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Historias de mujeres

Detrás de cada mujer hay una historia digna de contar: “de la cuna donde nacimos hasta la tumba donde dormiremos -toda la atropellada ruta de nuestras vidas- deberían pavimentar de flores para celebrarnos”.

   Tal criterio -transformado en verso por la poetisa nicaragüense Gioconda Belli y compartido cada vez por mayor cantidad de personas en el mundo- anima desde hace algunas décadas el rescate de trayectorias femeninas invisibilizadas a lo largo de siglos.

   Siglos acumula el afán de diferenciar a ambos sexos en relación con jerarquías y funciones. De un extremo a otro del planeta tierra, las mujeres casi siempre llevaron la peor parte y fueron miradas por milenios como ciudadanos de segunda clase.

   El recelo al poder de las únicas dotadas de la capacidad de procrear y cumplir con el mandato de multiplicar la especie salta a la vista en gran parte de los primeros mitos acerca de la creación del mundo.

   Mientras que una mujer, la Pachamama o Madre Tierra, da de comer, de beber y guarece a sus hijos en las antiguas culturas suramericanas de los Andes, el legado occidental insiste en el papel de las hembras de segundonas y en su supuesta predisposición para la perversión.

   Seres intrigantes por naturaleza, débiles, poco juiciosos, expedidores de todo tipo de males, protagonizan miles de leyendas transmitidas de unas generaciones a otras desde hace centurias.

   La mala suerte de ser colonizados redundó en que muchos de esos relatos corrieran por Latinoamérica, se fusionaran o mezclaran con los autóctonos -al estilo de lo ocurrido con la música, las artes, la filosofía, la religión y otras- y proliferaran personajes maléficos con rostro de mujer como la centroamericana Cegua, Segua o Tzegua.

   De modo similar, a esta parte del mundo llegó la cacería de brujas por oposición al auge liberal y humanista del Renacimiento.

   Los inquisidores priorizaron el exterminio de las que se atrevieron a ayudar a sus congéneres a interrumpir embarazos, evitarlos, o mitigar dolores asociados al parto o a la estigmatizada menstruación, rememora Rosa Montero, autora de una obra fundacional en la corriente orientada a recuperar la herencia femenina obviada.

   La habilidad de controlar sus vidas y aplicar los conocimientos adquiridos les estaba negada a las mujeres, condenadas a supeditarse al predominio del macho por un edicto supra terrenal nunca demostrado.

   “Se admite generalmente que en la mujer los poderes de la intuición, la percepción y quizás la imitación son más señalados que en el hombre, pero algunas de estas facultades, al menos, son características de las razas inferiores, y por consiguiente, de un estado de civilización pasado y menos desarrollado”, afirmó Carlos Darwin, citado por la periodista española.

   En sintonía con los postulados del sabio, el recuerdo que tenemos de las mujeres muchas veces está teñido por los valores sexistas: Mesalina, esposa del emperador romano Claudio I, devino arquetipo de ninfómana e infiel.

   La emperatriz rusa Catalina la Grande es reconocida por sus varios amantes y por ser “de armas tomar”. Pocos abundan en que sus contemporáneos hombres hicieron mayor gala de la promiscuidad.

   Menos, en que -a diferencia de muchos reyes y emperadores- mantuvo a sus concubinos lejos del terreno profesional y nunca se dejó influir políticamente por ellos.

   Catalina realizó el primer compendio legislativo, modernizó la administración estatal, creó obras teatrales, fundó un periódico, luchó contra lituanos y turcos, anuló la autonomía de Ucrania y protegió las artes y las letras. De eso, poco se comenta.

   “Fuera del convento y de la vida fácil sólo ha existido para las mujeres otra gran vía de escape de la tutela masculina, y ésa ha sido la viudez. Sobre todo en lo relativo a las responsabilidades de mando: detrás de la casi totalidad de las mujeres que han alcanzado el poder antes del siglo XX hay un marido muerto”.

   Muchas de ellas enfrentaron enturbiados ambientes tras el fallecimiento de sus consortes o padres y sortearon enormes obstáculos hasta erigirse como gobernantes de gran talla.

   Científicos probaron que muchos de los textos anónimos de la literatura universal salieron en su mayoría de plumas manejadas por manos femeninas, en tanto otros fueron difundidos bajo seudónimos masculinos para burlar la censura o atribuidos a esposos o parientes varones.

   “Las obras de las mujeres siempre han tendido a extraviarse y a olvidarse; perdido está, por ejemplo, el poema épico La guerra de Troya, de la griega Helena, en quien se inspiró Homero para hacer la Ilíada”, asegura Montero y secunda los cuestionamientos a la intriga que rodea a la hermana imaginaria, ambiciosa, y llena de talento de Shakespeare.

   Cuanto más nos sumergimos en el mar remoto de lo femenino, más mujeres grandiosas e interesantes aparecen. “Las aguas del olvido están llenas de náufragas y Basta con embarcarse para empezar a verlas”, instala autora de Historias de mujeres.

   “Siempre ha habido mujeres capaces de sobreponerse a las más penosas circunstancias; mujeres creadoras, guerreras, aventureras, políticas, científicas, que han tenido la habilidad y el coraje de escaparse, quién sabe cómo, de destinos tan estrechos como una tumba”.

   Estas “fueron pocas, claro está, en comparación con la gran masa de hembras anónimas y sometidas a los límites que el mundo les impuso; pero fueron…muchísimas más que las que hoy conocemos y recordamos”.

   Opinión compartida por seguidores del tema es que los actos y obras de las féminas raramente trascendieron su época porque, por lo general, fueron hombres los historiadores, enciclopedistas, académicos, los encargados de custodiar y preservar la memoria pública u oficial.

   ¡Qué poco es un solo día, hermanas, qué poco, para que el mundo acumule flores frente a nuestras casas!”…¿será que nunca acabará el desafío para nuestro sexo? ¿Cuesta tanto comprender que hombres y mujeres somos ramas del mismo árbol?

   La enorme porción femenina vivió por mucho tiempo en una suerte de clandestinidad, pero sobran razones para revertir tal estado de hecho. Razones por las cuales –parafraseando a la Belli- también me levanto orgullosa todas las mañanas y bendigo mi sexo.

 

 

Sábado, 23 de Mayo de 2009 10:47 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> Hay 1 comentario.

Sombras de violencia contra las centroamericanas en 2008

El luto estará presente en miles de hogares centroamericanos en vísperas del año nuevo, por el incremento progresivo de los asesinatos y de múltiples expresiones de violencia contra las mujeres durante 2008.

Datos del Fondo de Naciones Unidas para la Mujer reflejan que, en Latinoamérica, 25 por ciento de las féminas sufre abusos sexuales por parte de sus parejas; sólo cinco por ciento de las violaciones denunciadas terminan en condena y seis mil mueren, cada año, por efecto de abortos clandestinos. Los países istmeños no son ajenos a ello.

En Honduras, por ejemplo, el Centro de Derechos de Mujeres registró mil 100 crímenes contra estas entre 2002 y 2008, por lo que solicitó a la Corte Suprema de Justicia la creación inmediata de juzgados especializados en violencia doméstica. Sólo de enero a julio de este último año, la fiscalía contabilizó 177 asesinatos de féminas.

Para los seguidores del tema, lo más alarmante son las muestras de torturas, mutilaciones y maltratos de todo tipo, reflejados en los cadáveres de las víctimas, cuyas imágenes son difundidas sin recato y con pleno morbo por los medios de comunicación.

Algo similar acontece en El Salvador, Guatemala, Costa Rica y Nicaragua, donde también es cuestionado el papel de la prensa- en todas sus aristas- frente a la discriminación de género, en tanto los entendidos insisten en la urgencia de investigar los casos de feminicidios, por su tendencia al incremento.

Defensoras de los derechos de este sexo aseguraron que las autoridades salvadoreñas no realizan acciones específicas orientadas a combatir y eliminar la criminalidad contra las mujeres, pese a los elevados índices de denuncias por maltratos, violaciones y asesinatos.

El Estado no actúa ante la violencia que sufren las féminas ni mucho menos esclarece sus muertes, afirmaron representantes de Las Dignas, la Organización de Mujeres por la Paz y la Asociación Movimiento de Mujeres Mélida Anaya Montes (Las Mélidas), ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Las integrantes de la red, conformada por esas agrupaciones, concordaron en que los representantes del gobierno tratan de justificar tales crímenes como parte de la ola de violencia que azota a la nación.

Esa respuesta negligente, irresponsable y evasiva del Estado, en opinión de las feministas, sólo contribuye a aumentar la incidencia de la problemática en uno de los países más violentos de América Latina.

En el caso de los feminicidios, no se cuenta con datos específicos sobre los mismos por lo cual la información que se tiene es sobre las muertes de mujeres en general. Según la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, entre 1999 y septiembre de 2007 se contabilizaron dos mil 402 asesinatos contra mujeres en El Salvador y hasta el momento ni uno fue esclarecido.

Costa Rica tampoco es ejemplo de buena voluntad estatal frente al tema y eso lo prueban las estadísticas aportadas por el Instituto Nacional de la Mujer: desde 1995 hasta finales del 2007, más de 300 feminicidios y un ascenso progresivo de la problemática.

A ello se sumaron cuatro mil 138 denuncias por agresión doméstica en los primeros ocho meses de 2008 y alrededor de 29 homicidios contra representantes del mal llamado sexo débil hasta noviembre, según el Instituto Nacional de la Mujer.

Frente a tal situación, líderes feministas y en específico la Procuradora de los Derechos Humanos Lisbet Quesada, sugirieron incorporar el tema a la agenda de seguridad ciudadana y desarrollar una política más agresiva para combatir la impunidad en tales casos.

La Coordinadora 25 de Noviembre, de Guatemala, añadió al inventario el fallecimiento de 659 féminas en el año, también por razones vinculadas a la discriminación por razones de sexo.

Esa nación centroamericana es considerada uno de los casos más patéticos del mundo de asesinatos contra mujeres, porque las autoridades prefieren simular que no se comete ese tipo de crímenes, según el Grupo de Apoyo Mutuo.

De enero a mayo de 2008, señalaron, 135 fueron secuestradas, luego de la privación de libertad que de por sí es una forma de tortura; se producen amenazas e intimidaciones, violación sexual y en la mayoría de los casos, la muerte.

Pero cuando se examinan los archivos en los tribunales, ni una sola persona ha sido detenida o señalada de estar a la cabeza de estos asesinatos. Las autoridades, hombres en su mayoría, ven estas muertes con indiferencia y empiezan a reaccionar solo ante la presión internacional, denunciaron.

En Nicaragua, el Movimiento de Mujeres Sandinistas y el Movimiento Autónomo de Mujeres reportaron la muerte de 64 representantes del sector en este año y el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales expresó su preocupación por la problemática de la violencia de género, en particular, la intrafamiliar.

El aumento de asesinatos de mujeres en los últimos años y la derogación del aborto terapéutico del Código Penal, constituyen preocupantes a seguir por parte de las autoridades, a instancias de las defensoras del respeto a su sexo.

Según la Red de Mujeres contra la Violencia (RMCV), el monitoreo en los medios de comunicación arrojó un sustancial aumento de las víctimas, de 29 en el 2000 a 65 en el 2007, mientras que, en el trimestre del año por finalizar, eran 18 las asesinadas.

Estimados apuntan que una de cada tres mujeres nicaragüenses sufrió abuso sexual o actos de violencia intrafamiliar. El mismo porcentaje afecta a las menores, mientras que uno de cada cinco niños pasó por idéntico drama.

Las organizaciones de la sociedad civil que trabajan el tema de género denuncian, además, que existe un fuerte subregistro, porque las denuncias en la Policía tienen que ver con los episodios más extremos y representan una pequeña muestra del fenómeno.

