuosas estructuras como la del Banco de Cuscatlán.

Esta obra dejó atrás a otras de su naturaleza en el llamado pulgarcito centroamericano cuando fue erigida, en 1989, tanto en lo relacionado con la magnitud como en lo tocante a los estilos modernos de construcción.

La torre de Cuscatlán, con 74 metros de altura y 22 niveles, era la más alta del país hasta hace apenas dos años pero corre el riesgo de perder esa condición ante el avance de programas de construcción de complejos de apartamentos y áticos en la parte norte de la urbe.

También San Salvador cuenta con el estadio más grande de Centroamérica y el Caribe -igual identificado por Cuscatlán en honor al antiguo nombre de la ciudad-, con una capacidad para 45 mil personas en gradas.

Managua, capital de Nicaragua, exhibe igualmente gran variedad de edificios de alturas considerables pero los especialistas concuerdan en que el más elevado es la torre del Banco de América.

El inmueble más alto de ese país posee 15 pisos y 56 metros de altura, y su fortaleza quedó demostrada luego de resistir las sacudidas del fuerte terremoto de 1972.

La fuerte sacudida tuvo lugar el sábado 23 de diciembre y alcanzó una magnitud 6,2 en la escala sismológica de Richter. En correspondencia, el centro de la ciudad quedó destruido, murieron cerca de 10 mil personas y 20 mil terminaron lesionadas.

Sin embargo, la torre del Banco de América sobrevivió al temblor gracias a la técnica aplicada en su construcción, original de México, en virtud de la cual sigue a “flote” en el subsuelo.

 

El reino de los baobabs

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El sentimiento de la urgencia animó al piloto perdido en el diminuto planeta de El pequeño príncipe a dibujar un baobab, planta conocida de forma indistinta como adansonia, árbol botella o del pan del mono.

Cuando por primera vez leí que estos son grandes como iglesias, lejos estaba de saber que su tronco alcanza 25 metros de altura y un perímetro de hasta 40 metros, por lo cual sólo pueden abarcarlo más de una decena de mujeres u hombres entrelazados.

Un rebaño de elefantes no acabaría con un solo baobab, asegura el francés Antoine de Saint-Exupéry en la obra que despertó múltiples interrogantes a varias generaciones y las acompaña para toda la vida.

“Las semillas son invisibles…Duermen en lo secreto de la tierra hasta que, tomada por la fantasía, una de ellas se despierta. Entonces se estira y tímidamente comienza a empujar hacia el sol una maravillosa ramita inofensiva”.

¿Será también este el principio de los baobabs? Cuesta creerlo ante la imponente fuerza que transmite el tronco de este árbol leñoso de madera blanda, frente al cual la reacción humana por excelencia es la admiración o la mudez. Entonces se corre el riesgo de creer la predicción: “si un baobab no se arranca a tiempo, ya jamás se podrá arrancar.

Cubre todo el planeta. Lo perfora con sus raíces. Y si el planeta es demasiado pequeño y los baobabs demasiado numerosos, lo hacen estallar”. Según Saint- Exupéry, el peligro de esta variedad es poco conocido.

Leyendas populares cuentan que si una persona bebe agua con semillas de baobab, quedará protegido del ataque de los cocodrilos, pero si osa arrancarle una flor al árbol, morirá devorado por un león.

Otros mitos refieren que, conciente de su potencia, el baobab osó desafiar a los dioses y en castigo, lo condenaron a crecer con la copa bajo tierra y las raíces hacia arriba.

El parecido entre las ramas y las raíces de estos árboles indujo también a afirmar que crecen de cabeza o que estas son los brazos de antiguos guerreros allí enterrados, quienes luchan por salir y volver a la batalla.

Se dice que existe un ejemplar tan inmenso que en su interior puede alojar una estación de autobuses y hasta 40 personas. Igual hablan de otro, situado a 500 kilómetros de Johannesburgo, donde tiene cobija una cantina y pueden llegar a juntarse 50 individuos.

Lo cierto es que suelen ser longevos: existen baobabs de aproximadamente cuatro mil años de edad. Sus flores son blancas, con forma de mano, y producen un fruto parecido al melón o sandía pequeño.

Los frutos del árbol de la vida, para los africanos, son ricos en fibra, vitamina C, azúcar, potasio y calcio. De ellos se obtiene una refrescante bebida, pueden ser consumidos como pasta y de sus hojas se hace sopa.

Fuertes cuerdas pueden fabricarse de la corteza de los baobabs, usados por las tribus de zonas desérticas –al sur del Sahara, en las montañas Lebombo, Madagascar y otras- como reservorio de agua.

En los troncos ahuecados de modo natural por la vejez se pueden almacenar hasta 120 mil litros del indispensable líquido y alguna que otra vez, sirvieron de cárcel, casa, granero, establo, capilla y sala de reunión.

Pero el baobab puede vivir a su vez en alturas comprendidas entre el nivel del mar y los mil 250 metros. Tal vez por ello se explica que en la caribeña isla de Barbados existan dos ejemplares de esta planta.

Probablemente llegaron al pequeño territorio antillano -de apenas 416 kilómetros cuadrados de extensión y alrededor de 270 mil habitantes- provenientes de Guinea, en 1738. Desde entonces, constituyen una de las reliquias más apreciadas en ese país tropical.

Mientras, organizaciones ecologistas de todo el mundo procuran frenar la desaparición progresiva de algunas variedades de baobab, por el uso y abuso al que son sometidos por las transnacionales interesadas en comercializar productos alimenticios, cosméticos y farmacéuticos obtenidos a partir de sus frutos y semillas.



 

Espejos: una puerta a otro mundo

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   Los espejos eran, para los antiguos mesoamericanos, una suerte de frontera entre el presente y el futuro: a través de ellos supuestamente podía adivinarse el porvenir y establecer la comunicación con los ancestros y con los dioses.

   Tales atributos hacían de este objeto de uso cotidiano una suerte de puerta a otro mundo, sólo reservada para quienes concentraban el poder en esas sociedades, destacados guerreros y personas de élite.

   La posesión de un espejo proporcionaba estatus y su carácter mítico reducía su uso a las grandes ofrendas colocadas en los monumentos de las ciudades construidas por los mayas y otras civilizaciones asentadas, antes de la llegada de los colonizadores españoles, desde México hasta Honduras.

   Evidencias históricas reflejan que los espejos fueron utilizados en Teotihuacán o la Ciudad de los dioses- en lengua nahualt-, pero también en otros sitios poblaciones antiguos de la región, entre los que destacan los Altos de Guatemala. 

   En las culturas maya, olmeca, tolteca, y teotihuacana, entre otras, estos eran elaborados a partir de la pirita, mineral del grupo de los sulfuros y de color amarillo, también llamado el oro de los tontos por su parecido al codiciado metal.

   El rostro de quien se miraba en estos espejos aparecía fraccionado, por las múltiples incrustaciones que lo componían, de allí que para muchos esa fuese una señal de la magia contenida en el objeto.

   Investigadores del proyecto Las formas expresivas en México, Centroamérica y el Suroeste de Estados Unidos: dinámicas de creación y transmisión, coinciden en que los espejos eran vinculados a su vez con el sol.

   Para el especialista Gregory Pereira, la asociación con el Astro Rey derivó de las propiedades físicas de la pirita, capaz de producir fuego.

   Los espejos de este metal eran conocidos desde el Período Preclásico o Formativo, es decir, desde los años 2500 antes de nuestra era al 200 de nuestra era, pero su expansión por Mesoamérica corresponde al clásico temprano- de 150 al 200-600 de nuestra era-, época en la cual estos estaban hechos de una sola pieza de superficie cóncava.

   Sin embargo, con el tiempo estos sufrieron innovaciones técnicas y de ser tallados en una sola pieza, incorporaron otros compuestos hasta lograr una base circular a veces y cuadrada otras, por lo general realizadas con pizarra o arenisca.

   Los espejos eran elaborados muchas veces en discos de madera, sobre los cuales eran colocados complejos mosaicos, que además de pirita tienen otros materiales, como la turquesa.

   Más allá de mirarse, las mujeres y hombres de rango en aquellas culturas originarias en el subcontinente, consideraron los espejos una fuente de conocimientos ocultos, oráculos o presagios, porque supuestamente de ellos podían emerger seres procedentes de otros mundos.

   De manera similar, en todo el occidente cristiano, muchos mitos corrieron alrededor de estos objetos y algunos de ellos trascienden hasta nuestros días, como aquel que reza que romper un espejo da mala suerte.

   Para los antiguos griegos, por ejemplo, la rotura del espejo durante una sesión de catroptomancia- arte de la adivinación o comunicación con el mundo espiritual a través de estos- anunciaba la muerte.

   Algunos estudiosos de estos temas consideran probable, sin embargo, que esta superstición obedezca a la idea de que la imagen reflejada en el espejo es el doble o el alma de quien los utiliza y que, en consecuencia, romperlo equivale a poner su vida en peligro.

   Para otros, tal creencia está vinculada estrechamente a los factores económicos: los primeros espejos de cristal aparecieron en Venecia durante el siglo XV, estaban recubiertos por una lámina de plata, eran muy caros, y las señoras para evitar su pérdida, advertían a los criados que su rotura equivalía a siete años de mala suerte.

   Quizás como respuesta a la amenaza, la voz popular comenzó a aconsejar desde entonces, que “un espejo roto no admite más remedio que comprar otro”.

Raíces indígenas centroamericanas

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La sociedad centroamericana es multiétnica, pluricultural y multilingüe; casi la quinta parte de su población -7,6 millones de habitantes- son indígenas y están asentados mayoritariamente en zonas rurales, coinciden registros estatales en el área.

Sin embargo, antropólogos e historiadores concuerdan en que cualquier intento de generalización sobre el estado de estos pueblos autóctonos en Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Belice, Costa Rica y Panamá chocará con la falta de una división clara entre indios y no indios por la aculturación registrada desde siglos pasados.

La apertura de la carretera panamericana, las actividades de compañías privadas, como anteriormente la acción misionera y otros factores, transformaron la sociedad y la cultura indígenas centroamericanas a partir de la irrupción de los colonizadores europeos en 1502, plantean los investigadores Graciela Malgesini y Carlos Giménez.

Un censo practicado en Panamá dio la cifra de 62 mil 187 indígenas: 35 mil 867 guaymíes, 20 mil 543 cunas y cinco mil 777 chocós.

Los primeros, expandidos por las provincias de Chiriquí, Bocas del Toro y Veraguas, viven en casas separadas unas de otras y situadas en cerros, valles o cerca de los ríos; son agricultores y ganaderos, practican la caza, la pesca y la recolección, aunque un buen número trabaja también en las compañías fruteras.

Conservan los guaymíes muchos rasgos de su cultura, igual que buena parte de los cunas, que se subdividen en los insulares de San Blas y los continentales o de Tierra Firme.

Por su parte, los chocós

-oriundos de Colombia y radicados en el Darién- conservan bastantes rasgos tradicionales pero el comercio del plátano, que practican, supone un factor de cambio cultural, no siempre positivo.

Nicaragua, en cambio, posee más de 40 mil personas identificadas como indias, casi la mitad de ellas pertenecientes a la etnia de los misquitos, que habitan en las selvas de la costa atlántica en San Carlos y Santa Cruz, entre Sauce y Bilhuaskarma, y entre Klar y cabo Gracias a Dios.

Otros grupos son el sumo, que vive repartido por el interior del país; el rama, el cual habita en las proximidades de las lagunas de Bluefields; el ulva, reducido a un pequeño territorio entre los ríos Mico y Siquia, y el Matagalpa, en la ciudad homónima y cabecera del río Tuma.

Honduras cuenta con más de 100 mil indígenas de varios grupos: chorotegas, miquiranos, guajiros, patoros, jicaques, misquitos, sumos y lencas, pero los más distintivos son los llamados caribes negros o garífunas, población mestiza que llegó al territorio tras iniciarse la conquista española.

En el país más pequeño de la región, El Salvador, la población es bastante homogénea como consecuencia del mestizaje que siguió a la irrupción de los colonizadores europeos, mas se identifican como indios casi 100 mil individuos.

Unos 80 mil son pipiles, de origen náhuatl, y el resto son nahuas, quichés y cakchiqueles, que viven repartidos por los departamentos de Chalatenango, Santa Ana, Ahuachapán, Sonsonate, La Libertad, San Salvador, Cuscatlán y Usulután.

En Belice, un censo realizado en 2003 constató que la población mestiza asciende a 46,4 por ciento; los indígenas mayas llegan a 10 por ciento y los garífunas, 6,4 por ciento.

Mas, los censos realizados en Guatemala no concuerdan con la realidad, porque los organizadores procuran demostrar que el país se está ladinizando, expresó el investigador Francisco Ortiz, quien aseguró que el 60 por ciento de los guatemaltecos son indígenas y por lo menos el 50 por ciento habla un idioma originario.

Señalan datos oficiales que en ese territorio son mayoría los de ascendencia maya -achi’, akateco, awakateco, ch’orti’, chuj, itza, ixil, popti’, q’anjob’al, kaqchikel, k’iche’, mam, mopan, poqomam, pocomchi’, q’eqchi’, sakapulteko, sipakapense, tektiteko, tz’utujil y uspanteco- y junto a ellos sobreviven descendientes del antiguo pueblo xinca y garífunas.

Pero lejos de ser socios plenos e iguales con el resto de los habitantes de Centroamérica, los indígenas son excluidos políticamente, discriminados culturalmente y marginados económicamente, criticó el costarricense Diario Extra, en su edición del 20 de agosto.

Una ojeada a los indicadores de desarrollo humano y social, según los organismos internacionales, permite comprobar esa realidad, pocas veces apreciada por las entidades estatales encargadas de revertirla.

EN COSTA RICA

Datos oficiales refieren que en Costa Rica, país con 4,5 millones de habitantes, viven 63 mil 876 indígenas, distribuidos, en su mayoría, en 24 territorios pertenecientes a ocho pueblos: chorotega, bribri, cabecar, brunca, huetar, maleku, teribe y guaymi.

La situación de los pueblos originarios en Costa Rica, por ejemplo, prueba la ineficacia de la respuesta gubernamental a los problemas de ese sector a través de la Comisión Nacional de Asuntos Indígenas (CONAI).

Diseñada para atender a estas comunidades, esa entidad estatal es considerada por algunos entendidos un mecanismo de dominación colonial en este siglo porque su gestión desatiende lo establecido en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La CONAI impone las decisiones gubernamentales y cercena los derechos ciudadanos de los indígenas, por lo general desconocidos por los medios de comunicación y sujetos a un creciente etnocidio como sus similares en el subcontinente, aseguraron líderes de ese sector.

En Costa Rica hay pueblos indígenas imposibles de recuperar o que tienen su muerte anunciada, mientras otros tal vez puedan rescatar parte de su acervo si se adoptan medidas urgentes con ese fin, asegura Carlos Alberto Chavarri, presidente de la Federación para el Desarrollo Cultural y Social de las Etnias Indígenas Costarricenses.

PROBLEMAS COMUNES

Entre los problemas que aquejan a estas y otras poblaciones autóctonas centroamericanas está la falta de acceso a la tierra, la baja resolución de demandas agrarias, el irrespeto a los territorios comunales y los desplazamientos forzados por proyectos de desarrollo económico.

La baja cobertura de la educación bilingüe, por la escasez de maestros capacitados, y las cifras de escolarización, son otras dificultades enfrentadas por estas etnias, junto al deterioro de la salud por la elevada incidencia de enfermedades asociadas a la pobreza y el subdesarrollo: desnutrición, tuberculosis, diarrea y neumonía, entre otras.

Todo esto redunda en crecientes cifras de mortalidad infantil y materna en estas poblaciones, lo que unido a los anteriores factores, motiva la prolongación de los patrones de exclusión y discriminación con respecto a estos pueblos.

 

26/08/2008 08:40. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Costa Rica: la leyenda de Puente de Piedra

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   Camino a un pueblo llamado Grecia, en la provincia costarricense de Alajuela, existe una puente natural de piedra que es probablemente el más famoso de todo el país centroamericano, porque muchos atribuyen su creación al mismísimo Diablo.

   Casi siempre que un visitante llega a la pintoresca localidad, situada al noroeste de la capital tica y considerada una de las mejor conservadas y limpias de la región, los pobladores suelen sugerirle que se pare debajo de la construcción pétrea y compruebe la existencia de una cabidad enorme al dorso de la misma, justo donde cierra el arco.

   Aunque los científicos insisten en que el hueco en el puente se formó a partir de la erosión de la piedra, algunos citadinos creen que tiene un origen sobrenatural y por ello inducen a la acción, antesala del relato de una leyenda transmitida de forma oral por varias generaciones.

   Ticas y ticos cuentan que en el tiempo de las carretas, los campesinos que tenían su casa al otro lado del cañón estaban obligados a recorrer mas de medio día río abajo para poder cruzarlo y llegar al pueblo.

