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Los agroquímicos y la desidia de las multinacionales en Centroamérica

Los pueblos centroamericanos conocen como poco lo nocivo del Nemagón y del Fumazone, agroquímicos aplicados fundamentalmente por cinco multinacionales agro- exportadoras del norte en las plantaciones bananeras de la región. Técnicos de las Shell Oil Company y de la Dow Chemical demostraron los efectos tóxicos de estos productos, empleados por filiales y subsidiarias de la Standard Fruit Company, Dole Food, Chiquita Brands y Del Monte. El Dibromo Cloro Propano o DBCP, fórmula química base de ambos insecticidas, surgió en laboratorios estadounidenses en los años sesenta del siglo XX y es usado por varias multinacionales en Latinoamérica pese a su prohibición en ese país, en 1979. De acuerdo con el otrora cooperante español en Nicaragua, Vicent Boix, desde entonces es conocido que el tóxico provoca cáncer de pecho, testicular, estomacal, renal, duodenal, de matriz y uterino; esterilidad, malformaciones genéticas, y otros trastornos. Sólo en Nicaragua, 466 personas expuestas al Nemagón murieron de cáncer desde 1990, según estadísticas oficiales. En El parque de las hamacas, libro de la editorial ICARIA, el especialista denunció la coyuntura en la que avanzó la aplicación del agroquímico en el área, su impacto en el deterioro medioambiental y en la calidad de vida de los obreros bananeros. Boix también reflejó como las empresas norteñas eluden las demandas interpuestas por los afectados por el DBCP, amparados por instrumentos legales como el denominado Foro no conveniente. La estrategia, inaugurada hace varias décadas en Estados Unidos, frenó el avance de más de 470 procesos judiciales impulsados desde Centroamérica ante las quejas de cerca de 26 mil trabajadores víctimas de la desidia de las multinacionles. Largo y tortuoso es el camino hacia la justicia en estos casos, pocos de los cuales derivaron en auténticos juicios o acuerdos extrajudiciales en Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Honduras, en correspondencia con el autor. El agroquímico y la batalla contra su aplicación también están en el sustrato de varios secuestros, chantajes, sobornos, negociaciones turbias, enfrentamientos, acusaciones a funcionarios estatales, entre otros. La dimensión de la problemática puede percibirse cuando aparecen nombres como el del ex Subsecretario de Estado de Estados Unidos, Colin Powell, u Otto Reich, , sugirió el investigador. El contacto con esos insecticidas por la absorción, aspiración, ingestión en agua o alimentos, u otras vías, produce gravísimos daños a la salud, ratificó el embajador de Nicaragua en España, Augusto Zamora. Pero esos daños, opinó el también profesor de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid, eran evitables a partir del equipamiento adecuado de los trabajadores y de su instrucción sobre los riesgos. Las transnacionales que vendieron y emplearon los insecticidas no hicieron ni lo uno ni lo otro. Las consecuencias fueron devastadoras para los trabajadores y sus familias, de infertilidad a muertes y pérdida general de salud, afirmó. El prologuista de El parque de las hamacas validó los testimonios acopiados por Boix, quien durante su estancia en la zona central del continente constató la vigencia de la lucha de los agricultores centroamericanos por lograr justicia ante tal situación. Mientras, los directivos de las multinacionales sólo procuran acallar rumores y comprar hasta tribunales enteros con tal de proseguir al libre albedrío sus operaciones. Desde los albores del Siglo de los vientos, al decir del ensayista uruguayo Eduardo Galeano, las bananeras estadounidenses irrumpieron en las conocidas eufemísticamente como banana republics. La expresión despectiva visibilizó la concepción norteña de que estos eran apenas países de opereta, inestables y corruptos, donde los gobernantes actuaban como capataces al servicio de las compañías foráneas y sobre todo de Washington. Historiadores coinciden en que bajo la égida de esos monopolios agro exportadores echó raíz el modelo de expolio que aún señorea en los países de la región con la venia de las autoridades estatales en estos. Salarios de hambre, limitación de derechos laborales, sanitarios, y otros, resultan de este binomio de poder, que sin miramientos recurrió en más de una ocasión al apoyo del ejército y de la policía para sofocar huelgas o acciones de protesta de sus víctimas. La avaricia enterró bosques y selvas. Arrasó con poblados y culturas, desplazando lo autóctono…Ahogó al pequeño campesino plantador de cacao y lo obligó a vender sus tierras, de las que nacieron miles de bananos, manifestó Boix. Tal proceso implicó que la agricultura de subsistencia autóctona transitara hacia el monocultivo industrial, fomentado en extensas finca, al lado de las cuales proliferaron prostíbulos y tabernas de poca monta junto a señales tímidas de desarrollo rural. Un siglo después poco cambió el panorama: el hambre avanza por los campos centroamericanos y los hijos de los trabajadores de las piñeras, bananeras y otras compañías agro exportadoras, arriesgan hasta la vida tratando de llegar a Estados Unidos con el sueño de salir del ciclo de pobreza. /ism
Medio Ambiente: tema de seguridad nacional

La inclusión del medio ambiente en las agendas de seguridad nacional responde hoy a la progresiva degradación a que está sometido el ecosistema a escala mundial por la prevalencia de las relaciones de mercado.