El feminicidio está fundamentado en aspectos culturales y estructurales de inequidad y dominio de una persona hacia la otra en razón de los roles de género socialmente asignados, por lo que constituye una acción de discriminación por sexo en contra de las mujeres, es la opinión más generalizada entre los especialistas.

 

Domingo, 07 de Diciembre de 2008 08:05 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

A propósito de la “guerra de los sexos”

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El periodista, por más que intente tomar distancia de la realidad en la cual desenvuelve su labor, termina reproduciéndola en sus escritos o productos comunicativos en general.

Ello explica el que muchos caigamos con frecuencia en estereotipos prefijados por los modelos machistas dentro de los cuales crecimos, a pesar de las buenas intenciones, casi siempre orientadas a erigirnos en defensores de la igual de derechos entre los sexos.

La mujer símbolo de la maternidad; la luchadora incansable por demostrar su valía, frente a sus contrapartes y a la sociedad toda; la aguerrida combatiente, pero fiel al cuidado de sus uñas y cabello; la capaz de asumir cualquier faena, por más fuerza muscular que esta requiera- como la de cortar a machetazos el tronco de un mangle o de un árbol milenario…en fin, el mar…, aparecen por doquier.

“De buenas intenciones está empedrado el camino hacia el infierno”, reza uno de los escasos proverbios que logré memorizar en mis cuatro décadas de existencia.

Cierto que una mujer puede desempeñar cuantas responsabilidades le caigan…hasta reventar. El sello de multi- oficios les toca a casi todas en cualquier sociedad, incluso, en una donde pueden cultivarse espiritual, profesional y domésticamente, sin más costo que un montón de horas robadas al descanso y por consiguiente, a su salud.

_“Ay, cuándo será remunerado el trabajo en casa”_, escuché un día a mi ocurrente vecina.

De tan cotidiano, hace tiempo se convirtió en habitus- a la manera del sociólogo Pierre Bordieu- ver a una fémina desenvolviéndose en su centro de trabajo de la manera más operativa posible, dando todo de si. Pocas veces, en cambio, detrás de esa mujer orquesta, digna de admiración y respeto, apreciamos a la ama de casa responsable y por lo general, sin manos dispuestas a colaborar con ella.

_“O se es una gran profesional, o se es una modelo de ama de casa”_, espetó alguna vez un colega y quedé espantada. Más que por comprobar su acendrado machismo, por convencerme de lo poco que calan en algunos los discursos acerca de la necesidad de compensar de manera uniforme las tareas en el hogar, sin el remilgo de quien “apoya” o “ayuda” y no de quien está convencido de que “también le toca”.

A la manera de los amigos, siempre dispuestos a compartir las buenas y las malas, mujer y hombre deben andar parejos por la vida. Frente a las leyes, pero más allá de eso, en el interior de centros de trabajo y hogares; en la cola de la guagua, o… en el purgatorio.

La delicadeza es otra cosa. No existe manera de cuantificarla, pero si distinguirla se trata, sobran ejemplos: será eternamente hermoso que alguien- sea amiga o amigo, hermano o hermana, amante o esposo- tienda a cederte el paso al penetrar a un local, al abordar un auto, al cruzar una calle, o al transitar por una zona plagada de gentes. No se es más ni menos por aceptar tales muestras de afecto y generosidad. Menos, por ofrecerlas.

En esta “guerra entre los sexos” a veces perdemos el rumbo y terminamos acomodados en algunos de los extremos, sin pensar en la necesidad del equilibrio para andar por el mundo. De matices está plagada la vida. No renunciemos a ellos ni jugando al póker.

La batalla por la reivindicación de los derechos de la mujer tiene su origen en un orden social más añejo que el mejor de los vinos. Un orden que más bien es desorden y nos coloca- desde que preparan la canastilla para recibirnos- en bandos contrarios: tú eres azul, yo soy rosadita.

En ese mundo lastrado de tonalidades diversas, transitamos hasta la supuesta adultez sin interiorizar que el condón o preservativo, también debe ir en la cartera de las mujeres, junto al lápiz labial; o que siete mujeres pueden llevar perfectamente una empresa si están capacitadas profesionalmente, o pueden pasarla en la Antártida, investigando, a riesgo de focas, leones marinos y hasta vampiros desorientados.

Más allá de la delicadeza, de la ternura, o de otros rasgos mal patentados bajo el nombre de la femineidad, está el carácter, la voluntad, la personalidad y todo aquello que a la larga nos hace más seres humanos o menos, como a los hombres.

La radicalidad en el actuar, la fortaleza de convicciones no tienen porque ser más admirados en unos o en otros. Todos nacemos ángeles, como dice el dúo Buena Fe, pero también con aptitudes para desarrollar tales virtudes. Pobre del que se queda a diez pasos del intento.

Un buen producto comunicativo, desde el respeto a la otredad, debe apuntar directo hacia dianas universales: sea sobre una mujer o un hombre.

El quehacer de las féminas en la producción industrial, comercio, gastronomía popular, agricultura, política y gobierno, debe mostrarse día a día, sin necesidad de insistir en la doble condición de amante, esposa y mamá; o dicho de otro modo, en su capacidad para acarrear el pesado fardo, con que todavía la castigan normas ancestrales, y sobrevivir.

Basta con mostrarlas tal cual son, para fomentar el respeto a su condición. Un recorrido por las esencias vale más que montones de adjetivos, colocados como parches, con el propósito infantil de convencer al lector.

Jueves, 27 de Noviembre de 2008 13:08 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Impunidad y feminicidios: unidad por quebrar en Honduras

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Los asesinatos de mujeres ascienden ligados a la impunidad en Honduras, país que exhibe una de las tasas más elevadas de homicidio del mundo y ocupa el tercer lugar en cuanto a feminicidios en Centroamérica.

Desde 2001 a noviembre de 2008, perdieron la vida a manos de sus parejas, hombres ligados a ellas por razones de parentesco o desconocidos, mil 254 féminas, refieren estadísticas del Centro de Derechos de la Mujer.

Este tipo de hecho tiende al alza, si se considera que las víctimas en el primero de esos años sumaron 140; en 2002, 133; pero en 2003, 146; en 2004, 163; en 2005, 171; en 2006 155 y en 2007, 195.

Sólo entre enero y el 18 de noviembre de 2008, los crímenes de esta naturaleza llegaron a 151 y 90 por ciento de ellos continua impune, de acuerdo con un informe emitido por la institución.

Tal cifra fue corroborada por el fiscal en jefe de la Unidad de Feminicidios del Ministerio Público, Ricardo Castro, quien admitió que muchos de los culpables de estas muertes gozan de plena libertad por la escasa investigación de la cual son objeto este tipo de casos.

Castro clasificó los homicidios de mujeres en feminicidios íntimos o perpetrados en el hogar, en no íntimos o efectuados en la calle, y por conexión, y aseguró que los más frecuentes ocurren en las calles.

Por lo general, los homicidios contra las mujeres son con armas de fuego, artefactos cortantes y y un mínimo porcentaje, de otras maneras, que van desde las golpizas hasta el estrangulamiento o la amputación de alguno de sus miembros.

La Fiscalía de Delitos Contra la Mujer precisó que 79 por ciento de las asesinadas en este país mueren a manos de hombres con los cuales tenían una relación de pareja y que entre 20 y 24 años oscila la edad de la mayoría de las víctimas de tales crímenes.

Autoridades y defensoras de las derechos del sector concuerdan en que hacia el norte del territorio la incidencia es superior, sobre todo en el departamento de Cortés, en la ciudad de San Pedro Sula- principal centro comercial e industrial de Honduras-, y en la capital.

Leer y escuchar en los medios de comunicación social, noticias sobre muertes de mujeres por encargo o a manos de sus compañeros de hogar, es más frecuente cada vez y para muchos, resultan cuestionables las posiciones de algunos funcionarios ante ello.

El ministro de Seguridad, Jorge Alberto Rodas, destacó la existencia de equipos especializados en la investigación de los crímenes, pero afirmó que en gran número de casos, las víctimas estaban implicadas en negocios ilícitos.

En tanto, las mujeres son desnudadas, violadas, torturadas y desmembradas, y es común observar que algunas son encontradas muertas entre matorrales, después de ser ultimadas por hombres que las persiguieron durante varias horas.

Datos policiales sugieren que la violencia intrafamiliar avanza: a diario reciben entre 15 y 20 denuncias por este delito y hasta mayo de 2008, contabilizaron dos 957 quejas por abuso sexual y doméstico, de las cuales 45 por ciento derivó en un asesinato.

La Corte Suprema de Justicia recibe denuncias de 20 parejas a diario, mientras 10 a 15 parejas acuden a los tribunales por hechos de violencia al interior del hogar.

Para el comisionado de los Derechos Humanos, Ramón Custodio, los homicidios de mujeres sólo representan una expresión más del menosprecio por la vida al cual están sometidos los hondureños, en un país donde pareciera “que nadie manda y quieren que prevalezca la ley de la selva".

Según la Organización Mundial de la Salud, la tasa mundial promedio de homicidios es de 8,8 por cada 100 mil habitantes y para América Latina es de 32 por cada 100 mil. Honduras, con 49, rompió esos parámetros.

En este contexto, el Estado hondureño deberá responder ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por el incremento de los crímenes contra mujeres, a pesar de la aprobación de acuerdos y regulaciones legales a favor de ellas.

Dentro del marco jurídico-legal y de políticas a favor del sector sobresale la firma en 1980 de la Convención sobre la eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer, ratificada en 1983.

También pueden señalarse la creación de la Fiscalía Especial de la Mujer, en 1994; la aprobación de la Ley contra la Violencia Doméstica, en 1997; y la constitución del Instituto Nacional de la Mujer, en 1999.

El listado está conformado, además, por la aprobación de la Política Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, la Ley de Igualdad de Oportunidades para la Mujer, la Política Nacional de la Mujer, y las Reformas a la Ley contra la Violencia Doméstica.

Pese a ello, la ineficiencia de las instituciones y las irregularidades en la aplicación de las leyes redundan en detrimento de las féminas, que representan 51,5 por ciento de la población total de Honduras.

Al acudir a organismos internacionales, feministas y defensores de los derechos humanos pusieron al descubierto la desidia alrededor de la segregación de las mujeres y el descontento generalizado con un actuar que impulsa el ciclo interminable y ascendente de la violencia contra ellas.

Estos grupos exigen políticas integrales para contrarrestar la problemática, que suele ser silenciada por los medios de comunicación o tergiversadas sus probables causas.

El machismo es un modo de vida en Honduras, es la forma en la que la sociedad está organizada, opinan integrantes de estos y alertan sobre las secuelas de las agresiones sufridas por algunas mujeres.

Estudios auspiciados por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo reflejan que las féminas están en desventaja en relación con los hombres frente a las oportunidades económicas y políticas.

Aunque cuentan con una educación especializada superior, obstáculos culturales y económicos les impiden ocupar empleos en los cuales pudieran aplicar sus conocimientos.

Casi todos los puestos gerenciales y administrativos son acaparados por los del sexo masculino y el salario promedio de las mujeres en condiciones laborales, capacidad y experiencia profesional idénticas, representa apenas 67,6 por ciento frente al devengado por sus contrapartes.

La tasa de participación laboral del sector económicamente activo es de 33 por ciento: 8,3 por ciento de las féminas carece de empleo, contra 4,7 por ciento de los hombres, según el Instituto Nacional de Estadísticas.

Estas son apenas algunas aristas de la discriminación de género en el país, donde las mujeres deben sortear múltiples obstáculos para ocupar puestos públicos, administrativos, disfrutar de su derecho a la educación, a la salud reproductiva, entre otros.