   Pero una noche, uno de ellos se detuvo en medio del área cuando regresaba a su hogar e invocó al Pisuica- modo en que llamaban al Diablo- y le prometió que le daría su alma a cambio de que le construyera un puente antes de que cantara el gallo, es decir, antes del amanecer.

   El príncipe de los ángeles rebelados contra Dios y arrojados por él al abismo, según la tradición judeocristiana, estuvo de acuerdo con la propuesta y comenzó a trabajar con una agilidad tremenda para cumplir el deseo del hombre y así ganárselo como servidor en sus turbias empresas.

   Cuando estaba a punto de salir el sol y al espíritu del mal solo le faltaba una piedra por colocar, el campesino fue hasta su carreta con cara burlona, hurgó en un saco que llevaba en ella y a puntapiés sacó unos gallos, que al cantar, salvaron su alma y lo libraron del compromiso.

   El hombre cargó de nuevo con prisa el transporte y al alcanzar el puente se despidió del Diablo con aire triunfante, de acuerdo con la narración popular

   La leyenda del Puente de Piedra de Grecia, pueblo agrícola ubicado en el Valle Central de Costa Rica, es un atrayente más del turismo hacia una zona distintiva por su bello paisaje de montañas y exuberantes escenarios.

   En el conjunto arquitectónico de la ciudad destaca la Catedral de las Mercedes, una iglesia metálica única, de estilo gótico y pintada de un rojo profundo, que fue construida con pedazos de metal importados de Bélgica en 1890.

   Sin embargo, las Cataratas Los Chorros en Tucares de Grecia y el serpentario identificado como Mundo de las Culebras también captan a muchos foráneos. Sobre todo el segundo, donde pueden apreciarse en su ambiente natural ejemplares de más de 50 especies de estos reptiles de todo el mundo.

   Pero sin dudas, de acuerdo con el escritor Elías Zeledón, la leyenda del puente que corona el poblado distingue entre todos estos atributos, porque prueba la riqueza creativa de mujeres y hombres de la zona a través del tiempo.

   Esta forma parte de la mitología folclórica tica, compuesta por múltiples relatos de almas en pena, elementos de magia o de la cultura indígena, todo reflejo de la elevada religiosidad que caracteriza a un pueblo mayoritariamente católico.

   Entre los exponentes más populares de estas leyendas se inscriben las de la Cegua, la de la Llorona y la del Cadejo, similares a las de otros países de latinoamericanos, y las del Padre o Fraile sin cabeza, la Carreta sin Bueyes, la Tulevieja, la Monja del Vaso del Hospital San Juan de Dios y los duendes.

   Pero sin dudas la más importante de todas ellas narra la aparición de la Santa Patrona de Costa Rica, la Virgen de los Ángeles, reconocida de manera afectuosa por ticas y ticos como La Negrita.

   La narración sobre la aparición de la imagen de piedra oscura, supuestamente encontrada por la mulata Juana Pereira, junto a otros 96 de estos relatos populares aparece en la compilación titulada Leyendas costarricenses, obra de Zeledón.

Joyas latinoamericanas: entre el encanto y el peligro

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Múltiples joyas arquitectónicas de la antigüedad latinoamericana y grandezas naturales esparcidas por estas tierras, pudieran desaparecer por los efectos del tiempo, “el implacable, el que pasó”- como dice el poeta-, pero también por la desidia humana.

La indolencia de varias generaciones, causa fundamental de los cambios climáticos cuyos efectos percibimos cada vez más, está en el sustrato del riesgo que corren obras colosales como la peruana ciudad de Machu Picchu; el salvadoreño Tazumal; o la majestuosa Teotihuacán, en la planicie central de México, entre otras.

El 19 de octubre de 2004, medios de difusión latinoamericanos propalaron que la pared sureña de una estructura menor del Tazumal- una de las ruinas arqueológicas mayas más importantes del hemisferio occidental- había caído por efecto de la desatención a la conservación, restauración y recuperación del patrimonio cultural local.

Mientras las autoridades salvadoreñas culpaban del desastre a las lluvias filtradas por las grietas provocadas por anteriores terremotos, arqueólogos e historiadores insistían en que la estructura apenas fue repellada con cemento a mediados del siglo XX y jamás retocada a pesar de los sismos registrados entre enero a febrero del 2001.

Informes de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, señalan que de modo similar, la también identificada como la Ciudad Perdida de los Incas, pudiera destruirse progresivamente por el excesivo flujo turístico en la zona, donde las visitas anuales rebasan las 800 mil personas.

El desproporcionado y poco controlado crecimiento urbano, la construcción de hoteles y restaurantes en la localidad aledaña de Aguas Calientes, y la progresiva erosión de las riberas de los ríos, también amenazan a Machu Picchu- montaña vieja en lengua quechua-, construida en homenaje al fundador del imperio, Pachakuteq.

Las quebraduras en algunas de estás y otras edificaciones históricas o la pérdida parcial de ellas son fruto de la mala gestión gubernamental y de abusos cometidos con el propósito de atraer al turismo hacia esas reliquias arquitectónicas, evidencias de una creatividad desmedida, mas no siempre valorada como corresponde.

El libre acceso a tan delicadas piezas, obra de los pobladores del subcontinente seis siglos antes, las afecta seriamente y se suma a los impactos de las inclemencias del tiempo.

Tales peligros acechan de igual modo a algunos de los patrimonios naturales ubicados en los países situados del Río Bravo a la Patagonia, donde la pesca ilegal, la tala indiscriminada, la sobre explotación impulsada por las transnacionales del norte, y otros confluyen en detrimento de importantes reservas ecológicas.

Directivos de la Fundación Marviva denunciaron que al menos nueve lanchas tripuladas por pescadores ilegales saquearon en menos de un mes- julio de 2008- las aguas de la costarricense Isla del Coco y cargaron con ejemplares de valiosas especies marinas.

Los representantes de la agrupación ecologista aseguraron que la pesca ilegal en esa zona ocurre a “vista y paciencia de los guardaparques” y que las autoridades gubernamentales no ejercen su función de resguardar la importante área marina protegida.

El fenómeno identificado como calentamiento global, resultante en gran medida de la tala indiscriminada y de los daños infringidos a la capa de ozono por la constante emisión de gases a la atmósfera, acecha igual a la selva amazónica suramericana.

Un previsible aumento de dos a tres grados centígrados en las temperaturas, transformará entre 30 y 60 por ciento de la superficie del llamado pulmón verde del mundo en una sabana seca para el año 2050, coinciden científicos y ambientalistas.

También el aumento de la temperatura del agua y la acidificación del mar, cuestiones vinculadas al progresivo cambio climático que amenaza incluso a la especie humana, provocaron daños en más del 40 por ciento de los 297 kilómetros de arrecife de la barrera coralina de Belice, situada en áreas del Mar Caribe.

¿Hacia dónde vamos?, cabe cuestionarse, porque como señala el teólogo Leonardo Boff, parece que resulta más fácil enviar personas a la luna y traerlas de regreso que hacer que los humanos respeten los ritmos de la naturaleza.

Formar una alianza mundial para cuidar de la tierra y a unas personas de las otras, o correr el riesgo de nuestra destrucción y de la devastación de la diversidad de la vida, es la principal meta que sugiere con respecto a estas problemáticas el ex sacerdote católico brasileño.

 

11/08/2008 13:28. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

De la Mar Océana al Mar de los Caribes

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El Caribe quedó reconocido en toda su extensión y devino zona reservada sólo a los españoles veinte y cinco años después del encuentro de los europeos con lo que entonces se anunció como el Nuevo Mundo.

Pero para la fecha, a nadie se le ocurrió llamar de ese modo al mar donde descansan numerosas islas, islotes, cayos y arrecifes que enlazan, cual puente gigantesco inconcluso, a la península de la Florida (Norte) con Sudamérica por la desembocadura del río Orinoco en Venezuela.

En tanto denominación de una región geográfica, Caribe es un invento del siglo XX, ese que dejamos atrás hace apenas cuatro años y en el que la región transitó del dominio europeo a la hegemonía estadounidense.

Mas si del mar hablamos, tendremos que remontarnos a finales del XVIII, cuando bajo el influjo de la revolución burguesa francesa el mundo empezó a hablar de un "Mer des Caraïbes" o Mar de los Caribes, aunque desde hacía mucho tiempo el término era conocido.

Las palabras, como todas las invenciones humanas, guardan una historia entre sus sílabas y arrastran consigo ideologías, discursos e imaginarios de los hombres y épocas en que se concibieron.

La primera traducción de la palabra al español se remonta a 1493, cuando el gran descubridor genovés Cristóbal Colón tomó nota en su diario de unos caribes o caníbales, tras su visita a la isla de Guadalupe.

El anuncio sobre el hallazgo de restos humanos sobre el fuego, cociéndose en agua, o de huesos mondos desde hacía tiempo en la otrora isla Turuquerie, impactó al supuesto mundo civilizado de entonces y se esgrimió como excusa para esclavizar a hombres que no tenían alma porque comían carne humana, según los colonizadores.

Las evidencias de los sacrificios realizados por los guerreros caribes a sus dioses sirvieron además para sustentar una redefinición del término con el cual serían estigmatizados los nativos rebeldes de toda el área.

Mientras tanto, el mar en que ellos se desenvolvieron era anunciado en Europa por cartógrafos y cosmógrafos de múltiples maneras: Mar Océana, Golfo de Tierra Firme e, incluso, Atlántico Norte.

Sólo al mediar el siglo XVI apareció un mapa francés que detallaba un Mer des Antilles, pese a que la corona española insistía en llamar las Indias a lo que sus súbditos reconocían como provincias y no como lo que en realidad eran, posesiones coloniales.

Cuando europeos y criollos anglo norteamericanos comenzaron a concretar su dominio sobre las Antillas Menores, casi un siglo después, optaron por renombrar al área como Caribbean Sea y a sus objetivos territoriales como Caribby o Caribbee Island.

Así, administradores, colonos y marineros de habla inglesa se encargaron progresivamente de trasladar el nombre de los antiguos dueños de las islas al mar que ellas delimitaban, aunque eventualmente prevalecería entre ellos el término más eurocéntrico y oficial que trasciende hasta nuestros días: West Indies.

Los ecos de la denominada Revolución Atlántica- que engloba la guerra de independencia de las Trece Colonias de Norteamérica (1776), las revoluciones francesa (1789) y haitiana (1791), y los procesos independentistas en Hispanoamérica- contribuirían a que mares y océanos se fueran delineando e, incluso, un Mar Caribe.

La geopolítica suele evidenciarse en determinadas circunstancias históricas y este es el caso: los acontecimientos que sacudieron el mundo desde finales del XVIII propiciaron la delimitación de nuevas fronteras, el surgimiento de países y cambios en el orden nominativo de muchos territorios.

En ese contexto, e irónicamente, los caribes fueron perpetuados en la historia al bautizarse con su nombre al mar que también domaron, cuando casi estaban aniquilados o reducidos a reservaciones en Martinica y Dominica o exiliados en la costa de los Mosquitos y Honduras por los británicos.

 

28/06/2008 10:49. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

El Salvador: El Lago de Coatepeque

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   Una de las joyas naturales de El Salvador es el Lago de Coatepeque  o  del Cerro de la Serpiente- según lengua nahuatl-, situado en el cráter volcánico más grande del país identificado como el pulgarcito centroamericano.

   Para los geólogos, este volcán de tipo caldera explotó violentamente alrededor de 25 mil años antes y cubrió el territorio y parte de la región istmeña con una capa de cenizas.

   Como legado de esas emanaciones quedó el lecho donde creció el lago, cuya cuenca posee 40,6 kilómetros cuadrados, con una profundidad máxima de 80 metros y está situada a 18 kilómetros al sur de la ciudad de Santa Ana

   El lugar se distingue por dos pequeñas penínsulas denominadas Los Anteojos- debido a su similitud en tamaño, forma y distancia entre ellas- y, la Isla del Cerro, donde los indios pipiles tenían un templo y un monolito representativo de la diosa Itzcueye.

   La de vestidos de obsidiana era para ese grupo étnico la esposa de Quetzalcoatl o Serpiente Emplumada y a ambos les ofrecían tras una victoria la fiesta o mitote, cuya duración podía oscilar entre cinco y 15 días, según el cronista español Diego Carcía Palacios.

    El Lago de Coatepeque es conocido también como el Vichy salvadoreño, debido a las propiedades medicinales de sus verdosas aguas y a su belleza, comparada por algunos con sus similares en los Alpes suizos.

   La erupción del volcán de Santa Ana, en 2005, favoreció de cierta manera a las comunidades aledañas al lugar, porque les creó una playa de un centenar de metros de ancho a la cual pueden acceder, opinan algunos vecinos.

   Frente a este balneario se encuentra la Isla Teopan, de una riqueza biológica inigualable y parte del complejo Los Volcanes, por su cercanía al Área Natural Protegida San Marcelino.

   La disminución de las lluvias por la deforestación; la apertura de pozos profundos en las riberas, los elevados niveles de evaporación y el viento, y la extracción constante de agua por encima de los niveles de ingreso, son algunas de las amenazas que se ciernen sobre esta maravilla natural.

   Desde 2004, un estudio puso al descubierto que el caudal había perdido 12 metros de profundidad y todo parece indicar, sigue bajando considerablemente.

   De acuerdo con datos del Ministerio de Medioambiente y Recursos Naturales, aunque la zona es propiedad estatal, en teoría, el 80 por ciento de las riberas del lago son privadas, incluidas sus playas y entradas de agua.

   En sus márgenes existen a su vez casi 500 villas de recreo, las cuales utilizan un promedio diario de 25 barriles del líquido para el consumo y riego de jardines, comentó Juan Quintanilla, secretario de la Asociación de Desarrollo Comunal de Santa Rosa.

   Según la coordinadora del Área de Información y Estudios del Servicio Hidrológico, Celina Mena, esto guarda relación con ciertos periodos de humedad y con el uso del recurso hídrico por parte de los pobladores de más de 13 comunidades y de las quintas privadas.

   Coatepeque tuvo varios momentos de fama a lo largo de su historia: sobre sus aguas se celebraron las competencias de remo de los XIX Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe, en 2002.

   Dos años después este también fue noticia, cuando ahí se depositaron los restos del empresario de aviación y líder del grupo aéreo Taca, Federico Bloch, asesinado en circunstancias no esclarecidas en la carretera de Santa Tecla a Nuevo Cuscatlán, departamento de La Libertad.

   Pero una leyenda popular se encargó de eternizar el lugar: cuentan que el dueño de una hermosa mansión, situada a orillas del lago, salió a dar un paseo en una canoa artesanal y cerca de la isla fue arrastrado por una corriente subterránea hasta los dominios de la diosa de agua dulce.

   Esta, atraída por él, lo transformó en un ser marino dotado de ciertos poderes y desde entonces, El Tabudo- como se le conoce- aparece como un humilde pescador y a las personas que le agradan las convierte en enormes peces de colores o en sirenas.

Río Plátano: el Amazonas hondureño

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Entre las siete probables maravillas naturales del mundo compite la Biósfera del Río Plátano, corazón del corredor biológico mesoamericano, localizado entre los departamentos de Colón, Olancho y Gracias a Dios, al noroeste de Honduras.

Alrededor de ocho mil 300 kilómetros cuadrados abarca esta zona selvática, donde coinciden numerosos ríos que fluyen hacia el mar Caribe y habitan 586 variedades de plantas como tulipanes, laureles, orquídeas y árboles maderables.

La Biosfera del Río Plátano- considerado el Amazonas hondureño- es igual refugio de 375 especies de gaviotas, golondrinas, patos de agua, martín pescador, tucanes, guacamayas y hasta de águilas harpías, entre otras aves.

Como en tiempos de sus ancestros, también viven en el área cuatro grupos étnicos: los misquitos, garífunas, pech, tawahkas, quienes luchan por mantener sus culturas.

Estas comunidades están dentro y en las orillas de la reserva, Patrimonio de la Humanidad desde 1982, y carecen de servicios básicos al estilo de la energía eléctrica, agua potable y telefonía.

El más grande bosque centroamericano envuelve grandes e impresionantes leyendas, motivo por el cual decenas de arqueólogos de disímiles partes del mundo viajaron hasta él para descifrar alguna de ellas.

Entre los misterios más impresionantes están los petroglifos en Walpunbansirpi, en Walpunbantara, y en Las Cicutas del río Aner, pueblo ubicado en la zona sureste de la reserva.

Despiertan la curiosidad del viajero a su vez otras grandes piedras talladas, las cuales pueden apreciarse en los recorridos por lo largo de las riberas de los cauces de la zona.

Para el arqueólogo y director de la Asociación Copán, Ricardo Agurcia, los petroglifos son expresiones de arte rupestre de grupos indígenas que habitaron en la zona hace más de dos mil años antes de nuestra era y son sumamente espectaculares.

Imágenes parecidas a la cara de un simio y diversos tipos de escrituras engalanan esta parte del patrimonio del bosque, donde destaca el mito sobre la desconocida Ciudad Blanca.