En los últimos decenios, el impacto de la demanda humana sobre la biosfera se triplicó, provocando el recrudecimiento del calentamiento global y de la tendencia al agotamiento de recursos imprescindibles como el agua y otros elementos de la biodiversidad.
Tales razones incidieron en que los diseñadores de las estrategias estatales identificaran a algunos de estos bienes naturales como recursos estratégicos y determinaran políticas encaminadas a ejercer el control sobre los mismos, dentro y fuera de sus fronteras.
La multiplicación de las predicciones acerca de un futuro permeado de deshielos de glaciares, sequías, huracanes y otros desastrosos fenómenos climáticos influyeron también en esa posición.
Especialistas asociados a organismos internacionales dedicados a estos temas aseguran que, para mediados de este siglo, la humanidad utilizará el doble de los recursos naturales que aún subsistan en el planeta.
Esto incrementa los riesgos a los cuales están sometidos desde ya algunas especies animales como los vertebrados, que mermaron en casi un tercio en poco más de tres décadas.
Por otra parte, el consumo de combustibles fósiles se incrementó entre 1961 y 2003 por encima de nueve veces, añadió el Informe "Planeta Vivo", presentado este año en Beijing, República Popular China.
La tierra es incapaz de regenerarse de lo que consumimos los seres humanos, sobre todo en aquellas sociedades dadas al despilfarro en correspondencia con la lógica del mercado.
Los efectos más graves de los golpes humanos al medio ambiente se perciben en Estados Unidos, Australia, Canadá, Finlandia, Suecia, Nueva Zelanda, Noruega, Emiratos Arabes Unidos, Kuwait y Estonia.
Aunque China ocupa el número 69 en esa lista, los entendidos reconocieron que su creciente economía y rápido desarrollo desempeñan un papel clave en el mundo y demuestran la intención de marchar hacia la sustentabilidad.
Mientras, autoridades estatales de otras naciones del denominado primer mundo se desatienden de más de 200 millones de personas obligadas a desplazarse a zonas menos dañadas y centran los análisis en la cuestión monetaria al evaluar el tema.
Estos "refugiados medioambientales" son apenas algunas de las víctimas directas del sistema neoliberal, que cedió el gobierno a los grandes poderes económicos en detrimento de las instituciones públicas y hasta del medio ambiente.
El mazazo a los Estados Nacionales, proclive de reforzarse en virtud de los tratados bilaterales concertados bajo la égida de las jerarquías gubernamentales del norte, también impactó en la biodiversidad.
Políticos, investigadores, ambientalistas y otros coinciden en alertar que la especie humana corre el riesgo de desaparecer si no se logra frenar la acción de los depredadores del ecosistema.
En correspondencia, exigen una gestión inteligente y justa de los recursos naturales y la articulación de un sistema socioeconómico dispuesto a salvar al planeta de quienes pretenden arrasarlo en nombre del progreso.
Al mismo tiempo, sugieren tener en cuenta las causas reales de procesos al estilo del cambio climático, para orientar el rumbo de las políticas energéticas ante la clara reducción de los afluentes de petróleo y el incremento de su carestía.
Ante ese estado de hecho, los promotores del empleo de la energía nuclear como sustituto podrían alcanzar un protagonismo que colocaría al ecosistema al borde del colapso en un tiempo más breve de lo previsto por los estudiosos.
Jonathan Martínez, uno de los directivos de la Izquierda Unida-Los Verdes, del país Vasco (España), consideró que el timón del planeta debe recaer en el empleo de las energías sostenibles y de programas de eficiencia energética.
Pero mientras no hagamos temblar los cimientos del neoliberalismo, puntualizó, cualquier hoja de ruta que diseñemos estará condenada al fracaso más estrepitoso.
Más allá de las visiones apocalípticas sobre el calentamiento global, difundidas por los medios de comunicación masiva, todos debemos sumarnos a la defensa del entorno sin perder de vista las variables que inciden en su deterioro.
El cambio climático no es tanto un desastre medioambiental como un síntoma de la debacle económica: las políticas destinadas a impulsar la acumulación de capitales, en menoscabo de los pueblos, deben ser revertidas de manera radical.