"Siento que a veces, cuando tratamos estos temas, el fiscal general no está como empapado de la realidad, por lo general sólo contamos con el apoyo directo de la Fiscalía de la Mujer", comentó la directora del Instituto Nacional de la Mujer, Selma Estrada.

Gilda Rivera, del Centro de Derechos de Mujeres, compartió con la agencia de prensa IPS que están casadas de alertar sobre el incremento en la muerte de mujeres o feminicidios, pero “al parecer las autoridades quieren que pasen desapercibidas".

Mientras sigue la alharaca acerca de la impunidad que rodea a los feminicidos en la mexicana Ciudad Juárez, fronteriza con Estados Unidos, en el identificado como Triángulo Norte de América Central las cifras desatan la alarma.

Entre 2003 y 2005, perecieron víctimas de la violencia de género mil 398 féminas en Guatemala y mil 320, en El Salvador. En Honduras, de 2002 a agosto de 2008, las fallecidas llegaron a mil 87.

Por ello, en el ámbito del Día Internacional contra la Violencia, organizaciones de mujeres hondureñas instaron a fortalecer las denuncias contra el flagelo, la explotación, discriminación y por un trabajo digno, salario con equidad, salud laboral, respeto y sin hostigamiento sexual.

De manera esencial, estas insistieron en la urgencia de concretar la aplicación de la legislación laboral, de la reforma del título V del Código de Trabajo, y promover la investigación pormenorizada del asesinato de mujeres para castigar a los responsables.

 

Viernes, 21 de Noviembre de 2008 13:27 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Rufina Amaya: voz contra el olvido en El Salvador

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Una de las voces alzadas contra el olvido de los crímenes cometidos por el Ejército durante la guerra interna en El Salvador (1980-1992) perteneció a Rufina Amaya, la única sobreviviente de la masacre de El Mozote.

Gracias a su testimonio-divulgado por la emisora Radio Venceremos-, logró reconstruirse el horror vivido por los pobladores del caserío del municipio de Meanguera, situado en la oriental zona montañosa de Morazán, limítrofe con Honduras, donde hasta la fecha aparecieron restos de 765 personas.

Amaya narró cómo los soldados del Batallón de Reacción Inmediata Atlacatl torturaron y asesinaron a los hombres y luego a las mujeres, ancianos e infantes, de la comunidad, y con ello aportó valiosos argumentos a la Comisión de la Verdad de la Organización de Naciones Unidas para esclarecer lo ocurrido en el lugar.

La mujer falleció dos décadas después de ver morir a sus hijos, esposo y vecinos durante el operativo militar que arrasó con el poblado salvadoreño, pero antes relató el modo en el cual los asesorados por militares estadounidenses quemaron los sembrados, ranchos y la iglesia de la zona, entre el 11 y el 13 de diciembre de 1981.

-“A las cinco de la tarde comenzaron con nosotras. Nos formaban en filas de a cinco, yo estaba en la última. Nos quitaron a los niños, a mí me arrancaron a la más chiquita prácticamente del pecho. Los encerraron en una casa y empezaron a matar a las mujeres”, explicó a la emisora radial salvadoreña.

-“Dos de mi misma fila estallaron en llanto e histeria. Yo me arrodillé acordándome de mis cuatro niños, me tiré a un lado y me metí detrás de un árbol. En la confusión los soldados no me vieron y ahí me quedé”, precisó la mujer.

Según Amaya, su esposo fue uno de los primeros que mataron porque se quiso salir de la fila de camino a la ermita: -“Vi cómo le dispararon y luego le dieron con el machete. Por las ventanas lo veíamos todo. Ya al mediodía habían terminado de matarlos a todos".

En el ámbito de esa fase de la operación contrainsurgente, denominada Yunque y Martillo, los soldados encerraron a niñas y niños en una casa rústica llamada El Convento, detrás del templo católico, y con posterioridad los exterminaron a balazos e incineraron sus cuerpos.

Luego de lo acontecido, Amaya permaneció en los refugios ubicados en la frontera con Honduras, cocinó para la guerrilla y al finalizar la contienda, fue una fundadora de la Ciudadela Segundo Montes, donde hoy descansan sus restos mortales.

Cuentan que al morir, a los 63 años de edad, la principal testigo de los sucesos de El Mozote mantenía la mirada clara pero triste, la cual la distinguió desde que presenciara el asesinato en masa de cientos de personas.

-“Por las noches no puedo dormir. Me levanto, no estoy bien, aunque lo he superado”, confesó con los ojos anegados en lágrimas antes de que un paro cardiaco acabara con su vida, en un hospital estatal de la ciudad de San Miguel, a unos 140 kilómetros al este de la capital salvadoreña, en el 2007.

Desde la firma de los Acuerdos de Paz, en enero de 1992, Amaya asistió a los actos celebrados cada año en homenaje al hecho: “tengo que estar presente porque yo soy el fondo de esa declaración tan grande, si yo no hubiera dicho nada, no se supiera nada de lo que le pasó a esa gente”, afirmó en una ocasión.

Ella logró salvarse milagrosamente de la masacre porque alcanzó a esconderse detrás de un arbusto de manzana, pero nunca logró superar lo vivido en esos días, demuestran declaraciones suyas recogidas en el libro Luciérnagas de El Mozote (1996), editado por el Museo de la Palabra y la Imagen.

El texto pone al descubierto el terror implantado por las huestes militares salvadoreñas contra los campesinos e indígenas en medio del conflicto armado y el modo en que los inculpaban de comunistas y guerrilleros, por supuestamente colaborar con los integrantes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional.

Amaya nació y creció en El Mozote, poblado a 160 kilómetros de San Salvador, devenido uno de los principales objetivos de los militares salvadoreños por su cercanía a lo que ellos identificaban como zona roja comunista.

Sin embargo, historiadores coinciden en que las relaciones de los lugareños con la Fuerza Armada siempre fueron estables, porque los católicos eran minoría en el caserío y al contrario de lo ocurrido en otros poblados, no impactaron fuertemente en él los preceptos de la Teología de la Liberación ni los mensajes de la guerrilla.

Fidelia, la única hija de Amaya sobreviviente, comentó que, incluso, ocho días antes de la masacre, las mujeres habían cocinado durante una semana para alimentar a un grupo de soldados.

A pesar del testimonio de su madre y de otras evidencias, los mandos militares siempre negaron la matanza, mientras las autoridades estadounidenses intentaron restar importancia a las noticias sobre este y otros hechos similares registrados entre 1980 y 1992.

Estadísticas oficiales dan cuenta de la muerte de más de 75 mil personas en el período, la mayoría civiles y exterminados en matanzas perpetradas por militares que nunca fueron juzgados, en virtud de la polémica Ley de Amnistía, vigente desde 1993.

Viernes, 31 de Octubre de 2008 17:25 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

América Latina ¿mujeres al poder?

  La participación femenina en distintos eslabones de poder creció en los últimos lustros en Latinoamérica y el Caribe. Aunque faltan muchos espacios por ganar, cada vez son más las congresistas, parlamentarias, diputadas, juezas, alcaldesas, gobernadoras, empresarias y ministras hasta de las Fuerzas Armadas.

   Esta corriente tiende a incrementarse en correspondencia con el desprestigio de los partidos tradicionales y la urgencia de cambios en los ámbitos locales, como consecuencia de las políticas adoptadas en las últimas décadas y que dieron al traste con todo vestigio de desarrollo a favor de las mayorías.

   Tales factores inclinan a apelar a la capacidad de las mujeres para influir en el progreso de sus países y en virtud de ello, madres, esposas, amigas, compañeras de trabajo o familiares, empiezan a ser consideradas cada vez más aptas para asumir puestos de importancia y disputarle la hegemonía a sus contrapartes masculinos en todos los ámbitos.

   Pero los registros dejan mucho que desear a quienes insisten en que el siglo XXI debe contemplar una revolución en las concepciones androcéntricas legadas de antiguas generaciones: según estadísticas del Fondo de Población de Naciones Unidas, las mujeres son mayoría en el mundo, pero sólo el 16 por ciento de ellas representan a los parlamentarios y menos del cinco por ciento a los gobernantes.

   En el contexto latinoamericano, la participación efectiva del sector en la política y la administración en cualquiera de los poderes estatales todavía es limitada, a pesar del avance en el campo legislativo.

   Según la Unión Interparlamentaria, las elecciones celebradas en ese eslabón de poder durante los últimos años colocaron en la delantera a la región y ejemplo en ello es Cuba, que mantiene una posición privilegiada en el mundo, sólo superada porRwanda, con el 48,8 por ciento, y Suecia, con 47,3 por ciento.

   Tras las elecciones a la Asamblea Nacional del Poder Popular- Parlamento cubano- efectuadas en enero de 2003, el 36 por ciento del órgano legislativo del archipiélago quedó ocupado por mujeres, pero esa cifra ascendió a 43,18 por ciento en los comicios de 2008. Esto significa que de los 609 escaños, 219 correspondieron a ellas.

   La nación caribeña cuenta con más del 35 por ciento de féminas dirigentes y estas representan 66 por ciento de la fuerza técnica y profesional de nivel medio y superior, detalló Magalys Arocha, encargada de Relaciones Internacionales de la Federación de Mujeres Cubanas.

   Con tal ascenso, Cuba desplazó a Argentina del lugar cimero que ocupaba en América Latina, con 40 por ciento, y a Costa Rica, con 37 por ciento. Perú ocupa el puesto número 17 a nivel internacional, en tanto Ecuador llegó a 25 por ciento, México a 22,6 por ciento y República Dominicana a 19,7 por ciento.

   Un aumento también se registró en El Salvador, donde el incremento de la participación femenina respecto a la legislatura pasada es de seis por ciento, y en Nicaragua subió a 5,4 por ciento.

   De acuerdo con Anders B. Johnsson, secretario general de la Unión Interparlamentaria, también 11 de las 35 jefas de parlamento en el orbe están concentradas en el Caribe.

   No obstante a estas cifras, la subestimación de las potencialidades sigue siendo un problema para enfrentar por latinoamericanas y caribeñas, obligadas a convivir con la consideración de que la maternidad o los deberes hogareños les impiden asumir roles similares a los hombres.

   Las mujeres continúan siendo una minoría en los cargos más altos del Estado: de los 150 Jefes de Estado a comienzos de 2008, solamente 7 eran mujeres, dos de ellas en esta región: Cristina Fernández, en Argentina; y Michel Bachelett, en Chile.

   Donde rigen leyes de cuotas para el parlamento, las mujeres ocupan en promedio 20,3 por ciento de los curules establecidos, al mismo tiempo que en los carentes de iniciativas de este tipo sólo detentan 13,7 por ciento, según la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL)

   De ello se infiere que, de no aplicarse cuotas de género en todos los países del subcontinente, las mujeres tendrán que esperar hasta el año 2052 para ocupar apenas 40 por ciento de los escaños parlamentarios.

   Esta tesis es sustentada a partir de otras cifras: pese al camino recorrido en el orden parlamentario y a las buenas intenciones anunciadas por algunos gobiernos, las mujeres ministras son una en Nicaragua y en Belice, dos en Uruguay, El Salvador y Guatemala, tres en Panamá, cuatro en Honduras y cinco en Costa Rica.

   Por ello, la batalla por la ampliación de la presencia femenina en estos espacios y la contribución al sostenimiento de tales conquistas debe seguir. Si bien es un logro el ascenso de las mujeres a puestos relevantes, cabe profundizar en la educación de la sociedad para aceptar la igualdad como derecho de vida.

 

 

Sábado, 04 de Octubre de 2008 12:36 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Infancias perdidas por embarazos tempranos en El Salvador

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Unas 168 aulas pudieran llenarse con las ocho mil menores de 15 años atendidas por partos en clínicas públicas salvadoreñas entre 2001 y 2007, mas es probable que ellas nunca vuelvan a estudiar.