Esta pudo haber sido una urbe ancestral, suele comentar a los turistas el guía naturista, Gabriel Suansin, pero historiadores coinciden en que el lugar nunca existió o nunca fue hallado hasta el momento.

Varias expediciones arqueológicas complementarias consideraron la hipótesis de que los antiguos pobladores de la biosfera eran un eslabón importante entre las principales culturas precolombinas de Norte y Suramérica, de acuerdo con el diario hondureño La Prensa.

No obstante, desentrañar los misterios ocultos entre tan amplia extensión de bosques resulta complejo ante la ausencia de vestigios de viviendas, iglesias o algo que las distinguiera, en opinión de Argucia.

La Biosfera del Río Plátano es una zona subdesarrollada y es difícil montar expediciones para investigar, consideró el especialista y añadió que hay mucha belleza y calidad arqueológica, pero la carencia de recursos en una de las naciones más pobres de Centroamérica impide profundizar en ellas.

Varias son las amenazas sobre el área: la tala indiscriminada, el avance de la frontera agrícola, el progresivo acceso de colonos con esos fines o ganaderos, y las consiguientes erosión del suelo, reducción del agua y contaminación de los recursos hídricos por los agroquímicos.

Los riesgos sobre la posible maravilla natural del mundo también guardan relación con la caza y el tráfico de especies animales para el mercado de mascotas exóticas y la falta de políticas ambientales adecuadas o la no aplicación de las previstas

Augurios en los libros del Chilam Balam

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La rabia acumulada por la destrucción de sus comunidades y el empeño en infundir vida a la mitología y tradiciones mayas inspiraron los apocalípticos libros del Chilam Balam.

Concebidos tres siglos después de iniciada la conquista y colonización de América”, éstos vaticinan el posible desmoronamiento de la bóveda celeste, el hundimiento de la tierra, la destrucción y renacimiento de los nueve niveles del inframundo, los 13 cielos, y el robo de la Gran Serpiente.

De modo similar al Popol Vuh o Libro del Consejo de los mayas quichés, estas obras narran un mito originario donde los dioses de ese mundo oculto mantienen cautivo al universo y relacionan los anuncios de sus deidades sobre el dolor que causarían hombres extraños.

“Venido de la boca de Dios es y lo manifiestan cinco sacerdotes. Sacerdotes Adoradores, llegados a la presencia de Dios. Ellos profetizaron la carga de la amargura para cuando venga a entrar el cristianismo”, recordaban tres siglos después.

Los autores de estos textos aseguraban que el Profeta y Evangelista Balam auguró además que junto a esa creencia se expandirían por esta parte del mundo “vómitos de sangre, pestes, sequías, años de langosta, viruelas, la carga de la miseria, el pleito del diablo”.

Las referencias a quienes se “beben a los hermanos esclavos de la tierra” reflejan el velado rechazo a esos seres de barba que cambiaron por la fuerza del arcabuz el rumbo de estas comunidades.

“Falsos son sus Reyes, tiranos en sus tronos, avarientos de sus flores...No hay verdad en las palabras de los extranjeros. Los hijos de las grandes casas desiertas, los hijos de los grandes hombres de las casas despobladas, dirán que es cierto que vinieron ellos aquí”.

En lo fundamental, los libros del Chilam Balam rescatan tradiciones religiosas y mitológicas de los mayas, razón por la cual destaca entre ellos la "cuenta de los katunes", relatoría de sucesos históricos de notable repercusión.

Estos hechos fueron analizados conforme a la lógica del concepto del tiempo cíclico elaborado por los sabios de esa civilización.

Varios investigadores coinciden en que el chilam balam o sacerdote-jaguar pudo haber existido y que la titulación de los manuscritos derivó del respeto que logró granjearse entre sus contemporáneos por su honor y grandeza.

Otros afirman que el nombramiento de estos textos responde al reconocimiento a un supuesto adivino de cosas ocultas al resto de sus paisanos o a varios de ellos.

Lo cierto es que, tal como llegaron a nuestro tiempo, contienen una incalculable información sobre la sociedad en el Yucatán colonial, permeada del ámbito en que fueron concebidos y de los aportes de la cultura española.

Tal era el respeto de estas mujeres y hombres a lo narrado en esos textos, que un determinado libro de este grupo, propiedad de una comunidad o estrato social, era resguardado por el jefe, sabio o sacerdote.

Para garantizar su rápida identificación, al título original se le añadía el patronímico con el que se conocía a esa población, lo cual explica la existencia del Chilam Balam de Chumayel y de los de Maní, Tizimín, Laua, Ixil y Tusik, entre otros que sobrevivieron al desgaste del tiempo y al descuido de los seres humanos.

Hecho lamentable, si se considera que estas fuentes facilitan una mejor comprensión del México colonial, en el que la Iglesia Católica trató de imponer la fe a partir de una cuestionada obra evangelizadora y de una amplia labor educacional, como en el resto del subcontinente.

Con el ánimo de propagar el cristianismo para “salvar a las almas” diseminadas por estas tierras de los “terribles fuegos del infierno”, miembros de las distintas órdenes religiosas enseñaron el castellano y hasta el latín a varios nativos.

Resultado de esas enseñanzas, a los idiomas indígenas se les adaptó el alfabeto llegado a través del Atlántico y se le añadieron signos representativos de los sonidos que les eran ajenos.

La nueva escritura se organizó con fines puramente religiosos en la mayor parte de los casos, pero herederos de un peculiar estilo de narrar, los mayas pronto captaron su potencial para expresar sus ideas.

En igual proporción que lograron dominar los códigos impuestos, procuraron a su vez asentar en la lengua de los conquistadores profecías, rituales e incluso, peticiones a la corona española.

De los prestigiosos manuscritos surgidos bajo este signo, pocos son tan reconocidos como los Libros del Chilam Balam, identificados en base a la costumbre de designar a los sacerdotes, chamanes o videntes de esta cultura mesoamericana con el vocablo chilam.

Balam, en cambio, hace alusión al temido jaguar, solo que en este caso fue utilizado conforme a su acepción de título honorífico.

El texto hallado en Chumayel afirma que las palabras recogidas en sus páginas fueron compuestas para ser dichas “al oído de los que no tienen padre y de los que no tienen casa” y llama a ocultarlas “como se esconde la Joya de la Piedra Preciosa”.

Por su parte, la interpretación histórica de Yucatán o profecía del sacerdote Napuc Tun pronosticaba que la tierra ardería y chorrearía amargura como antesala al tiempo del dolor, del llanto y la miseria.

“En los días que vamos a tener, ¿qué Sacerdote, qué Profeta dirá rectamente la voz de las Escrituras?”, se preguntaba a su vez el sabio o sacerdote Ah Kuil Chel, reconocido como uno de los anunciadores del futuro en estos libros.

Mas, los entendidos suelen apreciar en mayor medida las palabras del Chilam Balam por la sutileza con la cual logra transmitir sus opiniones, supuestamente vinculadas a la impronta del cristianismo trasplantado por los europeos.

Tras reconocer que en el Trece Ahau serían arrolladas las deidades mayas Itzá y Tacna, preconizaba que en señal del único Dios (Hunab Ku, "Unica-deidad") llegaría el Arbol sagrado (Uaom Ché, madero-enhiesto) de lo alto, mientras que por el poniente se acercarían los hombres del Sol (Ah Kines, "Sacerdotes-del culto-solar").

Al mismo tiempo, llamaba a recibir a los huéspedes de barba, provenientes de las tierras del oriente y conductores de la señal de Dios, pero auguraba que este sería el principio de los que denominó hombres del Segundo Tiempo.

“Cuando levanten su señal en alto, cuando la levanten con el Arbol de Vida, todo cambiará de un golpe. Y aparecerá el sucesor del primer árbol de la tierra, y será manifiesto el cambio para todos”, afirmaba.

Luego añadía: “Buena es la palabra de arriba, Padre. Entra su reino, entra en nuestras almas el verdadero Dios; pero abren allí sus lazos, Padre, los grandes cachorros que se beben a los hermanos esclavos de la tierra.

“Marchita está la vida y muerto el corazón de sus flores, y los que meten su jícara hasta el fondo, los que lo estiran todo hasta romperlo, dañan y chupan las flores de los otros”.

Estos y otros pronunciamientos, recogidos en los ocho libros que sobrevivieron de los 18 atribuidos al adivino o brujo Balam, se suman a los que recuerdan sucesos desde el siglo V de nuestra era hasta bien avanzado el período colonial.

Quizás eso explica por qué también se refieren a la tragedia de los vencidos, al proceso de la conquista y vaticinan todo lo que acarrearía el ejercicio del poder de los españoles en esta región.

04/06/2008 16:43. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Comercio de esclavos y monopolios negreros en el Caribe

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Aunque la esclavitud data de los orígenes de la civilización, el tráfico de esclavos al Caribe se inició de modo formal hacia el 12 de febrero de 1528 con la aprobación del rey de España.

Según el historiador cubano, José Luciano Franco, dos comerciantes alemanes, Henri Ehinger y Jérome Sayler, agentes de los Welser, banqueros que dominaban las finanzas de la corona española junto a los Fugger, resultaron los primeros beneficiarios de esa autorización.

Otras fuentes señalan como pioneros del trasiego de esclavos hacia el Caribe a los genoveses, lo cierto es que a ambos grupos se sumaron con mucha rapidez portugueses, franceses e ingleses.

Desde entonces, Portugal perdió el monopolio del mercadeo de seres humanos arrancados de Africa, mientras las otras naciones europeas creaban sus propios mecanismos para participar del lucrativo negocio.

Los traficantes de esclavos ingleses irrumpieron en el escenario caribeño entre 1562 y 1569, con la llegada de John Hawkins, quien inauguró ese ciclo al cederles a los colonos españoles en Santo Domingo un lote de africanos a cambio de oro, azúcar y cueros.

Con antelación, Hawkins se había erigido en uno de los principales promotores del comercio de contrabando en la región, con el cual era burlado el férreo monopolio comercial impuesto por España a los que habitaban en sus colonias.

La derrota de la Armada Invencible en 1588, la decadencia de la Casa de Austria y la ocupación de Jamaica, en 1655, darían riendas sueltas al trasiego de esclavos en el Caribe a manos de los británicos.

Desde entonces, la Isla Tortuga devino refugio favorito de negreros, contrabandistas y piratas, mientras la Company of Royal Adventures disfrutaba del derecho exclusivo de organizar el inhumano comercio desde el Cabo Blanco hasta el de Buena Esperanza.

Los beneficios obtenidos en virtud de ese supuesto derecho, obtenido en 1661, se redujeron sensiblemente en el contexto de la guerra contra los holandeses, por lo que surgió, en 1672, la Royal African Company.

La nueva compañía, cuyos accionistas eran miembros de la realeza inglesa, transportó hacia las colonias españolas en la América, sobre todo a las caribeñas, alrededor de 46 mil 396 esclavos africanos en apenas nueve años.

Algo similar ocurriría en las Antillas Francesas, donde la trata negrera fue impulsada por el gobernador de Saint Domingue, Du Casse, quien alentó a los reyes católicos Luis XIV, de Francia, y a Felipe V, de España, a firmar el Tratado de Asiento de 1701.

Du Casse, jefe de los piratas del Rey Sol, había sido nombrado caballero de la orden de San Luis y promovido a almirante de la flota del monarca, quien hasta lo obsequió con su Memorias del arte de gobernar.

Bajo su inspiración, el convenio de 1701 reconoció a la Compañía de Guinea el monopolio de la introducción de mano de obra africana en las colonias españolas en el Caribe y en parte del continente.

Esa suerte de empresa capitalista de primera generación se comprometió a expedir cuatro mil 800 esclavos cada año, durante una década, desde cualquier punto de Africa occidental, hacia Veracruz, Cumaná, Portobelo, La Habana y Cartagena de Indias.

Como vía para el trasiego de su carga humana hacia el continente, la Compañía de Guinea se sirvió fundamentalmente de las posibilidades geofísicas del istmo de Panamá hasta el Perú.

La guerra entablada por la Sucesión del trono español modificó radicalmente las relaciones de fuerza en Europa y dio a Inglaterra y a sus aliados, Portugal y Holanda, la hegemonía absoluta sobre el comercio negrero en las islas caribeñas, sobre todo en Cuba.

El acuerdo de paz firmado en Madrid, el 27 de marzo de 1713, y ratificado por uno de los artículos del Tratado de Utrecht, cedió a los ingleses el monopolio del comercio de esclavos en el área por razón de 30 años.

La South Sea Company, fundada en Londres, concentró gran parte de las ventajas de esa licencia comercial y unos de sus representantes, el irlandés Richard O´Farrill, proveniente de la Isla de Monserrat, asumiría la organización de la trata desde la Mayor de las Antillas.

En la segunda ciudad de importancia de la Isla, O´Farrill creó un depósito de seres, desde donde se organizaron los reenvíos de mano de obra africana hacia México hasta inicios del siglo XVIII.

La excusa para aniquilar la posición privilegiada de la que disfrutaban los traficantes ingleses se gestó en el contexto de la confrontación entre Gran Bretaña y España, en 1740, a partir de lo cual comerciantes cubanos y españoles tomaron las riendas del negocio.

Con la creación de la Real Compañía de Comercio de La Habana, el monopolio del comercio exterior de los territorios más importantes del área y la responsabilidad de proveer de esclavos a los plantadores azucareros criollos, recayó en los tratantes asentados en Cuba.

La jugosa empresa cesó sus funciones en 1799 y el Real Decreto del 23 de enero del año siguiente autorizaría a los negreros cubanos, dominicanos y puertorriqueños a comprar fuerza de trabajo en las colonias francesas del Caribe.

El progresivo incremento de la demanda de esclavos obligaría más tarde a la corona a admitir el libre comercio de seres en las grandes Antillas, lo cual se extendió por Real Decisión el 24 de noviembre de 1791 a los traficantes de Santa Fe, Buenos Aires y Caracas.

Varios especialistas coinciden en el papel primordial desempeñado por los mercaderes de esclavos de la Cuba de inicios del XIX, pero junto a estos gozaron del infame negocio, al decir de Luciano Franco, contrabandistas ingleses, franceses e, incluso, estadounidenses.

Con el avance de la revolución industrial y de modernos estilos de producción y cambio en la etapa premonopolista del capitalismo, cobró fuerza la campaña por la supresión de la trata y de la esclavitud.

Muchos discursos abolicionistas, emanados principalmente de la cuna del desarrollo científico técnico de entonces, Inglaterra, mezclaron reclamos justos ribeteados de romanticismo para disfrazar los verdaderos intereses económicos de los abolicionistas.

Aunque la esclavitud se suprimió en Haití y Santo Domingo tras la primera revolución independentista de Latinoamérica y en 1807 se prohibió armar navíos negreros en las colonias británicas e introducir esclavos, un año después, el tráfico de almas no se detuvo.

Al cuantificar la cantidad de africanos forzados a trabajar en América en los tres últimos siglos coloniales, lo autores coinciden en señalar entre 15 y 18 millones de personas.

Estadísticas de la Casa de Contratación de Sevilla aseguran que, sólo en Cuba, fueron desembarcados legalmente 60 mil esclavos entre 1512 y 1763, cifra que se incrementó en proporción con la expansión de la industria azucarera y del trabajo minero en el Oriente de la Isla.

Unos 55 mil viajes de los barcos negreros, marcados por el horror y la insalubridad, trasportaron esa carga de seres humanos arrancados de sus culturas y obligados a asimilarse a nuevos contextos sociopolíticos.

Lo peor de tal inventario es constatar que en las travesías o capturas alentadas por particulares y monopolios europeos dedicados al mercadeo de esclavos morirían cinco o seis por cada persona llegada al Nuevo Mundo.

 

Desagravio a los chimúes

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   Centrar la atención en los sacrificios humanos ofrendados por los chimúes a sus dioses puede alejarnos de la esencia de esta antigua cultura, que reinó más de 600 años en parte de la región andina.

   Este pueblo se asentó en los valles de Moche y Chicama, en zonas del departamento peruano de La Libertad, y llegó a dominar hasta Tumbes por el norte y Carabayllo (Lima) por el sur.

   Por capital, los sucesores directos de los mochicas escogieron Chan Chan, calificada la ciudad de adobe o barro más grande del continente porque albergó a una población de casi 60 mil personas.

   La agricultura intensiva sustentó a esta cultura, artífice de ingeniosas obras hidráulicas y técnicas agrícolas como las huachaques o chacras hundidas: parte del suelo librado de la arena para sacarle su humedad.

   Amplios embalses para contener el agua de los ríos o subterráneas y pozos diseñados para su extracción, conocidos como puquios, se sumaron a estas.

   La pesca en canoas o caballitos de totora y los tejidos de algodón, lana de llama, alpaca y vicuña, son parte del legado de estas comunidades, cuya moneda de cambio para el comercio eran pequeñas hachitas de bronce.