Embarazadas en edades tempranas por disímiles razones- incluso como resultado de violaciones por parte de parientes o desconocidos-, ellas no gozaron del derecho al aborto en su país y menos de políticas preventivas a favor de su salud y desarrollo.

Desde hace más una década, las salvadoreñas enfrentan una legislación prohibitiva, contra el aborto, y suman decenas las muertes acumuladas por su aplicación, según el Centro de Derechos Reproductivos y el Instituto de Estudios para la Mujer.

Las modificaciones de 1996 a la ley sobre el tema tipificaron como delito las interrupciones de embarazo, prohibieron el derecho a practicarlas en casos de trastornos genéticos, abuso sexual y otros, y elevaron las condenas por apelar al derecho hasta 12 años de cárcel.

Como resultado, miles de mujeres -mayoritariamente pobres y jóvenes- enfrentaron procesos judiciales por abortos ilegales, intentaron quitarse la vida ante la imposibilidad de solucionar el problema u optaron por parir aún sin las condiciones requeridas.

En este último caso están las ocho mil menores de 10 a 15 años atendidas por partos entre 2001 y 2007, pero también 11 mil 788 comprendidas en estas edades que en el período se acogieron a los servicios de planificación familiar del Ministerio de Salud.

La Prensa Gráfica, diario salvadoreño, cuestionó el silencio de las autoridades del sector acerca de la problemática a pesar de la divulgación de las cifras por la Internet.

Ellas –las niñas a quienes el gobierno entrega anticonceptivos– no son el centro de las campañas ni de los discursos, sino una estadística sobre la que incomoda hablar, puntualizó la periodista Glenda Girón.

En 2007, el Ministerio de Salud de El Salvador suministró anticonceptivos de diferentes tipos a mil 363 menores que no habían cumplido los 15 años, según datos oficiales divulgados en la página electrónica de esta cartera.

Las supuestamente beneficiadas con la estrategia estatal destinada a planificar los embarazos ascendieron a 36 mil 806 entre los 15 y los 18 años de edad, de acuerdo con esa fuente.

Para Rodrigo Ávila –candidato presidencial por el partido Alianza Republicana Nacionalista-, entregar anticonceptivos a adolescentes menores de 14 años es una irresponsabilidad tremenda.

A una niña de 13-14 años, al fomentarle todo ese tipo de cosas se le está básicamente abriéndole la puerta para que haya una anarquía inmoral en nuestro país. Estoy en contra, espetó el ex director de la Policía Nacional Civil.

El candidato a la presidencia por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, Mauricio Funes, también repudió esa práctica, pero en cambio abogó por la inclusión de la educación sexual reproductiva en los planes de estudio.

Le enseñaremos a las niñas y a los niños a conocer su cuerpo y el riesgo de tener relaciones antes de tiempo, antes de que su madurez física y psicológica se lo permita. Yo no estoy de acuerdo en entregar anticonceptivos a niñas de 14 años, expresó.

Funes se mostró partidario de enseñar a la parte masculina sobre los efectos de las relaciones en edades tempranas, porque para ambos sexos son numerosas las consecuencias sociales, físicas o emocionales de un embarazo anticipado, los riesgos de contraer enfermedades de transmisión sexual, el VIH/SIDA.

No obstante, los análisis suelen centrarse en las féminas, quienes cargan con la vergüenza de embarazarse antes de tiempo y casi siempre abandonan los estudios para sumirse en un mundo doméstico aplastante, coincidieron profesores del Centro Escolar de Lislique, en el departamento de La Unión.

Desde 2005, el Ministerio de Educación prohibió el ingreso de organizaciones no gubernamentales en las escuelas públicas y por ejemplo, el Instituto de la Mujer se vio imposibilitado de viabilizar la capacitación a adolescentes en temas de educación sexual en Suchitoto, departamento de Cuscatlán, como proyectaba.

La negativa estatal respondió a la polémica desatada respecto a programas de esta naturaleza por cuanto abordaban temas relacionados con la masturbación, el uso de anticonceptivos y la homosexualidad, lo cual motivó el rechazo de las organizaciones antiabortos y grupos conservadores de la sociedad.

Deysi Cheyne, directora ejecutiva del Instituto de la Mujer, descartó que los adolescentes tuvieran dificultades para enfrentar estos temas: son los adultos, por la doble moral con la que se toman algunas decisiones, manifestó.

Por conflictos de este tipo, en los cuales las fuerzas gubernamentales tienden a ceder para mantener el apoyo político de tales grupos, niñas y mujeres siguen limitadas en sus derechos y el índice de embarazos en menores de edad tiende al alza en América Latina y el Caribe, concuerdan integrantes de la Red Latinoamericana de Libertades Laicas.

La fecundidad temprana en la región aumentó de forma proporcional con el empeoramiento de las condiciones sociales y económicas en la última década: el 40 por ciento de las jóvenes tiene una vida sexual activa desde los 15 años y de ellas, el 15 por ciento fueron madres o estuvieron embarazadas, reflejan datos acopiados por la entidad.

El Salvador se ubica entres los primeros cinco países con mayores índices de embarazos precoces. De una población de mil adolescentes, 116 quedan embarazadas cada año por deserción escolar, desintegración familiar, escasos conocimientos sobre la fertilidad y baja autoestima, concluyó un estudio de la doctora Marina Padilla.

Registros del capitalino Hospital Nacional de Maternidad, donde se atienden los partos de mayor complicación, refieren que sólo en los primeros cinco meses de 2008, 57 niñas entre los 10 y 14 años dieron a luz un bebé.

La confidencialidad y el acceso a métodos para evitar los embarazos están incluidos en la Convención interamericana para eliminar todas las formas de discriminación contra la mujer y aunque El Salvador ratificó el tratado en 1981, el protocolo facultativo que facilitaría la ejecución de las medidas implícitas en él sigue en discusión legislativa.

Mientras, persisten las dificultades objetivas para compatibilizar el embarazo y la crianza con la educación y la inserción laboral, como señaló un informe sobre la fecundidad temprana emitido por la Comisión Económica de América Latina y el Caribe y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, en enero de 2007.

Sobre las niñas devenidas madres, a veces sin pretenderlo, recae generalmente de por vida la imposibilidad de continuar estudios, la falta de autonomía económica y la eterna dependencia de sus padres, suegros, o padres de las criaturas, en el mejor de los casos, en correspondencia con el documento.

Lunes, 30 de Junio de 2008 08:26 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

El feminicidio y su expansión en Latinoamérica

Junto a la crisis alimentaria, el narcotráfico, la corrupción y el pandillaje, entre otros males, una epidemia avanza sobre los pueblos situados del río Bravo a la Patagonia: el feminicidio.

Las estadísticas, aún silenciadas o minimizadas por autoridades gubernamentales en casi todos estos países, dan cuenta del progresivo ascenso de los maltratos, secuestros, torturas y asesinatos de féminas por razones ligadas al legado patriarcal.

Funcionarios del Ministerio Público de Honduras admitieron que los crímenes contra mujeres sumaron mil 18 y las denuncias por violencia doméstica ascendieron a un promedio de 15 por día desde 2002 hasta mayo de 2008.

Tales datos- corroborados por el Centro de Derechos de Mujeres y por la Fiscalía de la Mujer- y la publicación en el diario El Heraldo de una serie investigativa sobre el tema, motivaron la creación de un equipo profesional para indagar acerca de tales

asesinatos e imputaciones.

En tanto, suman nueve los feminicidios reportados desde enero a la fecha en Costa Rica, donde el Instituto Nacional de la Mujer contabilizó desde 1995 hasta finales del año anterior más de 300.

La procuradora de los Derechos Humanos Lisbet Quesada sugirió incorporar el tema a la agenda de seguridad ciudadana y desarrollar una política más agresiva para combatir la impunidad en tales casos, en el territorio.

Aunque las costarricenses lograron un paso de avance el 12 de abril de 2007 con la aprobación de una Ley de Penalización contra la Violencia Doméstica, la práctica demuestra que no es suficiente para erradicar el mal.

Guatemala también aprobó una ley, en abril de 2008, que establece penas de hasta 50 años de prisión para los identificados como feminicidas, en respuesta a un registro de tres mil mujeres masacradas desde el 2000.

De las fallecidas por la ascendente violencia de género, 139 perdieron la vida en los primeros cuatro meses de este año, según la Red de Sobrevivientes de la Violencia Doméstica.

Armas de fuego, objetos cortantes, asfixia o estrangulamiento terminaron con la vida de la mayoría de ellas, mientras 98 por ciento de esos crímenes sigue impune, según la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala.

Los feminicidios, más visibilizados a partir de 1993, ante la secuencia de asesinados de este tipo en la chihuahuense Ciudad Juárez, también acaban con la existencia de un promedio de cuatro mexicanas cada día.

Las tasas de crímenes contra las mujeres son alarmantes a su vez en El Salvador, segundo lugar en Latinoamérica en cuanto a la problemática, donde la Red Feminista contra la Violencia contabilizó un aproximado de mil 886 feminicidios de 2001 a 2007.

En Paraguay una mujer es asesinada cada 10 días y aunque Argentina carece de cifras oficiales sobre el tema, el Centro de Encuentros Cultura y Mujer contabilizó mil 284 víctimas de 1997 a 2003.

Según el Instituto de Medicina Legal de Colombia, el pasado año se reportaron 132 casos, dos como promedio semanal, protagonizados lo mismo por matrimonios, parejas separadas, amantes o novios.

La entidad registró 300 mil lesiones personales a mujeres en 2006, de los cuales 43 mil 319 fueron a manos de sus parejas, pero más de 70 mil (casi el doble) obedecieron a la violencia intrafamiliar, es decir, resultado de la intervención de padres, hermanos o hijos.

Entre enero de 2001 y junio de 2007, más de 300 chilenas también dejaron de existir, la mayoría de ellas a manos de hombres con quienes habían tenido relaciones de intimidad y confianza, aportó la Red contra la Violencia Doméstica y Sexual.

Tales estadísticas apenas dan una ligera idea de la epidemia expandida por Latinoamérica- junto a otros males impulsados por la crisis estructural de un sistema de desarrollo- y para seguidores del tema lo más grave es el poco acceso a la justicia.

Especialistas y defensores de los derechos humanos y femeninos coinciden en que las causas de la problemática son disímiles, pero por lo general descansan en el legado milenario de una cultura patriarcal.

Para la Convergencia Cívico Política de Mujeres de Guatemala, parte de los feminicidios deriva de la violencia intrafamiliar y de la agresividad arrastrada por pueblos sometidos antes a conflictos armados y azotados por el narcotráfico, la trata de personas y las pandillas, entre otros flagelos.

La mayoría de las latinoamericanas viven situaciones que les niegan derechos fundamentales o las ponen en desventaja para acceder a la educación, la salud, el trabajo, la asistencia social o el descanso, añaden investigaciones de otros centros o grupos dedicados a estos temas.

Marcela Lagarde, etnóloga y antropóloga mexicana, asegura que los feminicidios constituyen actos de odio contra mujeres y por ello deben ser tipificados penalmente: no se trata sólo del número de asesinatos, sino de la saña con que se cometen y de la impunidad en la cual queda la mayoría de estos casos.

Domingo, 08 de Junio de 2008 15:49 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> Hay 1 comentario.

Mujeres- No estamos perdidas!!!

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Elogio de la mujer brava

Por: Héctor Abad

A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos.

A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden. La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos) , consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca.

Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros.

Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran "no más usted me avisa y yo le abro las piernas", siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias).

A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana.

Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos. Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios.

Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar.

Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo. Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.

Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas.

Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza.

Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.

Vamos hombres, por esas mujeres bravas!!!!!! !!!!!!!

Martes, 20 de Mayo de 2008 11:38 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> Hay 2 comentarios.

El rostro femenino de la pobreza en Latinaomérica

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Lejos de regocijarse, numerosas madres latinoamericanas lloran la suerte de traer una niña al mundo porque nacer mujer en esta porción del continente supone la pertenencia a una nueva clase de servidumbre.

Desde hace más de dos décadas, la pobreza avanza por Latinoamérica con rostro y vestuarios femeninos: trabajar de manera informal, inmigrar o prostituirse, son las escasas opciones que quedan a las representantes del mal llamado sexo débil para sobrevivir.

En un ámbito marcado por el predominio de las normas neoliberales, la mitad de las mayores de 15 años no tienen ingresos propios, mientras que sólo uno de cada cinco hombres está en esa situación. La Organización Internacional del Trabajo asegura que en países como Argentina, Uruguay, Perú, México, Chile y Brasil, la tasa de desempleo femenino representa 1,4 veces la registrada entre los varones.

Otras fuentes añaden que las mujeres jefas de hogar cuentan con menos ingresos monetarios que sus contrapartes masculinas, tanto en los hogares pobres como en los de mayor ingreso.

Esto se explica porque, a pesar de las leyes existentes, este sector continúa sufriendo la desatención y la negligencia del sistema legal en casi toda Latinoamérica y el Caribe.

Aunque las luchas feministas en el subcontinente acumulan más de dos siglos, los avances en cuanto a la equidad y el respeto a este grupo poblacional son muy desiguales y lentos, opinan estudiosos y defensores de los derechos de este sector.

La violencia intrafamiliar, de la pareja, y hasta de una gran parte de la sociedad, acechan de manera constante a las mujeres en la mayoría de los países latinoamericanos.

Desde el propio seno familiar, ellas son poco apreciadas al repartir la renta y la educación para la vida se desatiende de las pautas de igualdad, al regirse por los patrones vigentes en los trillados caminos de género.

Tales consideraciones prevalecen a su vez en el mercado laboral, donde todavía es muy desigual el número de mujeres profesionales con relación a la presencia de estas en cargos de dirección de organizaciones y administraciones públicas. Suele ocurrir además que los salarios destinados a pagar los servicios de ellas siguen siendo más bajos que el de sus compañeros de labores en un mismo puesto.

Pesquisas de la Organización de Naciones Unidas (ONU) sugieren que si a las mujeres se les ofreciera idéntico apoyo que a los hombres, aumentaría el rendimiento de los cultivos en el agro, en un 20 por ciento. En Sudamérica, el producto nacional tendería a incrementarse en más de un cinco por ciento de eliminarse las desigualdades de género en el mercado de trabajo.

Las mujeres son propulsoras de progreso y en la medida en que se rompen los esquemas machistas tradicionales, estas promueven el desarrollo de las sociedades en las cuales se desenvuelven, afirman estudiosos de estos temas.

Por tales razones, los Estados deben apostar por la educación y el acceso al trabajo de las mujeres, con lo que propiciarán al mismo tiempo la ruptura con la recirculación de la pobreza y de la miseria creciente en estas tierras.

Representantes de organizaciones feministas insisten en la urgencia de reclamar a los gobiernos políticas sociales encaminadas a reducir la falta de equidad más allá del discurso.

Estas luchas poco distan de las iniciadas por las feministas en Latinoamérica desde inicios del siglo XIX, en el ámbito de los procesos independentistas que dieron al traste con el dominio hispano portugués en estas tierras.

A partir de entonces, la presencia femenina tendió a activarse en circunstancias de conflicto y su papel a subestimarse superadas estas, por lo que se vieron obligadas a reclamar sus derechos en reiteradas ocasiones.

Latinoamérica vivió múltiples situaciones de tensión política o confrontaciones, en las cuales nunca se visibilizó la violencia sexual contra la mujer. Millares de mujeres maltratadas se vieron obligadas a abortar, a usar métodos de control de fertilidad o servirle a los actores armados en el orden sexual.

Estadísticas oficiales dan cuenta de tres mil 399 violadas en centros de detención en distintos territorios latinoamericanos, pero hay razones para creer que la realidad supera con creces esa cifra.

Miles de detenidos durante las dictaduras militares que asolaron a estos países entre los años 70 y 80 del pasado siglo aseguraron que esas prácticas eran comunes en las cárceles y algunos insisten en su vigencia.

Los registros admiten además la ejecución de programas masivos de esterilización forzada en algunas naciones, como resultado de lo cual casi 200 mil peruanas quedaron incapacitadas para procrear.

Atrapadas en el ciclo de la pobreza, las mujeres latinoamericanas carecen del acceso a los recursos y los servicios necesarios para transformar la situación, lo cual se agrava a partir del recrudecimiento de la globalización.

La vinculación cada vez mayor de la economía a los mercados mundiales suele incidir en la reducción de los gastos públicos y de los programas sociales, trasladando el costo a las familias, donde suelen ser ellas las que llevan sobre sus hombros la carga adicional.

Las diferencias de género en la nutrición de mujeres y hombres guardan relación con la pobreza, la distribución de los alimentos, pero en especial con la profunda y arraigada discriminación de género, afirman informes de la ONU.

Estos insisten en que las mujeres constituyen casi el 70 por ciento de los habitantes del planeta, pese a lo cual son las más proclives a padecer por la miseria, la marginación y la violación de los derechos fundamentales.

Ellas representan dos tercios de los analfabetos del orbe y medio millón muere cada año durante el embarazo o el parto, al mismo tiempo que la mayoría de los mil 500 millones de personas que viven con un dólar o menos al día son mujeres.

Organismos sanitarios internacionales coinciden en que el mortal Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, sin posibilidades de cura aún, tiene mayor incidencia en este género que en sus contrapartes.

Casi al término de los años 90 se comprobó que en los países menos desarrollados, 450 millones de mujeres adultas fueron raquíticas durante su niñez por causa de la desnutrición y 250 millones siguen en riesgo de sufrir desórdenes por la insuficiencia de hierro y yodo.

Hasta la fecha, alrededor de dos millones de mujeres quedaron ciegas debido a una insuficiencia de vitamina A y 745 millones son anémicas.

Estas cifras desmienten la asunción y ejecución de programas gubernamentales favorables a las mujeres, en correspondencia con lo acordado hace más de una década en Beijing con el ánimo de contrarrestar la discriminación y desigualdad de géneros.

Lunes, 17 de Marzo de 2008 01:46 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Paradojas de la modernidad para las mujeres

20080306220616-flores-alcatras1.jpg Hace algún tiempo corre por la red de redes esta proclama. Sabe dios, elaborada por quién y con qué intenciones. Lo cierto es que un elevado por ciento de mujeres capaces, bien calificadas y aparentemente realizadas en su doble condición de profesionales y amas de casas, dice identificarse con ella.

Ahora, es otra mujer moderna quien me la envía. Quizás, también agobiada por ese papel que asumimos estoicamente día a día con tal de sentirnos menos minimizadas frente al macho de la especie y hacer algo porque las de mañana, tenga menos de que quejarse de sus congéneres.

Allí van las Confesiones de una mujer moderna

Son las 6:00 hrs. A.m. El despertador no para de sonar y no tengo fuerzas ni para tirarlo contra la pared. Estoy acabada. No querría tener que ir al trabajo hoy. Quiero quedarme en casa, cocinando, escuchando música, cantando, etc.

Si tuviera un perro, lo pasearía por los alrededores, limpiaría la casa, haría de comer y descansaría, pero NO!! Tengo que salir de la cama, meter primera al auto y tengo que poner el cerebro a funcionar como una computadora.

Me gustaría saber quien fue la bruja imbécil que tuvo la puta idea de comenzar la lucha por la reivindicación de los derechos de la mujer y preguntarle porqué hizo eso con nosotras, las que nacimos después de ella.

En el tiempo de nuestras abuelas todo estaba bien: ellas se pasaban todo el día bordando, intercambiando recetas de cocina con sus amigas, enseñándose mutuamente secretos de condimentos, trucos, remedios caseros , leyendo buenos libros de las bibliotecas de sus maridos, decorando la casa, podando árboles, plantando flores , recogiendo legumbres de las huertas y educando a sus hijos.

La vida era un gran curso de arte, medicina alternativa, cultivo de la razón y la inteligencia y cocina.

Después se puso mejor: teníamos servidumbre, el teléfono, las telenovelas, el internte!!!!

Cuantas horas de paz nos trajo, a las mujeres, las tecnología y las chachas…hasta que vino una pendejita a la que no le gustaban ni el corpiño ni los corsés y empezó a contaminar a varias otras rebeldes inconsecuentes con ideas raras como “vamos a conquistar nuestro espacio”…qué espacio ni que la chingada…si ya teníamos la casa entera!!!

Todo el cabrón barrio era nuestro, el mundo a nuestros pies!!! Teníamos el dominio completo sobre los hombres; ellos dependían de nosotras para comer, vestirse y hasta para aparentar bienestar delante de sus amigos. Y ahora... ¿donde diablos están ellos?

NUESTRO ESPACIO!!! Ahora ellos están confundidos, no saben qué papel desempeñan en la sociedad, huyen de nostras como el diablo de la cruz. Ese chistecito, la gracia del feminismo, acabó llenándonos de deberes y obligaciones como si fuéramos hombres.

Pero nunca nos libró de los que ya nos tocaban como plantilla desde la cuna por ser mujeres y lo peor de todo, acabó lanzándonos dentro del calabozo de la soltería crónica aguda!

Antiguamente los casamientos duraban para siempre.

¿Por qué, díganme por qué, un género que tenía todo lo mejor, que sólo necesitaba ser frágil y dejarse querer en la vida, comenzó a competir con los machos? ¿A quién jodidos se le ocurrió?

Miren el tamaño de los bíceps de ello y el nuestro…eso estaba muy claro desde le principio…la cosa no iba a terminar bien…ahora no son pocas las que andan con ojos rojos o lesiones en cualquier parte, eso, cuando quedan vivas!

No aguanto más ser obligada al ritual diario de estar flaca como una escoba, pero con tetas y culo duritos, para lo cual tengo que aparte de trabajar matarme en el gimnasio, además de morir de hambre, ponerme hidratantes, antiarrugas, padecer complejo de radiador viejo tomando agua a todas horas, y demás armas para no caer vencida por la vejez, maquillarme impecablemente cada mañana desde la frente al escote, tener el pelo impecable y no atrasarme con las mechas, que las canas son peor que la lepra; elegir bien la ropa, los zapatos y los accesorios, no sea que no esté presentable para esa reunión de trabajo.

No quiero seguir teniendo que decidir qué perfume combina con mi mal humor, ni salir corriendo para no quedarme embotellada por el tráfico y resolver la mitad de las cosas por teléfono, correr el riesgo de ser asaltada, de morir embestida por un autobús, instalarme todo el día frente a una mendiga computadora trabajando como una esclava (moderna, claro está…como si eso hiciera diferencia),y resolviendo los problemas de todo el que se acerca a mi!!!

Todo para salir con los ojos rojos- por el monitor, claro, por que para llorar de amor no hay tiempo-…y seguir recordando que teníamos todo resuelto!!

Cuán elevado es pagar el precio por estar siempre en forma, sin estrías, depiladas, sonrientes, perfumadas, uñas perfectas, sin hablar del currículum impecable, lleno de diplomas, maestrías, doctorados y especialidades y siendo una ejecutiva profesional (o una esclava que le soluciona la vida al haragán de su jefe).

Nos volvimos las súper mujeres ejecutivas pero seguimos dependiendo de los hombres, ganando igual que ellos por hacer el doble del trabajo que ellos jamás hacen en el día y de todos modos siguen siendo los que tienen el poder para darnos órdenes!!! ¿ qué diablos pasó???