   En época de los chimúes la metalurgia alcanzó su apogeo en la costa norte del Perú y se revirtió en magníficos trabajos a partir de cobre, bronce, oro y plata e incluso de la tumbaga, aleación de oro y cobre.

   Estos pueblos también superaron a sus ancestros porque, según los historiadores, sus moradas estaban siempre abiertas a pesar de lo cual ocurrían pocos robos.

   Quizás esto respondía a que la represión era la respuesta a tales acciones: sorprendido in fraganti, el culpable era ahorcado en la plaza pública y con él, sus cómplices.

   Si por el contrario, este lograba escapar sin ser descubierto, sus paisanos colgaban de un poste espigas de maíz en señal de sacrificio a la Luna y a las dos estrellas Pata para que estas hicieran justicia.

   Mujeres adúlteras y vírgenes impuras eran condenadas también con la muerte, pero antes de ejecutarlas las paseaban delante de una gran concurrencia antes de empujarlas a un precipicio.

   Luego, los cuerpos de los condenados eran ofrecidos a las aves de rapiña para que estos animales “repartieran sus restos a los demonios”.

   Para los chimúes, la creación del hombre resultó de cuatro estrellas, dos de las cuales concibieron a los caciques y nobles y las otras a las gentes comunes.

   Según el mito, estos astros nutrían a la humanidad al hacer germinar los granos en los campos y por eso contaban el año a partir de la aparición de tal o cual estrella en el firmamento.

   Pero la divinidad más venerada fue la Luna: considerada más poderosa que el Sol y agasajada con ofrendas de niños de cinco años, chicha, frutas y la construcción del Huaca Sian por los indios de Pacasmayo.

   Los chimúes creían que epidemias o penurias eran prueba de la cólera de los dioses y se esforzaban en apaciguarlos con ayunos y continencias.

   Representativa de esta civilización es el Tumi: cuchillo ceremonial de oro de un metro por 30 centímetros, usado en los ritos religiosos.

   La sangre era el fin de estos actos inspirados en lo que, se suponía, añoraban los hombres del ultramundo para alimentarse y de los que se recuerda de forma particular el de Punta Lobos.

   Para historiadores contemporáneos empeñados en ver sombras más que luces de los primeros pobladores del subcontinente, esta entrega resultó una masacre porque redundó en el sacrificio de 200 muchachas.

   Otros recuerdan que en ese ámbito, marcado por el enfrentamiento a los conquistadores incaicos, los chimúes trataron de obsequiar a sus deidades en demasía para vencer o al menos intimidar a sus enemigos.

   La impronta de los primeros grandes conquistadores de Sudamérica marcó el declive de esta civilización, una de las más apreciadas por su creatividad en el área.

Copán: El mayor texto labrado de América

20080401200006-dsc00169.jpg.jpg   Gran parte del saber maya perdura grabado en el mayor texto labrado de América, los enormes monolitos que conforman la escalera de dos mil 500 jeroglíficos de Copán Ruinas, ubicada a 438 kilómetros al noroeste de Tegucigalpa .

   Esos inmensos bloques de piedra, cubiertos por esculturas de intrincada trama y una calidad superior a otras encontradas en el continente, fueron avistados hace más de una centuria en la espesa selva del noroeste de Honduras.

   Las inscripciones recogidas en el más meridional de los majestuosos restos de esa civilización, que se expandió desde el sudeste mexicano por parte de Centroamérica a partir del 2000 a.n.e., permitió datar esa construcción a mediados del siglo VIII.

   Todo parece indicar que la elevada escalera, de la cual apenas se encuentran en su sitio original los 16 primeros peldaños, posibilitaba acceder a la cúspide de la piràmide donde había un templo superior ahora desaparecido.

   A su valor escultórico y arqueológico, la escalera jeroglífica de Copán suma el hecho de ser una de las escasas reliquias que escapó de la tradición de sus creadores, probablemente dirigidos por un sujeto llamado Humo Concha, quien procuraba homenajear a sus antepasados.

   Cuenta la leyenda que los mayas tenían por costumbre derribar las viejas edificaciones para erigir otras nuevas sobre ellas y eso no ocurrió en el sitio más visitado del ahora Parque Nacional de Copán Ruinas.

   Aunque después de intensas búsquedas, en zonas aledañas aparecieron ocho templos construidos sobre las ruinas del precedente, el texto pétreo tiene sus raíces en el suelo.

   Y aunque varios de sus mil 250 bloques rodaron ante el empuje del tiempo, lo cincelado en ellos reveló valiosas informaciones sobre los mayas, cuyas raíces perduran también en territorios de lo que conocemos hoy como México, Guatemala, Belice, y El Salvador.

   Ese grupo humano logró su despegue socioeconómico y político mucho antes de la era prehispánica, al punto de ser el único de este hemisferio en inventar un verdadero sistema de escritura.  

   Las muestras labradas de Copán, donde existen vestigios de presencia maya por unos dos mil años, enseñaron además que esos hombres diseñaron un calendario astronómico capaz de predecir eclipses solares y lunares y los movimientos de los planetas Venus y Júpiter.

   La historia de la otrora ciudad estado se remonta hasta más allá del año 435, cuando una poderosa familia principesca comenzó a gobernar el lugar.

   Estudios contemporáneos de los restos óseos hallados en su jurisdicción permitieron establecer que sus pobladores padecían de desnutrición y enfermedades, quizás porque la fertilidad del valle en algún momento se agotó ante la continua explotación.

   Poco se sabe de los primeros reyes que gobernaron Copán y de las relaciones que mantenían con otros asentamientos similares diseminados en la región, pero es posible afirmar que bajo el reinado de Jaguar de Humo (628-695) creció ese núcleo urbano en lo geográfico, militar y económico. 

   Ahora, un largo paseo flanqueado por árboles posibilita acceder al denominado Parque Arqueológico, visitado por el 6,5 por ciento de los turistas que pasan por Honduras cada año.

   A los añejos atractivos de la zona, donde las referencias al décimo tercer gobernante, llamado 18-Conejo, considerado como el Rey de las Artes, suelen ser recurrentes, se añade la posibilidad de degustar el Atol Chucó, comida típica hondureña, o el legendario mezcal o pulque xtabentún, bebida alcohólica de origen maya.

   Pero dicen los lugareños que más vale no excederse en el consumo, sobre todo si se pretende ascender al más espectacular monumento de Copán, cuyos peldaños cuentan la historia de la ciudad como ningún otro.

   La escalinata se organiza en un solo tramo de 90 peldaños y 10 metros de anchura, contando los muretes de contención laterales, por los cuales resulta poco cualquier cuidado al avanzar.

01/04/2008 12:00. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

El controversial origen del hombre americano

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El interés por despejar la incógnita acerca de la naturaleza del hombre americano despertó desde el instante mismo en que se produjo el choque de los europeos con el Nuevo Mundo, a finales del siglo XV.

Los pioneros de la conquista, inspirados en las enseñanzas de los libros paganos antiguos y en los mitos cristianos relacionados con el surgimiento de la humanidad, donde nada se decía sobre estos, negaron cualquier rasgo humano a los recién hallados.

Pero esas ideas pronto fueron rechazadas y la bula papal del 9 de junio de 1537 admitió que los pobladores de las tierras encontradas allende el Atlántico eran verdaderos seres racionales, dotados de alma.

El problema entonces comenzó a girar alrededor de la procedencia de esos hombres, que muchos europeos de la época relacionaron con pueblos de la antigüedad clásica: egipcios, cananeos, fenicios, griegos, romanos, cartagineses u otros.

Arias Montano, en el siglo XVI, se encargaría de defender la tesis de que los indios americanos eran descendientes de judíos tataranietos de Noé, el constructor del arca salvadora de especies durante el diluvio universal.

Otros imaginaron a los aborígenes miembros o parientes de las 10 tribus de Israel, arrasadas por los asirios en el VII antes de nuestra era (a.n.e.) y supuestamente refugiadas en las extensas tierras encontradas por el almirante genovés Cristóbal Colón (1451-1506) y sus seguidores.

Esa tesis se sostuvo hasta el siglo XIX, junto con otras defensoras del vínculo de los habitantes del Nuevo Mundo con sobrevivientes de una expedición encabezada por el conquistador macedonio Alejandro Magno (356-323 a.n.e.), o de mogoles desaparecidos en 1380 cuando pretendían invadir Japón.

En el siglo de la Ilustración, seudo-científicos interesados en despejar la incógnita ubicaron el origen del hombre americano en la mítica Atlántida, continente supuestamente sumergido 500 mil años antes, o en Mu-Lemuria o en los mormones.

Todavía hoy, pese a los progresos de la ciencia, esa corriente cobra vigencia en los argumentos manejados por quienes consideran la participación de extraterrestres en la fundación de las culturas americanas.

El rigor científico alumbró el debate sobre el tema en 1810, cuando el eminente sabio alemán Alexander von Humboldt (1769-1859) situó la matriz de los ancestros del hemisferio occidental en pueblos asiáticos que atravesaron el estrecho de Behring hacia el norte del continente.

Ya en las postrimerías de esa centuria, aparecieron las llamadas teorías autoctonistas, partidarias de ubicar el nacimiento de la especie humana en diferentes lugares del mundo, pero en épocas diversas.

La opinión más difundida en ese período fue la del paleontólogo argentino Florentino Ameghino (1854-1911), quien postuló en su libro "La antigüedad del hombre de la Plata" que las pampas argentinas eran la cuna de la humanidad.

Para el experto autodidacta, todos los mamíferos -incluyendo su Tetraprothomo argentinus, antecedente directo del hombre actual- eran originarios de Sudamérica, de donde se expandieron por toda la tierra.

El rechazo casi unitario a esa teoría prosperó al comprobarse que los monos americanos pertenecen a una rama muy alejada de los antropoides, lo que descarta cualquier posibilidad de surgimiento de elementos humanoides en este lado del mundo por vía evolutiva.

Pero los estudiosos subestimaban la buena memoria del indio americano: en los Anales de los cakchiqueles aparece parte de la respuesta al problema y también en el Popol Vuh, libro sagrado de los mayas quichés:

"No está bien claro, sin embargo, cómo fue su paso sobre el mar; como si no hubiera mar pasaron hacia este lado; sobre piedras en hilera sobre la arena. Por esa razón fueron llamadas Piedras de Hilera, Arenas arrancadas, nombres que ellos les dieron cuando pasaron entre el mar, habiéndose dividido las aguas cuando pasaron".

Investigaciones ulteriores dieron la razón a los autores anónimos del Popol Vuh y a lo enunciado por Humboldt: el hombre americano es originario de Asia y arribó a estas tierras hace aproximadamente 40 mil años a través del norteño estrecho de Behring.

La plataforma continental que une a la península siberiana de Chukotsky con la península de Seward en Alaska, sumergida hoy apenas 37 metros bajo las aguas, sirvió de vía no sólo para los homo sapiens, sino también para diversas especies de animales.

Por la zona, congelada casi todo el año, aún puede cruzarse de un lugar a otro y, probablemente, fue el punto de partida de quienes se expandieron por el continente americano de norte a sur en diversas oleadas hasta llegar a la Patagonia (9000 a.n.e.).

El hallazgo de los siete restos humanos más antiguos del hemisferio occidental, todos con rasgos del hombre moderno, prueban esa tesis: el hombre-mujer de Tepexpan (México), el cráneo de Punín (Ecuador), los de Fontezuela y Arrecife (Argentina) y los de Lagoa Santa (Brasil).

Para Paul Rivet (1876-1958), antropólogo y etnólogo francés, las sucesivas inmigraciones asiáticas por Behring constituyen el aporte primitivo más antiguo y más importante al poblamiento de América, pero no son el único origen del hombre de estas tierras.

A diferencia de la teoría del origen único de Ales Hrdlicka (1869-1943), geólogo checo nacionalizado estadounidense, el experto galo defendió que en épocas tardías y, de forma secundaria, australianos, polinesios y melanesios u otros intervinieron en ese proceso.

La integración de los melanesios es sugerida por la existencia del gran grupo paleo-americano o de Lagoa Santa (Minas Gerais, Brasil), el quipus andino, similitudes de dialectos, mutilaciones, sangrías, trepanaciones e incrustaciones dentarias.

A esos magníficos navegantes se les atribuye el descubrimiento de la mayoría de las islas del Pacífico, por lo cual no se descarta su llegada a las costas americanas en época tan temprana.

Aunque voces discordantes sugieren continuar las pesquisas sobre el tema antes de concluir, la extraordinaria similitud étnica, cultural, lingüística, de cultivos, costumbres entre los remotos americanos y melanesios-polinesios mueve a considerar con seriedad esa hipótesis.

Las dudas siguen alrededor de la dirección en la cual se produjeron esos contactos, pese a que algunos arriesgaron sus vidas hasta demostrar la posibilidad del cruce del océano Pacífico en balsas o troncos de árboles ahuecados, similares a los creados por esos pueblos.

Tal es el caso de la expedición de la Kon-Tiki, protagonizada en 1947 por etnólogo noruego Thor Heyerdalh desde el Perú hasta el archipiélago de Tuamotú (Polinesia) y la del investigador francés Eric de Bisschop, realizada una década después en sentido inverso hacia Chile.

Algunos especialistas, como el antropólogo portugués Mendes Correia, consideran que los australianos contribuyeron con las tribus más meridionales de Sudamérica, luego de atravesar por la Antártida, el continente helado, en tiempos más favorables.

El suspenso sigue rondando esa aproximación a los posibles orígenes del hombre americano, pero por suerte, las fantásticas teorías de los pioneros de la conquista yacen empolvadas en los archivos desde hace mucho tiempo.

Los primeros pobladores de El Salvador

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   Mucho antes de la llegada de los conquistadores españoles, el territorio salvadoreño estaba habitado por pueblos de orígenes diversos que, en oleadas sucesivas, fueron asentándose en la región.

   Para su estudio, los especialistas suelen subdividirlos en tres grupos: premaya o arcaico, maya y náhoa o nahua, en cierta medida por sus vínculos con las grandes culturas americanas que se establecieron desde el norte.

   Pese a las pesquisas realizadas, aún se desconocen los rasgos fundamentales de los arcaicos o premayas, de los cuales apenas se encontraron huellas paleontológicas y arqueológicas hacia 1917.

   Todo parece indicar que ese grupo poblacional no alcanzó a mezclarse con las civilizaciones que arribaron luego a la zona, porque sus restos fueron sepultados por erupciones volcánicas ocurridas en el período prehispánico.

   Los pueblos incluidos en el denominado núcleo maya vivieron en El Salvador desde el siglo I de nuestra era hasta el VI, mientras que el náhoa o nahua se estableció en la zona como resultado de sucesivas migraciones iniciadas por los toltecas cerca del siglo XI.

   Pocomanes y chorties son algunos de los grupos mayences reconocidos por los pioneros de la conquista y colonización, igual que los lencas, pueblo cuyo dominio se extendió desde las márgenes del Rió Lempa hasta la actual zona oriental de la República.

   Para el etnólogo y lingüista Carlos Antonio Castro, estos últimos, resultados del entrecruzamiento de misquitos- chibchas y mayences,  constituyeron la avanzada de los aborígenes chibchanos expandidos por Centroamérica.

   Al arribo de los europeos, los lencas estaba a punto de ser absorbidos por los pipiles, grupo nahua al cual se le atribuye el carácter nuclear de la cultura salvadoreña desde el punto de vista antropológico.

   Su larga convivencia con esa comunidad había influido en que hablasen el náhualt y practicasen costumbres sociorreligiosas muy parecidas.

   Entre sus divinidades se distinguían el Tigre que vuela (Comizahual) e Icelaca, deidad de dos caras que representaba el pasado y advertía sobre el porvenir.

   Investigaciones practicadas arrojaron que los pipiles llegaron a El Salvador procedentes de México tras el colapso del imperio Tala, alrededor del año mil de nuestra era y erigieron importantes ciudades como la de Cuscatlán  y Techan Izalco, en el mil 54.

   También Apanectl, Tehuacan, Opaztepetl, Ixtepetl y Guacotecti, según refirió el historiador y ensayista salvadoreño Santiago Barberena (1851-1916) en su Historia de El Salvador.

   Los pipiles, descendientes de la civilización Tolteca que introdujo el culto al dios de la lluvia Tlaloc y se extendió desde orillas del Lempa hasta el Río Paz, desarrollaron una democracia militar caracterizada por la propiedad común de la tierra.

   Hasta la fecha, se reconocen cuatro ramas importantes de esa cultura: los cuzcatlecos, los Izalcos (muy ricos por su elevada producción de cacao), los Nonualcos (radicados en la zona central del país y reconocidos por su afición a la guerra) y Los Mazahuas.

   La sociedad pipil era en esencia clasita y tendiente al desarrollo de la esclavitud, en un principio como resultado de los enfrentamientos entre las distintas tribus y no por razones hereditarias.

   Pese a eso, subsistían aún algunas formas de trabajo en común en sembradíos destinados a alimentar a los huérfanos y desvalidos, similar al que se realizaba en el extenso imperio incaico.

   Las leyendas sobre las proezas de los más notables gobernantes de la comunidad pipil, que en lengua Nahuat significa Noble o Señor, llegan hasta nuestros días.

   Axitl Quetzalcóatl, el Fundador, es uno de los más reconocidos ya que se le atribuye el haber conducido hasta la región centroamericana la migración náhua- toltteca fundacional.

   La práctica de la agricultura entre los pipiles era obligatoria y ordenada por el cacique, pero desconocían del arado, no disponían de animales de tiro, montura y carga.

   A pesar de esas limitantes, lograban cosechar en abundancia maíz, frijol, cacao, tabaco y otros productos tropicales, en gran medida por los avanzados sistemas de riego que lograron distribuir por todos los terrenos cultivados.

   El amplio sistema de legislación penal pipil protegía el régimen agrícola, la división clasista de la sociedad, la religión y las instituciones fundamentales como la familia.

   La muerte, como castigo, sólo estaba reservada a quienes despreciaran los sacrificios a los dioses, tuviesen trato carnal con mujeres ajenas o parientes hasta el cuarto grado de consanguinidad, a los violadores y a los reos por hurto grave.

   El mentiroso era considerado un ser despreciable en la comunidad, por lo cual se le azotaba hasta el cansancio y si la mentira guardaba relación con asuntos de guerra, podían ser convertidos en esclavos.

   Cualquiera que tuviese contacto carnal de índole sexual con una esclava ajena también podía ser reducido a esa condición.

   El Sol naciente, Quelzalcoátl en su dualidad de dios del viento y estrella de la mañana, era adorado tanto como Tláloc (dios de la lluvia), Tonatiuh y Metzi, el sol adulto y la luna respectivamente.

   La práctica del anualismo, colocación de la vida de un individuo bajo la protección de un animal o anual, era cuestión esencial entre los miembros de la comunidad y se extiende hasta nuestros días.

   Otras culturas encontradas por los europeos fueron los juicos, clasificados por el etnólogo francés Paúl Rivet (1876-1958) como autónomos en lo lingüístico, y los matagalpos, misquitos-semimatagalpa o grupo chontal de Nicaragua.

   El patrimonio arqueológico salvadoreño, compuesto entre otros por las ruinas del Tazumal, Pompe y El Trapiche- situados en la ciudad de Chalchuapa, departamento occidental de Santa Ana- recuerdan el paso de los primeros pobladores del territorio.

   A la pirámide trunca de 23 metros de altura que reina en la zona, semiderruida por efectos climatológicos y por la desatención de las autoridades, pueden sumarse las ruinas de San Andrés, en el departamento de la Libertad y los de Cihuatán, al norte de la capital.

   Estudios arqueológicos demostraron que el Tazumal fue creado por una de las comunidades de mayor antigüedad en el hemisferio, con evidencias de ocupación humana continua desde mil 200 años antes de nuestra era hasta el presente.

   Aunque los pipiles solían establecer comunidades nuevas, escogieron al Tazumal como centro alrededor del 900 de nuestra era y construyeron una pirámide al estilo mexicano, un juego de pelota y un templo a Quetzalcoatl, en su versión de Ehecatl, dios del viento.

   San Andrés, uno de los más grandes centros prehispánicos, constituyó una capital regional alrededor del 600 a 900 de nuestra era y congregó a una población de más de 12 mil habitantes.

   Mientras Joya de Cerén, en el valle de Zapotitán a 35 kilómetros al occidente de San Salvador, conserva unas 15 estructuras a pesar de la incidencia de la erupción del volcán Caldera mil 400 años atrás.

   Núcleos indígenas con raíces pipiles subsisten en El Salvador del siglo XXI en Izalco, Sonzonate, Panchimalco, los Nonoalcos y Sesori y muchos de sus miembros hablan el nauta arcaico además del idioma impuesto por los colonizadores españoles.

   Esas comunidades aborígenes se encuentran sometidas a condiciones infrahumanas, como gran parte de la población rural y suburbana del país, y su pasado suele mostrarse en nebulosa.

   La destrucción de los Códices fundamentales de los pipiles por la Inquisición católica durante el período colonial y los afanes de la oligarquía local y foránea contemporánea, interesada en acelerar la supuesta modernización de la sociedad, han contribuido en gran medida a ello.

¿Maravillas en el mundo antiguo latinoamericano?

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Desde los tiempos de la Roma clásica, se acuñó la existencia de siete maravillas en el mundo antiguo y pese a que los siglos trajeron consigo infinidad de otros conceptos y opiniones, esa idea se erigió como dogma respetado por muchos.

Las pirámides de Gizeh, los Jardines Colgantes de Babilonia, el templo de Artemisa en Efeso, la estatua de Zeus en Olimpia, el mausoleo de Halicarnaso, el Coloso de Rodas y el Faro de Alejandría, aún son consideradas las obras más grandiosas de su tiempo.

Algunos intentan enriquecer ese añejo inventario con joyas arquitectónicas concebidas en distintas regiones del planeta posteriormente, pero resulta interesante constatar que sólo una gloria americana aparece incluida.

Junto al Coliseo romano, el Taj Mahal hindú, la Gran Muralla china, el Kremlin moscovita y la italiana torre de Pisa, se relaciona tímidamente a Chichén Itzá, ese "libro de piedra roto que recuerda las esculturas de encajes y las pinturas finísimas de uno de los centros culturales mayas", al decir de José Martí.

Los que así piensan quizás desconozcan que muchos de los que arribaron a las "Indias Occidentales", durante la conquista y colonización, dejaron constancia del impacto que les causaron algunas construcciones realizadas hasta entonces en nuestro continente.

La ingeniosa mezcla de elementos dio como resultado respetables ejemplares del arte de las construcciones, como Uxmal, Palenque o la capital de los aztecas, Tenochtitlán, con su pirámide de cinco terrazas, custodiada por 40 templos menores y el inmenso santuario destinado a venerar a Huitzilopochtli.

Mientras en Europa múltiples epidemias arrasaban con más de la tercera parte de la población, las urbes creadas por los aztecas eran verdaderos templos a la sanidad.

Largos acueductos filtraban el agua salobre desde el lago hasta la tierra firme, la orina se recogía en vasos de arcilla y antecedentes de los retretes públicos, colocados en canoas a lo largo de las riberas, estaban destinados a recoger los desechos humanos con el fin de procesarlos para abonar los suelos.

Alguien que tuvo el privilegio de visitar Teotihuacán -una de las ciudades más grandes del mundo en el siglo XV-, aseguró que es un lugar fantástico.

Basta con observar las réplicas de la serpiente emplumada Quetzalcoatl, esculpidas en cada uno de los niveles de la pirámide rectangular dedicada a la deidad reverenciada por los más supersticiosos guerreros de la historia americana.

Qué decir de los Chimú, esa civilización casi olvidada cuyo centro fue la ciudad de Chan Chan, donde los asombrados europeos encontraron inmensos palacios, jardines y santuarios similares a los del Sol y de la Luna.

Más que cualquier elogio apasionado, ilustran los templos y la pirámide de cuatro niveles superiores a los de la famosa Keops egipcia, en la mexicana Cholula; el Huaca del Sol mochica y los trazados nazcas.

No menos impresionantes resultan las construcciones con bloques de piedra de hasta 100 toneladas de peso, como la pirámide escalonada de Acapana (unos 15 metros de altura), la Puerta del Sol en Calasasaya y la casi inaccesible Machu Picchu.

Y aquellos hombres que, sin conocer siquiera la rueda u otras técnicas necesarias para cortar objetos tan potentes, delinearon inmensas moles de piedra como las asediadas por el viento marino en la chilena Isla de Pascua.

El repaso serio de las “ruinas indias", que perduran en Latinoamérica, tal vez impulsaría a algunos a defender el criterio de que el reducido listado impuesto por la concepción eurocéntrica de la historia es susceptible de enriquecerse.

Si bien estas datan de tiempos más cercanos, en mucho pueden equipararse a las majestuosas obras creadas por los pueblos egipcio, romano, griego y babilonio.

Detrás de los culpables del derrumbe progresivo del Tazumal

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El derrumbe de la pared sureña de una estructura menor del Tazumal, una de las ruinas arqueológicas mayas más importantes del hemisferio occidental, sorprendió a pocos en El Salvador el 19 de octubre de 2004.

Desde hace más de tres décadas, especialistas y defensores del acervo de la pequeña nación centroamericana denuncian la desatención de los gobernantes a la conservación, restauración y recuperación del patrimonio cultural local, para el cual el presupuesto es siempre insuficiente.

Por eso no extrañó que autoridades y medios de prensa solamente culparan del desastre ocurrido en la ciudad de Chalchuapa, departamento de Santa Ana, en el extremo oeste de El Salvador, a las últimas lluvias, "que se filtraron por las grietas dejadas por anteriores terremotos".

Incluso, Federico Hernández, presidente de la estatal Concultura, institución encargada de velar por obras de ese tipo, dejó asombrados a muchos al considerar que este derrumbe es "una gran oportunidad para conocer las entrañas del Tazumal" y anunció el inicio de una investigación arqueológica de fondo.

La construcción del sitio, situado a 85 kilómetros de la capital salvadoreña, atravesó por 14 fases desde el 1500 antes de nuestra era hasta el 900 de la actual, según los expertos.

Pese a ser una de las obras arquitectónicas más antiguas del hemisferio occidental, la estructura de Tazumal apenas fue repellada con cemento en los años 50 y durante los terremotos que sacudieron al país de enero a febrero del 2001 una de las pilastras de la pirámide principal se desplomó.

Desde entonces, varios empleados del lugar advirtieron indistintamente sobre el mal estado de sus restos, pero fueron desoídos por las autoridades.

El jefe del departamento de arqueología de la entidad encargada de velar por el patrimonio cultural de la nación, Fabricio Valdivieso, admitió que el mantenimiento que se le daba a la pirámide era "eventual".

Pese a ello, esgrimió que la pared, de 23 metros de largo por siete de ancho, se vino abajo como resultado del deterioro provocado por el paso del tiempo y la filtración de las lluvias invernales.

Los alrededores de Chalchuapa constituyen una zona arqueológica en la que confluyen, además del Tazumal, varios sitios reconocidos como Casa Blanca, El Trapiche y la Laguna de Cuscachapa.

Investigaciones arqueológicas demostraron que la zona fue ocupada por los humanos de forma continua desde unos mil 200 años antes de nuestra era.

La primera referencia sobre Tazumal data de 1892, cuando el ingeniero, doctor e historiador Santiago Barberena (de origen guatemalteco) trasladó la escultura monumental conocida como la Estela de Tazumal al Museo de Antropología "David J. Guzmán".

El arqueólogo estadounidense Stanley Boggs asumió su registro formal en 1940, tras identificar 13 estructuras, desde plataformas pequeñas hasta el montículo grande mencionado por Barberena, con 24 metros de altura, en medio del sitio histórico de unas 20 hectáreas de superficie.

Cuscatlán, como era llamado el territorio salvadoreño en lengua náhuatl, es considerado el "pulgarcito" de América por su escasa extensión territorial, pese a la cual concentra gran número de vestigios de la antigüedad regional.

Dentro del denominado "mundo maya", este territorio, uno de los más poblados en los últimos tres mil 500 años, clasifica en primer lugar por su pequeñez y su abundante acervo, en gran medida inexplorado.

Uno de los descubrimientos más valiosos relacionado con la avanzada cultura centroamericana, cuyo grado de desarrollo era muy similar a la de los aztecas a la llegada de los conquistadores españoles en el siglo XVI, ocurrió hace poco en Joya de Cerén, la llamada "Pompeya americana".

La región, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), se encuentra a unos 30 kilómetros al noroeste de San Salvador.

¿Quién puede asegurar que esos vestigios, los de Casa Blanca, El Trapiche y la Laguna de Cuscachapa, no corran una suerte parecida a los del sitio arqueológico de Tazumal?

Para analistas locales, el derrumbe de esas ruinas tiene sus raíces en hábitos arraigados: lecciones no enseñadas en la escuela y prioridades politiqueras, comerciales y libre-empresariales que opacan y hacen trivial la preocupación que debe tener el Estado por la cultura.

De continuar tales prácticas, en El Salvador y en otros países del área mesoamericana, generaciones venideras perderán la oportunidad de conocer de primera mano la grandeza de sus ancestros o "primeros padres", como llamara el guatemalteco Manuel Galich (1913-1984) a los creadores de esas monumentales obras.

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01/04/2008 10:34. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

La reina negra de América

Un pasaje poco conocido de la Revolución de Haití, la primera y más radical de su tipo en América, es la unción y coronación de María Luisa Codovic.
La primera reina negra del hemisferio occidental recibió su cetro de ébano en 1811- en una ceremonia muy parecida a la realizada por Napoleón Bonaparte en la catedral parisina de Notre Dame un año antes- y sus restos descansan en la tumba de una pequeña iglesia en Pisa, Italia, donde la otrora monarca vivió exiliada.
Tal suerte llegó a la otrora esclava por su vínculo matrimonial con Henri Cristophe, uno de los principales dirigentes de la insurrección antiesclavista y anticolonialista ocurrida de 1791 a 1804 en la porción de la isla La Española en la cual se habían asentado los franceses a fines del XVII.
Apenas 15 años tenía María Luisa cuando conoció a Cristophe, quien de esclavo negro y criado de mesón, hizo una brillante carrera como soldado, general victorioso, presidente (1807-1811) y ascendió al trono como el rey Henri I (1811-1820).
La suerte de la antigua colonia gala, que se convertiría en la de mayor productividad en todas las Antillas, marcó la vida de ambos, provenientes del sector más marginado de la muy estratificada y discriminatoria sociedad.
Pese a su superioridad numérica en el pequeño territorio caribeño, nada disfrutaban los de su estamento de la prosperidad alcanzada como resultado de la evolución de la economía de plantación, instalada por los franceses, y que tanto impulsó la introducción de negros esclavos.
Sobre el trabajo de esa mayoría descansaba el cultivo del azúcar, café, algodón e índigo en las grandes haciendas de Saint Domingue, al mismo tiempo que en la porción española de la isla todas las fuerzas se destinaban a la producción ganadera.
El espectacular proceso de crecimiento económico de la parte francesa de La Española comenzó a partir de 1783 por el aumento de la productividad, que hizo mucho más competitivos los costos de producción en relación con los de sus rivales británicos.
Saint Domingue desplazó a Jamaica y Barbados de su condición hegemónica en la generación y comercio azucareros, pero el incremento del número de ingenios requirió de una cantidad excesiva de esclavos.
Varios investigadores calculan que en vísperas de la Revolución Francesa llegaban a la colonia caribeña cerca de 30 mil negros cada año, por lo cual de los 172 mil esclavos que había en 1754, se pasó a 240 mil en 1777.
Ya en 1789 eran más de 450 mil los negros africanos en Saint Domingue, lo que suponía el 85 o el 90 por ciento de la población, cifra muy por encima de la registrada en toda la América española entonces.
Pero en el substrato de ese progreso se estaban gestando las contradicciones que amenazarían con posterioridad al sector azucarero, base económica de la riqueza alcanzada.
Por una parte, plantadores o grandes propietarios blancos se veían perjudicados por el control de los comerciantes franceses sobre la trata y las refinerías de azúcar construidas en los principales puertos metropolitanos.
El resentimiento acumulado por ese sector alentó el deseo de imitar a los independentistas norteamericanos para escapar a las presiones ejercidas desde la metrópoli, pero por debajo de sus intereses estaban los de casi 40 mil pequeños blancos.
Burócratas, soldados, pequeños plantadores, comerciantes, administradores de plantaciones, entre otros, mantenían una muy tensa relación con los cerca de 28 mil mulatos libres, propietarios de casi la tercera parte de estas plantaciones y de los esclavos de la colonia.
La clave de esa paradoja radicaba en que la legislación francesa reconocía el derecho de sucesión para los hijos de blancos y esclavas negras reconocidos por los padres.
Pero los negros llevaban la peor parte, por lo cual los aires de libertad, igualdad y fraternidad que soplaron desde la metrópoli en 1789 pronto despertaron el espíritu libertario, ante la ambigüedad de posiciones adoptadas por sus propietarios.
Los colonos o grandes blancos, principalmente franceses, vieron en la Revolución una vía para lograr la satisfacción de sus reclamaciones socioeconómicas a través de sus asambleas y trataron de impedir cualquier acción abolicionista con el apoyo de los pequeños blancos.
Unos y otros fueron desoídos por las autoridades francesas, pese a lo cual demostraron su disposición a reprimir cualquier postulado igualitario que amenazara sus privilegios en Saint Domingue, como el enarbolado por los mulatos o gentes de color en 1790.
La sublevación encabezada por Vincent Ogé y reprimida por esos sectores sirvió de preludio a la convocatoria lanzada por los negros en Bois Caiman, el 23 de agosto de 1791, donde se llamó a la lucha contra la esclavitud.
Dirigidos por Boukman, sacerdote del vodú, los más discriminados se lanzaron a la conquista de sus derechos y terminarían radicalizando el proceso anticolonial al defender también la idea de la independencia.
A la muerte de su guía espiritual, surgieron otros líderes como Francoise Dominique Toussaint (Louverture más tarde, cuando alcanzó la cima de su grandeza), Jean Jacques Dessalines, Henri Christophe y los mulatos libres Andrés Rigaud y Alexandre Pétion, entre otros.
Christophe, devenido ídolo del pueblo, fue elegido presidente del Estado haitiano fundado en el norte del territorio en 1806 y enseguida demostró sus intenciones de situar a su nación entre las más relevantes de la época.
La construcción del suntuoso Saint Souci, el más hermoso edificio residencial de toda la América, en opinión de sus contemporáneos, y de la fortaleza la Ferriere, con huecos para 355 cañones, bien reflejan esa realidad.
A cuatro años de llegar al poder, Cristophe se proclamó Henri I y el 12 de junio de 1811, en una catedral improvisada al efecto, el arzobispo Cornelle Brelle depositó las coronas sobre su cabeza y la de su esposa, y los ungió con aceite de coco.
Es posible que al mismo tiempo, como señaló el historiador y periodista español Juan Balansó, Napoleón se estuviese mordiendo las uñas ante aquel calco de su propia coronación, donde sólo el cetro de oro había sido reemplazado por uno de ébano.
Mientras, Henri I creaba su corte con ocho duques, 22 condes, 27 barones y cuatro caballeros, escogidos entre sus antiguos compañeros de lucha y con sugerentes apelativos como duque de la Mermelada, conde de la Limonada y barón del Cacao.
El llamado Napoleón negro era para muchos el rey de hierro, pero María Luisa siguió siendo reverenciada por ser una monarca bondadosa, capaz de asimilar como suyo a Armando Eugenio, fruto de una relación anterior tenida por su esposo.
Tanto amor se profesaba la pareja, según la correspondencia intercambiada entre ambos, que la fecha de su matrimonio, 15 de julio, fue decretada por Cristophe festividad nacional en homenaje a la esposa.
Pero la monarquía terminó convirtiéndose en un régimen despótico que motivó una sublevación popular. Esto, junto a la apoplejía que comenzó a padecer, influyeron en la decisión de Cristophe, de suicidarse el 8 de octubre de 1820, a los 53 años.
María Luisa y sus dos hijas partieron al exilio, primero a Inglaterra y luego a Italia, ante la terminación del reinado, pese a lo cual su condición de viuda de jefe de Estado fue respetada por mucho tiempo.
Los días de la primera reina negra de América se ensombrecieron con esa partida y, peor aún, cuando en Europa hubo que amputarle una pierna como resultado de una infección, acompañada por una neumonía, que terminó con su vida en marzo de 1851.
17/03/2008 01:05. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