¿No era mejor, mucho mejor, seguir tejiendo en la silla mecedora como si no pasara nada?

¡¡¡BASTA!!!

Quiero que alguien me abra la puerta para que pueda pasar, que corra la silla cuando me voy a sentar, que me mande flores, cartitas con poesías, que me dé serenatas en la ventana.

Si nosotras ya sabíamos que teníamos el dominio del Hombre en casa y un cerebro potencialmente más agudo que ellos, para que complicarnos la existencia…¿para quééééé había que demostrárselo a ellos??

Aaah pero tenia que salir alguna marimacha con delirio de inferioridad con sus ideas estúpidas a manipular y vender su idea de los derechos de la mujer. Bonitos derechos!! nos convirtieron en esclavas del trabajo y la soltería!!!

Ay, Dios mío, son las 6:30 AM y tengo que levantarme...

¡Que fría está esta solitaria y grandísima cama! ahhh ... quiero otra vez tener un maridito que llege del trabajo, se siente en el sofá y diga: mi amor…puedes hacerme un poquito de café, por favor??? ...o, ¿mi ángel, qué vamos a comer hoy?...porque en honor a la verdad, descubrí que es mucho mejor servirle una cena casera al que luego comparte conmigo la almohada y hasta el dolor nocturno, que atragantarme con un bocado mal procesado y un refresco mientras termino el trabajo de la oficina que traje a casa para entretenerme.

¿Piensas que estoy ironizando? No, mis queridas colegas, inteligentes, realizadas, liberadas, seducidas y abandonadas…estoy abdicando de mi puesto de mujer moderna!!!”

¿¿¿Qué opinas tú???

Jueves, 06 de Marzo de 2008 14:06 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Francisco de Miranda: precursor de la igualdad de género

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Más allá de sus reconocidos esfuerzos por fomentar la lucha contra el colonialismo español, el venezolano Francisco de Miranda devino precursor de la igualdad de género en Latinoamérica.

El contacto directo con las ideas liberales, a partir de su desempeño como militar en distintos países, despertó su afán por lograr la separación de la metrópoli pero también la aceptación de los derechos de las mujeres.

Cuando apenas el tema era considerado por sus contemporáneos, Mirando las consideró sabias y capaces de aportar más afectivas maneras de ejercer el gobierno que muchos hombres.

Una carta dirigida por este en 1792 al entonces miembro de la Convención Nacional Francesa como delegado de Haití, Alexander Petión, da cuenta de sus opiniones sobre el particular al responder a una solicitud del luego presidente de esa nación caribeña (1803).

“Os recomiendo una cosa sabio legislador: las mujeres. ¿Por qué dentro de un gobierno democrático la mitad de los individuos, las mujeres, no están directas o indirectamente representadas, mientras que sí están sujetas a la misma severidad de las leyes que los hombres hacen a su gusto?”.

“¿Por qué al menos no se les consulta acerca de las leyes que conciernen a ellas más particularmente como son las relacionadas con matrimonio, divorcio, educación de las niñas, etc.?”.

“Le confieso que todas estas cosas me parecen usurpaciones inauditas y muy dignas de consideración por parte de nuestros sabios legisladores”, añadió, a manera de conclusión.

En más de una ocasión, según su carta a Petión, Miranda también alentó a algunos legisladores de América y Europa a tomar en consideración a sus contrapartes femeninas y se quejó de ser desatendido.

Casi todos los hombres enrolados en la política en el período cerraron oídos a las exigencias de las mujeres y cuando menos, se conformaron con reconocer la injusticia cometida contra ellas, se desprende de sus palabras.

Los entendidos reconocen que esta faceta de la actuación revolucionaria de Miranda fue incomprendida incluso por algunos de sus seguidores y en virtud de ello, muchas veces silenciada.

Para algunos historiadores, la visión alcanzada sobre el asunto resultó de la gran cultura y el espíritu libertario desarrollados por este precursor de la independencia de su tierra y de toda Latinoamérica.

Probablemente el posterior maestro de Simón Bolívar supo del drama de Olympes de Gouges, la feminista francesa decapitada por los "revolucionarios" portadores de la filosofía de la "ilustración" por defender los derechos de su sexo.

Quizás también conoció otros casos similares en el ámbito del sangriento proceso encabezado por la burguesía del país galo contra la monarquía absoluta regida por Luis XIV y durante su recorrido por distintos territorios.

Miranda descendía de una antigua familia metropolitana radicada en Venezuela, pero ingresó muy joven a la milicia española y tras renunciar a esta, se enroló como militar en las guerras libradas en su época en Estados Unidos, Francia, y Rusia.

En cada una de esas naciones bebió de las concepciones liberales en boga y también en Inglaterra, donde cobró fama de agitador revolucionario.

Diplomáticos de todo el continente europeo coincidieron en calificarlo de "príncipe de las conspiraciones", más estos estigmas no lograron opacar su influjo sobre personas de su generación y entre los más jóvenes.

Algunos de sus más conocidos discípulos fueron Bolívar, José de San Martín y Bernardo O'Higgins, a quienes organizó en logias libertarias y devinieron en estandartes de la independencia americana.

Las experiencias acumuladas en sus incursiones libertarias por el mundo y una incesante búsqueda de conocimientos a través de la lectura posibilitaron a Miranda alcanzar su ideal transformador, cuya vigencia se renueva en estos días.

Los constantes reclamos de las mujeres, favorecidas con el acceso al sufragio hace menos de una centuria, siguen en el centro del debate y este sector poblacional no fue reivindicado de forma total.

Cuestiones esenciales, relacionadas con el matrimonio, los hijos, la educación para la vida, retribución por su trabajo y otros aspectos continúan siendo demandados en esta parte del mundo por las mujeres.

En un contexto marcado por una cultura machista y adultocéntrica, la subestimación es apenas uno de los problemas que afecta a las latinoamericanas en estos tiempos.

Desde niñas, estas son educadas por lo general bajo patrones que de manera tradicional las hacen sentir víctimas de la sociedad y las impulsan a mantener cierta dependencia con respecto a los varones.

La sujeción de las representantes de este sexo a tales consideraciones también en el mercado laboral explica la desproporción entre profesionales hembras y su presencia en puestos de relevancia dentro de sus empresas o en organizaciones sociales.

Por lo general, las mujeres son mal retribuidas por su trabajo con relación a sus contrapartes y se ven obligas a prostituirse, emigrar o trabajar en labores informales, lo que las hace especialmente vulnerables ante la mortal pandemia desatada en el siglo anterior.

Más de la mitad de las personas aquejadas por ese virus en el mundo son mujeres y en Latinoamérica suman dos de cada tres personas de 15 a 24 años.

En igual medida, las niñas están sujetas a este riesgo en el área: entre los adolescentes de 15 a 19 años, cinco o seis pertenecientes a este sector contraen la enfermedad por cada varón en las regiones más afectadas.

Investigaciones reflejaron que una importante proporción de infecciones se deben a la violencia de género en el hogar, la escuela, centros de trabajo y en otras situaciones sociales.

Aquellas obligadas a tener relaciones sexuales a veces hasta por sus esposos están sujetas al mayor riesgo, pese a lo cual los especialistas insisten en que el grado de vulnerabilidad es igual para todas por su fisiología.

La pobreza es otro de los flagelos que afectan a las mujeres que viven al sur del Río Bravo: la mitad de las mayores de 15 años no tienen ingresos propios, mientras que sólo uno de cada cinco hombres está en esa situación.

Carentes de poder social y con escaso acceso a propiedades de tierra, créditos, dinero en efectivo, servicios sociales, instrucción y empleo, miles de estas terminan sujetas a las redes del comercio sexual.

También en las zonas signadas por una cruda violencia social y por conflictos armados, el abuso sexual es considerado por algunos analistas como un instrumento de guerra y deviene práctica constante contra mujeres y niñas.

Al mismo tiempo, la población femenina en Latinoamérica enfrenta la desarticulación familiar: el 20 por ciento de los hogares en la región tienen una mujer sola al frente, lo cual potencia su pobreza.

Esto se suma a una elevada mortalidad materno infantil, que según la Organización Panamericana de la Salud, creció de manera desproporcionada en el último lustro en Haití, Guatemala, Honduras y Perú.

La desatención de los gobiernos de estos países a semejantes fenómenos y a los acuerdos de Beijin (1995), favorables a la inclusión social de las mujeres y a la erradicación de la discriminación por género, obliga a miles de estas a emigrar cada año.

Tal situación justifica el rescate de las enseñanzas de los próceres latinoamericanos, promotores de la independencia y la unidad entre todas estas naciones, pero también del reconocimiento del papel de sus compañeras de lucha en la forja del destino de estas.

Martes, 26 de Febrero de 2008 14:07 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Trayectoria del discurso feminista contemporáneo

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  El movimiento feminista contemporáneo tiende a defender la urgencia de sustituir la tradicional política de corte patriarcal por una estrategia liberadora de mujeres y hombres, sin desatenderse de las diferencias entre géneros.

   Esto responde al carácter globalizado de las problemáticas en boga, que en más de 70 ocasiones movilizaron a las defensoras de los derechos del mal llamado sexo débil en apenas una década.

   En los encuentros de las feministas, de 1995 a 2005, denuncias y demandas contra la marginación de las mujeres se combinaron con el análisis de los efectos del neoliberalismo, las migraciones y las ofensivas militares de Estados Unidos, entre otras.

   Para los seguidores de estos asuntos, tales actitudes respondieron a la crisis del feminismo institucional: el derivado de los reconocimientos, dictámenes y prescripciones de los organismos internacionales y Estados acerca de la discriminación de género.

   El debilitamiento de esa vertiente respondió al desmesurado aumento de la pobreza, a la feminización de este mal social y al fortalecimiento de los acentos multifacéticos del feminismo autónomo, racial y de género.

   La potenciación de esa segunda variante de las luchas de ese sector logró su climax en el ámbito de los encuentros de latinoamericanas y caribeñas realizados de manera indistinta en 1981, 1985, 1992 y 1997.

   Los tópicos más analizados en 12 eventos internacionales, interraciales y de mujeres indígenas, celebrados en estos años, fueron el racismo, despenalización del aborto, eliminación de todo tipo de violencia y la demanda de paridad en los órganos de poder.

   Pero lo más distintivo de esta etapa, coincidieron en afirmar varios especialistas, fue el inicio del debate sobre los temas del desarrollo, naturaleza, democracia, ciencia, uso de las técnicas y el futuro de la humanidad.

   En la generalidad de estos análisis, las feministas exigieron la adopción de políticas respecto a estos asuntos, que partieran de la teoría y práctica de los enfoques de género.

   La IV Conferencia de la Mujer, Beijing 1995, sirvió de escenario para que esa propuesta tomara forma documental en el contexto de la Organización de Naciones Unidas (ONU), añadieron.

   Quizás esta sea una de las razones que más incidieron en que esa cita transcendiera en la memoria social como un proceso de carácter global, multiétnico y pluricultural, que signó la política con la sensibilidad femenina.

   El repaso de la trayectoria de las luchas de ese género por sus derechos recuerda la coexistencia de un modo basado en los dictados de las instituciones, locales o extranjeras, con las sostenidas protestas de las mujeres por su reivindicación.

   Algunos entendidos opinan que la primera de estas tendencias surgió en  1946, cuando la ONU creó la Comisión para la condición del status económico y jurídico de la mujer.

   Más, en la otra convergen varios procesos, entre los cuales señalan las conquistas de derechos electorales, el efecto de una mayor cobertura de la educación, los cambios en los medios de comunicación y el impulso a la asunción de la identidad femenina.