El patrimonio del diablo

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Cualquiera pensaría que el diablo, además de ejercer su jurisdicción sobre el extenso territorio celeste conocido como infierno, posee un vasto patrimonio en la tierra. Y es que el imaginario popular suele atribuirle numerosas propiedades a ambos lados del Atlántico al príncipe de los ángeles rebelados contra Dios y arrojados por él al abismo, según la tradición judeocristiana.

Aunque la caribeña Isla del Diablo, en la Guayana Francesa, es quizás la más famosa, no es la única llamada así o comparada con espíritu del mal: la panameña Isla de Coiba, la colombiana Gorgona, la italiana Isla de Pianosa, entre otras, también corren esa suerte.

La pequeña ínsula rocosa situada al norte de la Guayana Francesa se granjeó el seudónimo de Isla del Diablo al ser convertida por Francia en una colonia penal desde 1852 hasta 1946.

Durante esos años, arribaron en distintas oleadas 56 mil prisioneros galos al siniestro lugar, considerado por muchos de ellos un destino sin retorno, por la escasa salubridad que causó la muerte de centenares de reos y la extrema vigilancia de las autoridades coloniales.

Los horrores sufridos por los sometidos a ese destierro fueron revelados por el capitán del ejército francés Alfred Dreyfus, de origen judío, confinado a ella en 1894, tras ser condenado injustamente de espionaje por un tribunal militar.

Luego Henri Charriere, se encargaría de describir en su famosa novela autobiográfica, Papillón, las torturas, la malaria, los leprosos, las inclemencias del tiempo y los mosquitos que solían acompañar a aquellos presos muertos en vida.

A ambos testimonios se sumaría el de René Lucien Belbenoit, quien llegó al lugar en 1922 como parte de un contingente de prisioneros enviado por las autoridades galas y no desistió hasta escapar de él una década después.

Durante su permanencia allí, Belbenoit sufrió 11 meses en una celda oscura llamada la guillotina seca: 340 días en los que hubo de ingeniárselas para no volverse loco.

Para miles de presos, obligados a trabajar todos los días desde la salida del sol hasta la noche, desnudos y sin apenas un pedazo de trapo para protegerse del sol ecuatorial y de los insectos, el bosque de Charvain sirvió finalmente de cementerio.

La Isla de Coiba, al oeste de Panamá, también fue durante casi un siglo el hogar de una colonia penal, donde el hacinamiento, las torturas y los maltratos estaban a la orden del día, tipo Isla del Diablo, por lo que indistintamente era llamada así.

En la actualidad, la colonia está cerrando operaciones y los pocos prisioneros que quedan en ella permanecen bajo una fuerte custodia, alejados de los lugares que frecuentan los turistas, interesados en descubrir las maravillas del famoso Parque Marino de Coiba.

Otra de las propiedades atribuidas al Diablo es la colombiana Isla de Gorgona, en el Pacífico, donde se construyó una colonia carcelaria a finales de los 50 del XX por orden del ex presidente colombiano, Alberto Lleras Camargo.

La isla resultaba ideal para construir allí un infierno terrenal: unos pocos kilómetros de tierra, cubiertos por cerros selváticos de hasta 300 metros de altura, donde pululaban las serpientes venenosas, rodeados por aguas oscuras y profundas habitadas por varias especies de tiburón.

Por esas razones, pronto muchos bautizaron a la ínsula colombiana como La Isla Maldita, done algunos condenados se suicidaron; otros planearon fugas imposibles y los más, se prepararon para sobrevivir a los peores tormentos.

Pero el presidio duró apenas 25 años: ante las continuas denuncias sobre la progresiva destrucción del ecosistema de Gorgona, llamada así por Francisco de Pizarro en alusión a Medusa, la semidiosa de cabellera de serpientes, el mandatario, Virgilio Barco, decidió clausurarlo.
Del otro lado del Atlántico, bordeando la península itálica, se encuentra la Isla de Pianosa, considerada desde la prehistoria un territorio de paso, una conexión entre el continente europeo y el macizo Sardo Corso, y una sucursal del diablo desde mediados del XIX.

Hacia esa fecha, Pianosa se convirtió en una colonia penal, luego transformada en cárcel de máxima seguridad donde fueron encerrados los capos más peligrosos de la Cosa Nostra, del calibre de Totó Riina en los años de la gran lucha contra la mafia.

También en la región más austral del mundo se encuentra Ushuaia, ciudad argentina, considerada por muchos tierra del Diablo aunque su nombre en lengua Yámana significa "bahía penetrando al poniente", donde las autoridades decidieron construir una Prisión Militar en 1902.

En esa cárcel para reincidentes, estuvieron recluidos convictos famosos como el estafador Juan Dufour, tras haber escapado de la Isla del Diablo, en la Guayana Francesa; el primer asesino serial del país sudamericano, Mateo Banks, y Cayetano Santo Godino (El Petiso Orejudo), asesino de niños.

Ah!, pero el espíritu del mal, representado por el escritor alemán Goethe a través de Mefistófeles, logra despertar además la imaginación de numerosos literatos, cineastas, compositores y artistas en general.

El drama franco español, Los amantes de la isla del diablo, de Jesús Franco (1972), y La isla del diablo, comedia de aventuras española de Juan Piquer (1994), son sólo muestras de ello.

Y para que la melodía no falte, el cantautor español, Víctor Manuel le dedicó una canción.

El encanto de la costarricense Isla del Coco

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Quien recorrió el rectángulo que forma la Isla del Coco, Patrimonio Natural de la Humanidad desde 1997, difícilmente pueda olvidarla y más bien vivirá expectante por las amenazas que acechan a los vestigios culturales y especies diseminadas por ella.

Cuesta aceptar que algunos seres humanos son capaces de profanar lugares como ese, cuyo estado de conservación y aislamiento, lo convierten en uno de los sitios privilegiados del mundo pese a sus escasos 24 kilómetros cuadrados.

La excepcionalidad del territorio, avistado por europeos por vez primera entre 1531 y 1542, radica en una serie de condiciones relativas a su origen volcánico, localización, carácter de isla oceánica y edificaciones de valor histórico.

Cuenta la leyenda que en sus intrincados bosques están escondidos valiosos tesoros enterrados por piratas y corsarios, quienes transformaron a la Isla del Coco en su refugio durante los siglos XVII y XVIII y la llamaron así por la abundancia de esa fruta.

La posible riqueza ocultada motivó casi 300 expediciones de búsqueda hacia el lugar, que sirvió igual de colonia penal, agrícola y estación de descanso y aprovisionamiento de tripulaciones balleneras que operaban ilegalmente cerca de Islas Galápagos.

Situado en la parte central del Pacífico Oriental, identificado en tiempos coloniales como Mar del Sur, el territorio dista 532 kilómetros de las costas ticas y reina en medio de 1997 kilómetros cuadrados de área de ecosistemas marinos protegidos.

Muchos especialistas lo consideran por ello un laboratorio ideal para realizar investigaciones sobre la dinámica de los ecosistemas del planeta y su relación con los cambios globales del ambiente marino y terrestre.

También la historia concentrada en las inscripciones realizadas en tiempos remotos en las rocas de las bahías de Chatham y Wafer, únicos accesos factibles de desembarco seguros en la Isla del Coco, se entrecruza con una flora y fauna envidiables.

Aunque este espacio carece de mamíferos terrestres autóctonos, cerdos, gatos, cabras, ratas, y venados de cola blanca sorprenden al visitante de vez en vez.

Estos animales fueron introducidos por el hombre, intencional o accidentalmente, y algunos de ellos impactaron de forma desfavorable el medio y la diversidad biológica en la zona.

En cambio, aves visitantes, vientos, corrientes marinas y materiales flotantes, propiciaron la expansión de una flora compuesta por 235 especies de plantas, 60 de ellas endémicas, que hacen las delicias de cualquiera con un poco de sensibilidad.

Matices de verde y azul adornan la geografía donde confluyen además 100 variedades de aves, 400 de insectos, cinco de reptiles, número similar de artrópodos, 600 de moluscos (40 autóctonos), 57 de crustáceos, 32 de corales, y más de 250 de peces.

Desde 1791 hasta la fecha, los científicos que frecuentaron la isla la catalogaron como un sitio único en el mundo por su riqueza en arrecifes de coral, sus tiburones martillo y tiburones ballena, así como los miles de peces multicolores que habitan a su alrededor.

Pero la integridad de la Isla del Coco está amenazada por la pesca ilegal, que compromete seriamente la fauna, los ecosistemas marinos y la función del territorio como zona de reproducción y mantenimiento de productividad marina.

A esto se añaden el deterioro progresivo propiciado por las exploraciones turísticas desplegadas a partir de 1932 hacia esa área protegida y destino codiciado por miles de visitantes de distintas partes del mundo.

La Isla del Coco es frecuentada por gran cantidad y variedad de embarcaciones dedicadas al transporte desde diferentes puntos del litoral pacífico costarricense y personas interesadas en practicar el buceo submarino recreativo u otras acciones sin medir sus efectos.

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24/01/2008 15:16. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Costa Rica: La Chola

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En tiempos de anorexia y frecuentes anuncios de quirófanos orientados a la transformación estética de mujeres y hombres cualquiera queda sorprendido al tropezar con un altar al sobrepeso en Costa Rica.

La Chola, situada en la Avenida Central, entre las calles 2 y 4, de la capital tica, saluda a los transeúntes sin signos de complejos, con atuendos apropiados para su estatura y peso corporal y tal vez segura de cuanto alcanzó en estos años.

El mujerón de bronce, obra del artista tico Manuel Vargas, mide dos metros y 10 centímetros y pesa unos 500 kilogramos y es interpretada también como una reverencia a las personas de campo.

Algunos de los viejitos que suelen sentarse en los bancos cercanos a ella, tal vez esperando una señal de bonanza o un gesto de caridad en medio de las carencias que padecen, suponen que la doña tiene la mirada de quien busca algo.

Ninguno supo decirme cuándo la mujer llegó al lugar, pero sonrieron ante la cara de asombro que puse al constatar su presencia y conocer que algunos hasta la veneran.

Aunque muchos infantes se asustan al verla, resulta frecuente ver a quienes pasan saludarla, pararse frente a ella para escudriñar sus curvas o tomarse alguna foto, comentaron.

Tampoco faltan los que le dan la mano o la tocan sin disimulos por cualquiera de sus partes con gesto libidinoso o para mofarse de sus dimensiones.

Más ella les tiene paciencia y sigue expuesta con gesto tranquilo a la lluvia constante en tiempos de invierno, al rocío de las noches san josefinas y al sol veraniego.

Un tico entradito en años y jaranero dice que la mujer de bronce alcanza tanta calentura en el verano que hasta piropos le lanza a sus vecinos de avanza edad para contentarlos.

Durante el Festival de la luz la vi ataviada de collar y gorrito navideño, en otra ocasión quedé extasiada ante la cantidad de confeti que le habían regalado y hasta cierta envidia sentí de su suerte.

Dicen sus compañeros del diario que también durante el mundial de fútbol le encaramaron una bandera costarricense, como si ella se apuntara todo, al decir de los entrevistados.

La Chola es la "la doña del mae que está barriendo el Parque Central", aseguró uno de ellos y el señalado sonrió como quien vive orgulloso de tener tal compañía en medio de tantas soledades.

El cuestionamiento a las probables intenciones del autor con su obra pasó de moda, pero álgido fue en sus inicios: en opinión de algunos, más que un monumento respetuoso a las gordas, esto era una burla.

Pero otra cosa suponen montones de personas, especialistas o no. No hay intenciones de ridículo en el trazado, ni en los gestos, ni en la mirada de la mujer de bronce.

Ella vino como muchas gentes de campo a probar suerte en San José y decidió quedarse a alegrar a quienes pasean por el centro tal vez en busca de otras oportunidades para su desarrollo.

Con eso, parece indicar su permanencia en el lugar, La Chola se siente retribuida. /ism

San Vicente y las Granadinas: rastros aborígenes

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San Vicente y las Granadinas destaca en el contexto caribeño debido a la enorme cantidad de petroglifos expandidos por sus 389 kilómetros cuadrados.

La valía de estos tallados en las piedras de las cavernas del territorio descansa en el aporte de varias culturas autóctonas de la región y ameniza el paisaje natural circundante.

Muestra elocuente del arte rupestre de los antiguos pobladores del área son las formas laberínticas y rostros antropomorfos de rasgos infantiles diseminados por la Cueva de Buccament, situada en la margen izquierda del valle homónimo, en San Vicente.

Esta gruta o gran solapa de nueve metros de altura, situada a más de 200 metros de la costa occidental de esa Isla, exhibe un gran mural realizado por los aborígenes con muy complejos dibujos.

Caracoles en espiral, figuras de cuatro puntas, representaciones de cisnes, serpientes y otros animales, rostros y órganos sexuales humanos, aparecen casi siempre entrelazados en este museo natural.

La profundidad de los trazos en las piedras de Buccament es por lo general de apenas un centímetro por igual de anchura.

Para los especialistas, el dibujo más distintivo de la gruta es un conjunto de cinco figuras, situado en la boca de esta, de los cuales cuatro son caras sencillas con ojos formados por puntos, y las bocas, por rayas.

Quienes recorrieron el mar de las Antillas en canoas por más de un año, como parte de la expedición científica comandada por el geógrafo cubano Antonio Núñez Jiménez, coincidieron en que las representaciones en el lugar perseguían comunicar algo indescifrable para ellos.

Los dibujos parecen un enrevesado alfabeto o jeroglífico múltiple y el que no podamos entenderlos, no implica que no representen una idea, un mito, un mensaje, escribió el destacado investigador hace dos décadas, pero cuyos estudios conservan una total vigencia.

De modo similar, la atención del visitante es captada por la mole de piedra levantada en el cauce del río Rutland, cercano al cacerío Leveth, en Layou, San Vicente.

Con 9,50 metros de largo por 2,80 de ancho, esta resalta además por las figuras talladas por los indios en uno de sus costados y en la parte superior.

Una cabeza triangular plagada de adornos distingue junto a otra parecida a un trofeo de caza, colgada de una soga con un nudo en su extremo, similares a otras de Sudamérica.

Esas no son las únicas de su tipo que pueden apreciarse en la localidad de Layou y en su totalidad constituyen un enigma en la región: todavía resulta impreciso si responden a la llegada de los arahuacos al área o a otras culturas.

Otro de los conjuntos rupestres más apreciados en San Vicente es la estación situada en la carretera que pasa por Liberty y Lodge, a 1,2 kilómetros del mar que baña la capital, Kingstown.

Consta de ocho petroglifos orientados al norte y tallados en roca de andesita, los cuales incluyen una suerte de búho, un pato y otros dibujos concéntricos.

La costa de Indian Bay, salpicada por el Caribe y a sólo kilómetro y medio del aeropuerto de Arnos Vale, presenta una de las vistas más hermosas de este territorio.

En ese litoral los aborígenes tallaron en el plano de una roca inclinada, constituida también de andesita, una estructura de difícil interpretación pero considerada por algunos un pájaro de alas recogidas al estilo de la historia de estos hombres.

Tal vez, desde entonces, los primeros pobladores de esas tierras previeron que sus sueños, miedos, conflictos, alegrías y tristezas, quedarían resguardados en las misteriosas formas elaboradas en las rocas e incomprensibles para los contemporáneos.

Uruguay: el carnaval más extenso

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Tres meses dura el carnaval más largo del mundo, en el que la "llamada" de los uruguayos descendientes de africanos constituye el acontecimiento ineludible.

El sonido del cuerno, similar al que emitían los esclavos en tiempos coloniales para convocar a los de sus tribus, invita aún a abandonarse al son de los tambores y el baile del candombe desde la previa, en enero, hasta la identificada como yapa, en marzo.

En ese ámbito, resulta inevitable recordar a las mujeres y hombres arrancados de sus tierras allende el Atlántico, quienes usaban los pocos días de asueto que les concedían sus amos para reencontrarse y celebrar por la sobrevivencia.

El desfile de unos 120 conjuntos, acompañados de los repiqueteos de tambores chico, repique, piano o bombo y encabezados por portabanderas, sigue a la llamada en estos tiempos.

Cada uno de los estandartes enarbolados en esa marcha posee un color diferente, relacionado con el país del cual provenían mayormente los esclavos en ese territorio sudamericano: Kenia, Senegal y Biafra.

A estos los sigue el escobillero, joven que hace malabares con un palo. También la Mama Vieja, que ironiza a las llamadas señoras en aquel entonces.

Junto a ellos desfilan el curandero o gramillero, quien anda con el botiquín del doctor blanco pero con yuyos o remedios tribales, los cuerpos de baile y los tamboreros.

En el jolgorio, que se celebra en la calle Flores, no faltan los estandartes con múltiples símbolos del imaginario africano y las cuerdas de tambores, unos 60 por comparsa.

La vieja calle sirve de escenario por la rica tradición afro y resistencia ciudadana de quienes la habitaron en otros tiempos, aseguran vecinos del lugar.

Sin embargo, muchos se quejan de que los funcionarios de la Municipalidad de Montevideo colocan sillas en las veredas y exigen a los interesados en usarlas comprar entradas numeradas con antelación.

Cuentan que un mes antes de la llamada, las casas de la Flores tienen alquilados sus balcones y terrazas para ver mejor el desfile, al mismo tiempo que proveen de asado, sándwiches, tortas, bebidas, el uso de los baños y también la cocina.

Esta última, por lo general, es demandada para calentar el agua destinada al expandido mate, porque el desfile comienza a las nueve de la noche y finaliza cerca de las seis de la mañana.

Otros espacios explotados en el contexto del largo carnaval uruguayo es el Teatro de Verano, anfiteatro al aire libre, enclavado entre dos cuchillas, a espaldas de un río.

En él compiten grupos humorísticos, parodistas, lubolos- expresión afro relacionada con los negros y blancos pintados de negros- y personas de ambos sexos empeñadas en mostrar las murgas, género teatral musical.

El canto, el diálogo, los gestos, las vestimentas, la puesta en escena son los elementos de comunicación de esa propuesta, presentada en tres fases.

En ellas, todo tiene un estricto sentido direccional dado por un tema. En 2006 fueron la Duda, la Muerte, el Fin del siglo y otros, vinculados a las obras de filósofos, historiadores, literatos y autores de renombre del país como Eduardo Galeano.

No es solo un juego de divertimento sino la vida, donde la alegría esta presente, pero si no pescas lo que siente y vive la gente "regás fuera de la maceta", aseguran los directivos del espectáculo.

11/07/2007 14:45. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Sudamérica: secretos entre las piedras

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La historia sudamericana tal vez sería más exacta si algún día lográsemos descubrir todos los secretos escondidos entre las piedras de sus ciudades, fuentes de orgullo local y regional.

Pese al desarrollo irregular de la arqueología en la región, es sabido que en los territorios conquistados por España llegaron a construirse al menos 225 urbes en los primeros 100 años de este proceso.

En lo que a sus rasgos se refiere, estas ciudades obedecían a las reglas establecidas por las leyes de la metrópoli: semejaban un marco de ajedrez, que rodeaba la plaza central, donde estaban situados los edificios más importantes de justicia, administración y religión.

El estilo damero, como también es identificado, implicaba igualmente la regulación de la distribución de los pobladores del lugar, siempre a favor de los funcionarios públicos y comerciantes más acaudalados.

Tales personajes, con su comitiva de esclavos africanos, sirvientes e indígenas, residían en lujosas mansiones alrededor de la plaza mayor o central, mientras que las personas dedicadas a otros oficios y de menos recursos vivían más alejadas de esa área.

Los marginados a los bloques periféricos, en sociedades estratificadas de este tipo, eran clasificados como plebeyos y hasta distinguidos por razas, status, color de piel y aspecto general.

La fuerza de la iglesia fue sin duda la característica principal de la cultura sudamericana, mas en ciertas áreas controladas por los españoles, algunos religiosos procuraron proteger a los nativos de la agresividad de los conquistadores.

Contra el horror de que fueron víctimas los indios en esta y otras zonas, se manifestaron los jesuitas de modo particular, sobre todo en lo que denominaron Paraguay -que incluía a Uruguay, el norte de Argentina y el sur de Brasil.

En esos territorios crearon para los guaraníes una treintena de comunidades o pueblos misioneros desde 1588, que abarcaron a 100 mil personas.

Estas reducciones, como también trascendieron, estaban situadas alrededor de una plaza central, a cuyo lado se encontraban la Iglesia y los depósitos o almacenes.

En el otro extremo del círculo eran erigidas amplias construcciones destinadas a albergar a los indios, a razón de unas 100 familias o más por cada una de ellas.

Además de la cristianización de los pueblos originarios de estas tierras y de los dividendos obtenidos con su trabajo, estas misiones jugaron un rol estratégico en la protección del territorio bajo hegemonía hispánica, en contra de los invasores de São Paulo.

Con la partida de esa orden, por edicto de la Corona española, las misiones fueron desintegradas de forma paulatina, y apenas hace medio siglo, sus ruinas comenzaron a ser investigadas con mayor seriedad.

En Brasil, donde la estructura arqueológica ha sido más activa y regular, el interés de los investigadores en las misiones llevó en 1985 a un acuerdo entre el Patrimonio Brasileño y tres Universidades del Estado de Río Grande do Sul.

Desde entonces, las temporadas de campo son regulares, apuntando a transformar los sitios arqueológicos de São Miguel, São Lourenço y São João en verdaderos museos al aire libre.

En el territorio que abarcaba la antigua colonia portuguesa, varias causas incidieron en un desarrollo más lento en el orden arquitectónico y también en los estudios sobre esta materia.

Mas, en las últimas centurias, las ciudades de ese país se erigieron en símbolos poderosos de lo que implicó para la nación la leyenda del Orden y Progreso, implícita hasta en la bandera republicana.

Desde la proclamación de la República, en 1889, Brasil quedó sumergido en un letargo de modernismo, que se evidenció sobre manera en la lucha por la excelencia en las localidades urbanas y llevó a muchos a considerar cualquier edificio moderno mejor que uno viejo.

Esto explica en parte la transferencia de la capital de Río de Janeiro a Brasilia (1961), ciudad construida bajo cánones contemporáneos, cuya creación también respondió a variables económicas, políticas y sociales.

La inmensa megalópolis de São Paulo, capital económica de Sudamérica, en opinión de algunos es el ejemplo más claro de lucha contra el recuerdo material: en menos de cuatro décadas, esta sobrepasó el papel desempeñado por Río de Janeiro y Buenos Aires en etapas anteriores.

Tanto las modernas ciudades, como las legadas por los ancestros de la región, esconden incontables respuestas y tal vez esperan porque especialistas de diversas ramas unan sus saberes para revelarles los misterios contenidos entre sus piedras.

11/07/2007 14:44. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Raíces históricas de los guaraníes

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La reconstrucción del árbol genealógico de los guaraníes suele chocar con la ausencia de evidencias históricas que revelen las raíces de esta cultura, probablemente originada en alguna región amazónica y casi exterminada por los conquistadores.

A pesar de las copiosas referencias a sus costumbres y estilos de vida, los cronistas de Indias poco aportaron en ese sentido: ninguno pudo precisar el punto desde el cual estos se expandieron por el sur del continente americano.

Algunos historiadores sugieren que, probablemente, este corrimiento se dio rumbo al norte y en forma de abanico, a partir de los territorios comprendidos entre los ríos Paraná y Paraguay.

En virtud de ello, señalan, luego lograron registrarse asentamientos de esta familia en Las Guayanas, la costa atlántica, el Amazonas y en las estribaciones peruano bolivianas de la cordillera andina.

Otra es la opinión de antropólogos, quienes coinciden en que la zona comprendida por lo que se conoce hoy como Paraguay está poblada por blancos y mestizos en mayoría, con una escasa presencia indígena.

Pero en medio del debate, salta a la vista una realidad insoslayable: este es el único país bilingüe casi ciento por ciento en Latinoamérica, para orgullo de muchos de sus pobladores.

Eso no es casual, coinciden los entendidos, sino que tiene raíces históricas muy profundas, ligadas de manera directa a la presencia de los jesuitas y sus misiones en el siglo XVIII.

No obstante el daño que infligieron sobre el desarrollo natural de los pueblos asentados en el área, estos religiosos legaron numerosas informaciones de mujeres y hombres, y del régimen multifamiliar.

Por ellos y por la tradición oral arrastrada hasta nuestros días, se conoció que los primeros miembros de la familia guaraní vivían muy dispersos, sin responder a un poder central semejante al europeo, sino más bien a un jefe o patriarca, y constantemente rivalizaban entre sí.

En tales factores descansó la derrota propinada por los conquistadores a su llegada a la región y la reducción de la mayoría de estas comunidades a la servidumbre, bajo el slogan de la supuesta evangelización.

Sin embargo, puede decirse que los tupí-guaraníes fueron los únicos que intentaron escapar del dominio de los extranjeros, al apelar a la migración masiva hacia las selvas de la gran cuenca amazónica y de las orillas de los Andes.

Esta diáspora sólo es comparable con la realizada por algunas tribus caribes en las Antillas y todavía debe profundizarse en los recorridos seguidos a través de Brasil, o desde Paraguay hacia el noroeste o el oeste.

De momento se conoce que una de las oleadas más fuertes ocurrió en 1522 y que de ella apenas quedaron los chiriguanos de Bolivia. Otra registrada a mediados de esa centuria cruzó el territorio brasileño, desde la costa oriental hasta Chapapoyas, en Perú.

También en el curso de la segunda mitad del siglo XVI, hasta 1612, columnas tupinambas se desplazaron desde Pernambuco al río Madeira.

Aún a mediados del XVIII, señala el investigador Luis Pericot en América Indígena, grupos tupíes de la Guayana francesa huyeron de los identificados como indios de los portugueses, probablemente reclutados como esclavos por los cazadores o bandeirantes.

11/07/2007 14:43. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Vindicación de Anastasio Aquino, rey de los nonualcos

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Opiniones divergentes aún atraviesa el recuento de las proezas de Anastasio Aquino, miembro de la familia de los pipiles nonualcos, quien encabezó la primera rebelión organizada de los indígenas en El Salvador, a finales de 1832 y comienzos de 1833.

La gran mayoría lo considera un héroe, figura central en la historia del país y precursor de las revueltas ocurridas una centuria después bajo similares gritos de tierra y libertad, pese a ser calificado por algunos retrógrados de bandolero.

No obstante el logro de la independencia del dominio colonial español en 1821, los pueblos autóctonos seguían explotados por oligarcas y terratenientes criollos en minas y haciendas, obligados a enrolarse en las fuerzas creadas por ellos para guerrear entre sí.

El levantamiento de Aquino ocurrió en ese contexto y es considerado una de las tantas respuestas de los indígenas contra el mantenimiento de la explotación sobre el sector en el territorio.

Para otros, demostró la inconformidad de un alto porcentaje de la población en el período por el sostenimiento del status quo legado de la otrora metrópoli, mientras ciertos grupos procuraban acelerar a cualquier riesgo la integración regional.

Versiones que llegan hasta nuestros días plantean que él irrumpió con sus seguidores en el templo católico El Pilar, de San Vicente, tomó la corona del santo José, venerado allí, y tras colocarla en su cabeza, se autoproclamó Rey de los Nonualcos.

Detractores de Aquino insisten en la supuesta ofensa a los católicos o señalan como causa principal de la revuelta el amor de este por una ladina o blanca llamada Matilde Marín, o que el patrón de la hacienda La Jalponguita tenía a su hermano Blas en el cepo.

De acuerdo con defensores, el valor demostrado en el campo de batalla por el nacido en abril de 1792, en Santiago Nonualco, le granjeó el reconocimiento como rey por parte de los indígenas sin necesidad de agenciarse una corona prestada.

Historiadores salvadoreños concuerdan en que el cuartel general de Aquino estaba en una enorme cueva en el caserío de Los Lobatos, cantón de Santa Cruz Loma, y que tuvo otras sedes en un accidente geográfico similar del Cantón de San Sebastián o en el Cerro de Tacuazín.

El avance de las fuerzas del también autotitulado Comandante General de las Armas Libertadoras Indígenas hacia Olocuilta sólo pretendía la recuperación de las tierras arrebatadas por los terratenientes, del trato humano y la liberación de la servidumbre.

Roque Dalton, en su monografía El Salvador (1965), asegura que al llegar a Tepetitán, el nonualco prohibió cobrar impuestos y deudas, la fabricación e ingestión de aguardiente y los reclutamientos forzosos de aborígenes.

También estableció severas penas contra el robo, el pillaje, la violación y otras, lo cual desmiente otras tesis sobre la presumible condición de Aquino de asaltante de caminos y abusador de mujeres, opinó el poeta salvadoreño.

Al mismo tiempo demandó el reconocimiento y autonomía política del territorio liberado por su ejército, que comprendía los departamentos de La Paz y San Vicente.

La primera rebelión indígena en Cuzcatlán duró casi siete meses por la falta de abastecimientos, dinero y las maniobras de los oligarcas para aniquilarlo.

La ofensiva desatada contra los sublevados rindió sus frutos hacia febrero de 1833 y dos meses más tarde el líder fue capturado tras la delación del párroco Juan Bautista Navarro, recibido antes por Aquino en los territorios bajo su control.

El Rey de los Nonualcos padeció prisión, lo obligaron a recorrer con grilletes desde el centro de San Vicente hasta la Cuesta de los Monteros y después de fusilarlo, decapitaron su cadáver.

Cuentan que la cabeza del artífice de la gesta indígena fue hervida en aceite, paso previo a su exhibición en una jaula de hierro para intimidar a los revoltosos.

La familia de Aquino sufrió similar persecución y tuvo que esconderse en las montañas de la zona, mientras los despojos del héroe terminaban en el cementerio sin que se descubriera por obra de quién, relató el historiador salvadoreño Julio Alberto Domingo.

Sólo en julio de 1984, en pleno apogeo de la guerra interna extendida hasta 1992, varios vicentinos ubicaron la sepultura, colocaron una placa y levantaron un pequeño monolito en su honor.

La opinión pública conoció del sitio y de la acción de los citadinos miembros del Patronato Cultural cerca de 22 años después por el empeño de Oscar Martínez, director de la UFG-Editores, de la Universidad Francisco Gaviria.

11/07/2007 14:42. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

El guardían de las buenas personas

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Las buenas personas y trabajadoras tienen un guardián en El Salvador: un perro delgado, de cola larga, dientes afilados y ojos rojos, conocido como el cadejo blanco.

Contrario a lo que relatan otros mitos populares, este ronda por las noches y aunque sus pasos suenan como cascos de cabro, sólo aparece para proteger de cualquier peligro al caminante.

En ese afán, el can de hocico puntiagudo se pelea hasta con el cadejo negro, que supuestamente es el mismo demonio encarnado en un perro de ese color.

Contada para condicionar la forma de ser, pensar y actuar de infantes y mayores, como el resto de las leyendas que corren por estos países, la referida asegura que el can más claro vela por quienes son respetuosos de sus congéneres y salen casi de madrugada a trabajar.