   En última instancia, ambas modalidades descansan en el legado de las acciones desplegadas en los años 60, cuando estas se unieron en diversas agrupaciones y tomaron parte de las luchas antirracistas y por los derechos civiles.

   Destacado fue el accionar de las mujeres en el contexto de las protestas por el cese de la guerra desatada por Estados Unidos contra Vietnam, en medio del utopismo hippie y de las corrientes de la identificada entonces como “nueva izquierda”.

   Es estos años surgieron además los denominados grupos de autoconciencia y las mujeres comenzaron a replantearse el modo de asumir su identidad, sus derechos ciudadanos y el papel que debían desempeñar en la configuración de las instituciones políticas.

   En el camino hacia la reorientación del discurso feminista, las defensoras de los derechos de ese sexo toparon con varios obstáculos impuestos por las y los apegados a la añeja cultura patriarcal prevaleciente.

   Dirigentes de este movimiento consideraron que la declaración del Año Internacional de la Mujer, en 1975, apenas fue un reconocimiento masculino, vertical o fortuito sin mayor incidencia en la realidad enfrentada por este género.

   Esta situación comenzó a ser atacada con mayor fuerza desde finales de esa década, en particular, en las Conferencias Internacionales de la Mujer de 1975, 80 y 85.

   Las y los participantes en esos eventos hicieron aportes valiosos a estos debates, desde posiciones de género, sobre reproducción y demografía, salud, aborto y explotación sexual.

   Uno de los momentos más descollantes en la evolución de los pronunciamientos femeninos a finales del siglo XX fue la celebración de la Convención por la eliminación de toda forma de discriminación de la mujer (1979).

   Desde entonces, despegaron múltiples programas encaminados a sensibilizar a las mujeres con su papel de sujetos económicos y agentes activas del mercado y por tanto, capaces de dictar política e influir en esta.

   Pero en su mayoría, estas iniciativas se sustentaron en los dogmas neoliberales y las consecuencias de su aplicación incentivaron al movimiento feminista, al punto de convertirlo en uno de los puntales esenciales de las luchas por el cambio en cada uno de sus países.

/ism
Miércoles, 20 de Febrero de 2008 19:31 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Podrán casarse apenas divorciadas mujeres costarricenses

San José, 15 feb (PL) Desde hoy las mujeres costarricenses podrán casarse nuevamente sin tener que esperar 300 días después del divorcio, como estipula el artículo 16 inciso segundo del Código de Familia.   

   Los integrantes de la Sala Constitucional admitieron que esa ley establece una condición a la mujer, no exigida al hombre, cuando trata de establecer un nuevo vínculo matrimonial.  

  Luis Paulino Mora, magistrado instructor, explicó que los miembros del ente coincidieron en que la medida es innecesaria para tutelar el interés público y el bien jurídico a la luz de lo establecido en esa norma para resolver los conflictos de paternidad de una manera diferente.  

   Los avances tecnológicos permiten establecer sin dudas quienes son los padres de los infantes sometidos a litigios por diferencias entre los cónyuges o ex parejas, manifestó a Diario Extra.  

   Con el fallo emitido el jueves, los magistrados dieron lugar a la acción de inconstitucionalidad relacionada con el tema presentada por la abogada Kattia Vanesa Umaña.  

   Lo estipulado al respecto viola el artículo 33 de la Constitución Política de Costa Rica, a partir de la cual toda persona es considerada igual ante al ley y por tanto no podrá aplicársele discriminación alguna contraria a la dignidad humana, alegó la demandante.  

   Esta norma es inconstitucional porque no existe restricción para que el hombre se case inmediatamente después del divorcio, en tanto para la mujer es prohibido en el caso indicado, expuso Umaña.(ism/http://www.prensa-latina.cu/article.asp?ID={27B9F018-795D-4CB8-9924-DE9727D5EA4A}&language=ES )

 

Viernes, 15 de Febrero de 2008 12:38 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Aborto: caso pendiente en América Latina

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Cada año mueren más de 10 mil latinoamericanas por abortos mal practicados, casi siempre de forma clandestina y condiciones de riesgo, debido a las severas restricciones legales impuestas contra el ejercicio de ese derecho.

Leyes aprobadas en contubernio con las jerarquías católicas, en distintas épocas y contextos marcados por intereses electorales, prohíben las interrupciones de embarazos en diversos países del área y en otros las condicionan a extremos.

La impedimenta rige en Chile, El Salvador, Honduras, Saint Martin (Antillas Holandesas), República Dominicana y Nicaragua, aún cuando el sostenimiento de la concepción represente un riesgo para la vida de la madre o el feto presente malformaciones.

Mientras, en 26 países se mantienen legislaciones restrictivas al respecto y es permitido solamente en circunstancias como esas o cuando el embarazo resultó de una violación o incesto.

Una de las legislaciones más prohibitivas contra el aborto es enfrentada por las salvadoreñas desde hace una década y son decenas las muertes acumuladas por su aplicación, según el Centro de Derechos Reproductivos y el Instituto de Estudios para la Mujer.

Las modificaciones de 1996 a la ley sobre el tema criminalizaron el aborto al catalogarlo de delito, eliminaron la posible interrupción del embarazo en determinados casos, y aumentaron las condenas a quienes apelaran a ese derecho hasta 12 años de cárcel.

Transcurrido casi un año y medio de entrada en vigencia de la normativa, 69 mujeres salvadoreñas- mayoritariamente pobres y jóvenes- enfrentaron procesos judiciales por abortos ilegales, reflejaron las investigaciones.

Las involucradas apelaron por lo general al uso de altas dosis de píldoras anticonceptivas, antiácidos, ganchos para ropas, líquidos cáusticos y otras sustancias. Entidades defensoras de los derechos del sector informaron que 23 de ellas fueron denunciadas por personal hospitalario cuando llegaron en busca de atención médica después de sufrir abortos incompletos.

Las transformaciones legislativas sobre el particular resultaron de la estrategia aplicada por la derechista Alianza Republicana Nacionalista para granjearse el favor de la Iglesia Católica en medio del período electoral de 1997, según el diario La Prensa Gráfica.

Mientras la iniciativa era debatida en el ente parlamentario, la jerarquía eclesiástica reforzó la defensa de la vida desde la etapa fetal y organizaciones confesionales recogieron firmas a favor de la prohibición del aborto.

El ser humano que está engendrado es una persona inocente que no está agrediendo a nadie, tan respetable es su vida como la de cualquier otro ciudadano, esgrimió el Arzobispo de San Salvador Fernando Sáenz Lacalle.

Datos del Banco Mundial señalan que el aborto practicado en condiciones de riesgo constituye la segunda causa de mortalidad materna y los embarazos no deseados están en el sustrato de la mayoría de los suicidios de adolescentes en ese país.

Otras alternativas poseen las mujeres en territorios como Puerto Rico, Cuba, Barbados y las Antillas Francesas, únicos territorios latinoamericanos y caribeños donde el aborto es permitido por ley.

Cuba fue el primero de estos en eliminar la restricción y establecer como período máximo para realizarlo la décima semana de embarazo a menos que otras razones de salud lo justificasen.

La legislación de la nación caribeña, aprobada en 1965, sólo penalizó las interrupciones fuera de las instituciones del sistema público de salud.

Pionero en este movimiento también es Puerto Rico, donde el aborto estuvo despenalizado desde 1973 pero volvió a limitarse por la presión de varias organizaciones confesionales, legisladores y entes judiciales de Estados Unidos.

Otros avances significativos son la despenalización de las interrupciones en la capital mexicana, en abril de 2007, y en Colombia, en 2006, cuando un embarazo amenaza la vida o salud de la mujer, derivó de una violación o el feto tiene malformaciones.

En Chile los debates sobre los derechos sexuales y reproductivos sólo redundaron en la aprobación de un decreto favorable al suministro de la píldora anticonceptiva "del día después", rubricado por la presidenta Michelle Bachelet, en 2007.

Brasil aún no presenta cambios notables al respecto, pese a la defensa de proyectos de ley que contemplan la despenalización del aborto por parte del movimiento feminista y de otros sectores de la sociedad.

Para los involucrados en estas lides el aborto legal y seguro es un derecho reproductivo, cuyo ejercicio debe estar amparado por el Estado laico en un ámbito de justicia social e igualdad de género.

Expertos de la ONU coinciden en que el acceso a éste es un elemento central para el cumplimiento de los derechos de las mujeres incluyendo los reproductivos y los inherentes a todo ser humano.

El reconocimiento de la problemática a escala mundial partió del Programa de Acción de la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo, reunido en Egipto, en 1994, y de la Plataforma de Acción de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer (China, 1995).

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe reconoció luego los vínculos entre la mortalidad materna y el aborto inseguro y recomendó a los gobiernos del área su atención.

Pero las leyes relacionadas con el asunto en la región reflejan en parte la herencia colonial, la ideología dominante cuando se aprobaron, y los cambios según las posiciones de las fuerzas sociales conservadoras, coinciden seguidores de estos temas.

Los cambios legislativos alentados desde los años 1970 sólo abordaron de forma parcial la igualdad entre mujeres y hombres, el derecho a decidir sobre el número y espaciamiento de los hijos y el acceso a servicios públicos de planificación familiar .

Esto incidió poco o nada en lo tocante al aborto en la región y de ello dan cuenta los crecientes debates alrededor del asunto y las denuncias formuladas por agrupaciones feministas y humanitarias./ism

Sábado, 12 de Enero de 2008 12:34 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Machismo con matiz religioso

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Páginas oscuras arrastra en su historia la Iglesia Católica, pero quizás ninguna ellas tenga tan presencia en la contemporaneidad como las relacionadas con la concepción estrictamente masculina del dogma basado en la triada.

Al considerar hombres a Dios, a su hijo y al espíritu santo, los creadores de esta religión propugnaron la supremacía de ese género como extensión del orden divino y legaron argumentos a los atacantes de sus contrapartes en distintas épocas.

Especialistas en el tema coinciden en que la misoginia católica se remonta a la Primera Epístola de San Pablo a los Corintios (7:1), en la que este intenta explicar el predominio de sus congéneres a través de la creación de ambos personajes mitológicos.

"El varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón", señaló el apóstol y luego desplegó la archidifundida leyenda de la costilla desprendida del torso del ejemplar del supuesto sexo fuerte.

Siglos después apareció en escena Tertuliano de Cartago (150-230), identificado por los historiadores de su tiempo como el azote de los herejes y uno de los adalides de esa visión.

Tras una vida plagada de placeres y vicios, este se convirtió al cristianismo en el año 195 de nuestra era y definió como perversas a las mujeres.

¿Por qué? Pues porque, en su opinión, estas eran lo suficientemente audaces para enseñar, disputar, ejecutar exorcismos, emprender curas y bautizar.

Otro libertino de antaño, quien se desató en disfrutes de la carne y tuvo un hijo al que nunca reconoció, devino en obispo de Hipona y escribió en la misma sintonía a inicios del siglo V.

Un esposo está destinado a gobernar sobre su esposa así como el espíritu gobierna sobre la carne, legó a sus sucesores San Agustín (354-430).

Tales preceptos fueron esgrimidos por los asesinos de Hypatia, erudita nacida en Alejandría en el año 370 de la era cristiana, quien fue martirizada hasta la muerte por su saber, excepcional en la época.

La autora de una cuarentena de textos sobre aritmética, geometría, mecánica, astronomía y otras disciplinas; diseñadora del astrolabio plano e inventora del planisferio y de un destilador de agua, no había sido bautizada de niña ni era apreciada por el Arzobispo Cirilo.

Este, quizás celoso del prestigio alcanzado por la maestra de matemáticas y filosofía, alentó la confusión entre los vecinos del lugar y provocó el crimen de Hypatia: en marzo de 415, mujeres y hombres de pueblo la atacaron, la desnudaron y cercenaron su cuerpo.

Como si no bastase, los despojos de la sabia fueron quemados junto con sus libros, mientras el que llegó a ser Cardenal de Alejandría por 37 años trataba de justificar el crimen.

Ella había presumido de enseñar a los hombres, contrariando los mandamientos de Dios, alegó Cirilo, quien fuera canonizado y hasta declarado Doctor de la Iglesia por el Papa León XIII (1882).

La publicación de El Martillo de las Brujas, en 1486, demostró la supervivencia de esas concepciones y la disposición de los inquisidores a defenderlas a toda costa.

En un ámbito marcado por el ataque a toda postura progresista, bajo el matiz religioso, Heinrich Kramer y Jacobus Sprenger sostuvieron que las mujeres eran más proclives a convertirse en brujas que los hombres y a las "cosas de la carne".

Ellas son animales imperfectos y torcidos, mientras que el hombre pertenece a un sexo privilegiado de cuyo centro surgió Cristo, enfatizaron.

Casi cinco siglos después, ante el incremento de los cuestionamientos acerca de la marginación de estas de la jerarquía católica, el Papa Paulo VI declaró que las mujeres están excluidas del sacerdocio porque "nuestro Señor fue un hombre" (1977).

Esos pronunciamientos resultaron poco novedosos para los entendidos en un creo que, desde sus orígenes, consideró todo lo vinculado a las descendientes de Eva lo impuro, imperfecto y torcido.

Peor si se trata del aspecto meramente sexual: las herederas de la culpable de la "perdida" de Adán también cargaron desde siempre con el estigma de provocar en los hombres las excitación diabólica de los genitales o el deseo de poseerlas.

San Pablo aseguró en su primera carta a los corintios que es cosa buena para el hombre no tener relaciones con ninguna mujer y en la Epístola a los Colosenses, demandó extirpar lo terrenal de sus mentes: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos.

La condena al sexo oral, anal, durante el ciclo menstrual, el embarazo, la esterilidad o la menopausia también fue reiterada en los textos elaborados por algunos teólogos antiguos.

Tal es el caso del griego Clemente de Alejandría (150-211), cuyas ideas aún sobreviven en millones de personas de ambos géneros a pesar de los siglos transcurridos, de los avances de las investigaciones científicas y de la divulgación de sus resultados.

De modo similar al comunismo, en tiempos de la Guerra Fría, el sexo fue catalogado por San Agustín de intrínsecamente perverso o excitación diabólica de los genitales, mientras que para San Jerónimo (342-420), era un veneno lo que guardase la semilla del placer sexual.

La mujer es castigo cósmico, mal necesario, deseable calamidad, fascinación mortal, plaga maquillada: un templo construido sobre una cloaca, apuntó en La Consolación de la Filosofía San Juan Crisóstomo, Boeto, filósofo cristiano del siglo VI.

Y para engrosar el listado de improperios contra posibles madres, hermanas, amigas, amantes y compañeras de sociedad, Odo de Cluny afirmó cuatro centurias más tarde que abrazar a una mujer era aferrarse a un costal de estiércol.

Seguidores de la historia eclesiástica y de los temas de género rememoran de forma indistinta en sus obras además las palabras de un furibundo sacerdote dominico del siglo XIII, que identificaba a la mujer como la confusión del hombre.

A pesar de provenir de una de ellas seguramente, el religioso de marras las veía al mismo tiempo como una bestia insaciable, ansiedad continua, batalla incesante, ruina diaria, casa de tempestad y estorbo para la devoción.

Infinito puede resultar un listado de esta naturaleza y tan elocuente, que no precisa comentarios, sólo soluciones en la práctica diaria al estilo de las intentadas en ciertos sectores del entramado católico y social en general por reivindicar el valor de las mujeres.

Viernes, 20 de Julio de 2007 13:47 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

América Latina: Muertes silenciosas

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   Los asesinatos de mujeres y niñas aumentaron en América Latina y el Caribe en las últimas décadas y cada vez son más cruentos los signos de violencia en los cadáveres de las víctimas.  

   Estas muertes, identificadas de forma indistinta como feminicidios o femicidios, representan el punto extremo de una situación caracterizada por la violación sistemática de los derechos de este sexo y constituyen uno de los problemas más graves en la región. 

   El asunto apenas comenzó a visibilizarse a partir de 1993, cuando empezó la secuencia de crímenes de este tipo en Ciudad Juárez, Estado de Chihuahua, México, pero las cifras prueban la expansión del problema por el subcontinente.  

   Aunque las defensoras de los derechos del sector coinciden en que las cifras son escasas y fragmentadas en cuanto a generocidios- como también identifica estos hechos la abogada dominicana Susi Pola-, permiten acercarse al fenómeno.  

   La Red de Mujeres de Nicaragua consideró que en estadísticas de esta naturaleza deben incluirse también los suicidios de mujeres, porque detrás de las decisiones de las víctimas subyacen casi siempre los traumas por los maltratos recibidos en el hogar o a nivel social.  

   Datos del Fondo de Desarrollo de Naciones Unidas para la Mujer reflejan que en los últimos seis años, Guatemala acumuló más de dos mil 500 asesinatos de mujeres; El Salvador, más de mil 530; Nicaragua 269 y Honduras, 603 entre 2004 y 2006.  

   Los victimarios en estos países apelaron de forma indistinta a la asfixia, decapitación, estrangulación, torturas y violaciones para terminar con las vidas de esas mujeres, según el organismo internacional.  

   República Dominicana, una de las naciones caribeñas marcada por la violencia de género, registró 158 crímenes contra mujeres en 2006, de acuerdo con estadísticas difundidas.  

   El Instituto Nacional de la Mujer en Costa Rica, a su vez, contabilizó desde 1995 más de 300 feminicidios y un ascenso de la criminalidad contra este grupo poblacional.  

   En Brasil, la Comisión de Seguridad de la Mujer registró 300 asesinadas sólo en el primer semestre de 2006 en Río de Janeiro y 24 mil 176 casos de agresiones que no terminaron en muerte, pero sí en lesiones corporales.  

   Mientras, el Instituto de Medicina Legal salvadoreño asegura que cada mes son asesinadas 35,7 por ciento como promedio, al mismo tiempo que las autoridades alegan que carecen de información suficiente para determinar si existen patrones específicos de violencia de género.  

   También el Defensor de los Derechos Humanos de Honduras Ramón Custodio, admitió que en ese territorio el 70 por ciento de los responsables de las muertes violentas de estas quedaron sin castigos.  

   Su par en Guatemala, país que ocupa el segundo lugar a escala mundial respecto a feminicidios, contabilizó más de 80 mil denuncias por diversos tipos de violencia intrafamiliar en 2005.  

   Rebeca Grynspan, directora regional del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, precisó que entre el 30 y el 45 por ciento de las latinoamericanas padecen de violencia física, sexual o sicológica, lo cual implica un costo del dos por ciento del Producto Interno Bruto.

   La violencia contra la mujer es el delito más común pero menos castigado del mundo, declaró el Secretario General de ese foro Ban Ki Moon. 

  De igual modo, por lo menos una de cada tres mujeres fue golpeada, obligada a tener relaciones sexuales o maltratada de otro modo a lo largo de su vida por un miembro de su familia o algún conocido.  

   Los estudios demuestran también la relación entre la violencia contra la mujer y la expansión del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida: las infectadas suelen haber sufrido violencia y las que padecieron maltratos, corren mayor riesgo de contraer el virus, opinó.  

  Patrones culturales androcéntricos, sistemas socioeconómicos ligados a la discriminación en todos los órdenes y otros factores influyen en la tendencia al alza de esta problemática.  

  Las costarricenses lograron un paso de avance el 12 de abril de 2007 con la aprobación de una Ley de Penalización contra la Violencia Doméstica, coincidieron representantes de estos organismos, mas admitieron que no es suficiente para erradicar el mal.  

Miércoles, 11 de Julio de 2007 14:49 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Medios de comunicación al servicio de la discriminación de género

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Los medios de comunicación contribuyen a reproducir y expandir los estereotipos de género, que subyacen en el fondo de las conductas discriminatorias contra las mujeres en Centroamérica, afirmó la investigadora costarricense Blanca Valladares.

Una pesquisa realizada por la profesora universitaria tica constató que es de gran magnitud la influencia que ejercen canales televisivos, diarios, emisoras radiales y otros en la conformación de mitos, significados y valores atribuidos tradicionalmente a este sector.

Para el imaginario popular, la mujer es sinónimo de función materna y empleada doméstica en el seno de la familia, lo cual es afianzado a través de imágenes o artículos promocionales vinculados a esas labores.

En casi todos estos coinciden rostros femeninos, supuestamente felices por el favor que le proporcionan los vendedores de cuanto artículo o equipo puede facilitar el quehacer del cual se cree responsable por herencia cultural.

La investigación La maternidad y los medios masivos de comunicación refleja que los formadores de opinión se han convertido en agentes socializadores de impacto y eficacia para mantener y reproducir diversas ideologías.

Entre ellas, ocupan un lugar preferencial las tendientes a reforzar la visión sobre una total diferencia entre géneros y la añeja cultura patriarcal prevaleciente en el subcontinente.

Valladares comprobó que la televisión y la prensa escrita, principalmente, transmiten la idea de que la mujer debe cuidar por los otros, y responder por la comida y el aseo del hogar.

La carga ideológica implícita en tales mensajes publicitarios obliga a la población femenina a asumir papeles protagónicos en cuanto a la maternidad y a liberar casi sin proponérselo a sus contrapartes masculinos con tal de no despertar el rechazo de la comunidad.

De tal modo, los hombres quedan libres ante la sociedad y pueden dedicarse de lleno a funciones públicas, aún cuando en el plano profesional estén por debajo de la capacidad de sus mujeres.

La falta de equidad, la subestimación, y la desestimación de la importancia de la paternidad, son cuestiones implícitas en los mensajes transmitidos por los medios de comunicación.

Ello está ligado a la escasa importancia que los gobiernos atribuyen a impulsar mecanismos de control respecto a los contenidos transmitidos por programas televisivos, periódicos, revistas y promociones comerciales, para evitar la marginación del sector.

Como resultado, los asesinatos de mujeres y niñas aumentan por día en América Latina y el Caribe, y cada vez son más cruentos los signos de violencia en los cadáveres de las víctimas.

Los feminicidios representan el punto extremo de una situación caracterizada por la violación sistemática de los derechos del sexo femenino y constituyen uno de los problemas más graves en la región, de acuerdo con especialistas.

Datos del Fondo de Desarrollo de Naciones Unidas para la Mujer reflejan que en los últimos seis años, Guatemala acumuló más de dos mil 500 asesinatos de mujeres; El Salvador, más de mil 530; y Honduras, 603 entre 2004 y 2006.

A esas muertes deben añadirse los suicidios de mujeres, porque detrás de las decisiones de las víctimas subyacen casi siempre los traumas por los maltratos recibidos en el hogar o a nivel social, insistió la Red de la Mujer en Nicaragua.

Lo más terrible, para los seguidores del tema, es que los medios e comunicación reproduzcan secuencias en las cuales los cadáveres femeninos aparecen mutilados, con signos de torturas, disparos o de estrangulación.

Tales señales sirven de cierto modo a quienes procuran hacer ver que las víctimas son en realidad los asesinos: esposos traicionados, abandonados o simplemente, separados de sus parejas por conductas agresivas anteriores.

Mientras, las autoridades gubernamentales de la mayoría de estos países alegan que carecen de información suficiente para determinar si existen patrones específicos de violencia de género y se desatienden de articular campañas favorables a fin de acabar con la problemática.

Miércoles, 27 de Junio de 2007 18:27 Autor: Isabel Soto Mayedo. ;?> No hay comentarios. Comentar.


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