Otra versión señala que el cadejo blanco también cuida a los borrachos en la calles, para que no les ocurra nada y sus familias no tengan que padecer por ello, mientras otra defiende que este sólo aparece cuando se trata de mujeres y el negro, ante los hombres.

Pero la mayoría coincide en que el relato mitológico se originó a partir de lo ocurrido a una pareja de campesinos salvadoreños a raíz del nacimiento de sus dos hijos: uno blanco y otro negro.

Según la leyenda, los gemelos de diferente color eran identificados por los vecinos por el color de su piel y muchas veces criticados por lo poco que ayudaban a sus progenitores.

Más bien, estos se la pasaban vagando por las calles sin hacer nada desde muy pequeños y solían divertirse escondidos entre los matorrales y asustando a los jóvenes que venían o iban a fiestas a media noche.

Un buen día, los hermanos trataron de atemorizar a una pobre viejita que pasaba por el lugar y ella les echó una maldición: "vagos, si les gusta asustar a la gente indefensa, pues lo seguirán haciendo por el resto de su vida".

Los gemelos no le dieron importancia a lo expresado por la señora y regresaron a sus casas para satisfacer sus ganas de comer, donde horas después fueron encontrados por sus padres transformados en perros y lanzando terribles aullidos.

La pareja nunca logró imaginar que ambos animales, uno negro y otro blanco, eran sus hijos y ante los chillidos espantosos que hacían decidieron cerrar la puerta del hogar y marcharse para siempre.

Desde entonces, cada media noche ambos siguen a los caminantes como perros pacíficos, mas si les tiran piedras, crecen al tamaño de un hombre y les ponen sus ojos rojos como de fuego.

Transformados en una suerte de toro salvaje, este

El cadejo, sea blanco o negro, no ladra solo silba y acompañan a los trasnochadores hasta sus destinos pero no los lastiman, siempre que no atenten contra ellos.

Muchos salvadoreños creen además que este sabe lo que las personas piensan durante su andar y cuando se sienten bien con ellas, las cuidan hasta el cansancio.

Incluso, velan llegan a dormir junto a ellos para cuidarle de los malos espíritus o de alguna persona que quiera hacerle daño, de modo similar a como lo haría un fiel guarda espaldas.

En relación con esta creencia, también corre en El Salvador la historia de un joven que vivía cerca de las costas y visitaba todas las tardes a su novia en un pueblo vecino hasta que se le apareció en el camino una gran chanchona (cerda).

Al ver a esta en el centro de la calle, en actitud desafiante, el muchacho sintió miedo y con cuidado desenvainó el machete, pero pese a lo afilado de este, no logró inflingirle ninguna herida al animal.

Días después, sintió unos pasos muy leves cerca de él y de repente vio a la par un pequeño animalito oscuro con pezuñas como los cabros: era el cadejo, empeñado en protegerlo.

Aún después de casado, y sin que recorriera largas distancias, el hombre tenía la certeza de andar acompañado por el curioso perro, símbolo de los espíritus que supuestamente rodean a los seres humanos.

11/07/2007 14:41. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Caribe: los hermanos de la costa

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Mezclar el vino con agua es un sacrilegio, enseñaron los bucaneros, rudos hombres de mar europeos que quizás cansados de sus correrías terminaron en suelo caribeño dedicados a cazar, comer y beber en exceso.

Pero entre col y col, lechuga, enseña el refrán popular. Los hermanos de la costa, como también fueron identificados, devinieron expertos en preparar el sabroso boucán o cecina, tan codiciado por las tripulaciones de las naves piratas y corsarias, de paso por la zona.

Práctica común entre ellos fue negociar con los marineros que rondaban el área, dueños de suficientes mercancías para pagar el exquisito plato de cerdo asado, rociado con jugo de limón, pimienta, orégano y hierbas aromáticas.

Cientos de hombres de mar, cansados de guerrear contra los buques españoles para quitarles el oro y la plata -arrancados antes a los indígenas americanos-, probablemente sintieron muchas veces llegar al paraíso de los cristianos al atracar en isla Tortuga, en Haití.

Los bucaneros, mayoría en el lugar, los esperaban con barriles enteros de vino y ricas postas de carne de cerdo, pero también de codornices y palomas torcaces.

Las aves eran colocadas en el vientre del primero y asadas hasta que la piel del chancho quedara crujiente y dorada, lista para el festín.

Además de cazar animales salvajes para preparar esos platos, los bucaneros traficaron pieles, carne salada, tabacos y algunos objetos de plata labrados, afirmó el historiador cubano José Luciano Franco.

Cuando los primeros de ellos tomaron posesión de isla Tortuga, ni Inglaterra ni Francia hicieron esfuerzos financieros ni militares por ejercer el dominio en las Antillas, según el autor de la Historia de la Revolución de Haití (1965).

La pequeña guarnición española en la ínsula, casi sin contacto con los suyos y carente de auxilio, pronto abandonó el lugar sin resistencia a los aventureros interesados en asentarse en él para convertirlo en base de operaciones en la región.

Luego comenzó la disputa entre ingleses y franceses por controlar el territorio, y conllevó a la expansión de los segundos hacia las costas occidentales de La Española a inicios del siglo XVII.

La división de labores en las comunidades establecidas en estas tierras por los franceses incidió en que los cazadores fueran llamados bucaneros; los dedicados al corso, filibusteros; y los labradores, habitantes.

Mientras unos acopiaban cueros de buey a montones, otros llevaban a la Isla un botín considerable, lo cual los colocó en condiciones de negociar con decenas de buques que arribaron a las costas.

La fama de la bonanza económica disfrutada por los habitantes de Isla Tortuga atravesó el Atlántico, en particular durante la gestión como gobernador del francés Bertrand d'Oregon.

Este, por ser uno de los principales instigadores de la piratería contra las colonias españolas en el Caribe, alentó la inmigración desde Francia y ofreció créditos a los decididos a viajar a la Isla.

D'Oregon trató de mantener la paz y el crecimiento poblacional a través de estrategias tales como contratar mujeres dispuestas a servir de esposas a los hombres de mar asentados allí.

Bajo su égida, los franceses poblaron casi todo el norte de La Española. Durante su administración, el surgimiento de las habitaciones del Cul de Sac, en Santo Domingo, atrajo igualmente a muchos antillanos y franceses al otrora cuartel general de piratas y filibusteros en el Caribe.

27/06/2007 17:59. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

El valor incalculable de América Latina

América Latina abarca sólo el 16 por ciento de la superficie terrestre y el ocho por ciento de la población del mundo, mas ocupa un lugar ventajoso en el escenario internacional por su riqueza ecológica.

La globalización, la unipolaridad y el neoliberalismo desatados a partir del desplome del socialismo en Europa, en los años de 1980, incidió en que muchos de los recursos de la región comenzaran a considerarse estratégicos para la seguridad nacional por la potencia del norte.

Cuestiones esenciales desde la óptica de la sustentabilidad planetaria- entiéndase biodiversidad, desnuclearización y los identificados como servicios ambientales- convergen en los países del área, donde quizás llegue a jugarse el futuro de la humanidad.

Este criterio, en el que concuerdan especialistas de diversas ramas, guarda relación conque la zona es una de las pocas del mundo libre de instalaciones nucleares, dueña del 27 por ciento de la reserva de agua dulce superficial, de una riqueza biológica y boscosa.

Los bosques tropicales y templados latinoamericanos ofrecen un servicio muy preciado para la supervivencia de los seres humanos: la captación del dióxido de carbono y otras sustancias contaminantes, opinó Antonio Elizalde, rector de la Universidad Bolivariana de Chile.

Estadísticas del Banco Interamericano de Desarrollo señalan que América Latina alberga, de las especies conocidas, el 27 por ciento del total de las mamíferas, el 37 de las reptiles, el 43 de las aves, el 47 de las anfibias y el 34 por ciento de las plantas de floración.

La región también es privilegiada porque cuenta con 700 millones de hectáreas cultivables, 570 millones propicias para el pastoreo natural y más de 800 millones pobladas de bosques, según investigadores del Departamento de Desarrollo Sostenible del organismo financiero.

Elemento de peso en el valor readquirido por América Latina, antes proveedora del oro con el cual creció el capitalismo, es la cuantiosa riqueza hídrica expandida por su jurisdicción.

Además de la abundancia de arroyos, bañados, esteros, glaciares, lagos, lagunas y ríos, diseminados del Bravo a la Patagonia, destaca el tercer acuífero más grande del mundo: el Guaraní, cuyo volumen es de 55 mil kilómetros cúbicos.

Varios autores coinciden en que las guerras, al avanzar la centuria, serán provocadas por la ansiedad de controlar las aguas continentales ante la ascendente demanda y el previsible agotamiento del recurso por la deforestación, el despilfarro y otras cuestiones asociadas.

Científicos prevén para 2025 una demanda de 56 por ciento por encima del suministro en el mundo: sólo el sector industrial estadounidense consumirá para entonces 1,5 billones de litros de agua dulce y generará 300 mil millones de litros de desechos por año.

Gian Carlos Fernández, investigador mexicano, precisó que tales cifras no incluyen el gasto de los agricultores, ni el de los grandes centros urbanos de ese país.

Negocio que supera el relacionado con la industria farmacéutica es el del agua embotellada, cuya venta creció más de 80 veces hasta alcanzar el récord de 22 mil millones de dólares de ganancia de 1970 a 2000, de acuerdo con datos de la Organización Mundial del Comercio.

En ello descansa la pugna entre los que defienden que el agua es un bien común social relacionado con el derecho a la vida y los que consideran que esta debe verse como una mercancía al estilo del café, el petróleo, el trigo o el tabaco.

A tono con la segunda opción, el Banco Mundial impulsa la concentración del control de las fuentes hídricas en manos de organizaciones no gubernamentales -Conservation International, World Wild Fund for Nature, y otras-, y la privatización de las cuencas.

Mientras, las transnacionales alientan a los Estados a deshacerse, a favor de aquellas, de los sistemas de distribución, almacenaje y potabilización, añadió Fernández.Ejemplos sobran en América Latina de gobiernos que, sin detenerse en los atributos ecológicos de sus países, cedieron a presiones de ese tipo o entregaron la soberanía sobre el medio ambiente en virtud de Tratados de Libre Comercio ideados en Estados Unidos.

Estos obviaron la magnitud del valor estratégico que conservan los minerales y el petróleo latinoamericanos, pero en particular, si la región logra integrarse sobre su propio eje, puede transformarse en la cuarta economía más poderosa del planeta.

La integración autónoma permitiría administrar de conjunto la riqueza natural de la zona y participar con ventajas en las negociaciones de cuotas de producción y precio, señaló el profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana de México, Fernando A. Noriega.

La unidad del área también redundará en la conformación del tercer mayor mercado potencial del mundo, sólo superado por los de China y Japón, añadió el catedrático.

Para entonces, la importancia estratégica de la Patria Grande, en el plano económico, puede traducirse en poder de negociación de su posición en el sistema financiero internacional y constituirse en el bloque poseedor de los ecosistemas de mayor biodiversidad conocido.

30/05/2007 16:14. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.

Centroamérica: el silencio como castigo

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La United Fruit Co.

Cuando sonó la trompeta, estuvo

Todo preparado en la tierra

Jehová repartió el mundo

Coca-Cola Inc., Anaconda,

Ford Motors y otras entidades:

La Compañía Frutera Inc.

Se reservó lo más jugoso,

La costa central de mi tierra,

La dulce cintura de América.

Bautizó de nuevo sus tierras

Como "Repúblicas Bananas",

Y sobre los muertos dormidos,

Sobre los héroes inquietos

Que conquistarón la grandeza,

La libertad y las banderas,

Estableció la ópera bufa:

Enajenó los albedríos,

Regaló coronas de César,

Desenvainó la envidia, atrajó

La dictatura de las moscas,

Moscas Trujillo, moscas Tachos,

Moscas Carías, moscas Martínez,

Moscas Ubico, moscas húmedas

De sangre humilde y mermelada,

Moscas borrachas que zumban

Sobre las tumbas populares,

Moscas de circo, sabias moscas

Entendidas en tiranía.

Entre las moscas sanguinarias

La Frutera desembarca

Arrasando el café y las frutas,

En sus barcos que deslizaron

Como bandejas de tesoro

De nuestras tierras sumergidas.

Mientras tanto, por los abismos

Azucarados de los puertos,

Caían indios sepultados

En el vapor de la manaña:

Un cuerpo rueda, una cosa

Sin nombre, un número caído,

Un racimo de fruta muerta

Derramada en el pudridero.

Pablo Neruda

El silencio es el peor de los castigos que enfrenta hoy Centroamérica, región que clasifica entre las más desatendidas por los medios de comunicación globalizados.

Aunque los índices de violencia y pobreza colocan a esta zona en situación similar, las miras siguen centradas en la crisis del Medio Oriente o la depauperación de África.

El anonimato condena además al abundante legado de los primeros pobladores del continente extendido por el área, mientras se reiteran reportajes, comentarios, y todo tipo de análisis sobre las pirámides egipcias o las milenarias culturas grecorromanas y asiáticas.
Cualquiera podría pensar que poco importa el profundo drama humano que se juega en la denominada "cintura de América", tan visibilizada en la década de los 80 por los medios, analistas, periodistas, politólogos, historiadores, entre otros.

En esos años, la región fue un encarnizado campo de batalla por las terribles guerras internas en Guatemala, Nicaragua y El Salvador, que dejaron por saldo miles de desapariciones, torturas, asesinatos, y otros crímenes.

El combate abierto entre los movimientos guerrilleros y los ejércitos nacionales, financiados y asesorados desde Washington, redundó en esa época en la muerte de más de 400 mil mujeres, hombres e infantes en Centroamérica.

Honduras y Costa Rica tampoco escaparon del conflicto, porque fueron convertidos en base de operaciones de la contrarrevolución nicaragüense con la anuencia de sus gobiernos.
Sin embargo, esta permanece desaparecida del campo noticioso concebido incluso por los medios alternativos progresistas, que proliferan y se empeñan en hacer más visible la realidad latinoamericana, opinó el ensayista y escritor Marcelo Coloussi.
En el imaginario de muchos, América Central sigue siendo una idea vaga, un lugar exótico plagado de selvas, un cúmulo de naciones bananeras sin mucho que aportar al debate sobre los rumbos que guían a la política internacional o al futuro de esta parte del mundo.
Peor aún: se ignoran los vestigios de las monumentales pirámides expandidas por el istmo, tanto o más admirables que las egipcias; la astronomía maya, con un calendario más exacto que el gregoriano impuesto en todo el mundo; o sus matemáticas, pese a ser los inventores del cero.

También se desconoce el holocausto del pueblo maya en Guatemala, donde se registraron más de 200 mil muertes y 600 aldeas fueron incendiadas, al mismo tiempo que cualquiera puede comentar sobre los asesinatos en masa del pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial.

Ambos pueden calificarse de monstruosos, pero la producción cinematográfica prioriza las denuncias sobre el segundo y se olvida de las masacres de tierra arrasada que padecieron estos pueblos en el contexto de las dictaduras militares de los años 70 y 80.

Estas y otras razones inciden en que los países centroamericanos sean apreciados como un bloque donde confluyen varios esbozos de repúblicas o republiquetas, caracterizadas por el atraso comparativo, condiciones de vida muy difíciles, impunidad, corrupción estatal y alta violencia.

Mas, Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Belice, Panamá y Costa Rica, con algunas diferencias, funcionan también como una estructura casi homogénea por ciertos aspectos económicos, políticos, sociales y culturales.

Salvo la denominada Suiza de Centroamérica, estos países acumulan los más bajos índices de desarrollo humano del continente, superados apenas por Haití, una de las naciones más depauperadas del mundo.

Los tímidos pasos dados por los sectores de poder en función de la modernización de estas economías, bajo la impronta neoliberal, apenas lograron contrarrestar la larga data de la condición de agroexportadoras.

La liberalización extrema, el incremento de la explotación y de la conflictividad social, unido al control de las transnacionales extranjeras son los resultados más elocuentes de estas estrategias.

Centroamérica también es considerada uno de los principales centros de operaciones del crimen organizado, donde actúan sin muchas trabas traficantes de personas y de drogas, cuyo destino final suele ser Estados Unidos.

La zona además sufre el deterioro progresivo de su biodiversidad, por la ausencia de planificaciones a largo plazo y el saqueo desmedido de sus recursos naturales, aceptado por corruptas autoridades estatales.

A este panorama se suma la presencia estadounidense, mucho más notoria que en otras partes de Latinoamérica, donde el ingreso de divisas por concepto de remesas desde el norte constituye una de las principales fuentes de sobrevivencia.

Esto marca la política de algunos gobiernos, especialmente en El Salvador, a lo que se suma el renovado interés de Washington por el área debido a su condición geoestratégica.

05/01/2007 02:49. Isabel Soto Mayedo #. Crónicas Latinoamericanas No hay comentarios. Comentar.


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